miércoles, 20 de agosto de 2008

Grecia (V): Atenas y Napflios.

Haber visitado Larissa supuso llegar a Atenas a última hora de la tarde.
La primera impresión no fue buena: una ciudad fea y más de tres cuartos de hora arrastrando mi enorme maleta color verde manzana hasta encontrar el hostal.
El hostal merece capítulo aparte, así que lo dejaremos en líneas exclusivas. Lo había reservado yo, y me equivoqué en que en la primera noche de las cuatro sólo había reserva para una persona en lugar de para dos. Leszek se ofreció a buscarse alojamiento si en este hostal no había. Se llamaba Athens Hostel, si no recuerdo mal. El ascensor era de lo peor: pintura desconchada y luces que se apagaban cuando se cerraba la puerta, antes de empezar a subir.
Pero lo mejor estaba por llegar: se trataba de la plantilla del hostal. Al llegar, un extraño señor nos saludó. Su inglés era algo así como escuchar a un indio de las pelis del oeste, pero encima con actitud de por favor, qué bien hablo por dios y qué frases más largas uso. Leszek alucinaba y me sorprendí, en contra de lo habitual, por lograr entender al hombrecillo mejor que él. Su habla era inconexa total. Poco a poco logré desentrañar lo que decía: que a pesar de estar enseñándole la hoja con la reserva de habitación, ellos no manejaban internet y no sabían si había habitación. Todo esto se embarulló más al añadir yo el problema de la no reserva de habitación para mi amigo. Al final el hombrecillo resultó ser malasio y supuse que por ello su inglés era tan peculiar.
Después, el que parecía el verdadero jefe entró y nos atendió. Su inglés era bastante más decente. Le volví a contar todo, nuestra reserva, el problema de la primera noche, etc. y durante más de quince minutos no hizo más que repetir gestos, frases y reflexión acerca de si tenía habitación, ya no sólo para Leszek sino también para mí, cuya reserva estaba certificada por mi hoja de papel.
Por fin, me ofreció una habitación, donde inmediatamente dejé el equipaje temiendo que cambiase de opinión cinco minutos después. A Leszek le dijo si podía dormir en el suelo en la misma sala donde estábamos, pues pondrían aire acondicionado. Él aceptó, para mi sorpresa, y por fin quedó zanjado el asunto; pagamos -pedimos ticket vista la desorganización, y no sin haber certificado que el hombre nos aseguraba habitación para Leszek para los días siguientes- y empezamos a conocer Atenas.
Omitiré contar todo paso a paso por no alargarme. Subimos a una alta montaña, coronada por una iglesia y un restaurante, desde donde se veía un precioso paisaje general de la ciudad. Al día siguiente, mientras Leszek, que ya conocía la ciudad, se iba a la playa, yo hice la obligada visita a la Acrópolis.



Esta última foto la hizo una chica que andaba por allí. Estaba yo preguntándome si sería cuestión de pedirle a alguien que tuviese la amabilidad de ayudarme a demostrar que había estado allí cuando, cual personaje de una historia creado ex profeso para ello, surgió esta chica y, toda feliz, se ofreció literalmente a fotografiarme. ¿Será que se me leen las intenciones en el rostro? Me la hizo, le hice una a cambio -puede que ése fuese el verdadero motivo de haberse ofrecido- y acto seguido desapareció, un poco como diciendo "no te vayas a pensar que estoy intentando ligar, colega".
Y ésta es la montaña desde la que la noche anterior había visto el paisaje de la ciudad:


Subí a la Acrópolis en torno a las diez de la mañana. Decir que estaba lleno de gente es quedarse corto. Así que asumí el rol de oveja y acepté ir a paso de tortuga entre la muchedumbre para ir viendo todo. ¿Sería el exceso de expectativas? No, porque no tenía muchas. ¿Sería la marabunta? No creo. Pero lo cierto es que una vez tuve el Partenón delante, no me pareció para tanto. Tampoco sé qué esperaba, pero sentí poco más entusiasmo que el mero hecho de poder decir que ya lo había visto. Las vista desde allí, además, eran peores que las de la noche anterior.

En Atenas hay más cosas que ver: algunos parques (aunque pocos, al menos por la zona que el turista medio visita), algunos museos importantes, la zona de tiendas... Sin duda pasar al menos tres días entretenido es muy sencillo. Pero no guardo un gran recuerdo de la ciudad. En primer lugar, orientarse por ella es excesivamente complicado; con los mapas troceados de las guías casi imposible, y con una mapa extensísimo y detallado que Leszek tenía seguía siendo una tarea complicada. Hay unos cuantos cruces de tres o cuatro calles a la vez donde, en cuanto uno se distrae unos segundos, pierde el sentido de la orientación y olvida cuál era la dirección teóricamente recta que estaba siguiendo; recuerdo salir del hostal y no poder encontrar un supermercado que unas horas antes había hallado en cinco minutos. Y en segundo lugar, Atenas no es una ciudad bonita, como mi primera impresión me había dado a entender. Es grande, hay cosas que ver... pero pasearse por ella no tiene el interés que debería. Son calles corrientes y molientes, de barrio normalucho, de aspecto gris, y aunque casi todas las ciudades son así en definitiva, Atenas tiene a priori connotaciones de algo mejor. A mí me decepcionó y me llamó poco la atención. Es como si más allá de los recuerdos de lo que fue, no tuviese mayor interés ni atractivo.

En Atenas estaba Charles-Enric, el chico francés que nos habíamos encontrado en Meteora. Le dimos un toque y quedamos con él y su grupo de colegas estudiantes para cenar:



El chico que se encuentra enfrente de mí quizá percibió que tenía un interés muy relativo en hablar con él. No fue nada personal. Se debió a que él era el único español, aparte de mí, en el grupo, y malditas las ganas que tenía de hablar con él pudiendo practicar el inglés con italianos, noruegos, polacos, etc. Leszek tampoco corrió mejor suerte, pues se sentó al lado de una chica polaca.

Visitamos algún bar de ambiente, donde descubrimos que la gente es más bien seria y distante, y al tener un día desocupado planeamos hacer una escapada rápida. Tras barajar varias posibilidades, elegimos Napflios. Probablemente ése no sea el nombre correcto en su versión española, pero acepten barco como animal acuático.
Mi guía era una exagerada, pues en ella se afirmaba que se trataba de la ciudad griega más bonita. Bueno, cierto es que era majica, pero vaya, o tengo la sensibilidad en los pies o son algo exagerados. Resultaba curiosa, sin más, y sobre todo tenía algunos rincones curiosos e inesperados dado el pequeño tamaño de la ciudad.


Es aquí donde se halla ese castillo-cárcel-defensa que ya mostré hace días en mi fotolog -cuyo link, con el nombre de "El fotolog despoético de Diabetes", se encuentra a la izquierda de este texto, en la parte superior-. Por cierto, para ir a Napflios hay que pasar el canal de Corinto; nos alegramos de no elegir el canal como destino para ese día, pues visto desde el autobús, resultó ser decepcionante. Quién sabe si apeándose y atreviéndose a cruzarlo a pie por uno de sus puentes impresiona más al ver su estrechez y su profundidad.

Y llegó por fin el día de la despedida. Vagueamos por las calles de Atenas, tan bonitas ellas, tomamos al anochecer un bus hasta el aeropuerto y a las tres de la madrugada, cada uno voló hasta su destino.

(Continuará)

viernes, 15 de agosto de 2008

Grecia (IV): Larissa y Delfos.

Podíamos elegir entre llegar a Atenas el día en que teníamos reservado hostal pero temprano o bien por la noche; si llegábamos por la noche, entonces nos daba tiempo a ver alguna ciudad más por el camino, así que escogimos esta segunda opción y decidimos ver Larissa. Acerté al anticiparle a Leszek que probablemente íbamos a hacer La rissa y que habría poco que ver, pero bueno, ya que estábamos allí, ¿por qué no ves cuanto más mejor?
La ciudad, pequeñita, no es nada turística; prueba de ello es que casi nadie hablaba inglés aparte de los trabajadores del hostal. Casi nos volvemos locos para localizar la estación de bus, que consistía en comprar los billetes en una tienda de alimentación y esperar en una esquina...
Sólo vimos un par de anfiteatros, uno de ellos pequeñísimo, y sorprendentemente una estatua dedicada a Hipócrates, que por lo visto había nacido -o trabajado, no recuerdo- en esta ciudad:



De nuevo, fue Leszek quien localizó este lugar al toparse con un griego que hablaba alemán. ¡Habrá que aprender este idioma para desenvolverse por el mundo, caray!
Las tiendas cerraban al mediodía, así que poco más hicimos que dar vueltas, ver a una mujer medio pirada que se encargaba de los aspersores de un parque y no hacía más que ir de un sitio a otro como para comprobar que no se habían parado, y hacer algunas fotos del lugar.
Y en bus nos marchamos a Delfos, para ver el famoso oráculo. Nada más llegar, anocheciendo, un hombre nos ofreció habitación en su hostal; como íbamos sin reserva -pa chulos nosotros-, aceptamos y en tres minutos nos habíamos instalado en una habitación no muy mala, aunque sin aire acondicionado, y con una vista estupenda de unas montañas, el pueblo y la luna. Lástima que en foto no se aprecie y no valga la pena que lo muestre aquí.
Paseamos por el pueblo, que está compuesto por varias calles que en zigzag van ganando altura; calles que están cortadas transversalmente por escaleras interminables para los peatones. Eso me permitió hacer mis típicas fotos lineales, que me encantan:



Cenamos en un restaurante asequible comida riquísima, consultamos internet y nos fuimos a dormir.
Por la mañana, como las habitaciones estaban cerca de donde los dueños vivían, nos despertamos con sus gritos y discusiones, fascinante.
El oráculo se encuentra pasado el pueblo, después de caminar por la carretera unos diez minutos. El lugar escogido es impresionante, entre montañas altísimas.





Ni con la guía logré comprender del todo para qué se utilizaba cada uno de las partes de que está compuesto. Hay como dos zonas distintas, una en la montaña y otra en una llanura, al otro lado de la carretera. También hay un museo bastante interesante. Quizá más que el oráculo en sí impresiona el lugar en que todo se encuentra.
Y por fin, al final del viaje, nos esperaba Atenas. Tomamos un autobús y en unas pocas horas llegamos a la gran ciudad.

(Continuará)

martes, 12 de agosto de 2008

Grecia (III): Kalambaka / Meteora.

Llevábamos ya una semana de viaje y, aunque lo estaba pasando razonablemente bien, nos quedaba la mejor parte. Fuimos a Kalambaka en tren, donde hay una zona de escarpadas montañas en cuyas cimas se han construido algunos monasterios. Desde este sitio os envié las postales, porque me pareció muy bonito.
Nada más llegar a la estación, nos encontramos con un chico francés, que se llamaba, si lo escribo bien, Charles - Enric. Viajaba solo y planeaba encontrarse más tarde con sus compañeros de estudio en Atenas. A mí el chico me pareció mono -luego descubrí que a Leszek también-, así que me pareció estupendo que se uniera a nosotros para visitar el lugar. Y además estaba la oportunidad de farfullar alguna cosa en francés, que me sedujo de inmediato, aunque por mis limitaciones, porque él podía hablar inglés y porque Leszek no sabe francés, eso sucedió poco rato. El chico francés y el hombre polaco descansan:


Cuando estábamos los tres dispuestos a buscar información sobre el lugar, apareció una mujer americana que nos informó sobre lo que había hecho ella para visitar el lugar a lo largo de la mañana. Lo que dijo no nos sirvió de nada al final, pero tengo que mencionarla porque hablaba un inglés maravilloso, éste por el que pagarías para que todos los ingleses y americanos imitaran.


Mis disculpas por no poder, primero, daros los nombres de ningún monasterio; no lo hago, primero, porque se me olvidan los nombres con una facilidad pasmosa, y segundo porque aunque creo que guardo algún folleto del sitio y podría buscarlo, me parece de interés relativo. Cuando vayáis, ya pasaréis por la oficina de turismo, que para eso está. Y segundo, por no poder mostraros apenas nada de los monasterios por dentro. No dejan hacer fotos, aunque Leszek hizo alguna que otra. En todo caso, sólo entramos en uno porque había que pagar, y las vistas exteriores merecen más la pena sin duda.






Mi recomendación es que toméis un taxi, que por unos siete euros os lleva hasta el monasterio más alto; y desde allí os preparéis para ir bajando a patita durante hora y pico hasta que llegáis de nuevo a Kalambaka. Si llegáis al mediodía o así, podéis marcharos por la tarde en tren o bus sin necesidad de hacer noche en el lugar, porque no hay más que ver. Eso sí, entenderse con el taquillero es una odisea, madre mía qué ladrillo de hombre. Con deciros que al final la información sobre los trenes de la tarde la consiguió Leszek hablando en alemán con una mujer... Kalambaka fue, sin duda, un lugar de encuentros interculturales.
Y sin dejar el tema de los idiomas, error estúpido que me costó el pasar un rato extrañado. El taquillero dijo que había un strike de tres días en los trenes. Yo anduve convencido de que eso quería decir error mecánico, reparaciones o algo así. Y claro, flipaba sobre por qué se iban a detener los trenes durante tres días para hacer reparaciones, me parecía desmesurado. Hasta que les pregunté a mis dos compañeros que por qué había ese strike; y Leszek me respondió que para conseguir mejores salarios, como siempre. Fue entonces cuando se me encendió la bombilla y me di cuenta de que strike era huelga, y en fin, me sirvió para reflexionar sobre la paranoia que puede hacerte sufrir el equivocarte sobre o desconocer una palabra concreta.

Charles-Enric se marchó a Atenas y nos dejó su email y número de móvil para que en esa ciudad nos viésemos con su grupo de amigos. Leszek y yo nos marchamos a Larissa. Era una ciudad que prometía poco, pero nos daba tiempo a pasar por allí antes de llegar a Delfos.

(Continuará)






viernes, 8 de agosto de 2008

Grecia (II): ferry y Tesalónica.

Fue en Fira, el centro de Santorini, de vistas estupendas,


donde encontramos por sorpresa un lugar donde comprar billetes para el ferry hasta Tesalónica. Se puede ir en avión, pero cuesta ciento y pico euros y bueno, bastantes gastos íbamos a tener ya como para encima desembolsar esa cantidad extra. De modo que pedimos dos billetes.




La distancia entre Santorini y Tesalónica es de unos seiscientos cincuenta kilómetros, y al ferry le cuesta recorrer esa distancia nada más y nada menos que veinticuatro horas... Dado que en el ferry anterior, cuyo trayecto había durado ocho horas, habíamos pasado un sueño terrible, decidimos preguntar a la muchacha que nos atendió si existía la posibilidad de elegir billete que incluyera sitio para dormir. ¿Debí decir camarote -palabra que desconocía en inglés- o explicarme mejor? No lo sé. Leszek me entendió perfectamente cuando lo dije, pero está visto que la chica no, pues una vez subimos al ferry, comprobamos desconsolados que se nos empujaba hacia una especie de habitación común parecida a una sala de cine o bien a la cafetería; pero la gente que trabajaba en el barco, que hablaba tanto inglés como un alumno español de doce años, no nos comprendió y para mí que el billete no incluía camarote, y que habíamos pagado de más para nada.
Y bueno, toda una experiencia estar de una de la tarde a una de la tarde en un ferry donde las actividades organizadas para entretener a la gente brillan por su ausencia; seguramente porque como se detiene en varias islas a lo largo del camino y los pasajeros cambian, debimos de ser de los pocos suicidas que nos inyectamos sesión en vena de ferry. Dormir fue horrible, hasta mi amigo durmió regulín, que ya es decir. Personalmente, o tenía calor, o la gente molestaba hablando al pasar cerca de mi asiento, o estaban los televisores conectados -y yo si oigo voces no puedo conciliar el sueño, por mucho que hablen griego-... Sólo pude dormir en cubierta, sobre unos bancos, donde el ruido de los motores, monótono, llegaba a no molestar y a anular cualquier otro. Pero a las cinco de la mañana aproximadamente me desperté, pasmado de frío, y no pude dormir. La parte positiva es que pude hacer fotos de la salida del sol, con colores originales:


Y por fin, tras mucha conversación, partidas de dados, sueño mal dormido, etc. llegamos a Tesalónica. Corregiré ahora algo que dije rápidamente en mi primera actualización sobre Grecia: no es del todo cierto que Leszek nunca hubiese estado en Grecia. Realmente ya conocía Atenas, pero no le había importado volver para ver ciudades como ésta a la que llegábamos, que varias personas le habían recomendado.
Y que resultó ser la gran decepción del viaje y los días más desaprovechados, pues habíamos reservado tres noches de hotel y habría bastado quizá con una. Los griegos dirán que Tesalónica es estupenda porque al lado de la calle, muy larga, que está junto al mar, hay decenas y decenas de bares donde pasar la tarde y la noche tomando algo, y en definitiva hay bastante marcha (aunque a nosotros tampoco nos pareció para tanto, quizá porque fuimos incapaces de encontrar bares de ambiente).




Pero para un turista no es para tanto. No es que uno vaya a morirse de asco en la ciudad. Pero en cuanto se pasea algunas horas junto al mar, visita un par de museos, recorre algún parque y averigua que si quiere playa, asombrosamente, debe coger un autobús para ir fuera de la ciudad... pues se acaba ya la gracia y no hay mucho más. Seguro que muchas ciudades españolas tienen tan pocas cosas que ver como Tesalónica, para qué engañarnos, pero es también seguro que nosotros no vamos por ahí vendiéndolas como si fueran la maravilla mundial. Y como Tesalónica suena a que va a ser algo impresionante tipo Atenas y no lo es, pues decepciona. La prueba es que apenas vimos turistas allí.
¿Es normal que con una vista como ésta, la ciudad no tenga playa?


Tesalónica tiene una característica curiosa, más marcada que en las demás ciudades griegas que visitamos: si como peatón uno se pone a cruzar una calle cuando el semáforo se pone verde, descubre horrorizado que en unos tres segundos, máximo cinco, éste se pone rojo y le deja a uno sin haber llegado siquiera a la mitad del recorrido, y obligándole a echar a correr antes de morir griegamente atropellado.
Salimos vivos, afortunadamente, pero miedo da pensar el peligro que supone que un tesalónico, un griego en general, venga a España a darse una vuelta en su coche.

(Continuará)

domingo, 3 de agosto de 2008

Grecia (I): Llegada y la isla Santorini.

Como siempre con antelación, allá por febrero, Leszek y yo empezamos a planear algún destino para visitar en verano. Él ha recorrido algo así como el ochenta y cinco por ciento de Europa, así que le pregunté directamente dónde no había ido. Mencionó una serie de países, entre ellos Grecia, en el que yo había pensando; no porque me llamase especialmente la atención, sino porque entendía que era de estos viajes "obligatorios" una vez en la vida, así que le respondí que Grecia me parecía bien, más que nada porque yo solo por mi cuenta nunca me animaría a ir, y empezamos a organizarlo.
En parte por desidia y en parte por tener una guía confusa con la que alguien poco entendido en las lindezas y geografía griegas hacía cualquier cosa menos conseguir una idea clara de qué había para ver, dejé en manos de Leszek la tarea de decidir el recorrido que seguiríamos. Será la última vez que lo haga, no porque tomase malas decisiones (aunque las hubo, pero involuntarias), sino porque cuando faltan dos días para irte dos semanas a un sitio y apenas sabes qué vas a ver y dónde exactamente vas a estar, te sientes hasta mal. En fin.
Tuvimos suerte y encontramos vuelos, desde Barcelona y desde Cracovia, que aterrizaban con apenas una hora de diferencia, aunque a las tres de la madrugada. Cuando nos juntamos, tomamos un bus a Pireo, ciudad costera cercana a Atenas desde donde un par de horas más tarde subimos a un ferry que en ocho horas nos llevó a Santorini, una de las famosas islas griegas:



Fue un poco horrible pasar ocho horas en un ferry, donde, sin cama, personalmente apenas pude pegar ojo a pesar de que llevaba toda la noche sin dormir. Además, por supuesto nos tocó cerca la típica familia cuya misión parece traer al mundo cuantos más niños mejor.

Una vez llegamos a la isla, como a las dos de la tarde, el puerto está lleno de gente: turistas que también acaban de llegar, policías que regulan el caos y decenas de automóviles y furgonetas de los dueños de los hoteles, que te vienen a recoger porque hay varios kilómetros de carretera cuesta arriba y en curva hasta que llegas a la zona alta más llana.



El hostal era majete, hasta con su piscina, que por cierto no utilizamos porque nos apetecía más ir a la playa, que estaba a cinco minutos a pie. La habitación era razonablemente espaciosa y con aire acondicionado (como iba a ser norma, afortunadamente, en casi todos los hostales), hasta con baño propio.
Lo malo es que nos tocó una habitación que daba justamente allí, a la piscina, y a las mesas y sillas; y si juntas eso con los típicos ingleses jóvenes que están hablando en voz alta desconsideradamente hasta las cinco de la mañana, pues la cosa se estropea. Sólo ocurrió la primera noche, ya que luego se marcharon, pero no sé qué pasa con los ingleses, si es que tengo mala suerte o es que abundan demasiado, porque en Wroclaw (Polonia) me pasó exactamente igual. También es cierto que Leszek no se enteró de nada, pero él tiene la fortuna de tener sueño, quedarse dormido en cinco minutos y ya está, hasta la mañana siguiente.



Pasamos en Santorini un par de días. Está bien, es una isla bonita. Quizá a todas las islas les pase lo mismo, no lo sé, era la primera a la que iba; el caso es que uno no puede desplazarse con libertad por ella, puesto que lo que hay entre montañas son carreteras, así que si no pasa el autobús, uno no puede moverse. De manera que todo lo que vimos en ella fue el hostal, la playa cercana, un pequeño supermercado y Fira, el centro de la isla, donde hay algo de vida, algún museo y vistas bonitas como la que acabáis de ver -así como calles en cuesta para fardar de subirlas en burro, cosa que no hicimos-. Nos perdimos como el setenta por ciento de la isla, que quién sabe si era interesante o no; pero desde luego no me quedaron muchas ganas de ver otras islas, pues aparte de la limitación del transporte, tampoco aportaban más que tranquilidad y una vista bonita, que está bien para dos días pero para poco más.

Comenzó en Santorini nuestro menú a base de coca cola y ensaladas griegas. Aún no sé cómo me pude comer tantas, pues ni el pimiento verde ni mucho menos el tomate me fascinan. Imagino que tenía algo que ver el hecho de estar todo el día andando de aquí para allá. En esta foto en concreto la ensalada griega sólo la toma Leszek; la mía es de atún con salsa rosa -cómo no-, qué buena estaba.





Y estando en Fira, compramos billetes para un ferry hasta Tesalónica...

(Continuará)

lunes, 7 de julio de 2008

Juguemos a dónde está Wally.


Sí, amigos. Diabetes ha agarrado lo imprescindible -pan y nocilla- y acaba de marcharse de Zaragoza para visitar un lugar secreto. El lugar es secreto para casi todo el mundo excepto para algunas personas a quienes, seguramente por descuido, se lo he soltado. Pido por favor que éstas guarden el secreto, en favor de mi diversión y de la sorpresa postal de quienes no saben nada.

Hago el viaje con Leszek, nuestro polaco preferido -junto con Mike, que era un cielo y espero que cuando venga de visita de Madrid nos salude-. ¿Dónde nos hemos marchado? Pues doy cinco ideas. ¡Apuesten!

1) Grecia: Diabetes ha decidido visitar este país al resultar un viaje imprescindible, para tomar el sol en la playa y conocer edificios antiguos.

2) Noruega: animado por Leszek, Diabetes ha decidido que los noruegos podían ser interesantes, además del placer de hacer un viaje poco frecuente.

3) Francia: tras dos años aprendiendo francés, Diabetes ha decidido lanzarse a la piscina y poner en práctica el idioma durante unos cuantos días.

4) Portugal: a pesar de haberlo visitado las pasadas navidades, Diabetes sabe que hay más ciudades interesantes aparte de Lisboa y ha decidido recorrer otras partes del país.

5) Rumanía: a Diabetes le encantan los rumanos, así que, siendo Leszek ya sólo un amigo, ha decidido intentar rumanear con alguno y disfrutar de los precios bajos del lugar.


Si deseas recibir una postal de Diabetes desde donde quiera que acaba de marcharse, envíale un email a chaskatraska@yahoo.es Él guarda todavía las direcciones de quienes se la enviaron el año pasado cuando se marchó secretamente a Polonia. Recibiréis una postal, si el correo funciona bien, probablemente antes de que Diabetes regrese.

¡Pasad felices días!

martes, 1 de julio de 2008

Envidia (,) cochina.

Declaro inaugurado oficialmente el periodo de envidia cochina mundial: comienzo mis vacaciones hoy tras haber conseguido, casi de milagro, las dos firmas necesarias para poder enviar la memoria del curso al servicio de educación.
Para quienes crean que los maestros vivimos bien y nos critiquen por ello, les recuerdo que la facultad de educación está abierta para todos, así como las oposiciones posteriores.
¡Comienzan dos estupendos meses!

martes, 24 de junio de 2008

Efectos del tiempo.

Fallos temporales...
Por ejemplo, que la gente crea que los maestros ya estamos en Honolulú bajo una palmera, cuando andamos haciendo memorias y estresados entre papeles o, mejor dicho, fichas informatizadas.
Y también, fallo temporal porque el tiempo, esta vez el atmosférico, ha conseguido que muchos maestros no tengamos la sensación completa de fin de curso: digamos que es el calor insoportable el que favorece que deseemos y apreciemos la llegada del final de las clases. Y este año ha llegado ya y muchos no lo sentimos del todo.
¡Pero ahí está! Una semana más y comienza la época más envidiada del año.

miércoles, 18 de junio de 2008

Cierre de la 976, y mientras, destrozando dos idiomas.

Aquí salen Xavier y Jules, los dos franceses que conocí el fin de semana pasado. El de la camiseta de color claro es español y se llama Jorge.

jueves, 12 de junio de 2008

Poniendo a prueba el refrán.


Ahora que los pantanos están crecidos, que la Expo ha sido pasada por agua con buena nota y que ya nos hemos creído un poco que el invierno sigue existiendo aunque sea a deshora, toca comprobar si es cierto que hasta el cuarenta de mayo no debemos quitarnos el sayo y, sobre todo, si pasado el cuarenta de mayo, el sayo realmente se puede quitar.
Hoy andamos ya a cuarenta y dos o cuarenta y tres de mayo, así que sin duda ha de ser, como los días siguientes, una jornada primaveral típica.

viernes, 6 de junio de 2008

Broma pesada

lunes, 2 de junio de 2008

Diabetadas (XV)


Panadería: acción que se hace a sabiendas de que servirá de muy poco.
Turrón: bebida alcohólica que te pertenece.
Diálogo: por favor, no te quedes callado.
Filosofía: arte de aprender a amenazar navaja en mano.
Oscuro: sano vuestras heridas.
Inverosímil: parecido muy a lo invero.
Titubeo: en caso de que te localice con la mirada.
Misántropo: sacerdote que echa muchas horas en la iglesia.
Fallecer: morir a base de errores.
Culminar: poner bombas en el suelo con mucho salero.

jueves, 29 de mayo de 2008

Re-ungaunga.


Después de año y medio de haber abandonado el hábito, he decidido retomar mis visitas al gimnasio. En su momento lo dejé por pérdida de motivación pero también por exigirme demasiado: andaba estudiando antropología, empezando francés y acudiendo a clase de bailes de salón los fines de semana. Reventé por donde reventé, y fue dejando las pesas.
De vez en cuando, al ver un gimnasio, algo dentro de mí decía que me apetecía hacer ejercicio físico de nuevo; pero pensaba en mi tiempo libre y en lo feliz que se está haciendo lo que a cada momento a uno le apetece, y lo olvidaba.

Pero este sábado pasado salió el tema de las máquinas de gimnasio con mi hermano. Él mostró cierto interés por el tema, y habló de lo que algunos amigos que actualmente ya son habituales de las pesas hacían para entrenar. Sin darme cuenta, estuve más de veinte minutos hablándole de rutinas, alimentación, objetivos... y me di cuenta de que una parte de mí lo echaba de menos. Las decisiones se toman con nuestro lado emocional aunque pretendamos que no para sentir que controlamos nuestro alrededor, y por eso fue que en escasos minutos afirmé ante mi hermano que iba a volver a apuntarme a esto.

Y así ha sido, hoy lo he hecho y he comenzado en plan suave.
Durante el primer mes, calentamiento de media hora y cuatro ejercicios moderados para ir tocando todos los músculos del cuerpo. Luego ya empezaremos con más fuerza. Le he dicho al monitor que quería ganar volumen muscular, y que en los dos años que había estado entrenando anteriormente había ganado mucho brazo, menos pectoral y poco hombro (las abdominales para qué mencionarlas, las mías no existen o padecen introversión extrema). Me ha asegurado que conseguiría sacar de mí mucho y que desde luego no crecería de cintura. Ha hablado de ciertos batidos proteínicos muy buenos y de algunas dietas que me pondría. Y bueno, yo más emocionado y entusiasmado que si me hubiesen dicho que ha aparecido un dinosaurio vivo en mitad de Nueva York. Queriendo ponerme ya.

Y como guinda, al ponerme a entrenar -vaya corte, usando unos pesos de mierda en todas las máquinas, me sentía un viejo en comparación con cuando entrenaba-, estaba rodeado de algunos tíos de mi edad que estaban impresionantes. Uno era ligeramente más alto que yo, tenía un brazo que era dos veces el mío y aparte unos pectorales gigantescos, y desde el pectoral hasta los bultos tremendos que salían por su espalda había una distancia sensacional. Sé que a mucha gente esa estética le resulta indiferente o desagradable, pero a mí me mola, me encanta, me da un morbo que te cagas. Ver a un tío rellenando camiseta descomunalmente me deja sin habla.

Ays, en fin, pues eso, que he empezado. Mi experiencia en estos dos últimos años es que es complicado prometer y prometerse cosas a largo plazo, porque uno cambia según las circunstancias. Pero espero ser constante, que la otra vez lo fui durante dos años y eso me da confianza en mí mismo, y no dejarlo, idealmente nunca.

Sienta bien ir a sudar. El gimnasio en plan máquinas es aburrido, como tomar el sol, el yoga o hacer ganchillo; pero todos tenemos actividades mecánicas que nos ayudan a evadirnos.

Let´s go!!!

sábado, 24 de mayo de 2008

Cuestión de x.

Cada vez que alguien dice sexo con dos eses, seso, tuve seso, hicimos el seso, me mola el seso... me hace pensar en un viejo desdentado que dice la palabra seseando.
Por eso quizá incido tanto con mis niños en que sepan pronunciar la x.

domingo, 18 de mayo de 2008

¡Menudo mosqueo!


Tengo la costumbre de grabar algunos programas de la tele para verlos cuando a mí me viene en gana y no cuando al programador de la cadena le apetece que yo lo vea. Uno de esos programas es 59 segundos, un debate sobre temas políticos y de interés social -lo cual no quiere decir que la política no sea de interés social- que tiene la particularidad de que cada interviniente ve cómo su micrófono desciende y corta su monólogo tras cincuenta y nueve segundos hablando. Lo cual lo hace ameno.
El otro día puse la cinta de vídeo y salía el padre de Mariluz, la niña asesinada, proponiendo una serie de cambios en las condenas a pederastas.
De repente, la cinta se cortó, como si alguien hubiese grabado algo encima, y apareció el mismo programa pero esta vez con Cándido Méndez y José María Fidalgo, los secretarios de los sindicatos CC.OO. y U.G.T.
Me sorprendí, porque no entendí ese salto, pero seguí viendo el programa.
Lo que me dejó ya absolutamente boquiabierto es que cuando la presentadora despidió a estos dos secretarios, anunció que tras la publicidad iba a estar presente el padre de Mariluz.
¿¡Pero cómo!? ¿Era posible?
Pasé la publicidad y ahí estaba. Y tras veinte minutos hablando, volví a ver la parte de su intervención que había visto al comienzo de la cinta.
¿Cómo pasó eso? ¿Cómo puedo tener en una misma cinta el mismo trozo repetido si sólo lo puse a grabar una vez?
¿Alguien tiene una explicación?

martes, 13 de mayo de 2008

Invisible.

El sábado pasado fue lo que se dice un día cultural. Primero, en fastuosa butaca de patio, El caso de la mujer asesinadita, de Mihura, que no me convenció del todo por haber ido con expectativas equivocadas. Y a la salida del teatro, por veintidós euros menos, me lancé a la filmoteca a ver All the invisible children, con la que disfruté veintidós veces más que con la obra.



Está hecha de cortometrajes sobre niños que, por diferentes razones, son invisibles para nosotros, porque no percibimos que sufren o porque si lo sabemos no solemos acordarnos de ello lo suficiente. Hay cortos previsibles, algo tópicos, pero buena parte de ellos son entretenidos y curiosos. Están dirigidos por gente conocida, como Emir Kusturica, Ridley Scott, Spike Lee...
Recomendable.

jueves, 8 de mayo de 2008

Idiomas y costumbres.

Enlazando con uno de mis posts anteriores, durante las últimas semanas, puede que ya meses, he empezado a prestar atención más que de costumbre a practicar idiomas.
Primero, desde luego, he continuado con las clases de francés. No quiero decir que nunca lo dejaré, porque hace dos años estaba con antropología y con el gimnasio y ahora de eso no queda nada; pero al menos por ahora el francés me gusta, es razonablemente sencillo y me ocupa poco tiempo.
Pero además, veo ahora en versión original sin subtítulos las películas que son en inglés. Es duro, porque, al igual que cuando uno empieza a leer libros en inglés, la tentación inmediata es la de ir a por el diccionario a ver qué significa tal o cuál palabra, o la de poner los subtítulos en el caso de la película; pero si uno tiene paciencia y se tranquiliza pensando que lo importante es comprender el significado general, es más sencillo. Procuro no ver películas demasiado trascendentes; hace poco vi Match Point, de Woody Allen, y es fácil que me perdiese diálogos interesantes y hasta algunas coñas divertidas. No trato de animar a nadie a hacer esto, ya que supongo que requiere un cierto conocimiento de inglés que es, por desgracia, algo superior a la media española, razón por la que sería incapaz de ponerme a hacer lo mismo en francés en la actualidad.

Pero a quienes deseen ponerlo en práctica, les recomiendo una serie maravillosa. Mientras muchos andan viendo CSI Miami, o Prison Break, o Perdidos, y luchando por ver quién ve antes por internet los últimos capítulos, yo ando como siempre con mis series estilo démodé que, en realidad, tienden a mantener su encanto con el paso del tiempo. La que más me gusta ahora mismo es Las Chicas de Oro. Son capítulos de veinte minutos con cuatro mujeres estupendas, en especial la más mayor -que por desgracia es la que peor se entiende- y la que creo que se llama Betty, la que es un poco cortica. En general, es un inglés bastante asequible y aparte de divertirse uno, acaba con la satisfacción de haber seguido la trama sin problemas. Me encanta, además, la asertividad con la que se comunican y ese trasfondo triste que me parece ver en cada capítulo, al tratarse de personajes que están comenzando o culminando su vejez.

Enjoy!






domingo, 4 de mayo de 2008

Mil años ago.

lunes, 28 de abril de 2008

Fonética y subtítulos.

Yo sé que he hablado de esto en varias ocasiones. Pero puede conmigo.
Tengo claro, aunque me pese, que el nivel de inglés de los maestros de Primaria en este país no está muy allá. En fin, para defendernos y para dar unas clases no muy demenciales, pues valemos, creo. (Otra cosa es la nula formación que tenemos para dar clase en Infantil, pero ése es otro tema y deberá ser contado en otra ocasión).
Pero ays, a lo mejor es que amo la estética demasiado; pero cuando asisto a clases de conversación en inglés para profes de Primaria y escucho unas pronunciaciones que dejan mucho que desear, se me revuelven las tripas.
Vaya por delante, antes de que me tachen ustedes de creído, que probablemente mi pronunciación no sea exquisita tampoco. Pero ay, no sé, procuro, yo qué sé, pronunciar las bes y las uves de forma distinta, marcar la diferencia entre los sonidos vocálicos -que son más de cinco en este idioma-... En fin, echarle teatro, y con modestia creo que no me sale mal (aunque sí, vale, todo es mejorable).
Pero hay maestros que andan todo felices con sus cinco vocales, y su acento pacomartínezsoria y tal, y me destripan las revuelvas, o cómo se diga.

¿Y hay que esperar a que la gente tome la iniciativa de ver las pelis en versión original? Juas, pero si hasta a mí me cuesta y lo hago menos de lo que querría, y eso que me gustan los idiomas a rabiar. ¿Habrá que esperar a ver si eso de enseñar idiomas desde que los nenes tienen tres o cuatro años creará una generación mucho más receptiva al inglés, al francés, al alemán...? ¿Y si luego no es así? Porque claro, si los idiomas sólo se ven en clase, que es lo que pasa, mal vamos. Los maestros sabemos algo bien: si el crío sólo aprende en clase, entonces no aprende. Vaya, que el resto del tiempo el niño debe ver lo mismo. Y como llega a casa y las teles emiten todo doblado, y lo mismo en el cine, y los padres son los que menos saben idiomas y pueden predicar con el ejemplo, pues así andamos.

La primera vez que fui a Polonia coincidí en el avión con un chaval de unos doce años, polaco, que fue capaz de llevar una conversación no muy torpe en inglés conmigo. Me sorprendió enormemente, y pensé: ¿y cuándo esto en España?

Que semos europeos, dicen, leñe.

lunes, 21 de abril de 2008

A ver qué va usted a criticar.


Pues no me disgusta el nuevo gobierno que ha planeado Zapatero. No sé si es que este hombrecillo tiene ganas de aparecer en los libros para la posteridad o qué, pero estos nuevos planteamientos tan femeninos sin duda se lo van a poner fácil si ésa fuese su pretensión.
Tampoco sé si, mujeres y mujeres aparte, los nuevos ministros van a aportar ideas nuevas o es todo poco más, que no es poco, que favorecer la discriminación positiva de la mujer. Veremos.

A lo que voy es que me ha molado eso de que en todo el mundo se ande hablando de que fíjate tú Zapatero, que todo mujeres casi, que fíjate Zapatero, que en España los gays se pueden casar, que si tal que si cual... Son pequeñas grandes cosas que le hacen a uno sentirse a gusto en su país y henchirse de orgullo al hablar con extranjeros.

Y lo que más choca de todo, sin duda, es que la Chacón sea la nueva ministra de defensa. Personalmente no tengo la más mínima duda de que podrá ejercer el cargo con solvencia y de que, de no lograrlo, no será por ser mujer. Pero no hemos de negar que existen miles de personas, de hombres ante todo, que estarán ahora mismo mirándola con cara de ya verás tú ésta a ver qué hace, que no debe de tener ni pajolera idea de dónde se mete. Imagínense ustedes al capitán capitanzado de turno, o a otros grandes cargos militares con trescientas estrellas y condecoraciones, con sus cojones bien puestos y su machismo ranciete compensando sus inseguridades personales, y que un día reciben la llamadita de la Chacón, ahí toda maja y femenina, con tono de buen rollo y soy guay, diciendo que mira, que mejor se dejen de tantas maniobras por el campo y que ahora vamos a darle a lo militar este punto de vista no sé cómo, así o asá. Y los capitanes éstos quizá la miren como diciendo mecagüentuputamadre, mujer tenías que ser.

Y aún hay otra idea mejor: ¿y si el PP, muy dado a criticar al PSOE a la mínima, se mete con lo que la Chacón, u otras ministras, hacen o dejan de hacer? ¡Pues de puta madre! Coge el PSOE y con decir que en el PP son todos una caterva de machistas que te cagas y que no saben aceptar que las mujeres pueden gobernar, tó arreglao.

Pues va a ser que Zapatero lo ha elegido todo con buenos dobles filos, y le ha salido bien.

lunes, 14 de abril de 2008

El hombre así, me dijo mi madre.


El otro día mi madre, de repente, me trajo a la cabeza varios recuerdos.
Todos estaban relacionados con Senarta, un cámping en Benasque, Cerler... y toda esa zona del noroeste de Aragón al que íbamos cuando yo era pequeño.
Costaba entrar al cámping ciento veinticinco pesetas: veinticinco por persona, veinticinco por el coche y veinticinco por el remolque en el que iba la tienda de campaña. Era un precio barato para la época.
Algunos amigos de mis padres, también ya emparejados, iban al cámping y pasaban allí muchos fines de semana. Recuerdo, y recordaba mi madre, a las dos hijas de unos de esos amigos, con quienes jugaba y también fregaba algo de la vajilla de la comida. Recuerdo, y también recordaba mi madre, que guardábamos los refrescos y las bebidas para adultos en el río, cuyas aguas no superaban los cinco o siete grados y en las que mi padre apenas osó bañarse más de un par de veces.
Recuerdo, y también mi madre, a un chaval probablemente catalán, con quien jugué horas y horas. Yo lo recuerdo porque tengo una foto con él. Era de mi estatura, moreno, de pelo corto, quizá no muy agraciado, pero viéndole la cara, estoy convencido de que a mi modo, por la edad, me gustaba, porque hoy al ver la foto me sigue pareciendo (en potencia, claro, que a mí me van mayores de edad) mi tipo. Mi madre dice, repito, que nos íbamos a jugar por ahí horas y horas, y con lo asocial o tímido que era yo, pues me reitero en esa especie de encadilamiento fantástico que me suena que sentía estando con él.
Y de todo lo que mi madre me ha contado, todos nos hemos reído con una soplagaitez suprema que yo no recordaba, y que ella erróneamente creía haberme dicho en alguna ocasión. (Véase de nuevo la foto de arriba para entender de qué hablo a continuación). En una ocasión mi madre me llevó a la tienda de campaña para que me echase a dormir. La tienda se cerraba con cremalleras de arriba abajo, y era naranja, con un colchón que recuerdo cómodo. Cuando estaba cerrando la puerta, me asomé y muy serio, le dije:
- Mamá, si ves que viene un señor con los dedos puestos así, ven porque eso es que quiere abrir la cremallera para entrar.

Ostia, los críos y su mundo. :)

jueves, 10 de abril de 2008

¿Dulce derrota?

lunes, 7 de abril de 2008

Verídico.

En el aula de Infantil se había hablado de las semillas, de cómo se utilizaban, qué sucedía con ellas dadas unas condiciones determinadas, dónde se encontraban, etc.
Maestra: Bueno, chicos, ya podéis abrir los almuerzos. Yo tengo una manzana.
Niños: ¡Yo pera! ¡Yo melocotón!
Maestra: Muy bien, veo que seguís los almuerzos sanos, qué bien.
Niños: ¡Sí!
Maestra: ¡Anda! Mirad, acabo de comerme la manzana y, claro, ¡dentro había semillas!
Niños: ¡Sí, las semillas!
Maestra: ¿Entonces...? ¡Me he tragado las semillas!
Paola: ¿Qué te va a pasar?
Maestra: Pues no lo sé. ¡Huy! ¡A lo mejor me sale de la tripa un manzano!
Paola: Haaalaaa, ¿sí?
Maestra: Claro. Madre mía, ¿y qué puedo hacer ahora?
Paola: ¡Pues mátate!

viernes, 4 de abril de 2008

Esta canción me gusta y me relaja.

Se llama New Soul, de Yael Naim.

lunes, 31 de marzo de 2008

martes, 25 de marzo de 2008

Microrrealidad.

Llegando al pueblo donde trabajo, mientras ejercía las relajadas obligaciones del rol de copiloto, disfruté de una vista general del lugar y observé el pequeño cementerio que se encuentra pudorosamente separado por unos centenares de metros del resto de la localidad. Me dio por pensar que resultaba muy desagradable, sobre todo si uno vivía allí y tenía pensando pasar el resto de sus días en ese sitio, saber el lugar exacto en que iban a terminar nuestros restos.
Pensé de inmediato que lo mismo era viviendo en una ciudad como Zaragoza. Pero tener el cementerio algo a desmano hace que no pensemos mucho en la muerte y nos sorprenda tanto cuando nos pasa de cerca.
Luego vi también las casas, la iglesia, las fábricas donde trabajan los padres de muchos de mis alumnos, las vías del tren... Y me hizo gracia descubrir lo obvio: que un pueblo es una sociedad diminuta. Me pareció de repente divertido darme cuenta de que el pequeño tamaño del lugar simplificaba la vida o su apariencia, y uno podía empezar a imaginar con facilidad el día a día de cualquiera de sus habitantes: aquí vive, anda dos minutos y ahí se toma un café, anda otros dos y allí deja al niño en el cole, anda tres más y trabaja, sale y llega a casa atravesando tres calles, y así. Todo se convertía en un movimiento aséptico, cual personaje de videojuego, y le quitaba la magia, quizá humo pero magia, de la grandiosidad urbana y el creernos mucho más libres.

La vida da muchas vueltas. Pero aquí y ahora afirmo que a no fumar y a no tener hijos añado otra idea segura: no vivir en un pueblo pequeño. Ciudad forever, con sus peros incluidos.

viernes, 21 de marzo de 2008

En Zakopane, al sur de Cracovia.

La primavera ha llegado a Polonia. Menos mal.

lunes, 17 de marzo de 2008

viernes, 14 de marzo de 2008

Gastos mundiales.

El planeta invierte anualmente en miles de millones de dólares:
- En educación para todos: 6.
- En consumo de cosméticos: 8 en ee.uu.
- En agua y sanidad para todos: 9.
- En consumo de helados: 11 sólo en Europa.
- En atención ginecológica para todas las mujeres: 12.
- En perfumes: 12 sólo en Europa y ee.uu.
- En necesidades básicas nutricionales y sanitarias: 13.
- En alimentos para animales: 17 en Europa y ee.uu.
- En cigarrillos: 50 sólo en Europa.
- En bebidas alcohólicas: 105 sólo en Europa.
- En estupefacientes: 400.
- En publicidad: 400.
- En gastos militares: 780.

¿Cuánto costaría el acceso universal a una alimentación adecuada junto con el agua potable, las infraestructuras sanitarias y la educación básica?: unos 40.

lunes, 10 de marzo de 2008

Novela recomendable.

"A primera hora de la mañana, un hombre con dos bolsas llenas de libros llegó a la librería de Andrea. Andrea lo saludó y él respondió el saludo muy educadamente. Ella le preguntó entonces en qué podía ayudarlo y él dijo:
- Estos son libros que me robé de esta librería. Ya los leí, así que vengo a devolverlos.
Pensando que había entendido mal, Andrea le preguntó:
- ¿Usted me está diciendo que estos son libros robados y viene a devolverlos? ¿Por qué viene a devolverlos después de tanto tiempo?
- Porque ya los leí -dijo él-. Ya no los necesito.
Andrea no sabía qué decirle, no sabía si aquel hombre estaba tomándole el pelo.
- No se preocupe, que están bastante bien conservados - dijo él, muy amablemente, entregándole las bolsas.
Andrea echó una mirada a los libros y calculó que había quince o veinte novelas en cada bolsa.
- Los necesité para no suicidarme cuando me dejó mi novia -dijo él-. Pero ya me enamoré de nuevo. Ya no los necesito.
Luego le dio la mano y se marchó.

(Y de repente, un ángel. Jaime Bayly).

viernes, 7 de marzo de 2008

Chez Carolina.







Vaya usted a cenar a Carolina´s Restaurant y se sorprenderá de la amabilidad de su cocinera. Siempre sonríe, prepara platos a gusto del consumidor y no le importa que los clientes nunca le correspondan invitándola a ella o preparándole comidas al mismo nivel y calidad.





En la foto, en plena faena. No importa que usted se ofrezca a llevar pizzas: ella estará en la cocina dos horas preparando ensaladas sin lechuga y crepes de nocilla. Y otros manjares.





lunes, 3 de marzo de 2008

The older, the faster.

Un curso escolar es lo más repetitivo y cíclico del mundo: días, semanas, meses, trimestres, cursos, ciclos, etapa. Todo está predefinido.
Quizá sea por eso por lo que cada vez se me pasa más deprisa todo. Llega el lunes, que se coge con desgana; el martes va pasando algo mejor pero cuesta; el miércoles en mi cole empiezan a visitarnos los maestros itinerantes que imparten las especialidades y el jueves y el viernes de por sí ya van, como suelo decr, cuesta abajo.
Por fin llega el fin de semana, y uno queda con los amigos, ve a la familia, lee, hace el tonto por internet, ve una peli, y el domingo por la noche llega normalmente mucho antes de lo esperado.
Y otra semana vuelve a comenzar.

La cosa tiende a pasar más bien rápida. A lo tonto, acabamos de empezar marzo, llegan en breve días de fiesta y comenzará el tercer trimestre. ¡Ya! ¡Parece increíble! ¡Pero si quedan apenas tres meses de curso largos!
¿Será entonces cierto eso tan trillado de que cuanto mayor es uno más rápido pasa el tiempo? Parece que la respuesta es sí, al menos desde mi subjetiva opinión visto lo visto estos dos últimos años. En nada deberé plantearme qué viaje hacer este verano, ¡pero si hace nada acababa de volver de Polonia!

Esta rapidez de las cosas es una razón, una razón más, para vivir los días de otro modo: no pensando en que llegue el viernes, no pensando en que termine la jornada laboral, no pensando en que llegue el puente, sino saboreando cada día por sí mismo. De nuevo recurro a lo trillado, a lo mil veces dicho.

Pero será por algo.

viernes, 29 de febrero de 2008

Blue Cafe - You may be in love

Una voz peculiar, y polaca.

lunes, 25 de febrero de 2008

Anónimo africano.

Cuando nazco, soy negro.
Cuando crezco, soy negro.
Cuando tomo el sol, soy negro.
Cuando me asusto, soy negro.
Cuando tengo frío, soy negro.
Cuando enfermo, soy negro.
Y cuando muera, seguiré negro.

En cambio tú, amigo,
cuando naces, eres rosa.
Cuando creces, blanco.
Cuando tomas el sol, te pones rojo.
Cuando tienes frío, azul.
Cuando te asustas, amarillo.
Cuando enfermas, estás verde.
Y cuando mueras, te pondrás gris.

¿Y me llamas a mí "de color"?

jueves, 21 de febrero de 2008

En el instituto francés hay un niño.


Después de cuatro meses y pico en el Instituto Francés, que está en el paseo Sagasta (de Zaragoza, por más aclarar), puedo empezar a hablar con conocimiento de causa de si sus clases valen la pena.
Para empezar, habría seguido encantado en la escuela de idiomas; pero, como ya sabéis, problemas con la matrícula y una demanda bestial en la escuela I motivaron que me quedara sin plaza cuando estaba a punto de conseguirlo.
Las diferencias que encuentro entre la escuela de idiomas y el instituto son las siguientes. En primer lugar, el profesorado en el instituto es nativo, y eso supongo que siempre es bueno. No implica que sean buenos profesores, pero tienen un conocimiento del idioma mejor que el español afrancesado. Por otra parte, el número de alumnos por clase es sensiblemente menor; en mi aula estamos normalmente de cinco a diez personas, raramente diez. Eso supone que cada vez que vas a clase te toca participar por fuerza. En tercer lugar, las clases son totalmente en francés, de modo que en el fondo se hacen dos ecoutez de hora y media a la semana que vienen de perlas -al menos eso me parece, pues creo notar cierta progresión en ese sentido-. Y por último, aunque esto es una novedad este año y nadie asegura que se prolongue en cursos próximos, uno no se la juega en un examen final sino que se hacen exámenes periódicamente sin que exista uno final -más las anotaciones que haga el profesor cotidianamente, pues siendo tan pocos puede hacer mil si quiere-.
Me quedo, pues, con el instituto, y si tras el francés, dentro de unos años, decidiese comenzar otro idioma, probablemente me inclinase por acudir a un instituto con nativos. Cuesta un riñoncico, francamente, pero cada vez pienso que vale más la pena.

La única pega que encuentro en ambos lugares, el instituto y la escuela, es una falta de cercanía, en cualquier caso habitual en la actualidad en todas partes. Suena el timbre, la profe entra, comienza la clase y, aunque haya buen rollo, al final el timbre vuelve a sonar y la clase termina y con ella desaparece todo. Digo esto porque en mi caso he notado un salto notable entre el primer año de escuela de idiomas y el nivel en que me han puesto en el Instituto Francés, tercero; y fue el otro día, cuando asombrosamente sonó el timbre y al entrar la profe sólo estaba yo, cuando ella me preguntó, por supuesto en francés, que qué tal estaba en la clase y si iba bien con el nivel que había. Apenas un minuto después llegó más gente, pero en esos poco segundos le expliqué que al principio me había agobiado bastante; y esa breve muestra de trato personal me alegró mucho, me hizo estar muy participativo durante toda la clase y me animó una barbaridad a seguir adelante con el idioma.
¿Seré un niño que pide mimos de vez en cuando?

lunes, 18 de febrero de 2008

Viola Wills sings "Gonna get along without you now".

Para mí esta canción es especial. Primero, porque siempre me ha parecido preciosa, tanto (sobre todo) por la melodía como por la letra. Y segundo, porque el día en que me decidí a visitar una asociación gay cuando tenía 17 años y fui a un bar a tomar algo con la gente que acababa de conocer, fue ésta la primera canción que sonó.
Siempre me pone alegre y como además tiene algo de triste en el fondo, indica cómo me puedo sentir en este momento, cuando un fin de semana especial acaba.

martes, 12 de febrero de 2008

La moneda.

Braulio era muy bajito, rechoncho, llevaba gafas y una barba densa y dibujaba muy bien su papel de despistado. Los achaques de la edad y su bastón completaban la actuación.
Su andar parsimonioso apenas se quebraba cuando aparecía a la vista un encuentro breve; es decir, un chico alto, de pelo negro, más bien joven y a ser posible con un toque canalla en la mirada.
Braulio escarbaba en su bolsillo en busca de la moneda, que quedaba en su mano izquierda, la que sujetaba el bastón. El muchacho lindo se acercaba y al llegar el instante en que iba a pasar a su lado, soltaba la moneda con efecto e interponía el extremo del bastón entre los pies del chico, acompañando el momento con un giro imprevisto de su cuerpo, que el otro interpretaba como un tropiezo o un desequilibrio. Braulio bañaba todo en un poner las manos, cuerpo inclinado, sobre las piernas deseadas, las cuales usaba para fingir recuperar la verticalidad.
Y la moneda alargaba el momento al solicitar al otro que se la recuperara, quien debía retroceder -pues Braulio la había hecho alejarse ante sí- y mostrar irremediablemente su trasero al viejecito.
Gracias, muchacho, has sido muy amable, y entonces se marchaba. Y Braulio, que veía cercana su muerte como muchos de quienes superan ya una edad considerable, saboreaba el placer de la cercanía física de la juventud y del alegrarse la vista frívolamente.
Como guinda del pastel, su esposa le obsequiaba a la vuelta con una deliciosa comida antes de salir por la tarde, de nuevo, en busca de fugacidades.

viernes, 8 de febrero de 2008

El mejor.


Una de las cosas que mejor demuestran que las personas son muy parecidas, sea cual sea la edad, la raza, el sexo, la religión, el estatus económico o el social, es que en el fondo todos creen ser un buen conductor de coche, por encima de la media.

lunes, 4 de febrero de 2008

Pagar por el vacío.


En un primer momento, hacer pagar un impuesto a los dueños de los pisos que permanecen vacíos me pareció una locura injusta: si uno se ha comprado un piso tiene derecho a hacer lo que quiera con él. Dejarlo vacío, llenarlo con pinos filipinos o pintarlo con grafitis por ejemplo.
Sin embargo, cambié de opinión al descubrir que muchos pisos vacíos implican la creación de más viviendas en otra parte de la ciudad, y esos nuevos pisos una inversión en alcantarillado, transportes, etc. que salen de los impuestos de los demás..
Y como no es justo que por el beneficio de unos pocos paguemos todos, me parecerá estupendo que a quienes han decidido invertir con un piso comprado, dejándolo vacío a pesar de la demanda que hay, les escueza un poco y se lo piensen dos veces.

jueves, 31 de enero de 2008

Invitación frustrada.


Afortunadamente, cada vez aprecio más compartir mi tiempo con los amigos y la familia.
Es por ello que en ocasiones me planteo invitar a mis padres a comer en casa. Hace poco mi hermano jugaba un partido en un lugar cercano y estuve a punto de ofrecerles venir a comer.
Pero inmediatamente se me encendió la bombilla roja: ¡huy, no, no, imposible!
¿Y cuál fue la razón?
El tabaco...
Mi padre se niega en rotundo a tener que irse al cuarto de baño o al balcón a fumar. Así de simple. Y yo podría ceder y dejarle fumar. Soy lo suficientemente tolerante como para soportar su humo durante unas horas.
Pero una vez, a un chaval que estuvo en mi casa una tarde, le dejé fumar por no parecer desagradable y el olor del humo se apoderó del piso, que mira que es grande, durante una semana. Sin acordarme de sus cigarrillos, entraba por la puerta del piso y me los recordaba un olor reconocible.

Así que seguiré viendo a mis padres exclusivamente en su casa y en algún restaurante.




lunes, 28 de enero de 2008

Papers.

Sigo sin arrepentirme de haber abandonado el estudio de Antropología Social y Cultural. Admito que me encantaría haber podido colgar el título de la carrera en mi casa y quedar como un freaky total, pero puede que ésa fuese una de las motivaciones más importantes que tenía últimamente...
Si sigo sin arrepentirme, digo, es porque ahora todo el tiempo que antes empleaba en mirar el libro de antropología lo uso en leer lo que me apetece; esto me hace pensar que quizá debiéramos dejar que en las escuelas los niños se hincharan a jugar a la play y a la wii hasta que se les salieran los ojos y castigarles salvajemente cuando osaran coger un libro.
Y en estas semanitas que llevo desantropologizado ha caído, y cito a modo de lista / recomendación:
- Digital Fortress (Fortaleza Digital), de Dan Brown. Una novela más del autor de El código da Vinci, que no es de las mejores pero engancha como cualquiera de las suyas y hace que más de una vez el lector piense que definitivamente el protagonista no va a poder salir de ésa, y el lector se equivoca. Animo a quienes quieran practicar su inglés a que la lean en ese idioma, que es entendible.
- Soldados de Salamina, de Javier Cercas. Una novela, o metanovela, o vaya usted a saber, sobre un autor que desea escribir sobre Rafael Sánchez Mazas, falangista y padre de Rafael Sánchez-Ferlosio, y hacer hincapié sobre episodios curiosos de su vida (haciendo así un repaso al comienzo de la pesadilla con Franco) y su obra, valiosa a pesar de sus inclinaciones políticas.
- La mirada de la noche, de José María Latorre. Dentro de mi actual inclinación por leer literatura española, leí esta novela de terror de dicho autor zaragozano. Está escrita quizá ante todo para un público juvenil. La historia trata, descubre uno una vez avanzada la historia, de resucitados y vampiros, tema que nunca me ha atraído; pero este autor consigue darle cierta cercanía y credibilidad que hicieron que la leyese hasta el final. Por ella obtuvo el Premio Gran Angular 2002 y ha sido traducido hasta al polaco (¿alguien conoce a algún polaco para preguntarle si la ha leído?). Parece un autor recomendable y es bastante prolífico, así que tiene donde elegir. Y es de Zaragoza, oye, que eso está bien.
- Y ahora voy a atacar a todo un monstruo: Cervantes, cuatro novelas ejemplares suyas. :D

¡¡No me digáis que soy el único raro que disfruta entre libros!! Ir de librerías es una gozada.

jueves, 24 de enero de 2008

Universo paralelo en El Corte Inglés.


En Zaragoza existen dos Corte Inglés en la zona centro: el de siempre, del paseo Sagasta, y el más reciente (que ya tiene sus años), en Paseo Independencia.
Una vez entré al de Independencia por razones prácticas: vaciar la vejiga. Cuando me dirigía a la puerta de la planta calle por donde se accede a los ascensores y a las escaleras que llevan a los servicios, apareció un chaval, atractivo aunque ya desmejorado, que tenía visto de los bares de ambiente. Le saludé con poco más que un movimiento de cabeza y elegí bajar un piso por las escaleras, donde sabía que había baños.
Ya me extrañó ver a uno en una esquina mirando con cara de quieresheroína. Poco a poco todo empezó a encajar cuando entré en el servicio, vi a dos tíos meando, entré en un baño con cerrojo, hice lo que debía hacer, salí y ambos tíos seguían en la misma posición y poco atentos a si el pis se salía o no.
Cuando me acerqué al lavabo observé en el espejo que era observado, y cuando salí el tipo de mirada de hachís siguió aplicando su juego de ojos; y no quise mirar quién abrió la puerta del baño tras de mí ni si me perseguía.
Sólo sé que regresé a la planta baja con el resto de la gente y fue como si aquellos seres hambrientos se quedasen agazapados esperando en la oscuridad hasta la próxima vez.
¿Vendría del baño aquel chico que me había encontrado nada más entrar en los grandes almacenes?


lunes, 21 de enero de 2008

El cine, su precio y cosas vip.


Una tarde de ésas nos juntamos cartola, mikimoquetas, nekokun y un servidor, diabetes, ante el tablero de un juego de rol y demasiados dulces. Después de convertirnos en organizadores de un palacio y su terreno y disfrutar verdaderamente de la partida, nekokun se despidió y a los que quedábamos se nos ocurrió irnos al cine. Diabetes agarró su coche, satisfecho de demostrarse a sí mismo que a veces ese aparato con ruedas puede servir para algo más que ir al trabajo, y trasladóse a sí mismo y a sus amigos a Grancasa, donde hubo una opípara cena en McDonalds. (Sí, sí, lo confesamos, no como la mayoría). Arreglamos el mundo, es decir, criticamos a los americanos y nos echamos flores a nosotros mismos, y fuimos a ver Soy Leyenda. Una pena haberla visto en el sentido de que Gabardera me iba a prestar el libro, que prometía buenas reflexiones, y aunque la peli se ve con gran interés, se centra más bien en la acción. La disfruté, sin embargo.
Quería remarcar que el cine ya cuesta en Zaragoza 6,30 euros. Me importa cuatro bananas que en otras ciudades españolas cueste más, porque yo valoro las cosas según lo que valían hace un tiempo en el mismo lugar, y no en Tombuctú, Dakota del Norte, Kyoto o Barcelona. Y ese precio empieza a ser prohibitivo... Una larga temporada, años, sin ir al cine me han hecho volver a apreciar el gran poder de la pantalla grande para vivir todo más intensamente que en la televisión, por lo que, a pesar del abuso euril, seguiré yendo.
Lo mejor de todo es que en Grancasa ahora hay un nuevo invento:
Mikimoquetas: Hola, tres para Soy Leyenda.
Taquillera: ¿Butaca vip o normal?
Mikimoquetas: ¿Eign? ¿Qué diferencia hay?
Taquillera: Pues que las vip están en la parte central, donde mejor se ve, y son algo más cómodas. Cuestan un euro más.
Mikimoquetas: Ah, qué bien. ¿Pero no dan patatas fritas ni nada, no?
Taquillera: Je, no.
Mikimoquetas: Pues tres normales, anda.

Vamos, que ahora cogerse lo mejor ya no es cuestión de comprar las entradas pronto o por internet sino de soltar pelas... Y Diabetes probó las butacas vip y salvo un reposacabezas bastante estúpido no hay mayor diferencia.


Vip, vip, vipvipvip.
vip naranja escribe fino,
vip cristal escribe normal.
Dos escrituras a elegir:
vip, vip, vipvipvip.

viernes, 18 de enero de 2008

Hombres.

Me privan los bailes chorrones.

lunes, 14 de enero de 2008

Lisboa (IV y último): retales.

Me es imposible zanjar el viaje a Lisboa sin añadir unos comentarios y, sobre todo, algunos fotos tontas y curiosas que tuve oportunidad de hacer. Permítanme ustedes guionizar el post de hoy:
- Todo el mundo decía que Lisboa era una pasada, que es preciosa, que te va a encantar, que ya verás ya verás ya verás. Y vamos a ver: me ha gustado, creo que se deja traslucir en mis comentarios anteriores; tiene, como muchas ciudades, sus rincones chulos, sus paisajes fotografiables y un encanto suficiente como para pasar unos días. Pero en fin, después de que prácticamente el cien por cien de la población humana me hubiese asegurado que Lisboa era una preciosidad, pues la verdad, está bien pero no es un universo mágico paralelo ni llueven billetes de quinientos ni tiene un espíritu mágico pululando en cada esquina. Es bonita, tiene sus cosas, pero me cuidaré mucho de hablar de ella a otras personas como si fuese la octava maravilla, no vaya a ser que luego pretendan cortarme los ribosomas a la que me descuide.





- En Lisboa y alrededores uno puede encontrar cosas distintas que, valor artístico y cultural aparte, sorprenden por lo diferentes que son. Como prueba, ese inefable mueble dentro de uno de los muchos palacios que vimos, o también techos pintados con barquitos, azulejos de varios colores, la Quinta da Regaleira y sus galerías y pozos –que ya mostré en la segunda actualización al hablar de Sintra- y hasta palacios con fachadas rosas. Una delicia para quienes estamos cansados de ver poco más que cuadros valiosísimos de vírgenes y santos agonizantes e iglesias doradas.


- Aunque el portugués y el español tengan un origen común y uno pueda coscarse de algo, la verdad es que no es tan fácil como uno cree en principio comprender a ni hacerse comprender por un portugués. En fin, sólo tengo que recordar que pedí un cuchillo a una camarera y fueron los gestos los que hicieron la situación “comunicativamente eficaz”. Por escrito, como podéis ver,





es bastante fácil de comprender, pero no oralmente, insisto. Me da la sensación de que para un portugués es más fácil comprender a un español que viceversa.


- Os recomiendo vivamente que no perdáis el dni antes de viajar. Me pasó a mí el día de antes de salir de Zaragoza y lo encontré milagrosamente en un cajón de mi armario: se había caído de un bolsillo de mi pantalón al colgar éste en la percha. De todos modos, debido a que estamos en una zona de nombre x que ahora no recuerdo, no hacía falta dni y quizá podría haber viajado sin él. Bueno, no, porque lo necesitaba para pedir el billete en el aeropuerto. Menos mal, si no habría dejado a determinado polaco más colgado que una uva.



- No sé si esto será aplicable a todo el mundo portugués, pero al menos, por lo que se ve, los conductores de los medios de transporte tienen cierto sentido del humor y espíritu navideño no americano.





- En Lisboa encontré una diferencia fundamental con respecto a España. Así como en nuestro país aquella persona que carece de trabajo y no desea elaborar currículos y repartirlos en persona puede dirigirse a la administración pública e indicar qué tipo de trabajo desea, y resignarse a que probablemente el trabajo tarde una eternidad en llegar, en Lisboa en cambio existe una preocupación desmesurada por que los ciudadanos estén en paro el menor tiempo posible. Por lo que se ve, aquellos que carecen de un puesto de trabajo pueden verse sorprendidos en su casa por una visita del instituto de empleo y son trasladados de inmediato al lugar donde pueden comenzar a ganarse el jornal.





- Y además, también difieren ambos países, España y Portugal, en que en el primero se considera peligroso que una vaca o un ciervo anden sueltos y puedan provocar accidentes automovilísticos, mientras que en el segundo se ignora a estos animales, puede que no abunden o estén siempre encerrados; y se teme en cambio a un animal de mucho menor tamaño que, quizá, se dedica a cruzar las carreteras y a utilizar su alimento como arma arrojadiza contra, por ejemplo, vehículos excesivamente contaminantes:






- No vayan ustedes a Lisboa intentando viajar de gorra en el autobús. Apenas llevaba un minuto en un bus cuando el revisor me pidió el billete; poco después había tres revisores en el mismo vehículo y al poco rato de que unos chavales empezasen a arman bulla en las últimas filas, dos policías subieron y les echaron. Me quedé diciendo: jodo, sí que hay control aquí, leñe.


- Si queréis conocer la ciudad, id cuanto antes, porque en cuanto tengáis cierta edad, artritis o testículos con espinas os será imposible desenvolveros por esas calles tan empinadas.


- Más de una persona me ha dicho que otras ciudades portuguesas, como Oporto, son más bonitas. Creo que estoy descubriendo cierta tendencia sobrevaloradora de las capitales de país, pues en Polonia la ciudad que menos me gustó fue Varsovia y más de un francés me ha dicho que París no es la ciudad más maravillosa de su país. Nada, chicos, ¡¡todos a promocionar Soria, come on!!


- Por último, decir que me ha gustado salir de viaje en navidad. La maleta pesa más porque hay que cargar con ropa de invierno y los días son más cortos, pero los días de descanso parece que aprovechan más si uno sale del entorno habitual un poco. Por otro lado, es una sensación peculiar cambiar de año en un lugar y un momento diferentes al de tus paisanos, y sin la familia y los amigos.


En definitiva, todo esto ha sido, por supuesto, una manera más de conocer y reflexionar.