viernes, 5 de mayo de 2006

Consecuencias (o estrés de ideas)


Ayer comentaba que se confirmaba que me quedaba dos años más en el mismo pueblo trabajando. Pues bien, hoy la administración educativa ha admitido que se han encontrado veinte errores en la adjucación de destinos y que la publicación definitiva en el BOA de los mismos se retrasará una semana. No es que me plantee que finalmente pueda cambiar de centro, pero quería dejar constancia de tanto vaivén.

Asumido pues que estaré dos años más en el mismo colegio, se me ha pasado por la cabeza lo siguiente: quedarme, el curso que viene, entre semana en Daroca. Cae a diez minutos de mi pueblo, tendría gimnasio (y más barato), estaría en "mi segunda casa" a las cinco de la tarde y, como tendría que madrugar sólo a las ocho y media dado que me ahorraría la hora de coche, dispondría en definitiva de mucho más tiempo cada tarde. Por si eso fuera poco, mis frustrados intentos de entrar en primero de francés en la escuela número 1 de zaragoza se convertirían, o diría se convertirán, pues estoy bastante convencido de todo lo que estoy diciendo a pesar de que no hace ni cinco horas que se me ha ocurrido, en hechos, pues he llamado a la escuela de idiomas de Calatayud (que cae relativamente cerca de Daroca) y me han informado de que seguramente no tendría problemas para entrar en primero.
Y por si todas estas ventajas no fueran pocas, en Daroca se organizan a veces cursos chulos de baile y, lo mejor de lo mejor, ¡¡al tener más tiempo, podría matricularme en un porrón de asignaturas de Antropología!!

Si el curso que viene vivo entre semana en Daroca, ésta sería la diferencia de horario:
- En la actualidad me levanto a las siete y regreso a las seis y media.
- El año que viene se modificará el horario de mi centro y por las tardes saldré media hora antes, es decir, a las cuatro y media. Podría levantarme a las ocho y media viviendo en Daroca y estaría de vuelta a las cinco.
Por tanto, de disponer de unas cinco horas de ocio diarias este año, el curso que viene tendré ¡¡siete y media!! Dos horas y media más por día, lo cual, de lunes a viernes, suma doce horas y media.

Aunque así escrito todo suena muy bonito y muy ideal, el caso es que sólo las ideas de poder estudiar francés de una puta vez y de que quizá pueda sacarme Antropología Social y Cultural en dos o tres años y no en ocho o nueve como tenía pensado, ya valen su peso en oro.

¡¡Qué ganas tengo de que empiece el curso que viene!!
Bueno, ya está, ya me he pasao.

jueves, 4 de mayo de 2006

Piezas.


A piezas se ha quedado hoy el segundo coco que he roto a martillazos ante los niños de Infantil. Escojonaos cuando he vertido el líquido en un vaso y les he dicho que el coco se estaba haciendo pis. Ha salido bueno el coco -aplauso y medio para Sabeco- y les ha gustado al setenta por ciento de los niños.


De una pieza se han quedado los mayores, los chavales que llevo yo, cuando han pisoteado unas baldosas recién puestas con cemento fresco en el recreo y Jesús, el de educación física, les ha echado la bronca.


He podido encajar otra pieza más en mis proyectos, ya que el concurso de traslados es ya definitivo y es del todo seguro que seguiré dos años más en el mismo pueblo y que tomaré la dirección del centro.


Y de una pieza me he quedado cuando he descubierto que la renta me sale a devolver este año. Una mierda, pero a devolver.

miércoles, 3 de mayo de 2006

Soy tu hombre por narices.


Se ha hecho un experimento en el que cuarenta mujeres olieron camisetas que varios hombres se habían puesto para dormir durante una noche. El resultado demostró que el olor que cada mujer prefería pertenecía al hombre cuyos genes garantizaban que la posible descendencia tuviese los menores problemas posibles en su desarrollo.

Así que, queridas lectoras: si queréis tener hijos sanos y fuertes, no os dediquéis a andar por ahí buscando tíos buenos, que con que sus feromonas os huelan bien vais que chutais. Dejadme a mí los que tengan mal aroma, que ya veré qué hago con ellos.

A la camita.


Me levanto a las siete o siete y cuarto de la mañana para ir a trabajar.
Esta noche, quién sabe por qué, he estado en la cama dando vueltas desde las once y media y no he podido dormirme. Y ya veis qué hora es y aquí estoy, esperando a que me entre el sueño hasta que no pueda más. Menudo día me espera mañana, con lo que me afecta a mí dormir mal...

lunes, 1 de mayo de 2006

Babeando.


Esta mañana he ido al gimnasio.
Estaba en la parte de abajo haciendo unos ejercicios. Ha bajado por las escaleras un hombre bastante alto que llevaba el uniforme del CAI. Yo ya sabía que el equipo de baloncesto entrena a veces en el gimnasio, así que la sorpresa no ha sido muy grande.
He subido al piso de arriba y de repente, cuando estaba en la máquina del jalón invertido, me he visto rodeado de nueve morlacos a cual más alto, dos de ellos English speakers y negros. Andaba yo ya terminando, pero de repente se me han ocurrido multitud de ejercicios que me apetecía hacer: lumbares, un poco de pectorales...
Cuando estaba en una máquina haciendo dorsales, uno de los jugadores, que había estado sentado hasta ese momento en otra máquina cerca de mí, se ha levantado y madre de Dios, era más alto que la propia máquina en que estaba. Esa escena pasará a formar parte de mi repertorio masturbatorio.
Uno de los jugadores, que a veces lo he visto en los periódicos, uno canoso de 35 años o así, se me ha quedado mirando varias veces, y de hecho me ha pillado despelotándome en el vestuario y me ha vuelto a mirar. ¿Tendré alguna posibilidad? ;)
Me lo he pasado pipa, pero ay, en el fondo, que se me pongan a tiro tíos que me dan tanto morbo es insano...

sábado, 29 de abril de 2006

Docentes varios


Existen muchos tipos de profesores. Los alumnos los odian a menudo, posiblemente porque son quienes conviven con ellos día tras día en el aula y quienes toman las decisiones de aprobarlos o suspenderlos.
No sé si ustedes mostrarán su acuerdo con la siguiente clasificación; en cualquier caso tampoco me importa lo más mínimo.
1) Profesor falomáster.
Su virilidad física, cuya base consiste en la envergadura corporal de su cuerpo, los rasgos faciales agresivos de su cara y su tono vocal grave de su voz, consiguen imponer respeto tan pronto como pisa la primera baldosa del aula. Los niños obedecen sus mandatos sin rechistar y si se ríen de él no lo hacen a viva voz sino mediante papelitos, enuresis neurótica, espasmos vesiculares y elaboración de cortometrajes sarcásticos. Cuando se trata de alumnos mayores de edad, suele provocar risa y, a alumnos huérfanos de madre y biberón, admiración. El falomáster, descendiente directo del homo sapiens lodel ciclopens, descarga en el aula la energía negativa que le provoca su escasa capacidad para lograr una alteridad comunicativa con su esposa e hijos. Es por eso que la jubilación de esta especie tiende a ser una de las más celebradas.
2) Profesor entre la basca.
Cuando los alumnos descubren que la persona que va a darles clase no es un carcamal senil sino alguien relativamente joven, e incluso recién salido del horno de las oposiciones, lo reciben con alegría por dos motivos: el primero, que pertenece a los estudiosos, porque les inspira confianza para expresarse y cercanía para hacerse su amigo; y el segundo, abanderado por los vagos de la clase, porque ven en este energúmeno un toro sencillo de lidiar, sobre todo si es una fémina tímida de voz dulce. El profesor entre la basca desciende del homo aprobis justis, pero no se le debe considerar como una manera de ser sino como una mera etapa: normalmente, a los dos o tres años de experiencia, hace capullo y se regenera en cualquiera de los otros tipos existentes. Una de las razones que provocan esa transformación es el estrés proveniente de los alumnos, que por su frágil experiencia y/o timidez abusan de él y le provocan operaciones de cuerdas vocales en cuanto se despista.
3) Profesor dialectal.
Hasta el momento se le conoce como el único tipo de profesor cuya fama le precede; así, los alumnos saben de sobra qué se van a encontrar en sus clases mucho antes de que éstas sucedan. Incluso llegan a crear leyenda. Su característica fundamental, que queda medianamente dibujada en el adjetivo que le hemos asignado, es la de ser incomprensible: los chavales, niños, adolescentes o universitarios procuran por todos sus medios comprender lo que ese individuo parlotea desde detrás de su mesa, pero el idioma que utiliza es distinto y nadie lo logra. Sucede por fin que los dos o tres alumnos más constantes, una tarde de ésas, hallan en sus ratos libres las claves de su dialecto particular, lo cual se recibe con alegría en el aula y, con el tiempo justo, buena parte de los chicos terminan aprobando en junio o la repesca, aunque con notas bajísimas que en ningún caso motivarán al dialectal a modificar su manera de expresarse sino a reiterar su pésima opinión de las nuevas generaciones de estudiantes. Los profesores dialectales, que descienden del homo ojonis tesentiendi, llegan a sus tumbas en el mismo estado en que inauguran su carrera educativa pero algo desmejorados por la edad: cansancio, deformación de manías, crisis de los cuarenta, cincuenta y sesenta, culto al fútbol, grasa abdominal, pérdida de amistades y añoranza del priapismo.
4) Profesora de falda para agarrar.
Prototipo que está quedándose anticuado dado el gran número de mujeres que buscan la igualdad entre sexos llevando pantalón, se dedica casi siempre a la educación infantil, que actualmente abarca desde los cero a los seis años; desciende del homo queeris plumis. Lleva falda porque así los niños, a esas edades enormemente egoístas, pueden tirarle de ella cuando su compañero de mesa ha cogido su juguete favorito o le ha metido la tijera en el ojo. Lamentablemente no suele llevar falda para alumnos mayores de catorce años y si lo hace suele ser poco agraciada.
5) Profesor graduado.
Desciende del homo japis chupis. Cuenta a menudo con el beneplácito de su alumnado –si es que éste posee la edad suficiente para ello- en cuanto a su actitud habitual en clase, porque su actitud habitual en clase es que no tiene actitud habitual en clase. Tiene actitud habitual en el bar, donde se surte con vasitos de coñac y cerveza, y el aula se convierte en el lugar donde va a parar de vez en cuando, generalmente después de la hora del almuerzo. Aprobar su asignatura se convierte en tarea fácil para cualquier alumno excepto para los empollones, que se niegan a perder el tiempo en su clase, lo denuncian a dirección y, cuando se entera de quiénes le han delatado, se sirve de la libertad de cátedra para suspenderlos.
6) Profesor imán.
No importa las clases que imparte ni las notas que pone, sino su sonrisa, su cuerpo y su paquete. Descendiente del homo perfectis concanis, provoca miradas apasionadas de sus alumnas, que adorarán sus canas (,) de poseerlas (,) así como sacará del armario a algún heterosexual indefinido. Suele ser hombre y casi nunca gay, por lo que sus féminas se dejarán sobar tímidamente si tienen entre trece y dieciocho años.
7) Profesor breve.
No desciende de nada porque apenas tiene tiempo para hacerlo. Tampoco le da para dar clase, pues se dedica eternamente a cubrir puestos de otros profesores que están en sus casas fingiendo resfriados o revolcándose con la parienta. Los alumnos aprenden un setenta por ciento menos que con su profesor habitual, así que el centro escolar guarda un mal recuerdo de él y jamás se plantea volver a contratarlo. Suele suicidarse pronto, no como los demás.
8) Profesor pantalla.
De edad variable, siente una pasión clarísima por las nuevas tecnologías. Apenas utiliza la pizarra porque siempre que le es posible se sirve del vídeo, de internet y de las transparencias. Como buen profesor escoge de estas novedades la más aburrida, es decir, las transparencias, que los alumnos tienen que copiar a velocidad de galgo mientras él las lee en voz alta con, eso sí, un marcado acento de profesor por el que le pagan. Desciende del homo prosnobis gertrudis.
9) Profesor pasión.
La variabilidad de sus entonaciones es similar a la de las señales de los sismógrafos aéreos. Sus clases son tremendamente aburridas porque apenas le quedan ganas de emocionarse tras años y años de contar exactamente lo mismo. No siente interés por hacer cursillos de reciclaje, de manera que nunca descubre que existen maneras distintas de explicar las mismas cosas. Descendiente del homo tediosis terribilis, cuando llega a los cincuenta pasa a la universidad o, si ya estaba en ella, consigue un puesto de decano o vicerrector. En su mayoría los universitarios acuden a sus clases los tres primeros días, más tarde emplean ese tiempo en catar cafeína y después se presentan al examen, que aprobarán a la primera para envidia de quienes lo han soportado durante todo el curso.
10)Profesor útil.
Utiliza un lenguaje comprensible, sabe resumir aquello que quiere transmitir y comprende los problemas de los alumnos. Muestra verdadera pasión por la materia que imparte y la contagia a su alumnado, que a veces estudia carreras relacionadas con la materia que el profesor útil imparte. Desciende del homo profesoris verdaderis y, como se imaginan ustedes, resulta difícil encontrarlo en el aula. Tanto es así que apenas unos pocos estudiantes terminan conociendo más de cinco ejemplares en toda su vida como alumno.

viernes, 28 de abril de 2006

Qué monada de cría.


Salía en el periódico el otro día:
"Una niña de 12 años fue arrestada el lunes acusada de asesinar a su padre, a su madre y a su hermano pequeño. Los cuerpos fueron hallados en el hogar de la familia en Medicine Hat, Alberta (Canadá), por un compañero de juegos de la chica, que espió la casa por la ventana el domingo por la tarde y corrió a contárselo a su madre. La niña fue arrestada en la provincia vecina de Saskatchewan junto a un hombre de 23 años que se supone fue su cómplice."
Tres cosas a destacar. La primera, fascinante que una criaja se cargue a toda su familia. Me recuerda a la Marta que salía en la segunda parte de mi saga Titanic (bote de tomate). La segunda, me encantaría haber visto al amigo de la asesina descubriendo los cadáveres y el descojone de su madre cuando el hijo le fuese contando lo que había visto. Y tercero, me ha dejado k.o. el hecho de que se refieran al cómplice de la niña como "un hombre de 23 años"; uf, ¿ya soy un hombre? Joer, no sé si la idea me gusta.
A ver quién tiene cojones ahora de encargarse de la adopción de la muchacha. "Es un encanto de niña, mírenla, aunque tiene la mala costumbre de ir asesinandito a sus familiares. Cosicas que tiene ella."

miércoles, 26 de abril de 2006

Primavera postmoderna


Qué bien. Ha llegado la primavera. Mil días tarde, pero ha llegado. Y cómo se disfruta de ella: de repente, las erecciones son más frecuentes (¿verdad, chicas?), el chochomil por ciento de los hombres están buenos, el verano se acerca...
...pero chéeeeee! Digo, cooooooo! Esperáaaaa. Que antes está la astenia. La astenia, que no es un gusano que tenemos en el cuerpo sino una especie de depre que toca en primavera, nos invade. Por lo menos a mí (¿es una invasión o no, eh?). Juntamos la astenia con las semanas con puentes y la vagancia consustancial al ser humano, y hale, mezcla de mierda asegurada.
Y ni ejercicio moderado, ni horas de sueño justas ni gaitas en vinagre.
Ayer recuerdo la sensación abrumadora de que hasta darle al intermitente me daba pereza. Pero literal, ¿eh?
Asténianse de leer esto los asténicos.

martes, 25 de abril de 2006

¡¡Felicidades, Dorothy!!


Espero seguir acompañándote en tu camino de baldosas amarillas.

domingo, 23 de abril de 2006

La dueña del agua.


Aquella noche me acerqué por primera vez al lago.
Las aguas mansas y el cantar de los grillos me atrajeron. A unos metros, hacia el bosque, mi tienda de campaña, iluminada por la hoguera. Aunque la noche era fresca, no pude resistirme a darme un baño.
Dejé en la orilla la toalla. Mis pies tocaron la línea mansa del agua; la ondularon. El agua estaba fría. Seguiría entrando al lago. Nada como flotar como ligero, volar aunque mojado.
Estaba solo. Apenas unos grillos escuchaba. Pero estaba solo. Con el agua, con su paz, con su frescura; con mi cuerpo, con la hoguera, con la tienda de campaña. Contacto con la naturaleza, aislado, paraje destinado a hacer pensar al solitario.
O creí estarlo. La luna y su luz me despistaron, y el sinnúmero de estrellas. No me asustaron los ojos de la señora, sino el pensar en cuánto rato hacía que me estaban observando. Pero ella no se movió. Cual conejo iluminado, no ejecutó movimiento para uno u otro lado. Simplementé me miró. En su mano sostenía un brazo.
O eso quise pensar yo, lo del brazo. Pero que me miraba es seguro. Y que no se movía. El silencio se imponía, no me propuse romperlo. Aquella mujer no era nada, una figura en la noche, de ojos brillantes, de mirada de fantasma. Yo, estando quieto igualmente, creía no ser mirado. Mas sus ojos me explicaban que andaba yo equivocado. Pensaba que, de salir del agua, ella me perseguiría por haber roto el silencio, quebrantado la armonía, interrumpido el bautismo de su brazo consagrado.
No sabía si esperar a que actuara o ignorar sus ojos fijos.
Y me moví.
Ya no la vi. La sentí detrás, su aliento. Sé lo que piensa hacerme. Cortará uno de mis brazos y el cuerpo lo echará al lago.
Por fin noto su pelo mojado.
Me está mirando.

jueves, 20 de abril de 2006

Me iré asomando.

Hola de nuevo.
Tomando la frase prestada de rock lobster (escritor del siglo XXI que no procede presentar ahora), "No lo sabéis, pero he vuelto".
El lunes decidí que estaba harto de tanto internet. Los diez días que he tenido de vacaciones los he pasado en buena parte navegando en Internet. No puedo decir exactamente que me arrepienta de ello, pues me he entretenido muchísimo. Sin embargo, una vez acabadas las vacas, y los toros, observé -como suele pasar- que había leído muy poco (¡aún sigo con La montaña mágica!) y que no había comenzado a estudiar.
Y aprovechando que estaba algo quemado de tanto navegar por aquí, me dije: ¿y si recurro a la lamentable opción de coger el cable que me une a la red telefónica y me lo llevo al colegio?
Así lo hice. Línea telefónica tengo, claro, pues el cable que me he llevado es el del ordenador, más largo, que alcanza a lo largo de toda la habitación.
He estado sin usar internet tres días, de lunes a jueves. No es gran cosa, pero por el camino me habré zampado unas ochenta páginas de la citada novela y he comenzado a estudiar, después de tres meses planeándolo, Estadística aplicada a las ciencias sociales -estoy estudiando, a paso de tortuga, Antropología Social y Cultural por la Uned-.
Así que, queridos amigos, creo que la técnica que denominaré "Como no hay cable, me jodo y no me conecto" está funcionando, por lo que hoy me estoy despachando a gusto y de nuevo me suicidaré a nivel blog-emailítico durante los próximos días.
Echaré de menos, como he hecho desde el lunes, vuestros comentarios, blogs y sardinas en lata, y por cierto os ruego que recordéis que si quedáis para algo por aquí no lo leeré. Pero a cambio continuaré dedicado a labores algo más dignas de un ser con cerebro.
Sin ánimo de ofender.

sábado, 15 de abril de 2006

PRISMÁTICOS
Sí, claro.

Me engañas con el roce de tu cuerpo,
como siempre. Soy hombre y por eso
interpreto como nuevo lo que es viejo
y repito el mismo error.
Veo tus manos, tu cara y tus brazos.
Sobran las palabras porque hay tacto,
falsa no-distancia, yo engañado.

En verdad es ilusión material,
juego de sentidos, chistes cognitivos,
de esas falsas percepciones
que tientan la risa.

Pero esos dientes blancos
dibujan una luna opuesta
cuando entienden que eres falso,
que estás aquí de verbena,
de pasada, sin cadenas.

¿Qué quieres: que espere
a que estés de vuelta
para darme el mismo trato?
¿Qué quieres: que me lo crea?

Sí, claro.

miércoles, 12 de abril de 2006

Para vosotros, aquelarrianos

Soy consciente de que desde hace tiempo le debo un post a mi (ex) grupo de teatro. Tampoco será hoy, porque quiero reunir la inspiración adecuada. Por ahora me limitaré a decir que es curioso cómo lo que más me inspira a la hora de escribir es la gente que conozco. Suena lógico, claro, pero resulta que lo que más me gusta de lo que he escrito, o al menos lo escrito con más gracia e inspiración, ha estado basado tan directamente en gente real que ellos han salido a menudo con sus mismos nombres (véase la saga Titanic, con esos dos preciosos tochos de centenas de páginas). La palma se la lleva el personaje de Dorothy (Cárol) y varios de mi (ex) grupo de teatro. Os dejo a continuación con un inicio de obra de teatro que en alguna ocasión escribí, que se quedó en eso, en intentona, y en la que salen los citados actores. Imaginarme a sus protagonistas diciendo eso a su estilo y al público asistiendo a semejantes chorradas, me encanta. Probablememente a quienes les haga más gracia sea a quienes salen, desde luego... ;)
“HUBO UN AVIÓN QUE HIZO DIANA EN EL PILAR DE LAS TORRES GEMELAS”

(Se hace la luz poco a poco en el escenario. Se observa a un individuo en la parte delantera; sostiene en alto, muy concentrado, un teléfono móvil. Tras unos segundos de silencio, suena “Frosti”, de Björk, durante más de treinta segundos, y después se interrumpe bruscamente. El individuo desciende ligeramente el brazo que sostiene el móvil y se dirige al público tras un nuevo silencio.)

JORGE: Acabo de bajármela de Internet. Es una nueva melodía para mi teléfono móvil. Aplausos.

(El público aplaude).

JORGE: No quisiera comenzar esta pequeña representación sin presentarme, porque es obvio que representar sin presentar antes es por lógica imposible. Con todos ustedes (se echa a un lado), y sólo durante el día de hoy, el increíble, el inigualable, el impredecible... ¡Jorge!

(Jorge sale del escenario y vuelve a entrar contento y saludando a la audiencia sin importarle que ésta aplauda esta vez o no.)

JORGE: Disculpen que no deje de toser en ningún momento. Bien, el asunto del que me gustaría hablarles es el siguiente. Todos ustedes han sufrido conjuntivitis en algún momento de sus vidas. Unos a los ocho años, otros a los nueve, los que menos a los diez... Estaban tranquilamente en clase, lanzando avioncitos de papel, cuando en la hora de matemáticas el profesor de repente dijo: “Hoy explicaremos los conjuntos”. Y durante más de tres semanas no dejaron de oír hablar acerca de conjuntos unidos, de a unión b, de a intersección c, de a unión b unión c...

(Salen Laura, Fabio, Alonso y Sara. Miran a Jorge, que hace de profesor. Uno de ellos tira un avión de papel.)

JORGE: Hoy explicaremos los conjuntos.
SARA: Mierda.
(Se van los alumnos.)
JORGE: Sin que ustedes se diesen cuenta, acababan de dar un paso hacia la madurez. Nunca volverían a ser los mismos que eran antes de conocer esos conceptos matemáticos. Desde ese día, iban a ser incapaces de concebir la vida sin conjuntarlo todo. Mamá, ¿te has fijado en que en la nevera está el conjunto de los alimentos? Papá, ¿sabes que en el botiquín está el conjunto de las medicinas? Abuelito, ¿sabes que en el cementerio está el conjunto de los muertos? A veces te miraban raro o te pegaban dos hostias, pero es que era contagioso lo de conjuntar. Mi abuela, que era muy rácana, con juntar dos pesetas ya era feliz. ¡Y parecía que no tenía estudios! Bien, ésta va a ser la historia de un chico que, después de madurar, llegó al instituto y... vivió algunas experiencias. Esperamos que el conjunto de espectadores lo disfrute.

(Jorge se va. Al mismo tiempo aparece Fabio, que se coloca donde estaba aquél.)
FABIO: Yo seré el chico maduro. Es porque doy el tipo de hombre serio. Pero antes de empezar quiero saludar a mi madre, que me estará viendo, a todos mis amigos, a todos los espectadores que cumplirán años dentro de una hora y, en especial, por supuesto, a mi profesor de matemáticas. (Saca un papel del bolsillo). Sepan ustedes que está terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra sin el expreso consentimiento del autor. Hala. (Tose y vuelve a toser). Cuando yo llegué al instituto era un joven diáfano. Diáfano. Nadie me veía, no hablaba con nadie, curioseaba por todos los rincones... Era feliz con mi vida autista. Pero hubo una chica que me hizo salir de mi cascarón.

(Se hace una luz y está Sara de pie, mirando al público, a ser posible sin reírse.)


FABIO: Su nombre era Sara, aunque por supuesto ella no tenía la culpa. No es que su nombre no me gustara; es que simplemente ella no tenía la culpa. La chica me cautivó; no por su físico, porque nunca me han gustado las chicas altas y rubias, ni tampoco por su personalidad, pues nunca me fijo en las mamas. En realidad no me cautivó por nada, salvo por una cosa: por su carácter despistado. Sara vivía siempre en las nubes, y si eso era así, no era muy distinto de mi carácter diáfano. Así que intuí que teníamos algo en común.

(Salen dos personas y dejan dos sillas, en las que se sientan Fabio y Sara)

SARA (leyendo una hoja de papel): Nos han jodido la vida, pero bien jodida. Encima de matar a nuestro hijo, no nos dicen dónde han dejado el cadáver.

FABIO: Un día, en la hora de ética, a Sara le tocó leer una noticia del periódico. Habían asesinado a Néstor, un chico de trece años, y sus padres pedían que los asesinos, que habían sido detenidos por otros crímenes y habían confesado, les informaran del paradero de su hijo.

SARA (que ha dejado de leer y ahora vuelve a hacerlo): Esas fueron las palabras de Domingo, padre de Néstor. Afortunadamente, y para alegría de los familiares, el sufrimiento se terminó cuando tres días más tarde un pastor encontraba el cadáver del muchacho detrás de unos arbustos.

FABIO: Me encandilé del modo en que leyó lo de que encontrar el cuerpo sin vida de tu hijo es igual que dejar de sufrir. Cualquier otra persona se habría detenido extrañada, pero Sara no. Sara leía.

SARA: Los padres acudieron al tanatorio para asegurarse de que se trataba de su hijo. A la salida del recinto pudieron confirmar a los periodistas la triste noticia. Se había acabado la esperanza para ellos. En el número de mañana de nuestro periódico les comunicaremos cuáles han sido los resultados obtenidos tras la autopista.

FABIO: En ese momento yo me partí de risa con todas mis ganas. Sólo ella, supersara, podría haber dicho autopista en un momento como aquel.

SARA: Sólo yo, súpersara, podría haberlo dicho.

FABIO: Sólo ella.

SARA: Pero es que además lo dije.

(Se apaga la luz de Sara, que puede optar entre irse de escena o hacerse un dedo mismamente).

FABIO: Después de esa tontería supe que la quería conocer. Siempre he tenido debilidad por la gente que parece despistada. Así que empecé a pensar en una manera de entrarle que no quedara muy artificial.

(Sale Laura devorando una piruleta. Fabio la mira.)

FABIO: Oye, ¿qué haces aquí?

LAURA: La fotosíntesis. (Silencio). Estoy chupando una piruleta.

FABIO: ¿Por qué?

LAURA: Porque tú estás chupando escena todo lo que quieres.

FABIO: Pero es que yo...

LAURA: Sí, ya lo sé: eres el protagonista.

FABIO: Largo de aquí.
LAURA: Zorra. Siempre igual.

martes, 11 de abril de 2006

Dos mil pollas.


A riesgo de sonar como el típico e-mail que nos llega comentando que mire usted, que tenga mucho cuidado porque en una calle de Segovia le cortaron a uno el dedo meñique y no salga nunca a la calle porque quizá le pase lo mismo, os contaré brevemente lo que me sucedió, porque os puede pasar cualquier día de éstos.
A la salida del Alcampo de Utrillas, un chico (por cierto algo tartamudo al hablar, con lo cual no entiendo cómo le habían dado ese trabajo) se me acercó preguntándome si tenía un minuto para hablarme de una nueva tarjeta.
-Es una tarjeta Visa totalmente gratuita con la que obtendrá descuentos en viajes, hoteles, etc.
Insistí en si nunca de los nuncas me costaría un euro y terminé haciéndomela.
Unos días después me llegó a casa. De esto hará dos meses o tres y ni siquiera la he activado porque quizá nunca la use, pero como era gratis...
Aún menos después de lo siguiente. Como dos semanas más tarde, me llamaron por teléfono:
- Le llamamos para informarle de que en cualquier momento puede activar su tarjeta.
- Muy bien, gracias.
- Le informamos de que con ella también podrá solicitar microcréditos de dos mil euros que luego podrá pagar en cómodos plazos. ¿Qué le parece?
- Muy bien.
- De acuerdo. Si es así lo tendrá disponible en cuarenta y ocho horas. Es una oferta que sólo le ofrece esta tarjeta.
Yo me quedé algo mosqueado con el posible doble sentido de la conversación: ¿me estaba describiendo las posibilidades de la tarjeta o yo, con mis ajá ajá ajá, estaba diciendo que sí a una petición de préstamo?
- Oiga, perdone, no sé si quizá me confundo, pero no estoy interesado en ningún préstamo. Por ahora no lo necesito.
- ¿No? Yo estaba tramitando ya la operación.
- No, no, por ahora no estoy interesado.
¡Uf! ¡Por los pelos!
Así que ya veis, queridos amigos. Todo lo que sea sacarse pelas se puede comenzar con un "Sí, muy bien" que uno no ha dicho como inicio de nada, sino como mero ajá. De manera que, como ya hemos oído todos muchas veces, los contratos por escrito y con firma y letra clara.

viernes, 7 de abril de 2006

AMOR
Te pasa por gilipollas.
¡Si es que eres subnormal!
Confundes la limonada
con un bote de aguarrás.
Te pones cuatro cubitos,
ginebra y, en plan relax,
te lo metes al gaznate
y hale, a la mierda esófago.
No rima, pero es verdad.
Urgencias se descojona
con tus despistes mortales.
Tus visitas son mensuales
y, claro, de gravedad.
Y mamá, que es enfermera,
reconoce tus quejidos
como un familiar sonido
que en el trabajo la espera.
Bueno... en el fondo yo sé
que no eres un despistado
sino un loco enamorado,
¡¡así que basta de farsas!!:
cuando el cura mencionó
que acompañarla debías
en enfermedad y salud,
no debiste confundirlo
con volverte pocho tú.
Ay, tus lecturas literales...
Papá, es que eres la ostia.

miércoles, 5 de abril de 2006

Hoy estoy alegre porque...


...he dado de comer pan a un burro.
...he estado cantando música en mi casa.
...se acercan diez días de vacaciones.
...de nuevo recupero la sonrisa.
...se avecinan cenas con amigos.
...sobre todo, sobre todo, ¡¡porque me sale de los huevos!!
...y porque vuelvo a poder.

lunes, 3 de abril de 2006

VENDRÁS
Si te acercas a mí con tu mirada de ángel,
¿no comprendes que no puedo resistirme?
Dentro de mi cuerpo una llama resurge,
cenizas olvidadas casi subterráneas.
Si te acercas a mí con tu mirada de ángel,
¿no comprendes que no puedo rechazarte?
Apuesto a que me tiendes un hilo alrededor,
una apuesta química que vence, siempre,
a lo que antes pensaba para borrarte.

Si te acercas a mí y me tocas,
sabes que vences, jaque mate.
Me quitas la ropa, me despojas de todo,
haces de mí un fan dislate.
Si se conjugan tus caricias y tus miradas
me asesinas durante unas horas.
Desaparecen los despertadores,
las ciudades, mi interior mismo.
Y anulado, descargado, ido,
me camelas todo lo que quieres.
¿Cómo lo consigues? ¿Dónde lo aprendiste?
¿Dónde está el maestro que te dio lecciones?

Vacío pero lleno, pillado pero feliz,
siento tu deseo. Sabes acercarte
y tenerme dentro, palpar mis resortes,
provocarme espasmos de felicidad.
Conoces mis vicios y los aprovechas,
eres un pillín, ¿lo sabes? Te quiero.

(Lo he dicho, te quiero.
O al menos ahora, en este momento,
eso es lo que pienso.
Aunque luego te irás.)

sábado, 1 de abril de 2006

El porqué del souvenir


El jueves nos fuimos de excursión a Teruel.
Exceptuando que tuve que madrugar a las seis de la mañana y regresé a las ocho de la tarde, fue un día estupendo.
Primero, asistimos a un concierto donde hicimos un rápido repaso a diversos estilos musicales. El saxofonista tocó un blues precioso.
Después, con guía y todo, nos plantamos en la plaza del Torico y vimos las torres de la ciudad, así como la imagen de los amantes que hay en la escalinata del Óvalo. La guía nos contó las historias tanto del torico como de los amantes.
Comimos en una escuela - hogar y por último tuvimos la oportunidad de entrar en una fábrica de cerámicas, donde presenciamos en directo la labor de unos alfareros y de unas mujeres que pintaban a mano, en silencio y con una paciencia abrumadora, platos ya pasados por el horno.
Al final, se podía comprar alguna cosa, y yo me hice con el búho. En el fondo es un poco horroroso, pero un souvenir lo coges porque te recuerda una emoción o un sentimiento. A mí me encantó poder tener la ocasión, y así el resto de mi vida laboral, de revivir oportunidades de aprendizaje por las que en su momento pasé con una motivación justa -la del estudiante obligado-. Fue una gozada. :-D
Próxima excursión: a la granja - escuela de Movera. ¿Qué haré: traerme un cerdo bajo el brazo?

miércoles, 29 de marzo de 2006

Cuidado con las frutas herméticas


Haciéndome el original, como siempre, se me ocurrió llevar un coco a clase de Infantil para que algunos alumnos probaran dicha fruta por primera vez. Por la mañana lo metí en la cartera acompañado de un martillo. Y ante la cara extrañada de los nenes, el profesor de inglés ha sacado ambas cosas, ha puesto varios periódicos y ha anunciado que iban a probar el coco.
-Y he cogido este vaso porque tiene agua dentro y está muy rica. Ya veréis, ya, qué bien.
Y "¡cataplón, chisplón, ostión!", todo emocionado amartillando el coco y el suelo pal descojone y flipe de los críos.
En esto, vierto el líquido dentro del vaso y observo unos grumos blancos que al flotar parecían decir "Míranos, míranos, jeje". Y al fosanasalear el líquido, he percibido un olor a rancio hiperarguiñano que ha congestionao las neuronas olfatiles negativas, las peperas. "Huyyyyy...".
-Pues nada, me parece que el coco nos ha salido malo. ¿Sabéis cuando una manzana está negra por dentro? Pues este coco está igual de chungo. ¿Qué vamos a hacer con él entonceeeeeees?
-Tirarlo -ha dicho uno.
Cotoplón, a la puta papelera.
Ya lo decían en la facultad: prepara cuidadosamente el material antes de comenzar la actividad. Pero joer, yo quería abrir el puto coco ante los críos...
En conclusión, la pedagogía y las frutas herméticas son incompatibles.

lunes, 27 de marzo de 2006

Ana Frank, la obra de teatro.


21 de Julio de 1938
Querido diario:
He descubierto que soy una puta judía. Llamarme Anne Frank ya me delataba, pues es indudable que la n con la k están diciendo que soy judía a gritos. Ahora la cosa va de culo, porque los nazis pueden pedirme el dni y llevarme a un campo de concentración en un plisplás. Y no lo necesito, puedo leer en cualquier lado por mucho ruido que haya.

(Se trata de un monólogo interior. Se encienden los focos y vemos a la chica. Es mucho más fea que como se la habrán imaginado los lectores).
Anne: Menos mal que tengo este diario para evadirme. En él relato todo lo que se me viene a la cabeza. Descubrir que se es judía es duro, porque de repente percibo que mi nariz es aguileña y que he sido racista conmigo misma hasta ayer. Pero me consuela estar enamorada.
(Entra en escena Karloff).
Karloff: Hola, Anne.
Anne: Hola, Karloff. ¿Cómo estás?
Karloff: Bien, Anne. ¿Qué haces?
Anne: Nada, me has pillado en pleno monólogo interior.
Karloff: No jodas.
Anne: Sí. Achicharrá con los focos on the stage. Estaba a punto de contar que ando enamorada de ti y que como eres un puto nazi infiltrado y yo acabo de descubrir judías en mis genes, pues que ya ves qué plan.
Karloff: Bueno, pues no me lo reveles hasta el último acto.
Anne: Sí (dice la chica dubitativa). Vale.
(Karloff se marcha. El foco ilumina la estancia).
Anne: Ya que el foco ilumina la estancia, aprovecho para escribir mi diario. Ando enceguetá de rellenar hojas a la luz de la vela. Señor, ¿es incompatible el holocausto nazi con una puta bombilla? Vamos, sugiero.
(La madre de Anne, Anne, entra por la puerta).
Anne: Hola, Anne.
Anne: Hola, mamá.
Anne: ¿Te molesto? Veo que estás en pleno soliloquio.
Anne: Sí, mamá. Cómo me conoces. A veces me da escalofríos.
Anne: No te preocupes, no sé todo de ti.
Anne: Es un alivio saberlo. Mamá, ¿has recibido alguna carta?
Anne: Sí, aquí tienes (la saca de un bolsillo de su delantal). Es de Rudolph.
Anne: ¡Gracias! Ansío leerla.
Anne: Lo sé, cielo. Sé que estás enamorada de él, porque te cuelgan las pestañas.
Anne: Sí. Karloff me gusta más, pero es nazi y además acabo de descubrir...
Anne: Sí, cielo, lo sé.
Anne: ¿Ya sabías también que era judía?
Anne: Desde luego. Fui yo quien conquistó a Woody Allen. Además te he oído antes de entrar. De hecho, con lo que gritas, se te intuye lo que dices desde los camerinos.
Anne: Laostia. Me dejas crashed.
Anne: Es que soy tu madre. Hala, lee.
(Anne se marcha. Sale. Sorprendentemente, de nuevo por la puerta).
(Anne abre la carta).

Anne: ¡Rrrraaaaass! Querido público, hago la onomatopeya yo porque hay quien disfruta con el teatro leído, y todos tenemos derecho a comprender bien la acción. (Lee).
Anne: "Querida Anne. Gracias por responder al anuncio de contactos. Me encantó tu voz cuando decías que la mía te había gustado. Lamentablemente, soy gay. Perdón. Invertido. Que estamos en 1938. En fin, soy marica perdido, hablando en nazi. Eres tan lerda que ni buscas en la sección correcta. Postdata: judía de mierda."
Anne: Jo. ¡Mamáaaaaaaa!
(Entra la aludida) .
Anne: ¿Qué, hija?
Anne: Tienes la intuición maternal de un chorizo.
Anne: Oh, really?
Anne: Frankly.
Anne: Me enrojeces.
Anne: You´re welcome.
(Se marcha)
(De repente, suena una marcha turca. Entra Karloff y un actor anónimo embutido en una lata de Andy Warhol. Ambos adoptan una pose egipcia y, mientras la música continúa, tratan de resumir con gestos el Nuevo Testamento. Anne Frank muere de desidia y pegamento pero, sin embargo, no aplaude. Arde un sudoku).
(La obra termina. Se cierra el telón).

Anne: Ya no se me ve.

domingo, 26 de marzo de 2006

Aprendizaje significativo.


Sin romper los esquemas tradicionales de los cerrados padres que tengo en el pueblo, procuro de vez en cuando hacer cositas en clase algo distintas -que no por ello son muy originales, sino que simplemente escapan del libro y el cuaderno- con el objetivo de acercarme a eso que en cualquier manual de oposiciones para maestro se llama "aprendizaje significativo": tratar de que lo que quieres que el niño aprenda lo haga no porque tú se lo impongas, sino porque se lo vendes de un modo atractivo y motivador y/o cercano a sus intereses de niño. En el ejemplo que sigue, la gracia residía simplemente en que el profesor se puso a hablar de un tema ajeno a cualquier libro y con preguntas que podían despertar su curiosidad, así como cierto aire de misterio e intriga.
Escribí sin más la palabra "supersticiones" en la pizarra. Un chaval de diez años trató de adivinar, sin que yo se lo preguntase, el significado de la palabra, y no recuerdo qué barbaridad dijo interpretando "súper" como "muy"; que no, chaval, déjalo, déjalo. Les expliqué en palabras sencillas que se trataba de creencias sin base que, a pesar de carecer de tal fundamento, muchas personas seguían juzgando reales.
Supieron mencionarme ejemplos como la mala suerte que traía romper un espejo, o tirar un salero, o encontrarse con un gato negro, o pasar bajo una escalera. Yo encaminé la discusión hacia el hecho de abrir un paraguas bajo techo, y algunos afirmaron que conocían también ese caso.
- Bien, entonces imaginad que yo tuviera un paraguas. Y que además fuese amarillo, que dicen que trae mala suerte. ¿Seríais capaces de abrirlo aquí mismo?
- Sí, ¡tráelo y lo abro! -dijo uno.
- Vale -dije yo.
Y entonces los sorprendí sacando de la nada un paraguas amarillo, que una niña de infantil había traído por la tarde y que me había ofrecido la idea de tratar este tema improvisadamente.
- Menganito, te voy a dar el paraguas. Lo vas a poder abrir y todos los demás también si queréis -expliqué dramáticamente-. Pero luego cuando vayáis a casa no se os ocurra decir que el profesor os ha obligado a abrirlo, ¿de acuerdo? Si lo abrís es porque vosotros queréis. Yo personalmente no voy a abrirlo, prefiero no hacerlo.
De diez alumnos que tengo, sólo tres se atrevieron.
- Bien, pues si a alguno de vosotros os pasa algo a partir de ahora, es por vuestra culpa, a mí no me miréis.
Y entonces, solemnemente, cogí el paraguas y lo abrí.
Silencio absoluto en la sala.
- Me alegro mucho de que tres de vosotros hayáis abierto el paraguas. ¿Pero no os he dicho al principio que las supersticiones son todo mentira?
¡¡No pasa nada por abrir un paraguas!! A ver, ¿quién se atreve a abrirlo?
Y por fin los diez lo hicieron, uno tras otro.
Quiero pensar que tras haber escuchado qué es una superstición y, lo que es más importante, haberse asombrado ante los osados primeros abridores de paraguas y la posterior sorpresa por parte del profesor y, finalmente, la apertura individual (viendo y tocando, en primera persona, un objeto de superstición), habré logrado que este tema se haya grabado en su memoria y haya sido, como decía al principio, un aprendizaje significativo y no sólo una cosa más para estudiar para un examen.

viernes, 24 de marzo de 2006

La construcción de la casa Usher.


A la izquierda de la tele reina por fin una pequeñita estantería que ha conseguido vaciar la mesita baja central. He disfrutado como un tonto colocando los libros por ficción / no ficción y en orden alfabético por autor. El 70 % no los he leído aún, y así puestos aún apetecen más... :-)

miércoles, 22 de marzo de 2006

Cagüen la puta de oros

Estoy tratando de subir una foto y no hay manera.
Pero por mis cojones que hoy actualizaba. Hala.

domingo, 19 de marzo de 2006

Yo le hago el café.


Ayer sábado.
10:20 de la mañana.
En mi gimnasio.
Estoy corriendo en la cinta.
La música de ambiente deja de sonar y la voz de la chica de recepción, con tono mecánico, dice por los altavoces:
- Atención, clientes. En breves minutejos dará comienzo una clase de Bodypump impartida por Marcos. Consiste en coger el pump y pasárselo por el body. Graciaaaas.
Santa madre de dios, a cualquiera le hacía yo el café a su gusto todos los días por escuchar en todos los sitios salidas fantásticas como esa.
Yo descojonao en la cinta de correr, claro...

viernes, 17 de marzo de 2006

------------------UN ABRAZO----------------

Hoy quiero que sueñes cosas bonitas.
Ojalá olvides que era mi vida
la nada vacía, mi piel tendida,
cuando nos miramos aquel primer día.
Quiero que recuerdes victorias perdidas,
sonrisas fugaces, miradas sentidas,
palabras inanes cuando nos buscamos
y nos encontramos aquel otro día.
Quiero que revivas nuestro primer beso,
que pienses en mí tan solo un momento.
Yo te quise tanto y tanto te quiero...
Por eso lo dicho, por eso lo hecho.

Y quiero que olvides las balas perdidas,
los espejos rotos, las flores marchitas,
porque no era yo, era otro, mi ira,
espada malvada, espada torcida.

Todavía te tengo y querría
acariciarte de nuevo y querría
decirte entre sábanas: boquita mía,
hoy quiero que sueñes cosas bonitas.

miércoles, 15 de marzo de 2006

Jeroglífico para peperos.


Observe la imagen y responda: "¿Qué signo del zodiaco tiene Juan?"

lunes, 13 de marzo de 2006

Diabetes.


El hecho de que algunos de vosotros lo sepáis no es óbice para que no explique el porqué de que mi nick en el blog sea Diabetes y no otro.
En el instituto, un día, me dio por apuntarme al grupo de teatro. A lo largo de BUP y COU, se puso en escena a Lorca, Shakespeare y algún otro autor. Ya en la universidad, nuestra directora, por razones desde luego no pecuniarias, siguió preparando obras con nosotros, ya formados en asociación juvenil como Aquelarre Teatro.
Una de esas obras, a la que yo más aprecio le tengo por lo que me divertí ensayándola y quizá también por lo que chupaba escenario, era "Dios", de Woody Allen. En ella, muchos de los personajes tenían nombres de enfermedades: Hepatitis, Colitis, Triquinosis... Podéis imaginar el mío.
Si la memoria no me falla, que en escena no me falló y hasta me dio para meter morcillas, la obra está incluida en un librito del mencionado autor llamado "Sin plumas". De él, recomiendo la lectura de la obra así como de un maravilloso relato que habla de un cervatillo y su singular existencia.
Como colofón, permitidme citar un diálogo genuinamente alleniano cuya gracia aumenta, en mi opinión, con tres segundos de silencio posteriores:
Triquinosis: "¿Sabes lo del cíclope?"
Diabetes: "No. ¿Qué?"
Triquinosis: "Le ha salido una infección en el ojo."

sábado, 11 de marzo de 2006

"¡Oh, Dios mío! ¡La han asesinado!"


A la señora de la foto, cuando era bastante más joven, le dijo un día su hermana: "¿A que no eres capaz de escribir una novela de misterio?" La hermana debería haberse dado cuenta de que estaba hablando con Ágatha Christie, pero debía de ser retrasada, y evidentemente perdió la apuesta: la Christie, en sus ratos libres como enfermera, fue escribiendo lo que terminó siendo su primera novela, El misterioso caso de Styles, en la que aparece Poirot y su ayudante Hastings. Todavía no he conocido a nadie que adivine la identidad del asesino, y es que la dama del misterio es muy pero que muy buena.
No creo que sea una gran escritora en cuanto a su estilo, aunque es muy hábil a la hora de describir con cuatro palabras un pueblecito, una casa o una habitación. Es poco amiga de las pruebas físicas, y se inclina más por las psicológicas; de todas maneras, en el noventa por ciento de los casos el asesino suele ser aquel que parece imposible que sea.
Además de la novela mencionada, que es perfecta para introducirse en su mundillo, son de lectura obligada Diez Negritos, Cartas sobre la mesa, El asesinato de Roger Ackroyd (muy bien valorada por la crítica literaria), Maldad bajo el sol y La casa torcida.
Hace ya tiempo que leí todas sus novelas. La gran mayoría de ellas son simplemente entretenidas y el desenlace no llega a ser especialmente bueno. Pero guardo muy buen recuerdo de los incontables ratos que he estado enganchado pensando: "¿Quién será el asesino?"

jueves, 9 de marzo de 2006

Pare dos años, por favor.


Hace unos días salió en Internet el concurso de traslados provisional para Primaria. Yo, deseoso de salir del pueblo para trabajar más cerca de Zaragoza, consulté los resultados y comprobé que todos los destinos que había pedido me habían sido denegados.
Es un concurso provisional, pero en cualquier caso es improbable, vistas las puntuaciones exigidas, que en el concurso definitivo que se publicará en un par de meses me otorguen un destino.
Esto significa que permaneceré dos años más en el mismo pueblo y centro. Pero la novedad reside en que mi compañera Ana, de infantil, sí que ha conseguido pirarse, y a 10 minutos escasos de Zaragoza, con lo cual el año que viene tendré compañero nuevo (si es la misma persona que sale en el concurso provisional, será una mujer cuyo nombre y primer apellido es igual, queridos Jb y Dorothy, que la que se echó de novio un militar).
Y a consecuencia de este cambio de compañera, tengo la oportunidad de que la dirección del centro pase a estar a mi cargo. Me sentiré excesivamente responsable, pero lo haré. De ese modo, cuando dentro de dos años vuelva a participar en el concurso de traslados, tendré dos puntos más de experiencia, uno y pico más por la dirección y sotopochocientos más de cursos, que el año que viene, que saldré media hora antes por las tardes por una razón que no viene el caso, tendré tiempo para hacer.

Queridos pueblos que rodeáis Zaragoza, ¡¡en 2008 os cazo!!

martes, 7 de marzo de 2006

Rosita (o de cómo todo queda en casa)


Muchos de vosotros ya sabréis que Óscar me prestó el otro día, muy amablemente, su sudadera rosa. Se la pedí porque me pareció una buena idea llevarla a clase puesta para observar la reacción de mis alumnos.
Mis compañeras de trabajo esperaban ansiosas mi llegada esta mañana y no han parado hasta vislumbrar unas manguitas rosas sobresaliendo bajo el abrigo negro que las cubrían.
"A ver qué te dicen" –ha comentado Elena, la profe del pueblo cercano al mío.
Mis alumnos estaban avisados de que cualquier día iría yo de rositas: en tres ocasiones había elogiado la sudadera rosa de Laura, una niña de mi aula, y había manifestado glamurosamente mis deseos de hacerme con una similar. Y ayer lunes anuncié que ya me la había comprado.
He abierto la puerta del colegio. Ningún niño ha dicho nada, y cuando les he preguntado si les gustaba, todos han dicho que sí, y con pinta de estar siendo sinceros. Y sí, amigos, lo eran, porque Ricardo, de los mayores (y por ello, quizá, más propenso a ver el rosita con malos ojos), ha reiterado avanzada la mañana que la sudadera era muy chula. –Y no, no promete ser afeminado en el futuro-.
Como hacía un frío infernal, o invernal, los niños de la clase de Ana, de infantil, han pasado a la mía para ver todos juntos una peli de vídeo durante el rato de recreo. Ha sido Alberto, de cinco años, quien ha dicho: "Llevas una sudadera rosa. Eso es de chica". Sin darle importancia, he dicho que yo era un chico.

Así pues, los alumnos han reaccionado estupendamente, aunque bien es cierto que Enrique estaba con vómitos en su casa y Miguel con varicela también sin venir, y que ambos quizá hubiesen reaccionado no tan bien de haberme visto. Otro día rosearé cuando estén ellos, a ver.

Por último, al mediodía, y a pesar del frío, he salido ostentosamente ante los padres sin abrigo, marcando contraste entre la nieve aún sin derretir y mi actitud (g)rosera. Una de las madres se me ha quedado mirando un segundo más de lo que mi carisma incomparable suele atraer, pero ha sabido mantener su sonrisa y no ha dicho nada.
Por la tarde, Elena esperaba ansiosa los rosas resultados y, aunque felizmente, se ha quedado decepcionada ante la ausencia de acontecimientos dignos de mención.

Quizá haya sido más por Zaragoza, caminando desde donde había aparcado el coche hasta mi casa, donde la gente me miraba más claramente. Un gachó de greñas y vestido de jevitrón no sé lo que habrá pensado (bueno, claro que lo sé, y qué razón lleva en el fondo). Y justo antes de llegar al portal de mi casa, me he encontrado con la prima de mi madre. Ha mencionado que iba muy fresco; yo he añadido que sí, y que también llamativo. "Me lo he puesto por ver qué decían mis chicos", he explicado quizá innecesariamente. "La verdad es que sí que vas moderno, sí", ha contestado a mi sutil provocación. "Se habrán pensado que eres maricón".

Tanto llevar el rosa al pueblo y me encuentro alguien azul a dos metros de mi casa.

sábado, 4 de marzo de 2006

¡¡Nadie!!


Hace dos jueves fue jueves lardero. Tradicionalmente era un día en el que se consumía carne antes del comienzo de la cuaresma, que no permitía la canne de los cojonnes. Eso derivó en la actual pseudotradición de comer longaniza en ese día.
En el colegio, a mi compañera y a mí nos pareció una buena idea celebrar con bocadillos de longaniza el jueves lardero y aprovechar para ir con los niños a la iglesia del pueblo y verla por dentro.
Almorzamos en la plaza de la iglesia y el cura nos abrió luego el viejo edificio.
Al poco de entrar, Lorena, una de las niñas de tres añitos, que evidentemente estaba viendo frustrada cierta expectativa que se había montado en su cabeza, dijo (viendo aumentado su comentario por la acústica patatera de la iglesia):
-¡Aquí no hay nadie!
Begoña, la profesora de religión, que nos acompañaba, enseguida respondió:
-¿Cómo que no, Lorena? Aquí está Dios.
-¡No! -dijo Lorena con su voz de pito de niñita-. ¡Aquí no hay nadie!
Y yo me regocijé en esa muestra inconsciente de ateísmo.
Repetí bocadillo de longaniza, por cierto.

sábado, 25 de febrero de 2006

Jeroglífico.


Observe la imagen y trate de encontrar la solución: "Cielo, ¿qué juguete dices que se te ha perdido?"

jueves, 23 de febrero de 2006

Aquí


En la foto, que podéis pinchar para ampliarla, se observa mi aula. Seguramente os provoque la misma impresión que a mí la primera vez que la vi: "¡Pero qué pequeña que es!" Y claro, es que estamos acostumbrados a las aulas pa 40 críos de cuando nosotros éramos infantes, y no, esto es un pueblo y este año en concreto tengo ocho alumnos en esta clase, la de Primaria.
Eso sí, aunque no se ve bien, tenemos tele, vídeo, pronto dvd, bastantes libros y otra aula más para Infantil.
¿Os pasáis a repasar las raíces cuadradas?

martes, 21 de febrero de 2006

Esta semana hacen una obra de Moliere en el Principal, el Tartufo, que no me perdería por nada del mundo, porque Moliere me encanta.
Propongo que me digáis si querríais ir a verla. La sesión quizá mejor para ir todos sería el domingo. Jb no estará, supongo, pero Óscar quizá sí, y el domingo por la tarde suele poder todo el mundo.
Por favor, decidme quiénes venís (incluyendo parejas y amigos). Me encargo de las entradas. Si no habéis respondido el jueves al mediodía, entenderé que no vais a venir.
Para decirme si venís, ¡¡mandadme un e-mail a mi correo, no aquí!

Cuando las haya comprado, os mandaré un mail indicando el precio y la sesión.


P.D.: Actúa Carmen Marín, mi ex-profesora del grupo de teatro. Siendo Moliere, casi preferiría que no saliera ella, porque me sacará de la obra mil veces lo de ver en escena a alguien que conozco...

lunes, 20 de febrero de 2006

Menos uno.


Si recordáis, alguna vez os he hablado -a varios de vosotros- de un amigo de mi padre que, nunca he sabido muy bien por qué, a veces me regalaba cosas. Una cámara de fotos, libros viejos que tenía... Cuando me compré el ordenador me aconsejó, y después me instaló algunos programas.
No es que lo viese con asiduidad, pero se trata sin duda de una relación curiosa.
Y ayer me dijeron mis padres que se había muerto. "Ahí va, me duele la cabeza"; y quince días después, en las esquelas.
No es una historia original, porque pasa todos los días. Pero, cómo no, sorprende cuando sucede cerca de uno.
Hoy he borrado su nombre del móvil... Qué sensación más rara.

sábado, 18 de febrero de 2006

La sabiduría del Dalai Lama


En la página 36 de su libro Consejos para tu vida, el Dalai Lama nos ofrece una reflexión: "En la vida es saludable cepillarse los dientes tras cada comida. Todavía es mejor si al mismo tiempo aprovechamos para limpiarnos la lengua con el mismo cepillo; pero un empeño excesivo en ser meticulosos nos podrá llevar a provocarnos arcadas".
Escuchemos siempre la sabiduría oriental.
Ommmmmmmmmmmm.

jueves, 16 de febrero de 2006

¡Viva España!

En 2005 me otorgaron la posibilidad de trabajar como profesor de español en el extranjero, y por supuesto acepté la posibilidad. Sin embargo, debía dejar en España muchas cosas que me entusiasmaban: la familia, los amigos, mi pareja, mi casa... Así que tuve que pensarlo detenidamente hasta animarme a ir.
Cuando llegué a París y descubrí que todos mis alumnos eran niños de catorce años que nunca habían visitado el extranjero, me planteé que además del idioma en sí debía darles cuatro pinceladas acerca de la vida española. Sin embargo, esa tarea, que a la par que interesante resultaría tremendamente dura, se hizo más aceptable cuando descubrí lo aburridos que me resultaban los franceses y determiné que aquel año iba a ser perdido y sin duda aburrido: me tomé la revancha, pues, con mis alumnos.
En mis clases comencé a enseñar, claro está, palabras y expresiones habituales del español. Pero a la hora de iluminarles con mi cultura autóctona, para divertirme yo más solazándome en la tarea, me dediqué a consultar Internet y decenas de libros en busca de información de la España de los setenta y los ochenta.
Mis niños, que lo pasaban pipa en las clases, aprendían muchísimas cosas: a odiar a Franco, que tenía a España reprimida; a disfrutar con las audiciones de las canciones en boga (memorizaron sorprendentemente bien Galilea, de Sergio Dalma, y El límite, de La Frontera); a bailar con las películas de Parchís; a reírse con...
- Niños, esto os va a encantar. Debéis saber que el pasado 2004 surgió un dúo humorístico que está arrasando en mi país. Contádselo a vuestros padres y amigos, porque son new wave total. Hoy vamos a ver A por uvas. Se llaman Martes y Trece.
También les puse música de Lola Flores y su hijo sólo por anunciarles, allá por Mayo, que se había muerto la faraona y ver su cara de alucinados cuando una semana después les informaba del suicidio del otro.
¿Les diría, por seguir con este cachondeo cronológico, que en las teles españolas no dejaban de salir franceses volcando camiones de frutas y hortalizas?
Por poner la guinda, les dije que había una tal Marisol que estaba haciendo giras por toda España y rompiendo taquillas, que sus pelis eran musicales y que si querían, podían bajarse en el Emule una de ellas algo pasada ya, de 1999, que era una versión también cantada de El Sexto Sentido.
- Para que veáis que los americanos de los cojones no lo inventan todo.
Comentario que acogieron con mucho calor.

Cuando terminó el curso, les rogué que me dejaran sus correos electrónicos. "Os escribiré", prometí.
Pero no sabían que mi idea era, es, hacerlo allá por el 2020, cuando sean hombres hechos y derechos, y puedan relatarme su encontronazo con la mofa de los primeros españoles con quienes hablen yendo de turistas.Ay, yo es que me parto.

martes, 14 de febrero de 2006

San Valentín


Ya termina este día comercial.
La gran duda ahora es: ¿cuál habrá sido la respuesta de Laura ante la postal de Jb? Y también, ¿habrá sido capaz Jb de decir "de nada" sin añadir "Se empeñaron en que la hiciera" u otra excusa similar que haya anulado el romanticismo del detalle?
Ansiamos leer lo sucedido.

domingo, 12 de febrero de 2006

Oink


Soy un cerdo, porque un joyero me arrojó perlas y no las aprecié.
No sé si cerdo, pero sí podría ser gato o perro durante unos días...
Ya que no es posible transformarme en animal, el modo de no andar pensando en algo será que mañana todos mis niños necesiten tres explicaciones para entender cualquier cosa.
¡Cómo se agradece trabajar a veces!

jueves, 9 de febrero de 2006

Ojo a las casualidades


Tengo por ahí, tan ocultas que ahora mismo no sé dónde están, mis fotos de la comunión. En ellas, se observa el gran elemento: las gafas.
Las gafas, como todo lo demás de mi ser cuando era niño, eran del estilo que les gustaba a mis padres. Y mis padres, huelga decirlo, se merecen en ese sentido que les maten los dinosaurios con tirachinas. Porque las gafas ocupaban casi el doble que mis ojos, así que el aspecto y mis abrumadoras notas -quiero decir irónicamente que eran excelentes- en aquella época me convertían directamente en el cerebro, o uno de los cerebros, de la clase.
No conduciremos ahora el debate hacia la cuestión de dónde ha ido a parar esa inteligencia (que desapareció a partir de sexto de egb, igual que a smileman), sino hacia el tema de las gafas.
¿Hay elemento más odioso que esas lentes (impertinentes, nunca mejor dicho) para un niño? Llevarlas a clase es como colgarse un cartel animando a que te tiren tomates. Con ello no sugiero que fuese mi caso, pero bastante tenía yo con mi propio malestar: nunca pude soportar llevarlas, porque me daban calor, se escurrían, se rompían, se salía un cristal... incluso tenía que llevar un parche en el ojo derecho cuando era pequeño para corregir el bizqueo del izquierdo. Entre los pelos hiperlargos, el parche, las gafas tamaño home-cinema y lo gordete que estaba, no sé cómo no aparecí en la familia addams aunque fuera de cameo.
De modo que a lo largo de mi infancia, los dos bandos en los que dividía a la humanidad eran los que llevaban gafas y los cabrones que tenían el morro de no tener que llevarlas.
Quizá fue también para sexto, cuando a smileman y a mí nos empezaron a bajar las notas de clase, cuando me dije que estaba hasta el gorro de andar gafado y me desgafé. Fui feliz, sobre todo teniendo en cuenta que veía bien sin esos terribles cristales.
Pero dicen que la vida le da a cada uno lo que se merece, y supongo que si yo me quité las gafas sin deber hacerlo, me merecía que años más tarde, ya con pelos en los cojones y carnet de conducir a la vista, en la revisión me obligasen a ponerme otra vez el acristalamiento ocular. El oftalmólogo me indicó que tenía miopía, astigmatismo e hipermetropía, todo ello repartido no recuerdo cómo entre ambos ojos y anulándose en parte unas cosas a otras.
Carolina es testigo de que dejé mis huellas en todas las monturas de la óptica a la que fuimos y de que al final me incliné por unas de montura al aire. (No sé por qué, cuando oigo decir a alguien "Llevo gafas de montura al aire" me hace muchísima gracia). Las empleo sólo para el coche y para ver la tele y películas en el cine.
Y la historia se repite. Uno de mis niños del pueblo comenzará su vida gafil mañana mismo. Casualmente, el lunes pasado olvidé dejar mis gafas en el coche cuando iba a pasar al de mi compañera, que conduce esta semana, de modo que me fui al pueblo con mis monturas airosas puestas; y los chicos, desacostumbradísimos a verme así, mostraron su extrañeza. Pero de este modo el muchacho que mañana se nuevogafará se sentirá arropado por el profe, y al menos no será víctima de los tomates durante el horario escolar. Sí, supongo, de su odio interno hacia el instrumento, si es que lo tiene como yo.
Y es que a veces las cosas casuales van bien: hay quien se deja las llaves por ahí y por ello termina durmiendo abrazado, y quien no usa la funda de las gafas que cariñosamente Óscar te ha conseguido y termina ayudando a uno de sus alumnos.
En cualquier caso, ahora supongo que puedo decir que ya sólo me siento gafado por fuera.

martes, 7 de febrero de 2006

¿Pero qué hace una imagen de la gachí ésta en mi blog?


Pues ello se debe a que estaba ahora mismo oyendo su canción, la de Rutinas, y como estoy estos días contento, una ñoñez musical como ésta me ha ido gustando cada vez más.
No se corten ustedes, hagan sus comentarios denigrantes hacia mis trombosis musicales.

domingo, 5 de febrero de 2006

Siendo más feli


Un poco en referencia a lo que escribí el viernes, ayer socialicé y de una manera radical e inesperada, pues en una cena que Carolina preparó en su casa, resultó que también aparecieron Pedro y Raquel y más tarde Toño; es decir, que hubo más gente de la que yo esperaba. La cena era japonesa y consistió en... bueno, cosas como una sopa con tallarines, queso tofu y algas, una especie de bola de carne y arroz con curry. Todo ello comido con palillos, y Óscar no pudo -por decisión tajante mía- usar el tenedor ni el cuchillo: que si nos ponemos orientales, nos ponemos.
Sucesos reseñables de la noche:
- Las segundas intenciones en cualquier frase que alguien soltara eran continuas. Óscar fue pionero en ello; debe de estar pidiendo sexo a gritos el pobre, pero por más que pienso no se me ocurre ninguna solución.
- El curry salió más picante que si Carolina hubiera vertido diez guindillas por casualidad en el bote donde lo preparó. Definitivamente, el plato no era arroz con curry, sino curry con arroz. Me permití indicar que había tanto curry que sólo faltaban los fraggel.
- Jorge, el novio de Lorena, manifestó una gran disposición a poner en práctica el consejo de la felación con la boca llena de agua. Que luego Lorena se ofrezca ya es otro cantar.
- Pedro nos recordó la importancia de conducir con precaución tras su accidente automovilístico en la autovía hacia Valencia gracias al hielo. Afortunadamente, el coche quedó destrozado y él ileso, no como antes, que los coches se quedaban inmaculados para alegría de las funerarias.
- El pacharán triunfó en la charla post-cena. De nuevo hay que citar a Óscar, ahora como pionero en pacharanismo; el color de su bebida, untada en piruleta de El Rincón, me recordó a un trozo de atún disuelto en coca-coca light sin cafeína.
- Desde luego, sería injusto no incluirme en el apartado de alcohólicos: junto con don pionero, consumí un vodka con limón, otro con blue tropic, otro con granadina, un cacique con cola y puede que una bebida más. Impagable la conversación de Óscar con un camarero: "-Oye, ¿tienes Red Bull?. -Sí. - Pues ponme un cacique cola." Fueron efectos del pacharán carolíneo, claro.

Desde luego, vencer de vez en cuando la pereza de salir de casa cuando el trabajo lo permite, viene estupendamente. De paso, pude poner en práctica una vez más mi nueva costumbre de dar besos o la mano. E indudablemente, ayer di más besos que nunca...
Así pues, el señor Punset llevaba razón en lo que decía.

viernes, 3 de febrero de 2006

Feli in the TV


De nuevo recurro a la televisión como fuente de sabiduría. El tema es la felicidad, como podría haber sido las salchichas.
A la hora de tratar el tema, siempre hay frases que se escuchan: "Yo me conformo con quedarme como estoy", "Lo importante es la salud", "Yo quiero salud y trabajo y vale", "El dinero no da la felicidad, pero ayuda", "Haz el favor de bajar la tele, joder".
La caja tonta me ha servido dos aportaciones que también deberán, con vuestra ayuda, pasar a formar parte de este elenco de expresiones tópicas. Por un lado, el señor Punset, en Redes, ha mencionado que el dinero da la felicidad en un determinado grado y a corto plazo; ello nos alivia a quienes nunca llegaremos a ser ricos y nos limitamos -o algunos lo hacen- a envidiar a quienes lo son. La base de la felicidad, según investigaciones, reside en la calidad de nuestras relaciones sociales. Ahí queda eso.
La segunda aportación es realmente genuina, y de hecho proviene de Maruja Zorrilla, adivina que proporciona el mayor número de pronósticos negativos en cuanto a las relaciones de pareja. Le hacían una consulta acerca de cómo funcionaría un negocio y ella, mujer desde luego sabia, dijo que "sí, hijo mío, hay que preguntar también por el trabajo, ¿verdad? Porque el dinero no da la felicidad pero ayuda bastante. Mira, cariño, el dinero yo creo que es el ochenta por ciento de la vida, pero la salud es más importante aún, el noventa por ciento".
Qué razón tiene la mujer, aunque destroce nuestro sistema decimal, al que tanto cariño tenemos.
Sean felices ustedes. O sea, no me sean amebas y socialicen.


miércoles, 1 de febrero de 2006

¡Cuidado!

Paraos a pensar y veréis la cantidad de situaciones en que soltar de repente "¡Cuidado con el cristal!" puede resultar un grato divertimento.

lunes, 30 de enero de 2006

San Valentín y la blancura

Indudablemente es una sensación extraña la de, por trabajar fuera de la localidad de Zaragoza, tener que madrugar el día 30 de Enero y comprobar -sin mucha sorpresa, claro- que las calles están desiertas, que la ciudad duerme y que aquí un servidor, aparentemente por amor al arte, camina por la acera camino al coche como si fuese domingo y desease ir al colegio por echarlo de menos.
En cualquier caso, no he sentido mayor pereza que la de cualquier lunes (que trato de aminorar permitiéndome comer de lata de pote gallego, es decir, sin cocinar a las siete de la mañana) y hasta cierto placer rarito en ser de los pocos que salían de casa tan pronto.

Claro que cuando, pasados diez minutos del comienzo de las clases, la nieve ha hecho su aparición, la cosa ha cambiado. Y cuando tres horas después la mañana terminaba y las madres de los pueblos cercanos se negaban a traer a sus hijos por la tarde por temor al estado de las carreteras comarcales, la cosa ha sido ya preocupante. Los propios padres nos han sugerido que nos marcháramos ya al mediodía, pero claro, investigando en sindicatos (de Huesca y Teruel, pues los de Zaragoza estaban chapados) hemos descubierto que de saberse en inspección que habíamos abandonado el puesto de trabajo a mitad de jornada, se nos podría descontar el día de sueldo -y la parte que descuentan no es precisamente el sueldo dividido entre 31 días, sino bastante más...-. Así que como el mundo es así de maravilloso y se daba la circunstancia legal de que si la carretera estaba pasable no había motivo para irse y si estaba mal tampoco pues ya era imposible usarla, hemos decidido quedarnos hasta las cinco en el colegio, como siempre, aunque con menos alumnos de los habituales.
En estos momentos todavía desconozco si el puerto de Paniza y el kilómetro comarcal escaso que me separa de la carretera principal estarán transitables a las cinco, aunque aparentemente el hecho de que Jesús, el profesor itinerante de educación física, haya llegado hasta el colegio parece indicar que sí.

De todos modos, mecagüen san valentín, su ámbito local y la blancura que irradia el mundo cuando me toca conducir a mí.

Huy, si además no debía quejarme, que tengo muchas vacaciones...

viernes, 27 de enero de 2006

Sí, SÍ, ¡SIIIIII!

Harry Potter and the Goblet of Fire ha ocupado dos meses de mi vida literaria; no había ganas de leer. El libro, además, no me ha parecido nada del otro jueves.
Y ahora, ¡por fin!, he encontrado un libro que me ha enganchado. Se podría denominar novela histórica, aunque no deja de ser la típica de misterio-aventura estilo elcódigodavinci; la nombro sin ánimo de recomendarla, pero se lee bien: El anillo, de Jorge Molist. Eso sí, describe Barcelona continuamente, y lo hace de tal modo que dan ganas de ir a verla.
¡Sí, SÍ, SIIIII, estoy leyendo! Cojones, que me cuesta últimamente...

jueves, 26 de enero de 2006

Tú de rosa y yo de azul.


Si el otro día hablé de la lerda a la que se le desmontaban los periódicos, hoy la tele me ofrece un tema algo menos frívolo. Y eso que...
Ha salido en El diario de Patricia. Unos hijos han acudido al programa para reclamar cariño por parte de su padre. El padre, de algo así como cincuenta y cinco años, creía haber hecho de padre ejemplar, y sin embargo ha descubierto que no era así: los retoños se quejaban por no recibir nunca llamadas suyas de hola qué tal, por no ser cercano... Después de un cierto desacuerdo, Patricia ha sembrado la paz pidiendo al padre que comenzara a ser más risueño en ese mismo instante. "¿Cómo lo hago?", ha preguntado el padre. Y enseguida ha visto que se trataba, por ejemplo, de darles dos besos y un abrazo a sus hijos, cosa que ha hecho y con la ha finalizado la historia.

Lamentablemente, si con alguien he de sentirme identificado es con el padre. Salvo con mi pareja, bien sea la pasada (Javier) o con la/s que venga/n, con la que creo ser bastante cercano y cariñoso, me considero algo frío con la gente. Así, por ejemplo, ahí tenemos a Sonia, la chica que descubrió lo singular de volar en avión, o a Carolina, musa titánica, esperando dos besos de mi parte cuando quedábamos y quedándose, valga la redundancia, con las ganas de recibirlos. Mi madre, hace unos dos meses, también se quejó de lo seco que soy, y desde entonces le doy dos besos cada vez que la veo, cosa que antes sólo hacía cuando ella los comenzaba (generalmente cuando se iba de vacaciones durante unas semanas). En cuanto a los chicos, a los que doy la mano –salvo en el ambiente, donde es costumbre dar también dos besos-, prácticamente nunca lo hago realmente; gente como Fabio, que supongo que es víctima de mi mismo virus, imagino que está encantada o cuando menos le resbala que no shakeemos hands, pero a lo mejor otras personas como Jb u Óscar (amistad de reciente adquisición con la que, por parecer normal, trato de mantener ese contacto físico inicial) puedan encontrarlo más raro.

¿A qué se debe este comportamiento poco cercano? ¿A cómo me han educado en mi familia? Quizá, aunque, si se permite una recomendación literaria, ésta sería una respuesta demasiado sencilla si leéis El mito de la educación, de Judith Rich Harris, que ningún padre o profesor debería ignorar. ¿A los diferentes roles comportamentales que comúnmente se adjudican a hombres y mujeres por separado? Puede ser otra parte de la respuesta, sí.

El caso es que desde aquí, igual que a veces hacen algunos ante Patricia, me comprometo a tratar de ser algo menos soso en ese aspecto. Ya llevo un tiempo procurando cambiar en ese aspecto, así que pido no un aplauso, pero sí vuestra comprensión y paciencia.

Dos besitos a todos. ;)

miércoles, 25 de enero de 2006

El descubrimiento: tonterida in the air


Hay malas ocasiones para descubrir cosas. Por ejemplo, cuando uno está inmerso en el propio suceso que está descubriendo y por tanto el mismo resulta ya inevitable.
Volviendo de Londres en avión, y compartiendo vuelo con Sonia, tuve la siguiente conversación con ella:
Jorge: Vaya ventanita más pequeña. Ni cabríamos por ella.
Sonia: Sí. Joer, cuánta nube.
Jorge: Lo del avión es genial. A chochomil metros de altura y hale, si te estrellas, te estrellas.
Sonia: Joer, qué gráfico.
Jorge: Pero es verdad. Porque estos cartelitos con las mascarillas ya me dirás para qué sirven.
Sonia: Pal oxígeno, ¿no?
Jorge: Supongo. Pero si se jode un motor o los dos y te caes pabajo, ¿qué? Te van a decir que agárrense fuerte y sonreirán.
Sonia: Chico, no sé (se quedó seria y algunas neuronas empezaron a rumiar).
Jorge: Que sí, maña. Si lo piensas es una pasada, porque no puedes hacer nada. Estás aquí subida y ni siquiera se puede salir por la ventana.
Sonia: Es verdad. (Sonríe, asiente). Lo cierto es que tienes razón. ¡Joder!
Y así se quedó la muchacha, toa estreñía, pensando en lo indefensa que se encontraba.
Seguro que nunca se olvidará de mí la próxima vez que ose volar.

jueves, 19 de enero de 2006

Para la posteridad

A veces tiene su recompensa perder un rato viendo la tele. En un programa de parejas, cuando un chico y una chica se estaban conociendo, él ha dicho que leía dos periódicos al día. La chica, con su seriedad y buena planta, ha comentado muy convencida que "a mí no me gustan los periódicos: huelen mal, ensucian y encima se desmontan". Para que luego digan que no hay profundidad en esta España nuestra. Ven a nosotros, María Moliner.

miércoles, 18 de enero de 2006

Hocus the Dinocroc y el resfriado


Estos días estoy pasando el típico resfriado. Se dice comúnmente que un resfriado dura una semana tomando la medicina adecuada y siete días si no la tomas; así que por ello estoy enfrentándome al proceso enfermil exclusivamente con mi salud jovenzana.
Podemos dividir un resfriado en tres fases:
a) De repente, percibimos que tenemos frío cuando el resto del mundo no lo tiene. Además, los estornudos ya no son pares, como cuando nos da el sol por primera vez por la mañana.
b) La mucosidad empieza a hacerse evidente, abundante y refocilante, a la par que nos obliga a respirar por la boca, lo cual se delata en invierno, cuando el aliento se ve.
c) Nos sentimos culpables por la cantidad de árboles que han tenido que construirse para fabricar todos los pañuelos desechables que estamos usando. Por si eso fuera poco, descubrimos la insospechada cantidad de situaciones en que es indecoroso deshacerse de una flema densa.
Yo acabo de pasar a la fase c (¿a que resulta fascinante? Si queréis puedo hacer fotos).

Me resulta imposible determinar si ha sido uno de los alumnos de mi colegio quien me ha contagiado; lo que sí que resulta palpable es la simpática manera en que puede que se lo esté pasando yo a ellos, en concreto a los alumnos del aula de Infantil. Cuando paso a esta clase, les enseño inglés utilizando las historias o formats de un personaje que se llama Hocus the Dinocroc. Contamos, gesticulamos y repetimos sus desventuras puestos en círculo, y eso de por sí permite que mis gérmenes se lancen con una facilidad cataléptica hacia las jetas de los muchachines; pero además, en la historia número tres con la que estamos estos días, Hocus y su amiga/pareja/rollete Lotus, a la que conoció en el format número 2 cogiendo fresas por el campo, deciden construir una casa y no hacemos más que dar vueltas en círculo para coger las piedras, las tejas, la cama, etc. Así que imaginen mis suciedades resfriadiles navegando por el aire y a los chicos girando en derredor como para asegurarse de que ninguno de ellos se queda sin su estupenda ración de futuras mucosidades.
Angelicos.

viernes, 13 de enero de 2006

Regresando a la realidad rural


Acabo de descubrir (sí, los cojones, diréis algunos) que volver de vacaciones de navidad es un gran tormento. (Yo no he tenido vacaciones de navidad, añadiréis otros; pero os ruego que no me volváis a interrumpir, que tanto paréntesis es antiestético). Han sido 16 días tranquilos de descanso, los cuatro últimos saliendo hasta las tantas, razón por la cual el lunes me pilló mal dormido, con cierta resaca, con cierto efecto tipo "Pero a ver, si yo hace unas horas estaba en un bar con la música a toda pastilla" y además, claro, con la pereza horrible de tener que recuperar el ritmo de trabajo de la jornada partida de los cojones o, como a mí me gusta llamarla, la jornada "prohibido tener ocio de lunes a viernes", apoyada por un grupo de padres lerdos, o bien obligados por sus horarios de trabajo, o bien víctimas de la dejadez pasiva mayor que se ha conocido desde que las lechugas ovíparas se manifestaron con saña.
El domingo por la noche y el lunes yendo en el coche, por cierto con varios grados bajo cero y bancos de niebla que convertían cada señal de tráfico en una sorpresa, mi estado somnoliento hacía vomitivo pensar que minutos después ocho niños iban a estar contándome, desde su alegría y su "como soy un niño, estoy vital aun habiendo dormido tres minutos esta noche", sus regalos de reyes. Yo hubiera preferido freírme los testículos a 200 grados, pero son efectos colaterales de ser maestro.
Y así, china chana, ha ido pasando la semana. El jueves y hoy viernes han sido ya mejores, con el ritmo más o menos recuperado; sin embargo, los despertares han sido horribles, y desde aquí lanzo un llamamiento ante el estupor que me provocan los pensamientos tan bestialmente negativos con que me levanto en días así. Afirmo en serio que si yo pronunciara ahora mismo, a lo cual me niego aunque me lancéis bises y trises, lo que se me pasa por la cabeza, creeríais que me faltan dos milímetros y medio para suicidarme o al menos para lanzarme al mundo del ceregumil en lonchas.
Pero, como digo, el ritmo está recuperado, a fuerza de realidad, claro: un niño de tres años que se te mea en el pantalón mientras tú tratas de esforzarte en tu representación de Hocus the Dinocroc en inglés, al día siguiente que se te caga en los pantalones, hoy viernes dos madres (las de siempre, ay, dios, yo es que las ahorcaría tan magistralmente) diciendo que prefiere que su hijo almuerce un sunny y un bollycao que una pieza de fruta; y yo, que propuse asociar un tipo de almuerzo diferente con cada día de la semana en favor de sus hijos y cuya idea cualquier pediatra y persona no subnormal apoyaría, miro la jeta de las señoras y pienso: pues vale, lo que queráis, a mí me pagan igual y llega el finde, así que sí, hínchalo a chocolate, y que te engorde todavía más la criatura, hija.

Creedme, lo peor de ser maestro no son los niños, sino los padres; y también, añado, los regresos de las vacaciones.
Que claro, como tenemos tantas, cualquiera va a quejarse salvo en un humilde blog...

domingo, 8 de enero de 2006

Voice, voice, voice.

- Sorprende descubrir, cuando ves Inspector Gadget ya de mayor, que la voz de este personaje la hacía Jordi Estadella.
- Sorprende descubrir la voz de vampiro del averno que tenemos al despertar por la mañana.
- Sorprende descubrir que esa persona que bajo las luces del bar te estaba enamorando en diez segundos, ha sido dotada con una voz que borra su encanto tan pronto como se lo habías encontrado.
- Sorprende descubrir que diez actores famosos extranjeros tienen la misma voz en las películas dobladas.
- Sorprende descubrir qué agudos son los niños pequeños, sobre todo cuando lloran y chillan.
- Sorprende descubrir que apenas escuchamos nuestra propia voz unos minutos en toda nuestra vida, cuando queda registrada en algún aparato grabador.
- Sorprende descubrir que haya tantas voces distintas.
- Sorprende descubrir que todos tenemos voz. Por ello os pregunto, ¿qué más sorprende descubrir?

miércoles, 4 de enero de 2006

Apetitos


Una vez que las personas homosexuales podemos casarnos en España, lo cual a veces me sigue pareciendo increíble sabiendo la de retrasados mentales que todavía lo ven aberrante, invito a una coñera reflexión acerca de qué pensarían los susodichos cerrados de mente si se encontraran con que existen páginas web para:
- Quienes se mueren por los chicos muy altos. (http://b2.boards2go.com/boards/board.cgi?user=Pugman/)
- Quienes adoran las personas muy gruesas o que están engordando por placer. (www.gainerweb.com)
- Quienes disfrutan viendo fotos morpheadas de chicos muy cachas, con dos penes, gigantes, transformados en piedra, paquetones inmensos, varias piernas... (www.metabods.com)
- Quienes se ponen viendo a chicos/as por web cam (véase uno de mis links).
Y otros muchos gustos perfectamente respetables pero indudablemente freakys.
¿Se imaginan ustedes al típico tío pepero short-minded, de 55 años y raya a un lado, vestido de corbata y con mocasines y Rolls Royce, descubriendo que su hijo se la machaca con fotos de tíos con penes agigantados por ordenador?
Yo es que me parto sólo de pensarlo. Ojalá todos tuvieran ocho hijos transexuales, pa que les diera un infarto y aprendieran de una puta vez.

lunes, 2 de enero de 2006

Tratemos de desatontarnos

Muchos dicen que utilizamos un 10% de nuestro cerebro en la vida diaria, y eso es falso porque a nada que uno se dañe una parte de él, enseguida no camina, no ve o reduce sus habilidades sociales (claro que a la gente le gusta crear mitos, como éste, que favorece la creencia en videncias y telequinesias); en todo caso, nos falta conocer bien una parte de él y sus interconexiones, pero no somos babosas con un cerebro pseudoinútil.

Bien es cierto que en ocasiones uno se replantea lo del diez por ciento (Maragall decía que era un tres). Por ejemplo, ¿qué provocó que hace un par de años, haciendo mi cama, de repente descubriera la conexión entre las tallas S, M, L y XL y las palabras inglesas Small, Medium, Large y eXtraLarge? ¿Por qué, además, no caí antes en ello?
¿Por qué esta misma tarde me he dispuesto a ver una película en versión original, una de Jacques Tati, y he desistido en el intento porque el cerebro de quien diseñó los subtítulos no comprobó que las letras blancas se leen de puto culo sobre una peli con continuas imágenes soleadas?
¿Por qué pasé siglos quejándome de que las sopas de sobre eran instantáneas en su preparación pero que exigían esperar luego mogollón hasta que el agua dejara de hervir y se enfriara y tuvo que ser mi ex quien me sugiriera verter los polvos de la sopa en menos agua y más tarde añadir fría el resto de la necesaria?
¿Por qué las personas enormemente cultas tienden a carecer de otras habilidades, como las sociales?
¿Por qué la gente no escribe con acentos?
¿Por qué la gente habla inglés tan mal (en España)?
¿Por qué me llegan e-mails de "Pásale esta mierda que he escrito en un momento horrible de aburrimiento a 124 personas o te saldrán granos en los ovarios"?

Y lo gordo, repito, es que utilizamos el 100% de nuestro cerebro; admítanlo, señores, aunque les cueste.

Animo desde aquí a la lectura de Hierro en las espinacas, libro barato y de lectura amena que por lo menos nos ayudará a cuidar nuestro cerebro haciéndonos coger un libro de una vez –que anda que no cuesta a veces-, nos aclarará el tema del uso del cerebro y nos quitará de la cabeza creencias erróneas, cien-por-cien irracionales, como la de que las espinacas es el alimento con más hierro, que las arañas son insectos o la de que sólo existen cinco sentidos.

Lean ustedes un poquíiiiin, haaaala, pooooorfa, que ha sío christmas.