viernes, 7 de septiembre de 2007

Diabetadas (XIV)




Pedicura: religioso que mendiga.





Matriz: dícese de la ciudad central española que ejerce de capital del país.





Marimacho: típica escena de chulo de playa.





Oligoelemento: aparte de irse a casa a cascársela, segunda opción desesperada en una noche de salidez.





Apático: muy andarín.





Chupatintas: felador de pulpos.





Pus: pedio púbdico de transbordte.





Literatura: cama colocada encima o debajo de otra y que machaca la espalda.





Cuarteto: habitacioncilla cutre donde se alojan los estudiantes.





Catastral: fotografía de los cuerpos celestes en el momento de nuestro nacimiento.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Saludando a Septiembre.




A diferencia de otros años, esta vez me tomo con buen humor y buena cara la llegada de Septiembre y, con ella, del comienzo del curso. Podría pasar el resto del año de vacaciones, pero en el fondo resulta muy difícil establecer una rutina durante dos meses enteros para que el tiempo cunda; de modo que la vuelta al trabajo será como unos andamios resistentes que delimiten y fortalezcan mi tiempo y el modo de emplearlo. Vaya, que la obligación de madrugar me forzará a estar activo y a aprovechar mejor el tiempo libre.



Comienzo el curso con ganas: seguir adelante con Antropología social y cultural -que a veces me dan ganas de dejar, pues voy tan poco a poco que calculo que será hacia el 2012 cuando termine, y hablo literalmente-, continuar aprendiendo francés, quizá retomar el gimnasio aunque ahora enfocado hacia actividades aeróbicas con música como step o funky y, en especial, ver muchas películas en inglés sin subtítulos, para seguir mejorando mis listening skills, que falta me hace.







¡Feliz vuelta al cole!

jueves, 30 de agosto de 2007

En directo.

Secuencia ya clásica.

lunes, 27 de agosto de 2007

Hincando el diente a mi bolsillo.



El pasado miércoles llegó: un fantástico dolor de muelas. No era muy intenso, pero sí lo suficientemente molesto como para impedirme dormir a gusto. Recurrí a mi megaguía del seguro y, después de buscar odontólogos y dentistas, terminé por buscar estomatólogos (terminologías...). Llamé a unos quince, y todos comunicaban, no respondían o habían dejado un contestador anunciando que en agosto seguro que iban a estar ahí para mí esperándome. Todo desesperado, viéndome ya en urgencias o soportando el dolor hasta septiembre, localicé por fin un dent... estomatólogo en mi antigua calle, Mariano Royo.



- Te atenderemos como pronto el martes... De todos modos, si mañana por casualidad alguien no acudiera te puedo avisar.



-¡Sí, por favor!



Y pasé el día con Ibuprofen, que no es un amigo mío sino un calmante que hizo su efecto. Esa misma tarde a las ocho me llamaron para decirme que al día siguiente a las nueve y media tenían un hueco en la consulta y allá que fui.



El señor estomatólogo/dentista+médico de la boca y del sistema digestivo u lo que fuese me sacó varias cosas más. En concreto me hizo este listado, en el cual posiblemente haya alguna falta ortográfica dado que no comprendo bien su letra:



- Restos radiculares con cirugía.



- Cinco obturaciones complejas.



-Una endodoncia birradicular.



- Reconstrucción muñones.



- Tres radiografías intrabucales.






Lo mejor sin duda es saber que me van a reconstruir los muñones. Los había disimulado bien hasta ahora, ¿eh, amigos?



El caso es que cada mes me descuentan del sueldo un huevo y medio por el seguro médico y resulta que los empastes (vaya, las obturaciones, según la receta señalada) no están cubiertos. Pues qué bien. En total, durante los próximos meses el señorito me sacará trescientos novena y cinco euros...



Pero no pasa nada. Todo sea por llegar a viejo con los dientes sanos, ya que a día de hoy ya me faltan dos o tres piezas.



Y en cuanto a las pelas... ¡¡pues habrá que pagarlas, al fin y al cabo este mes dejé de pagar el coche por fin, bieeeeen!!

jueves, 23 de agosto de 2007

¿Menú selecto o menú sorpresa?




Ésa es la elección a la que nos enfrentamos diariamente:



- Escogemos un menú selecto si abrimos un periódico, o mejor dos de distinto color, y vamos deteniéndonos en aquellas noticias que llaman nuestra atención por interés y relevancia. El proceso es todavía más rápido si el periódico es digital, en cuyo caso nos basta con hacer clic sobre los titulares en los que deseamos profundizar.



- Escogemos un menú sorpresa si vemos el telediario, donde, tras destacar aquellas noticias que parece imperdonable no divulgar, se introducen en nuestra boca sin permiso sucesos de todo tipo cuya mayor trascendencia suele radicar, casi siempre, en lo insólito o lo curioso de la imagen. Un acto cultural o un cambio económico quedarán ensombrecidos por el divertido campeonato anual de engullimiento de salchichas, que seguramente será hipnóticamente acogido con sonrisas y regocijo por el espectador. La hipnosis estará basada en meros juegos lingüísticos -Matías Prats es todo un paradigma, quizá por ello, lamentablemente, el más seguido de su franja horaria- que unen absurdamente noticias dispares con el fin de dar sensación de continuidad lógica al noticiero. Y el espectador queda embobado mientras acaba de ver una noticia sobre un terremoto que ha destruido miles de hogares en un país pobre y pasa a otra sobre la venta de un best-seller irrelevante mediante una oración como "Totalmente destruido ha quedado también el mundo editorial con la llegada del último éxito de...".






En fin, ya digo, menús distintos.



¿Qué tomarán hoy el señor y la señora?

lunes, 20 de agosto de 2007

Ellas también cantan.

Coreografías inolvidables para una canción peligrosamente pegadiza.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Ajos.


Quedé en conocernos en aquel bar al lado del teatro. Era un lugar que me gustaba. Cuando apareció, di mi última calada al cigarrillo y lo apagué de un pisotón.
La primera impresión fue mejor de lo que esperaba: masculino y bastante alto, de rasgos duros. Me sonrió, quizá porque también le había gustado, y ambos pedimos un zumo natural.
Parecía de conversacion fácil, de tendencia extrovertida y persona viajada. Aparentaba algo más de los treinta y dos años que decía tener y eso me gustaba.
Hábilmente se interesaba por mis circunstancias y permitía que yo investigara en las suyas. Tuve la sensanción de que habíamos congeniado, al menos para quedar otro día.
Sin embargo, sacó los ajos. Los llevaba en una caja roja, pequeña, parecida a la de las clásicas juanolas. Me ofreció, le dije que no me gustaban, y él cogió uno y, con un pequeño cuchillito que guardaba en el bolsillo de sus vaqueros, lo fue partiendo en trocitos con una habilidad y minuciosidad que demostraban experiencia de años. Cuando hubo terminado de trocearlo, cerró la caja, recogió la afilada hoja e introdujo varios trocitos en su boca.
- Entonces, ¿siempre has vivido aquí? -me preguntó mientras masticaba sin prisa.
Respondí con una pequeña parte de mi cerebro, mientras con la otra trataba de encontrar una explicación a esa costumbre.
Fueron los trocitos de ajo los que parecieron marcar el tiempo, más que los relojes de las paredes y de nuestras muñecas. Parecía que había dividido aquel ajo en trocitos suficientes como para que le durasen el tiempo justo para completar una charla productiva y suficiente.
Con los dos últimos pedacitos hizo lo más extraño: los colocó en mitad de las palmas de sus manos, los hizo rodar entre ellas a modo de plastilina y luego repitió aquel gesto por sus pantalones y su camiseta. No dejaba de sonreír y de mantenerme la mirada, sin preguntarse por un momento por qué le observaba algo confuso.
Propuso marcharnos. Dije que perfecto, nos levantamos, pagamos y salimos del bar. De nuevo admiré su porte sereno, varonil y su buena estatura. Sin duda quería volver a verlo, pero... ¿tendría que soportar aquel espectáculo tan peculiar de nuevo? ¿Cómo olerían sus ropas? ¿Y su lengua, si llegase a besarlo? ¡Incluso seguro que yo mismo estaba apestando!
- Mira, sé lo que estás pensando -me dijo-. Piensas dos cosas. A la primera te respondo que sí, que yo también quiero volver a verte. He pasado un rato agradable y tu cara es una monada.
Sonrió e hice lo propio.
- En cuanto a lo segundo... Al llegar he visto que fumas. Espero que el ejemplo haya sido ilustrativo. Sólo quería hacerte ver lo que me hace sentir el humo del tabaco...

sábado, 11 de agosto de 2007

back dorm boys - i want it that way

Me parto con las caras de los dos. Una interpretación muy vivida.

miércoles, 8 de agosto de 2007

¿Estoy embarazada?




Es una frase que, afortunadamente, nunca me tendré que formular. Creo que si fuese mujer me habría ligado las trompas con tres nudos hace ya unos años.





Pero en caso de que alguien se quede "preñá", la manera habitual de averiguarlo es utilizando el instrumento que se observa en la imagen. Depende del color del que se ponga tras poner en él orina, se sabrá si la mujer tiene un proyecto de bebé en su interior.





Puede que os preguntéis el por qué de que hable de esto. Pues muy sencillo: tengo el placer de daros la noticia de que Miguel y Carolina lo utilizaron hace poco y les ha salido positivo. Al principio se lo tomaron un poco mal, pero se han animado a tenerlo, a pesar de los problemas que conllevará.





Después de que hayais alucinado un poco con la trola que os acabo de soltar, explicaré que este tema viene a que, a pesar de no querer tener hijos y de no poder tenerlos -al menos propios- con una futura pareja, me he visto envuelto ya en dos casos de mujeres que, todas nerviosicas, me han llamado para acudir a una farmacia y averiguar de qué color se ponía el cacharrito. En ambos casos, menos mal, el resultado fue negativo.





Dicho de otro modo, en aquella casa vieja y enorme de la calle Royo que muchos echamos de menos, y que ya fue derruida, dos personas han comprobado su no estado de buena esperanza.





¿Alguno de vosotros se ha metido en algún lío así alguna vez? Si hay alguien, por favor, que levante el pubis.

sábado, 4 de agosto de 2007

La escapadita madrileña de Diabetes.

Temo la imagen que, quizá con razón, podáis haceros de mí tras la introducción que voy a proceder a hacer en este post...El modo en que tomé la inciativa para escaparme a Madrid unos días fue cuando menos insólito.
El pasado domingo estaba chateando con un tío de treinta y nueve años de físico peculiar: brazos supergrandotes de gimnasio pero con barriguita. En su "trono moral" madrileño, no hacía más que insistir para que fuese, y yo me negaba, harto de que quienes viven en las ciudades más grandes presupongan que los demás sentimos una atracción innata hacia esos sitios. Total, que conforme pasaba la tarde fui cogiéndole el gusto al ron bacardi de coco con sprite que tenía en la nevera, y me puse lingotazo tras lingotazo... Y pillé un pedo que te cagas. Así que ya me veis a las nueve de la noche diciéndole al tío que sí, que guay, que mañana me voy pa madrid, que me reserve hostal y que nos vemos al día siguiente. Claro, la felicidad que da el alcohol. Inmediatamente me puse en contacto con otro chaval de Madrid con el que solía hablar a menudo por el intelnés este y le dije que podíamos quedar.




El hostal era céntrico, justo al lado de la puerta del sol y del osito de la foto. Se encontraba exactamente en la calle Victoria, frente a este bar:



Bar que, como dice el cartel que cuelga a un lado -y que no podéis ver-, aparecía en la novela homónima de Galdós, que leí hace tiempo.


Éste es con quien hablaba el domingo mientras me liaba a lingotazos. Su cuerpo unga-unga me gustó por foto y allí que fui; muy majo, me reservó el hostal y me fue a buscar a la estación de Atocha. Una vez con él, me gustó en persona mucho menos de lo que esperaba, aunque a pesar de ello pasar la tarde con él y recibir su invitación para cenar fue agradable. Si esto fue un lunes, ni el martes ni el miércoles le volví a dar un toque, pero como él tampoco hizo lo propio, no he quedado mal.

Como en los hosteles siempre hay internet gratis, me conecté todas las noches. Me escribió durante una de ellas el siguiente chico italiano, del cual no recuerdo el nombre:


Aunque ahí le veis como mucho más buenorro de lo que en realidad estaba, era majete y también me llevó de aquí para allá durante toda una tarde. De paso me sirvió para practicar mi inglés, ya que hasta hace un mes vivía en Londres y se ha trasladado aquí medio por razones de trabajo, medio por olvidarse de un ex y sus malos rollos, y apenas hablaba español. Durante ese día, aparte de esto, me acerqué al Museo del Prado, que no conocía. Me sorprendí gratamente al encontrarme con Las Meninas, cuadro que a pesar de tenerlo muy visto me gustó mucho en vivo.

El miércoles traté de acercarme al Museo de Ciencias. Poseía un mapa muy malo, que era ante todo de carreteras pero con una pequeña parte dedicada a las calles de la ciudad (en varios grandes almacenes no había podido encontrar uno mejor). Combinando el mapa patatero con el del metro deduje el nombre de la parada de metro donde debía bajarme para visitar el museo, y allí que fui. Y no sé qué tal estuvo, porque no lo encontré y terminé en el Reina Sofía, viendo cuadros modernos del siglo XX. El Guernica es enorme, aunque no me impresiona en exceso. Supongo que me quedo con El Prado, ya que sin duda sus cuadros tienen mucho más mérito y están mucho más trabajados, aunque sinceramente es aburridísimo ver dos mil vírgenes y dos mil niños jesús y mi apreciación de los difuminatos, los claroscuros y las gaitas en vinagre es relativa; en el Reina Sofía hay mucha chorrada de mérito nulo pero al menos estilos originales, nada religiosos y con colores vivos.

Por la tarde quedé con Javier, profesor de Primaria como yo:


Como supe por una conversación posterior por messenger, la atracción fue mutua; pero en fin, tengo el... ¿defecto?... de que raramente, a pesar de ser un chico, ando por ahí salido de la vida, así que no me animé a ponerle las manos encima y él, que estuvo a punto, tampoco se lanzó. Le gustan los musicales, así que no descarto hacer alguna visita ocasional y ver teatro decente en buena compañía.
Pero, borrachera improvisada aparte (pues siempre supe lo que hacía al decidir irme a Madrid), hay un segundo motivo que me animó a ir -o volver a ir, ya que había estado ya una vez-: echarle un vistazo como ciudad en sí. Estoy a años luz de tomar una decisión, pero el hecho de que sea una ciudad grande hace que posea varias cosas que me llaman la atención lo suficiente como para que se me haya pasado por la cabeza trasladarme a vivir a esta ciudad: escuelas de idiomas donde estudiar lo que uno quiera, desde polaco a turco o japonés; teatros con una variedad de obras incomparable; cines en versión original; y por supuesto, gente y en concreto chicos gays a patadas (imposible casi encontrar dónde cenar en Chueca un martes por la noche).
¿Qué opináis de esta ciudad?

miércoles, 1 de agosto de 2007

¿Qué van a tomar?




Los camareros tienen toda mi admiración. En especial aquellos que trabajan en lugares concurridos, que -al menos antes de que aparecieran esas máquinas modernas- toman nota hasta de memoria de pedidos complicadísimos y que son capaces de llevar en una bandeja multitud de vasos sin derramar una sola gota.



Mi gen del Parkinson viene activado desde nacimiento.

domingo, 29 de julio de 2007

Polonia (IV y último): conclusiones.

El sabor de boca que me ha dejado el viaje ha sido muy bueno. Considero que Kraków es la ciudad que más merece la pena y que con mayor seguridad os puede gustar si un día os animais a ir a Polonia. Sin embargo, como todo, disfrutar de un lugar es algo muy subjetivo. Así, en mi caso el rol de turista que ve las calles y visita museos está bien pero sólo para unas pocas horas al día; además de eso, para mí la esencia de un viaje al extranjero reside en conocer gente y en practicar inglés todo lo que no he podido hacerlo el resto del año. Y dado que, como se ha podido ver, conocí bastante gente por una mezcla de preparación internetiana y de suerte, es comprensible que el viaje me haya satisfecho enormemente.


Terminaré este extenso relato viajero con algunas observaciones sobre el país:









- Ir en vuelo barato parece lo razonable, dado que se puede ir desde Madrid o Barcelona hasta Kraków o bien hasta Warszawa. Espero haber dejado claro el relativísimo interés de la capital polaca. El vuelo barato funcionó de perlas a la vuelta, pero a la ida salió con dos horas y media de retraso.




- Polonia, como el Reino Unido, maneja su propia moneda, los zlotys, ese nombre que tan comprensiblemente divierte a nuestra visitadora diabetiana Lalau y que en mí también causó cierto divertimento en un principio. Un euro son cuatro zlotys y resulta un placer ir descubriendo la ridiculez de los precios del país dividiendo entre cuatro. Ir a Polonia es una oportunidad de oro para comprar cosas más baratas y comer en restaurantes bastante buenos sin perder un ojo de la cara. Eso sí, la ropa no es mucho más barata.










- En toda las ciudades que visité había tranvía. Me subí en uno por primera vez en mi vida. Resulta un medio bastante eficaz para manejarse por la ciudad. Parece que va a ser reinstaurado en Zaragoza. Siempre que la gente lo use en masa y los coches se dejen un poco aparcados, podrá ser una buena opción; de todos modos, si no tuviésemos media ciudad bajo nuestra ciudad, poner un metro sería mucho mejor.







- En general las ciudades son bastante bonitas y tienen cositas, como los enanitos de Wroclaw, que las hacen si cabe más curiosas. Al regresar de Polonia vi Zaragoza como una ciudad fea pero de cojones.



- En Polonia la gente habla inglés como en España. Bueno, matizaré: lo habla el mismo número de gente, o sea, más bien poca, y en general con un nivel algo más alto; las patadas que meten al diccionario son mucho menos sonoras. Supongo que si uno sabe alemán lo tendrá mil veces más fácil para desenvolverse por allí.



- Se puede extraer una conclusión obvia respecto al servicio de correos: o bien es tremendamente lento o bien debí poner el nombre de nuestro país en polaco. Lo pensé cuando escribí las diez postales que parecen haberse perdido, pero confié en que entenderían el significado de "Spain". Todavía mantengo la esperanza...








- Los chicos polacos son en general feos. Salvo excepciones como las de esta foto y otras anteriores, en general no se puede decir que los hombres sean muy atractivos. Los hay tremendamente altos, pero sólo soy yo el que se pirra por esos energúmenos. Dicen que las chicas son majas (la verdad, no sé, puede, a mí plin).



- Si uno conoce gente de allí se puede ir de ambiente gay. Los del gobierno serán todo lo conservadores que querais, pero lo que no puede detenerse no puede detenerse y punto.






- Hay muchos rincones donde obtener fotos bonitas. Ésta es una de las primeras fotos que hice cuando por fin descubrí cómo usar el blanco y negro en my brand new digital camera.



- Estoy seguro de que habrá quien diga lo contrario, pero en general la gente polaca es amable y correcta; cuando menos, no tiene esa altivez inglesa o, según dicen, francesa. Vaya, que son lo suficientemente majos como para no escupirte a la cara, literal o metafóricamente, cuando ven que no hablas polaco.



- Es imposible aprender muchas palabras en polaco en diez días. Sólo puedo dejar constancia de "tak" (sí), "nie" (no), "zapiekanka" (panini o tostada alargada -me lo aprendí porque el nombre es casi más divertido que el de zlotys-), "ulica" (calle), "rilnek" (centro o plaza central), "bilet" (ticket) y "curva" (¿se escribe así? Quiere decir "zorra", "guarra" o algo así).



- Recomiendo vivamente viajar solo. Probadlo en alguna ocasión. Todo se vive más intensamente. Cuando uno se aburre, se aburre mortalmente, y cuando uno se lo pasa bien, se lo pasa genial. Resulta incomparable la sensación de estar solo en un país ajeno, sin hablar el idioma oficial y charlando con alguien que apenas conoces, que está siendo amabilísimo contigo y que probablemente nunca más vuelvas a ver. O, por contra, quedarte con su teléfono o su dirección de e-mail. Es estupendo pensar: he estado por ahí yo solo unos días y he sabido desenvolverme sin hablar español prácticamente nunca.





Y como, vuelo aparte, me habré gastado apenas doscientos cincuenta euros en los diez días que pasé allí, no os extrañe si cualquier día os llegan postales de alguna ciudad española. :D





FIN



jueves, 26 de julio de 2007

Polonia (III): Wroclaw

Durante los últimos días en Polonia, busqué improvisadamente otra ciudad a la que ir. Varios polacos me habían hablado bien de Wroclaw y, reservando desde Varsovia habitación el día de antes, allí que fui. Necesité bastante tiempo para aprender la pronunciación del nombre de esta ciudad, que para asombro de todos vosotros, se dice "brosuaf". Fui también en tren. Cinco horitas de nada (ejem). Los tren van a una media de setenta kilómetros por hora, por lo que necesité cinco horas para hacer el trayecto Warszawa - Wroclaw. Al subir al tren tuve bastantes problemas para desenvolverme con mi maleta, de tamaño tremendo. Una vez alcancé mi asiento, y ya harto de que el noventa por ciento de la gente no me comprendiese en inglés, utilicé el español y algunos gestos para pedirles a un niño y a un par de chicas que iban a ser mis compañeras de asiento que me ayudaran a subir la maleta hasta su sitio.


- Por favor, ¿me podéis ayudar a subir la maleta?


- ¿Tú hablas español? -me preguntó una de las chicas-. Yo he estudiado un poco.


Vamos, que fui a encontrarme con una polaca que me entendió, que me ayudó con la maleta y que, para colmo, vivía en Wroclaw, con lo que me dio información de primera mano sobre la ciudad. Eso sí, hablamos en inglés, porque la chica había olvidado muchas cosas de mi idioma.
La primera noche en el hostal fue una pesadilla: estuve cuatro horas soportando a unos ingleses -de ahí mi ya nombrada reciente manía- que en grupo iban de habitación en habitación gritando, riendo y hasta abriendo la puerta de la mía en cuatro ocasiones; hasta se pusieron a arreglar una bicicleta con su puerta abierta y todo. The girl at the reception ni se inmutaba. Por la mañana el chico de recepción -pues se turnaban, claro- me dijo que había recibido un mensaje de una chica: era Anita, la chica del tren, que había recordado el nombre del hostal donde me alojaba y me proponía enseñarme la ciudad por la tarde con su novio. Quedé con ellos e hicieron de estupendos cicerones.




















Esta foto me la hicieron ellos. Resulta que debe de existir una página web que trata sobre los duendes que veis en la foto. Estos dos y muchos otros están desperdigados por la ciudad y supone todo un reto encontrarlos; algunos, como éstos de la bolita, son visibles, pero otros están escondidos en lo alto de una farola o al borde de un río. Una curiosidad entrañable.

Wroclaw tiene una plaza central antigua, como Cracovia, aunque ésta más colorida. Tiene la curiosidad de que una de las ventanas de las casas está pintada pero es muy difícil percibirlo.







La ciudad también resulta curiosa porque en la parte central, si es que mi sentido de la orientación no me falla, se forman unas especies de penínsulas muy curiosas que hacen que para acceder a algunas zonas sea necesario cruzar un puente. El efecto, que quizá se aprecia con dificultad en la foto, es curioso.








Aparte de por el encuentro con Anita, fui también afortunado porque me escribió Nicolás –o Nicolás traducido al polaco, que tiene una forma similar- y también me dio una vuelta por la ciudad.







La foto en concreto está tomada por dos amigos suyos gays en un bar de ambiente, el H20, el único de la ciudad pero muy muy agradable (tenía hasta billar, como podéis ver, muchas mesas y sillas y un patio al aire libre). Sus amigos me parecieron muy agradables, tratando de defenderse con su justito nivel de inglés, y Nicolás fue muy majo y muy gracioso. Me resultó simpática la coincidencia de que él estuviera estudiando Etnología y yo, poco a poco pero sin descanso, Antropología social y cultural.

Seguramente me habría enamorado de Wroclaw si no hubiese sido porque Cracovia me había gustado muchísimo. Wroclaw es quizá más pequeña y ahora en verano puede que pierda algo de encanto dado que buena parte de su alma está en la vida estudiantil universitaria. En cualquier caso, es una ciudad muy agradable de ver y con alguna visita a los alrededores que no pude hacer porque tenían lugar en días distintos de la semana a aquellos que pasé allí.

Ah, por cierto, una de las recepcionistas del hostal hablaba español. Menudas charlas que me casqué con esa mujer. Hasta le di mi dirección de blog, jeje.
Y nada, dejé Wroclaw un sábado porque al día siguiente, a las seis de la mañana salía mi vuelo desde Cracovia.






(Continuará)

lunes, 23 de julio de 2007

Polonia (II): Warszawa.

Tras tres días y pico en Cracovia, reservé con unas pocas horas de antelación una cama en un hostal céntrico y me marché a Varsovia. ¡Cómo estar en Polonia sin visitar su capital! Lo primero que vi fue, claro está, la estación de tren.











Y acto seguido el Palacio de Cultura.













Se puede observar que esta ciudad posee una estética totalmente distinta a Cracovia, todo con pinta más avejentada, gris y fea (de cuando el comunismo, vaya). La primera impresión fue la que contó, como se suele decir, ya que Varsovia me gustó bastante poco. Siento no saberme los nombres de los edificios de las siguientes fotos, repletos de uvedobles, equis y cetas.















Y no es que sea fea del todo, que hay lugares y rincones curiosos. Pero para alguien no especialmente interesado en iglesias, museos y arquitectura en general resulta una ciudad con poco ambiente turístico, excepcionalmente grande -creo que hay casi dos millones de habitantes-, sin propuestas guiadas que se le ofrezcan a uno desde los hostales como en Cracovia y con una cantidad de tranvías y buses que quizá funcionen muy bien y sean muy útiles, pero no para alguien que no habla polaco y que ni comprende lo que pone en las paradas y los billetes de estos transportes ni puede hacerse entender en inglés por los conductores de los mismos.







La parte agradable de la estancia en esta ciudad fue, como siempre, la gente. Coincidí en el hostal, en concreto en la sala común / cocina, que para eso está, con personas de todos los lugares: una mujer japonesa que se estaba marcando por su cuenta un viaje de seis meses por todo el mundo y que había recorrido más ciudades españoles e italianas de las que todos juntos veremos en los próximos diez años; un grupo de ingleses de entre los cuales uno trató de convencerme de la existencia de dios; dos holandeses bastante grandotes, uno de ellos una mole que parecía necesitar comer cinco hamburguesas cada dos horas para seguir vivo; y un chaval italiano, Federico, que me ofreció dar vueltas por la ciudad con él y que sale en la foto:









Su inglés era mejorable pero, en caso de dudas o problemas, con hablar en italiano -él, claro, yo ni flowers- quedaban las dudas solucionadas a menudo. Pasé un día entero yendo de aquí para allá y me preparó tanto la comida como la cena en el hostal. Que conste que era heterosexual, y que conste que tampoco me interesaba, pero muy majo. Antes de venir a Polonia compré dos libritos infantiles con vocabulario básico en español y dibujos que planeaba regalar a un par de chavales con quienes llevaba tiempo hablando por internet; sin embargo, uno de ellos me cayó más bien mal, así que el día en que me fui de Varsovia, cuando el italiano estaba por ahí, le dejé en recepción uno de esos libritos. Imagino que le haría bastante ilusión, porque este chico siciliano afincado en Roma llevaba idea de aprender nuestro idioma y venir a vivir aquí.




En Varsovia estuve solamente dos días. Ya digo, si os fascina la idea de ver edificios como cajas de cerillas y museos sobre Grecia, religiosos, de armamento, etc. entonces quizá os guste. Pero para un turista medio, que busca ante todo pasear por las calles, es una ciudad horrible. Los propios polacos ya me habían avisado previamente, y con qué razón.




Dejé, pues, alegremente esa ciudad grande y fea donde es muy habitual ser abordado por millones de jóvenes con folletos de restaurantes y otros establecimientos o en busca de donativos para organizaciones caritativas. Visto que los jóvenes tendían a entender inglés, terminé por responder en español y sus caras eran realmente para grabarlas.




(Continuará)

jueves, 19 de julio de 2007

Polonia (I): Kraków

(Nota previa: no comprendo que muchos tengais problemas para dejarme comentarios. Si al hacerlo elegís la opción "Otros", ponéis vuestro nick y dejais el apartado de "Página web" en blanco, el comentario aparece sin más problemas).

Subirme al avión rodeado de ciento cincuenta polacos fue impactante. Creo que ése fue el instante en que me di cuenta de a dónde iba y el toque de locura que suponía irse a ese país solo. En el avión coincidí con un chaval polaco de quince años con un nivel de inglés más que aceptable y con dos chicas polacas residentes en Tarragona que me ayudaron muchísimo, una vez en el aeropuerto de Cracovia, a llegar en bus y tren hasta el centro de la ciudad; resultó que, como iba a ser norma durante los diez días que pasé en el país, el conductor del bus no hablaba inglés ni, por supuesto, español.Cracovia, la primera ciudad que visité y en la que estuve cuatro días, es la ciudad que más me gustó de todas. La primera foto, quizá no muy representativa ni espectacular, es del ayuntamiento que está en el centro de la ciudad, en la plaza del mercado.


Bajo esos arcos hay un mercado muy turístico.

El ambiente de la ciudad es estupendo. El país es en general barato y comí en varios restaurantes -que para la gente de allí son más bien caros- por apenas 50 zlotys, o sea, 12 ó 13 euros.

Me ayudaron a conocer mejor la ciudad tres personas: Tomek, un chico de Katowice, una ciudad cercana, con quien llevaba un tiempo chateando por internet (en la foto a la izquierda);


Marcin, un chico sonriente que me entró en una disco gay friendly y con el que no pasó nada salvo una amistad platónica de grato recuerdo;


y Noel, un tío de treinta y cinco años que me gustó de veras y al que casi seguro volveré a ver en alguna ocasión por razones largas de comentar.


Al ambiente agradable de la ciudad se une, si uno llega de turista, el placer de encontrarse con visitas preparadas con guía -en español o en inglés- sobre las que encuentra información en los hoteles: unas minas de sal (Wieliczka) a ciento cincuenta metros de profundidad y una visita obligada a los campos de exterminio de Auschwitz y de Birkenau. Además, si uno está en la ciudad de jueves a domingo, tiene la oportunidad de salir de juerga hasta las tantas, incluso, como ya he dejado entrever, por bares de ambiente.
Hay momentos tontos que siempre recordaré, como ir en coche con Tomek y un amigo suyo sobre un puente sobre el río Vístula escuchando Boys, de Sabrina, o escuchar en algunos bares canciones en español como ésa de "Túuuu, y yooooo, a la fieeestaaaa..." o La bamba; vamos, lo que uno menos se espera estando en mitad de Polonia.
Como cosa sorprendente, al menos para alguien que, como yo, nunca había viajado a estas latitudes y longitudes, comentaré el hecho de despertarme tras la primera noche en Polonia, ver que el día había llegado, mirar la hora y pensar: "Su puta madre, pero si aún son las cuatro y media de la mañana".
(Continuará)

domingo, 15 de julio de 2007

El regreso de Diabetes.


Las postales están llegando con retraso, así que será por aquí por donde os entereis de en dónde he estado. A través de e-mails y sms´s he ido comprobando los destinos que me habéis adjudicado: Javier apostaba por Portugal, Pedro porque andaba por Francia, Rakeltwo creo que por Holanda...
Sin embargo, supongo que la foto, realizada en Varsovia, os hará cambiar de opinión...

jueves, 5 de julio de 2007

El secreto de Diabetes.



Para cuando leáis estas líneas, Diabetes ya no estará en Zaragoza. Se habrá marchado de vacaciones durante unos cuantos días.





Un poco por hacer el tonto, Diabetes ha pensado que sería divertido ocultar el lugar al que se marcha. Por eso, propone un juego, que tiene dos partes:





1) La primera consiste en dedicar treinta segundos a averiguar cuál es el destino que Diabetes ha podido escoger. Diabetes señala estos cinco posibles:





- Polonia; a Diabetes le picó la curiosidad después de haber conocido a Mike el polaco y ha decidido cruzar media Europa hasta allí.





- Portugal: Diabetes ha pensado que los portugueses son muy interesantes y viven a una distancia asequible, por lo que ha decidido conocerlos un poco.





- Japón: Diabetes ha envidiado a algunos amigos suyos que, dentro de unos días, efectuarán ese viaje pero ha preferido irse solo.





- Holanda: Diabetes ha sentido la llamada de Amsterdam y su vida gay y se ha marcado una escapada erótico-festiva.





- Francia: Diabetes ha querido poner en práctica sus recientes conocimientos de francés sin hacer un trayecto demasiado largo.










2) La segunda parte consiste en escribir un e-mail a Diabetes a chaskatraska@yahoo.es para recordarle tu dirección postal si deseas que, cual sobrino fraggel, te llegue una postalita desde uno de los destinos indicados. Diabetes no sabe de memoria ni tiene apuntada en ningún sitio tu dirección por muchos años que haga que le conozcas.










Diabetes se despide hasta su vuelta. Ruega a las dos personas escasas que ya saben de mi destino que se mantengan calladitas. ;)

Descubrirás el destino del viaje a través de la postal recibida en tu buzón y visitando el blog en su próxima actualización. Eso sí, si ves por ahí una maleta verde manzana, ¡ése soy yo!










domingo, 1 de julio de 2007

Diabetes se pregunta...



...si, en caso de analizar a quienes ejercen como cabezudos en las fiestas, se hallaría un elevado número de maestros.

viernes, 29 de junio de 2007

jueves, 28 de junio de 2007

010

Éste es el teléfono al que hay llamar en Zaragoza para que pasen a buscar a las once de la noche muebles de los que nos queremos desprender. El otro día dejé en el portal un somier y un mueble para la tele que ya no me servían; llamé con veinticuatro horas de antelación y esa noche pasó un supercamión a por ellos.

Por fin podré utilizar el cuarto del fondo, que hasta ahora permanecía oculto e inútil tras el sofá del salón. Preveo rellenarlo con estanterías y, quizá, algún aparato muscle-friendly.

lunes, 25 de junio de 2007

(y II)

Siguiendo con el tema de los pisos y las hipotecas, que prometo dejar por un tiempo, justo ayer vi un pequeño reportaje sobre el tema. Decían que los pisos, según algunos estudios, descenderían a medio plazo entre un cinco y un ocho por ciento su precio. ¡Descenderían! Comentaban que en los últimos tiempos los bancos y las inmobiliarias empezaban a ser conscientes de que el negocio se estaba acabando, pero había habido un complot por su parte para silenciarlo, ya que está claro que son los principales beneficiados de todo este tema: las inmobiliarias por las ventas y los bancos por los préstamos, que realizan tanto a las inmobiliarias para que construyan como a cada uno de nosotros, oh, pardillos, para que nos metemos a una hipoteca casi de por vida.

Acto seguido aparecía una mujer entendida en el tema que afirmaba que lo lógico es que una persona dedique como máximo el treinta por ciento de su sueldo a pagar la hipoteca, ya que de excederse en esa cantidad dejaría inmediatamente de poder disfrutar de otros servicios. Si tomamos un sueldo de mil quinientos euros, el treinta por ciento es cuatrocientos cincuenta euros; no hace falta que añada más comentarios.

jueves, 21 de junio de 2007

Diabetes se pregunta...

...si no saldremos beneficiadísimos quienes hemos decidido no meternos en una hipoteca para comprarnos piso. Ya conozco personas a las que, euribor mediante, la cosa le sale por unos mil euros al mes. ¡Y así hasta el año dos mil treinta y cinco o así! Yo antes tengo un hijo que meterme en semejantes historias.

Teniendo en cuenta la cantidad de gente que se ha comprado piso en los últimos años, ¿no tendremos los demás, a medio o largo plazo, pisos baratísimos para vivir alquilados e incluso en propiedad?

Veré a ver qué me dice el tarot... :P

lunes, 18 de junio de 2007

¡Acción!




Vuelvo a escena. Es decir, vuelvo a tener vida social y a estar presente no sólo bloggeramente sino en persona. Ha sido un mes y pico HORRIBLE estudiando antropología, francés e inglés, y esperemos que con algunos frutos. No sé si cierta saturación mental, que me ha llevado al punto de quedarme con cara de tonto al día siguiente de terminar todo (como cuando dejó de emitirse Gran Hermano 1), ha conseguido que durante unos días esté durmiendo bastante mal. De hecho, el viernes ocho habría salido si no hubiese sido por una necesidad somnífera del copón, dicho así con la alegría castellana que nos permite esta España nuestra. Pues bien, parte del aliciente de que se aproximen las vacaciones y de que mis queridos niños se marchen de vacaciones el jueves 21 es que me tomaré prestado el proyector del centro y... ¡a ver pelis en tamaño elefante!



No olvidéis que tenemos pendientes varios cinefórums; tengo películas como Saw 3, Los otros, Experimental Films (una alemana expresionista que vi hace años en la filmoteca), La noche de los cristales rotos (mil gracias a Jb por haberme hecho saber que esta peli existía), Ensayo de un asesinato, Ser o no ser y espero que pronto Testigo de cargo, amén de las que podáis poner vosotros y nuestras bibliotecas públicas que tan alegremente subvencionamos.



Las palomitas, que sean lights, please, I wanna keep fit.

jueves, 14 de junio de 2007

Diabetes se pregunta...



¿Cada cuánto tiempo hay que lavar unos pantalones?

lunes, 11 de junio de 2007

Se levanta el telón...

...y aparece una señorita.
Se baja el telón y cuando se vuelve a levantar, la muchacha yace en un charco de sangre que nace de su cráneo reventado por una bala.
Se baja el telón. Se vuelve a levantar y al lado de la chica hay dos heces.
Cuando se baja el telón y se vuelve a levantar, pueden verse tres heces.
Y después de bajarse y volverse a subir, hay ya cuatro heces sobre el escenario.
¿Cómo se llama la película?

jueves, 7 de junio de 2007

If I could turn back time.

El tema de volver atrás en el tiempo me seduce cuando pienso en los estudios y en el trabajo. Quizá, de volver a tener diecisiete años, las limitadas posibilidades económicas de mis padres volviesen a suponerme un escollo, pero en principio, eso aparte, sé que mi vida se encaminaría en otro sentido. Querría irme a madrid a estudiar comunicación audiovisual, o a la escuela de teatro; o, seguramente ahora con más madurez, me lanzaría a hacer turismo o a hacer traducción, una vez que observo -si a rakeltwo no le parece mal este momentáneo exabrupto inmodesto- que tengo ciertas aptitudes para los idiomas. Posiblemente, de poder volver a elegir carrera, me decantaría por una de estas dos opciones, pues se me cae la baba cada vez que me comunico con éxito con alguien que no sabe hablar español, sobre todo si es oralmente y no por escrito.

Con esto no pretendo dar a entender que esté descontento con mi trabajo, pero seguramente habría sido en trabajos relacionados con esas carreras donde podría haberme sentido más realizado. Tener ahora una plaza es un placer y una tranquilidad, y dudo que un día me atreva a dejarla, pero vaya, nada es descartable...

lunes, 4 de junio de 2007



Encontré el otro día un pequeño consuelo ante la ya comentada sensación de pequeñez que uno siente cuando presencia el despliegue cultural de algunos concursantes. En Saber y Ganar, presentado por el clásico Jordi Hurtado, concursaba por segunda vez María Siguero. La mujer parece ser capaz de poder escribir cinco enciclopedias con tal de que le dejes un boli y folios y un poco de tiempo. Sin embargo, cuando llegó a la prueba de la calculadora, se las vio y se las deseó -hasta el punto de fallar estrepitosamente- ante ejercicios mentales del tipo veintidós más diecisiete o cincuenta y nueve menos catorce. "Los números no son lo mío", reconoció después.
Pues hija mía, ya nos das menos asco, qué quieres que te diga.

viernes, 1 de junio de 2007

¡Suerte!

Casi todas las empresas humanas están entregadas en buena medida al azar. Generalmente el afán solo no basta. El acierto es una mezcla de esfuerzo y suerte. Por eso la costumbre de desear a alguien buena suerte no es una forma cortés de recordarle su incompetencia.


Del ensayo Ética de la hospitalidad, de Daniel Innerarity.

miércoles, 30 de mayo de 2007

Retórica (o arte sutil)

Hace unos días tuve la oportunidad de realizar una tarea con la que disfruté enormemente: la de describir por escrito, con palabras elegantes y educadas, hechos que en sí no lo eran.

Me estoy refiriendo a los informes de sexto de primaria de los tres alumnos que el próximo curso, angelicos, pasarán al instituto. Sobre todo en el caso de uno de ellos, condensé en unas veinticinco líneas y con toda la educación y tacto posibles cuestiones del tipo "Estudia cuando le da la gana", "Es un mandón y un pegón" o "Sus padres vienen a las tutorías pero luego no hacen ni caso a lo que les dices".

Y lo que me parece más divertido de este ejercicio estilístico es que, al final, los profesores que lean mis informes entenderán y sacarán como conclusiones oraciones muy similares a las que acabo de citar entrecomilladas.

lunes, 28 de mayo de 2007

Educación para la ciudadanía.

Es el nombre de la asignatura que introduce la LOE en la ESO el próximo año, y dentro de tres en la Educación Primaria. La CONCAPA y otras agrupaciones de padres de carácter conservador y/o religioso sienten que el gobierno está imponiendo a través de esta asignatura valores morales a los niños, cuando son los padres, dicen, quienes deben encargarse en primer lugar de la educación de sus hijos.

El debate está en si es posible que los alumnos que pasan por las aulas no aprendan valores; y, si aprenden valores, si se pueden compaginar los de la escuela con los de la familia en el caso de que sean distintos.

Cuando hablamos de valores, estamos hablando de valoraciones sobre cuestiones espinosas como qué y cuándo introducir el tema afectivo - sexual o el respeto a las diferencias. La gente religiosa -bueno, parte de ella, claro, que no todo el monte es orégano- aduce que si se sale en defensa, por ejemplo, de los matrimonios homosexuales se puede estar yendo contra lo que piensa un sector de la población, y por tanto algunos profesores o padres podrían hablar de objeción de conciencia.

Desde el gobierno se ha dejado claro que la asignatura no habla directamente de eso, de parejas gays, de aborto o de cosas a veces tabú o delicadas según la mentalidad de cada cual, sino que habla de convivencia, respeto al otro, etc. Es decir, que no se apuesta directamente por una opción u otra sino que se plantea un debate ante los alumnos.

Lo que yo me pregunto es: teniendo en cuenta -y así lo dice el gobierno- que todos los temas que se tratan en la asignatura están enfocados desde un punto de vista totalmente acorde con la constitución, ¿no sería aceptable incluso que literalmente, ya no digo en primaria sino en secundaria, se dijese en los libros de la asignatura "Juan y Pedro se van a casar y no pasa nada"? ¿O "Luisa ha decidido no tener a su hijo y después de pensarlo ha decidido abortar"? Pues al fin y al cabo, uno podrá opinar que abortar está mal o que dos hombres juntos son una aberración de la naturaleza, pero en especial en el caso de las parejas gays, creer que dos hombres son menos familia que un hombre y una mujer es establecer ciudadanos de primera y de segunda, y va contra la constitución.

Por tanto, yo creo, todo alumno debería pasar por esa asignatura.

(Otra cosa es lo escéptico que soy respecto a que las clases sirvan para algo).

viernes, 25 de mayo de 2007

Felicidad.

Una tarde, en el autobús, me vino un momento de felicidad supremo. Enseguida sonreí y no comprendí por qué en otras ocasiones no había sabido apreciar la parte positiva de la vida.
Y sentí que debía compartir mi felicidad con la gente de alrededor, tratar de contagiar esa belleza que veía en todas las cosas.
Entendí entonces que era una tarea muy fácil. ¿Por qué no decirle a la gente de alrededor que me parecía gente bella? Unas palabras amables y positivas, dichas con elegancia, harían sonreír a cualquiera.
- Señora, disculpe -le dije a una mujer que estaba a mi lado-. Sólo quería decirle, a modo de comentario, que me parece usted muy atractiva. Ese peinado le queda muy bien y tiene usted unos ojos preciosos.
La señora se me quedó mirando, esbozó una sonrisa y me roció con su spray antiviolación antes de bajarse del vehículo.
No fue su culpa si sus habilidades comunicativas no eran las mejores.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Momentos de educación: cuestión de piel.

Dos maestras en el recreo:
- Chica, a mí me cuesta mucho aprenderme los nombres de los críos.
- Es normal, son muchos. Eres nueva en el cole, pero el curso que viene por estas fechas estarás harta de todos ellos y por descontado conocerás sus nombres.
- Eso espero. Por cierto, el niño aquel me cae fatal.
- ¿Cuál?
- Ése, el del jersey rojo. El que está jugando al fútbol.
- No lo veo.
- Ése que está con el bocadillo en la mano. Mira, el que ha saltado ahora.
- No sé, ¿al lado de la portería?
- Casi. ¡Mira, el que ha chutado ahora!
- Ah, dices Laurent, el negro.
- Sí, eso.
- Está hecho buena pieza, sí.

lunes, 21 de mayo de 2007

Los niños tienen derecho a. (III)

Las circunstancias me obligan a retomar el tema de los niños, la educación y la escuela.
Uno de los niños de los que ya hablé ha sido estudiado por un maestro del equipo de orientación, para detectar cualquier posible retraso o deficiencia. Todo parece estar bien, ya que el niño manifiesta una inteligencia normal – alta; de modo que la hipótesis de que la actitud del chaval sea algo happy en clase por estar acostumbrado a hacer en casa lo que quiere cobra fuerza.
El del equipo de orientación se reunió con los padres para comentar los resultados del test de inteligencia y ofrecerles unas pautas conjuntas de comportamiento para mejorar su relación con el niño. Les habló de la importancia del castigo inmediato y del premio a las buenas conductas.
Pocos días después, la madre anda diciendo por ahí que según lo que les dijo este maestro, su hijo es extremadamente inteligente y deben darle muchos premios. Mi compañera Isabel observa que tal alumno trae en los últimos días distintas prendas de vestir nuevas que parecen ser recompensas a buenas actitudes suyas. Y eso unido a que le prometieron regalarle una bicicleta por cortarle el pelo, nos hace pensar que los padres pertenecen a la por mí temida raza de padres que no escuchan, en la que estaba incluida esa madre -amiga de éstos, casualmente...- de la que tanto os hablé en su momento y que ya no vive en el pueblo.
Porque en fin, el niño tonto no es, pero mientras le hablas se queda mirando las motas de polvo pasar que no veas...
¡Pues la hemos liao si andan pensando que su hijo es un cerebrito! ¡La culpa del profe, que no sabe sacarle jugo!

viernes, 18 de mayo de 2007

Por la puerta de atrás.


Nuestro polaco preferido, Mike, abandonó Zaragoza hace unas semanas. Casi sin avisar y sin demasiadas ganas por despedirse. Le echaré de menos, aunque esa manera de irse (a Sitges) sin mucho ruido, demasiado en silencio, le ha quitado muchos puntos. Un cafecito antes habría sido lo de menos...

Que le vaya todo muy bien.

miércoles, 16 de mayo de 2007

Estética.


Mi manía ha disminuido relativamente, quizá porque, en tanto que hombre, soy animal de costumbres. Pero anuncio públicamente un consejo: si eres un tío y quieres ligar conmigo, no lleves puestas unas sandalias de dedo del tipo que ves en la foto. Estéticamente me repugnan, sólo de pensar en esa tirita entre los dedos me da grima y, además, el sonido que hacen al andar me parece de lo menos erótico en lo que puedo pensar.

Te recomiendo que te lo... pieses.

lunes, 14 de mayo de 2007

Fuera de la tribu.

Tuvo lugar el sorteo para formar parte de los tribunales de oposición al cuerpo de maestros que tendrá lugar a finales de junio, cuando los niños ya estén el cien por cien del día a cargo de sus familias. Excepto a una chica del cole de Daroca, a nadie que conozco le ha sido otorgado semejante honor. Por descontado a mí tampoco, lo cual me permite programar mis vacaciones (largas vacaciones) desde ya mismo. Para Julio tengo pensado un viaje internacional que no mencionaré hasta que no esté listo.
¡El verano ya llegó!
Casi.

sábado, 12 de mayo de 2007

Los anales de la historia.

Con vuestro permiso, procederé a realizar unos comentarios acerca de un gran tabú para los hombres heterosexuales: el sexo anal.
No soy la persona más adecuada para hablar de este tema, ya que rara vez lo practico, entre otros motivos porque, con la persona adecuada, sé divertirme de muchas otras maneras. A veces, cuando conozco gente por internet, me encuentro con la odiosa pregunta de "¿Eres activo o pasivo?", como si fuese imperdonable andar por la vida sin haber tomado una decisión respecto a este tema.
A pesar de la importancia relativa que le concedo, cualquier hombre heterosexual que lea esto debe saber que el orgasmo anal provoca un placer mucho más intenso que el habitual. Ello debería hacerles vencer la asociación "ser pasivo = no ser hombre" que muchos tíos tienen metido en su subconsciente o incluso su consciente. Hay que olvidarse de la manida escena de las duchas de la cárcel y pensar que vuestra novia podrá utilizar cualquier consolador con cualquier tipo de crema suavizante y con mucho cariño para que la experiencia no resulte en absoluto dolorosa y sí muy placentera.
Por favor, la próxima vez que os manden a tomar por el culo, sonreíd.

jueves, 10 de mayo de 2007

Peligro cercano.


Cuando hace casi tres años me fui a vivir solo, tuve claro desde el principio que debía instalarme en mi piso teniendo en mente una cosa: los peligros cercanos.

Así que una vez los dueños me pasaron las llaves del piso, me acerqué a la cerradura tratando de hacer poquito ruido al abrir la puerta.

Pero poco duró la ilusión: ahí estaban los peligros. El primero de ellos vivía en la puerta efe y tenía cara de persona sensata y prudente. Con su amabilidad de señora mayor, sonsacó información sobre mi profesión, mi posible compañía en el piso y se ofreció para cualquier cosa que pudiera hacerme falta.

El otro peligro provino de la puerta de, una señora de edad similar pero más extrovertida y habladora. La puerta de era indudablemente un peligro cercano mucho mayor: implicaba encuentros en el rellano de duración temiblemente incierta. Poco tiempo pasó hasta que ella, la de la de, y su marido, me sorprendieron cargando con varias bolsas de la compra al salir del ascensor y, a pesar de ello, manteniéndome de charla durante más de diez minutos acerca del pueblo donde trabajo y la estupenda coincidencia de visitar ellos uno de alrededor durante algunas temporadas.

Llegó el día, allá por mi primera navidad independiente, en que el marido de la de la de me invitó a tomar un café con ellos. Momento fatal. La pesadilla, aquello que había tratado de evitar a toda costa, se estaba produciendo: la invasión potencial de mi intimidad, la obligada devolución posterior de la invitación, la posible repetición de las visitas, el hundimiento de mis metros cuadrados de soledad asegurada a todas horas.

Argüí una excusa que ya no recuerdo y la invitación nunca se ha vuelto a repetir. Quizá no se me da tan mal lanzar mensajes sutiles. Todo con tal de preservar ese espacio sagrado de mi intimidad y alejar a los peligros cercanos, los más temibles.

Mis vecinos, aquí y dondequiera que viva en el futuro, nunca serán mis amigos.

Salvo que alguno de ellos sea varón, atractivo y gay.

martes, 8 de mayo de 2007

Momentos de educación: prisas.

De repente, la paz del hogar es destruida por un estruendo que grita:
- ¡¡¡¡Correeeeeee, Albertito, cooorrrreeeee!!!!!
El niño sufre un susto de infarto y baja a matacaballo las escaleras.
- ¡¡¡Correeeeee, Albertito, date mucha prisaaaaa!!!
- ¿¿Pero qué pasa, mami? ¡¡¿¿Dónde estás??!!
- ¡¡En la cocina!! ¡¡Correeee!!
Llega por fin junto a su madre, que está tranquilamente tirando algo en el cubo de basura.
- Ya, mamá, ¿qué pasa? –su corazón bombea frénetico.
- Toma tu zumo de naranja natural. Tienes que beberlo ya mismo, que se le va la vitamina c.
El niño no tiene la edad suficiente para expresar en voz alta lo que siente, así que lo manifiesta con enuresis y timidez.

domingo, 6 de mayo de 2007

¿Soy un exagerao?

Si os aburrís tanto como para leer mis posts de hace exactamente un año, comprobaréis que andaba hablando de la genial idea de vivir en Daroca entre semana.
Ahora os hablo de la estupenda idea de vivir en Zaragoza y dejarme de vivir en dicho pueblo.
Es una decisión casi tomada: abandono Daroca.
Resulta triste decir que lo hago por las campanadas, pero es así: simplemente por las campanadas.
Hace unos días, por alguna extraña razón, no sonaron durante casi una semana entera, y me despertaba a las ocho de la mañana como un campeón. Pero tras esa pausa, ese limbo -que cito ahora que la iglesia lo ha hecho desaparecer, por si no lo sabíais (me encantaría haber asistido a esa trascendente reunión)- que los dongs dongs mañaneros me concedieron, los ruidos volvieron y con ellos esos madrugones tontos a las siete de la mañana un día de cada dos.
Uno de los motivos por los que me quedo en Daroca es porque así me puedo acostar a las doce y levantarme a las ocho; pero en la práctica me estaba despertando a las siete y matándome a bostezar en el trabajo. Eso unido a que suenan campanas (ejem) de que casi todo lo que queda de autovía hasta mi colegio estará abierto para verano, me hace ver con buenos ojos animarme a coger la carretera diariamente.
Una parte de mí se arrepentirá, porque en mi casa zaragozana rendiré menos en cuanto a lectura, estudio antropológico y etcéteras, pero el descanso es el descanso y estoy hasta los huevos de esa tradición campanil. --->
---> Pensamientos habituales:
- Qué sueño tengo, me voy a echar la siesta. ¡Ah, no! Que son menos diez, esperaré a que toquen (dos veces) la hora en punto y me echaré luego.
- ¡Joder, las siete y cinco de la mañana! ¿Qué cojones hago hasta las nueve y media que entro?
Tras estas experiencias, me queda cierto complejo de exagerado, de tiquismiquis y de ansioso. Menos mal que Rebeca, la que sustituyó a Isabel durante enero, sufrió el mismo mal y me hace sentir que tener el sueño algo ligero no es tan raro.

viernes, 4 de mayo de 2007

Esquilándome.


Hablo de modo literal cuando digo que voy a la peluquería cada treinta o treinta y cinco días. Las instrucciones que salen de mi boca son sencillas: con maquinilla, al uno por los lados y detrás y al tres por arriba. Me queda algo corto, pero de otro modo mis visitas deberían ser todavía más frecuentes.

Voy a una peluquería regentada por un señor de edad incierta a cuyo cargo están varias chicas. Te toca el peluquero o la peluquera que te toca y se te ventila en veinte minutos escasos.

Son ocho euros y, llevando un bono gratuito, el sexto corte sale gratis.

Donde hay pelo hay alegría, dicen.

Pues oigan, yo no me río quince veces al día, como dicen las estadísticas. Y debería andar hiperescojonao dada la velleza que me caracteriza.

miércoles, 2 de mayo de 2007

Reflexiones en un velatorio.

El pasado viernes murió mi abuelo por parte de padre. En los últimos años siempre andaba quejándose y le pasó como al pastor del cuento: que a la hora de la verdad nadie creyó que estaba en peligro.
Visitar el cementerio es una de las mejores experiencias para reflexionar acerca de la vida. Es imposible acostumbrarse a ver el cadáver de una persona yaciendo con naturalidad -gracias al maquillaje, aseguró mi padre, que lo había visto antes del make up cuando tuvo que reconocer el cuerpo-. Todos conocemos la sensación imaginaria de que en cualquier momento la persona fallecida va a abrir los ojos y sonreírnos.
Tampoco me acostumbro a la costumbre estúpida de pasar el día en el velatorio. ¿Para qué? ¿Para asegurarnos de que ninguna de las personas que ha leído la esquela va a encontrarse con el velatorio vacío cuando pase a dar el pésame?
Otro aspecto de la reflexión es el económico: un ataúd normalito, por lo que se ve, no baja de los siete mil euros. Me parece un robo a mano armada gastarse más de un millón de las antiguas pesetas en meter a alguien que -al menos bajo mi ateísmo- ni se entera en un nicho. En una conversación sobre la marcha he llegado a la conclusión de que mis padres estarán encantados de que los incineren; cuando mueran, digo, a ver qué vais a pensarsus.
Pero la cuestión que más me enerva es la misa y el cura de las narices. Espero que sea dentro de mucho tiempo, pero la próxima vez que asistáis a un funeral, deberéis prepararos para soportar una misa de una media hora de duración durante la que habrá padrenuestros, puestas en pie y sentadas, saludos con la mano en señal de paz, arrojamiento de agua bendita y solos de himnos religiosos de los cuales el primero me dio tanta risa que tuve que apretar las mandíbulas y mirar hacia otro sitio. Me espanto sólo de pensar el día en que alguno de mis padres u otra persona muy allegada fallezca y, en medio de la pena, deba asistir a un circo cristiano de nulo interés y utilidad.
Por cierto, firmo aquí mismo por morirme también a los ochenta y dos años.

lunes, 30 de abril de 2007

Perros viejos (Daroca, 19/4/2007)

Tengo la virginidad en los pies,
Cantan los viejos del pueblo.
A lo que los niños dicen:
Pues cuidad, no la piséis.

Tengo la virginidad en los pies,
Cantan los viejos del pueblo.
Y los niños les responden:
Pues cuán larga la tenéis.

Tengo la virginidad en los pies,
Cantan los viejos del pueblo.
Los niños así se mofan:
Lavarlos una vez debéis.

Tengo la virginidad en los pies,
Cantan los viejos del pueblo.
Y los niños recomiendan:
Disfrutasteis, no os quejéis.

Tengo la virginidad en los pies,
Cantan los viejos del pueblo;
Y completan el pareado:
Y orgasmos en la vejez.

sábado, 28 de abril de 2007

Ante todo mucha calma.

Soy capaz de echarle la bronca a un niño sin levantar la voz mucho más de lo normal. Mi filosofía es pensar que es mi trabajo y no mi vida, y que no hay un premio de doce mil euros para el que más mala baba descargue durante un curso académico.
Así que el otro día, tras escuchar a uno de mis alumnos -de los de sexto, los mayores- decir cuatro barbaridades en voz alta, recurrí a mi actitud parsimoniosa para pedirle que copiase treinta veces lo que acababa de decir. Pedagógicamente es inútil, pero mantiene al niño callado durante un rato. Espero que la incapacidad foquil de mi cámara os permita distinguir el texto.

jueves, 26 de abril de 2007

¿Qué opinas?


¿Con luz, sin ella o con poca?

martes, 24 de abril de 2007

Así te veo.

-¿En qué piensas? -me preguntó sonriendo.
- Intento verte como te vería si no te quisiera, y quererte aún de ese modo.
- ¡Dios mío, qué complicado! ¿Y lo consigues?
- ¿Cómo? ¿Amarte de esa forma? Sí, y no me cuesta ningún esfuerzo.
De la novela Climats (Climas), de André Maurois.

domingo, 22 de abril de 2007

Nueva concepción tarotista


No sabría decir a qué se debe que en los últimos años, sin haberlo esperado ni creído posible en mí, me haya dado por acercarme con notable fervor al mundo del tarot. Actualmente me resisto a creer que las cartas puedan predecir el futuro de una persona, aun considerando -faltaría más- que lo que está por suceder es modificable aunque a uno se lo hayan dicho de antemano. A día de hoy, no ha habido ninguna persona que haya dicho cosas claramente ciertas sobre qué me iba a pasar.

Hace unos días compré La vía del tarot, escrito por un hombre peculiar y razonablemente conocido llamado Alejandro Jodorowsky. Se le ha visto en algún programa de Sánchez Dragó y una noche presentó Carta Blanca, ese programa de la Uno que tiene cada vez un presentador distinto y en el que él echó las cartas en varias ocasiones.

Su concepción de las cartas es la del tarot, no la de la cartomancia. Es decir, él rechaza la posibilidad de que el futuro sea predecible. Concibe las cartas como un modo de analizar la psique de una persona a traves de proyecciones e intuiciones. Eso tiene más sentido; en cierto modo, aunque él no lo dice así, uno ve en las cartas aquello que quiere ver, o al menos aquello que su cerebro (tras experiencias y las ideas que ha ido gestando de la realidad) es capaz de ver. Lo curioso es que, si leyéseis las primeras ciento cincuenta páginas de su libro, observaríais la asombrosa coherencia que tienen todas las cosas que explica, de modo que sumerge las setenta y ocho cartas del tarot en un mandala o configuración espacial donde el significado -de modo general o potencial- de cada carta queda ya claro.

Según él, hay que prestar atención a los números de la carta, a la dirección en que miran las figuras, al palo de que es cada una, por supuesto al tema sobre el que se pregunta, a los colores predominantes, a los objetos que rodean a los arcanos mayores, etc. Y, finalmente, ¡a las combinaciones entre todas ellas, en un orden o en otro!

A pesar de todo este maremágnum tarotístico, sigo conservando mi cordura. Por eso me queda claro que la cosa funciona así: cada carta tiene tantos significados posibles, y no digamos en combinación, que una vez uno se ha impregnado de todas las posibilidades semánticas de las cartas, alguna cosa se le puede ocurrir que tenga coherencia.

Pero el caso es que el tal Jodorowsky se moja. Proporciona un montón de ejemplos de tiradas; claro está que no es lo mismo leerlas ahí que hacerlas en la realidad, pero en el programa que he citado las echaba en persona al entrevistado y siempre le contaba algo. Y esas tiradas que he encontrado en el libro son siempre coherentes y tienen sentido. Todo parece consistir en dejarse llevar por la intuición pero teniendo como base las explicaciones medianamente lógicas y establecidas que cada carta requiere. De ese modo, e insistiendo en que no se deben hacer preguntas adivinatorias del tipo "¿Cuándo encontraré pareja?" o "¿Me casaré pronto?", se pueden formular cuestiones de cualquier índole, como "¿Debo aceptar el nuevo trabajo que me ofrecen?", "¿Existe la reencarnación?" o "¿Qué aspectos me preocupan más inconscientemente?". Las cartas te explican aspectos de la persona que influyen positiva o negativamente en una acción o un modo de pensar, porque, por ejemplo, está claro que no pueden afirmar o negar si nos reencarnamos (cosa que yo siempre he negado, madre mía). Las cartas hablan, pues, de un individuo, hasta el punto de que se puede hacer una tirada libre sin pregunta, dejando que sean ellas quienes formulen la cuestión.

En fin, resulta fascinante.

viernes, 20 de abril de 2007

Momentos de educación: estética.

(Luis y Carmen llevan dos horas charlando en un bar. Llega una amiga de ambos, Natalia.)
Natalia: ¡Holaaaaaa, qué taaaaal!
(Besos)
Natalia: Eh, Carmen, ¡qué chulo te queda el pelo así teñido!
Carmen: Muchas gracias.
Luis: Ah... sí, sí, es verdad, no te había dicho nada porque... sí, sí, te queda muy bien.
(Luis sonríe).

miércoles, 18 de abril de 2007

Los niños tienen derecho a. (II)

Otra niña, también de cuatro años, ignora la clase de inglés y se sienta en una mesa y se pone a hablar con el niño que describí en el otro post, que también se sienta junto a ella.
Les castigo. Se sonríen y siguen durante hablando toda la clase.
Sus compañeros se van y les da igual. Les siento, les echo la bronca y les pido que piensen qué han hecho mal. Cada minuto vuelven a hablar otra vez de lo que quieren. Los separo más. Se quedan en silencio durante diez minutos y el niño finalmente me dice lo que esperaba y le dejo irse. La niña se queda más rato y parece no molestarle estar sola y en silencio. Y después de veinte minutos, me dice que ha pensado algo ya. Cuando le pido que me lo explique, me dice que ha pensado que se va a ir con su madre a zaragoza a comprarse unos zapatos.
En la próxima clase volverá a actuar igual, desobedeciendo. Ahí vendría bien LA bofetada, ésa, la única por mi parte que le daría en toda mi vida, sólo ésa y ninguna más.

lunes, 16 de abril de 2007

Los niños tienen derecho a.

A la educación, al respeto y a ser escuchados. A que no se use la violencia con ellos.
Eso está muy bien. Lo acepto.
Pero entonces, ¿qué hacemos con un niño de nuestro colegio que tiene cuatro años y que te dice a la cara que no quiere hacer su trabajo porque no le da la gana?
Los padres lo saben porque se les dice en todas las tutorías, pero siguen tratando a su hijo como si tuviese dos años y hasta le cogen de la mano o lo llevan aúpa para recorrer los trescientos metros que separan el colegio de su casa.
La solución y el problema, claro está, se encuentra en sus padres. Los padres de ese niño y de otros; como los de una niña que entrará en el cole el curso que viene y que el otro día nos pidieron si podían venir un día en hora de clase y estar ellos con la niña en el aula. Pero oigan, ¿no ven que es ilegal y anormal que su hija, no matriculada, esté en el aula, y encima con ustedes? ¿Pero es que no existe el sentido común, eh? ¿Se imaginan si todos los padres quisiesen lo mismo?
Los profesores estamos indefensos ante niños (y padres) así. Me apiado del profesor que vaya a soportar a ese niño en la ESO dentro de unos años.
Me he vuelto un firme defensor de la bofetada. No como medida recurrente, sino ocasional, es más, única. UNA sola bofetada por niño, sólo una vez. No era bueno obedecer por miedo, pero no lo es tampoco desobedecer por falta de respeto.