domingo, 21 de septiembre de 2008

Berlín (I)

En agosto me marché con Carolina y dos amigas suyas, Noemí y Eva, a Berlín. La decisión de ir allí con ellas fue del estilo de la de ir a Grecia: no me llamaba en especial, pero quise aprovechar que alguien tenía la determinación de hacer el viaje para conocer yo la ciudad, que quizá nunca visitaría por mí mismo.
Tuvimos muchísimos problemas para comprar el vuelo, porque decidimos, creo que con buen criterio, hacerlo con una sola tarjeta de crédito, de modo que así asegurábamos comprar todos el mismo vuelo. Utilizamos mi tarjeta, y primero resultó que no disponía de crédito suficiente (no en mi cuenta, sino en las condiciones de la tarjeta) para pagar tanto dinero de golpe; cuando esto lo solucioné, resultó que la tarjeta me caducaba y tuve que esperar a que me trajeran otra; y aún hubo un tercer problema, pues la compañía rechazó en dos ocasiones mi compra por razones que todavía no entiendo. El caso es que a pesar de habernos juntado para comprar el vuelo y haberlo hecho en menos de media hora, hasta mes y pico después no lo compramos de verdad, y unos cuarenta euros más caro cada billete. A pesar de eso, el precio fue asequible y con horarios buenos, ni madrugando ni trasnochando.

Este viaje no tiene tanta chicha para contar como el de Grecia, pues permanecimos en Berlín todo el tiempo, salvo un día que nos acercamos a Potsdam, una especie de pueblecillo a las afueras. De modo que me voy a limitar a poner algunas fotos y comentar aquéllas de las que recuerde algo. Digamos que el viaje se caracterizó por ser extraordinariamente cultural, cosa inevitable yendo con dos licenciadas en Historia; y bueno, cualquier cosa relacionada con la pintura, la arquitectura y la escultura me sale por el otro oído a los quince minutos de haberla visto, así que, como siempre digo, quien quiera enterarse de todo con pelos y señales, que agarre una guía de Berlín, que tengo cosas mejores que hacer que fingir un interés memorístico-artístico mayor que el que tengo.



Tuvimos suerte porque nuestro hostal estaba relativamente cerca de la zona centro de la ciudad. Aquí aparezco junto al muro de Berlín, del cual queda poca cosa; está todo en las tiendas, en trocitos pequeños envueltos en plástico a dos o tres euros cada uno.



Éste es un monumento dedicado a los judíos que murieron en... bueno, para qué repetir la historia. Uno puede pasearse entre los simulacros de tumba, pero no subirse en ellos, como descubrió Carolina enseguida.



Nos juntamos tres adictos a la fotografía, de modo que dispongo de tres versiones distintas de un mismo viaje. Esta foto me parece estupenda:

martes, 16 de septiembre de 2008

Sin baterías (o cómo echar de menos a Rosa).

Ya sabemos que echamos de menos las cosas cuando las dejamos de tener.
¿Alguno de vosotros ha estado contento estos últimos días por haber podido ir a trabajar tan ricamente? Seguro que no; es más, ¿a quién le puede poner contento tener que pasarse medio día pringando?
Pues la verdad es que os envidio. Llevo tres días durmiendo fatal. No hay razón. Insomnio pasajero. Simplemente no me quedo dormido y no hay más.
La cosa no está siendo excesiva. Es decir, he dormido una media de cinco horas cada noche -si no hubiese podido pegar ojo ya habría cogido la baja-. Así que voy a trabajar, pero todo ello en una especie de neblina que hace todo algo irreal y más lento.
Durante este mes los maestros sólo damos clase durante la mañana, de manera que todavía nos podemos permitir el lujo, quienes trabajamos en un pueblo y no queremos dejarnos medio sueldo en un restaurante, de comer en casa. Y en mi caso, de tratar de dormir en mi sofá o en mi cama tras la comida.
Claro que entonces aparecen los vecinos del piso de arriba, que los más allegados ya conoceis aunque sea por mis regulares quejas, cuyos hijos gritan y corren -y cuya madre grita más alto aún- desde la hora de la siesta hasta que a mitad de tarde tienen a bien irse a dar una vuelta.
De modo que por las tardes tampoco he estado durmiendo, pues un servidor necesita silencio sepulcral para quedarse dormido: todo es oír un "Juan, dile al niño que venga", que ya me desvelo.
Es horroroso haber dormido mal, ya no un día, sino tres seguidos. Además, como este año voy y vengo yo solo en coche, pues Rosa ya trabaja en otro colegio, debo estar dos horas conduciendo por mal que haya dormido. E imagino que eso resulta peligroso...
Añadamos a ello que esos vecinos no se van a dormir hasta las doce de la noche, eso sí, no sin haber puesto una lavadora a las once de la noche previamente algunas noches. Y finalmente, otra vecina suele ducharse a las siete de la mañana (pero si tiene setenta años, ¿pa qué tan pronto?) y como su baño está casi pared con pared con mi dormitorio y además el suelo de su ducha parece ser metálico, el agua se escucha salir y caer de tal modo que siempre me despierto con la sensación de que está lloviendo.
Procuro no pensar a menudo (o me darían ataques de ansiedad) que sólo tengo silencio entre las doce y las siete de la mañana.
¡Enhorabuena si estáis durmiendo bien, no sabéis la suerte que tenéis!

sábado, 6 de septiembre de 2008

domingo, 31 de agosto de 2008

Intermedio expresivo aclaratorio.

Durante las últimas semanas, el servicio cronológico de este blog ha sido mejorable. Ello se debe a la tardanza con que comencé a relatar el viaje a Grecia. Por ello, mientras efectuaba tales actualizaciones, estaba haciendo un segundo viaje, en este caso a Berlín. Procederé en breve, y con brevedad -valga la tauromaquia-, a hablar del mismo.
Pero antes debo mostrar algunas ideas sueltas que a treinta y uno de agosto me invaden:
- Esta semana ha sido peculiar. La he pasado con un chico británico acerca del cual he sentido y pensado cosas muy diversas. Desde hace años sé que no soy el mismo que era antes (vaya sorpresa, pensarán ustedes, descubrir que con el tiempo uno se transforma), y ahora sufro o disfruto, a elegir, de ideas y estados cambiantes que me hacen sentir como en una montaña rusa. No pretendo transmitir con esto ninguna idea entre líneas, sino simplemente dejar constancia del hecho.
- Ayer fue una noche extraña. Brian y yo decidimos salir por los bares de ambiente, a pesar de estar cansados por habernos ido a Barcelona en coche. Estando por allí de marcha, me encontré con gente muy diversa. Primero, con algunas personas a las que suelo ver y con las que me río bastante. Segundo, a un chico que hace poco pareció darme señales -sutiles, por eso lo de "pareció"- de que le gustaba y a mí tampoco me deja él indiferente. Tercero, a doña María y doña Roberta, la primera de las cuales confesó, posiblemente por efectos del alcohol o quizá por el mero placer de desvelar un secreto nimio, que hace tiempo que habían descubierto mi blog y que lo leían. Al parecer se les hace cuesta arriba dejar algún comentario, pero seguro que a partir de ahora lo hacen. Mis saludos a ambos. Y cuarto, vi a Mike, el primer chico polaco que conocí en mi vida y del cual posiblemente me enamoré sin darme cuenta. Me dio la sensación de que su actual dominio del idioma -cuando lo conocí sólo hablaba inglés- no le había quitado esa inocencia y bondad que en su momento, poco a poco, me cautivó.
- Y por último, cambiando de tema, toca decir como siempre por estas fechas que mañana llega la vuelta al cole para los docentes. No se me va a hacer duro, y hasta me apetece, aunque me seguirá irritando que al llegar octubre adoptemos una vez más, sin mayor razón que la tradición, la jornada partida que me quita tiempo de ocio que aprovecharía bien.

¡Feliz día!

domingo, 24 de agosto de 2008

Grecia (VI y último): conclusiones.

Han pasado ya unas semanas desde que hice este viaje, así que he tenido tiempo de observar qué poso me ha dejado. Trataré de sacar algunas ideas sobre Grecia y la experiencia de visitarla, aunque no tengo ideas blancas o negras
Debo decir, anticipándome a la negatividad que impregna buena parte de mis observaciones -dios, ¿cómo puedo escribir de modo tan pedante?-, que mi interés a priori en Grecia era casi nulo, de modo que relativicen ustedes todo lo que diga. Pero es posible, a la vez, que mi opinión sea algo más objetiva por esa misma razón.


- Nuestra experiencia en Tesalónica, ciudad adorada por los griegos y cuya foto superior es de las pocas que aparecen en las postales (muestra de las pocas cosas para ver que hay en ella) demuestra que a veces hay que desconfiar de lo que los nativos opinan sobre su propio país. Que una ciudad tenga cierto ambientillo agradable por la noche para ir el fin de semana no quiere decir que a un turista eso le interese en especial, o que decida ir de propio a la ciudad para vivirlo si no hay mucho más que ver.
- Si por algo se caracteriza Grecia es porque, si uno desea ver algo más que Atenas -lo cual es muy recomendable porque la capital, como he dicho y diré, no es para tanto-, debe tomar trenes, buses, ferris y hasta aviones si lo desea. Pasar unos días en el país haciendo un pequeño tour hace aumentar en exceso el dinero que hay que gastar.
- Mención aparte merecen los ferris, quizá por no utilizarlos precisamente mucho nosotros en España. Son un medio de transporte de precio medio-alto, más bien incómodo y bastante aburrido. Permite ver las islas desde lejos y hacer algunas fotografías agradables, pero pasar seis, ocho y, como nosotros cuando fuimos desde Santorini hasta Tesalónica, hasta veinticuatro horas subido en uno de ellos puede hacerse más largo que el camino de Santiago a un cangrejo. Toca dormir en cualquier lado, como por ejemplo éste:



- Para terminar de convenceros sobre lo poco que merece la pena Tesalónica, aunque lamentablemente se aplica a todo el país en general, allí la manera de conducir es alocada. La velocidad límite en la ciudad, si la hay, es altísima, continuamente se escuchan los frenos chirriar y destaca ante todo el funcionamiento de los semáforos: como peatón, al empezar a cruzar en verde, uno descubre que en unos segundos ha pasado a estar en rojo. No hay policía apenas por las calles, de modo que todo parece una especie de anarquía guays a la que hay que adaptarse.



- Como ya he dicho en las actualizaciones anteriores, la pega mayor del país consiste en que, aunque por una parte tiene construcciones y localizaciones antiguas e interesantes, por otra las ciudades en general carecen de un encanto especial. De este modo, un museo concreto, unas ruinas concretas, pueden merecer la pena, pero mientras uno se pasea por el lugar para ir visitándolas, no encuentra un ambiente especialmente llamativo ni unas casas especialmente atractivas que le den al conjunto del viaje ese toque especial que es lo que, al final, uno suele recordar. Huelga mencionar que si uno siente debilidad por lo antiguo,



entonces ya está tardando en ir allí. Pero hablo del turista medio, de ignorancia media. ;)
Respecto al lado cultural de los viajes, creo que próximamente dedicaré una actualización al tema...

- Grecia, en general, es un país algo caro en comparación con España. Eso también ha hecho que el tour griego haya vaciado mi cuenta bancaria más de lo previsto. Sigue sin ser como París o Londres, pero medio riñoncico uno se lo deja. Al menos, la comida está buena, es razonablemente variada y


lo suficientemente distinta y parecida como para que a un español medio de ignorancia media le pueda gustar.

- La costumbre griega más estupenda está relacionada con la restauración. Antes de atacar cualquier plato griego, en la mayoría de los bares y restaurantes a uno se le sirve agua gratuitamente, a veces del grifo y a veces de botella. Esa costumbre sorprende a quienes venimos de otros lugares en los que más bien lo que se ofrece sin pagar son las sonrisas y a lo sumo frutos secos bien salados que provoquen sed. El turista agradece poder saciar su sed antes de la comida o de una simple bebida y poder así disfrutar de su refresco sin consumirlo vorazmente.

- En cuanto al uso del inglés, sucede lo habitual: se habla ante todo en los hoteles y otros lugares comerciales y turísticos, más la gente joven que la mayor y mucho mejor en las ciudades grandes que en las pequeñas. En Larissa, intentar comunicarse en inglés era otra manera más de hacer la rissa.

- Leszek observó algo asombroso: las chicas griegas son más feas que los chicos griegos. Curioso porque suele ser al revés. Sin embargo, hay una pega: los chicos griegos, en torno a los treinta años, sufren un cambio rápido (aspecto de la piel, arrugas, etc.) que les envejece y de aparentar ser chavales apetecibles pasan a comenzar a tener el aspecto de cuarentones / cincuentones barrigudos. El cambio es rapidísimo, como demuestra que no viésemos a casi nadie que aparentase entre treinta y treinta y cinco años.

- Los nombres de las calles se encuentran escritos en griego y en inglés. Al cabo de unos diez días, uno empieza a dominar el cincuenta por ciento de las letras griegas que resultaban en un principio extrañas. Sin embargo, ese relativo dominio a veces resulta inútil en Atenas de cara a orientarse, donde se repiten algunos nombres de las calles, fomentado en el turista el complejo de lemming estúpido.

¿Qué puedo decir para terminar?
Que decidan ustedes. Están equivocados si piensan que no lo pasé bien; puede que me limite a mencionar más lo negativo, por la razón que sea. Sin duda no ha sido el viaje de mi vida, y Lisboa o Polonia me gustaron más. Pero pasado un tiempo prudencial, he de decir que no guardo un mal recuerdo, y que regresar un día, aunque sea para ver otras islas, es una opción posible.
Digamos que Grecia había que verla, fui y la vi. Y que si usted que lee no lo ha hecho, pues alguna vez tendrá que picar también.


F I N

miércoles, 20 de agosto de 2008

Grecia (V): Atenas y Napflios.

Haber visitado Larissa supuso llegar a Atenas a última hora de la tarde.
La primera impresión no fue buena: una ciudad fea y más de tres cuartos de hora arrastrando mi enorme maleta color verde manzana hasta encontrar el hostal.
El hostal merece capítulo aparte, así que lo dejaremos en líneas exclusivas. Lo había reservado yo, y me equivoqué en que en la primera noche de las cuatro sólo había reserva para una persona en lugar de para dos. Leszek se ofreció a buscarse alojamiento si en este hostal no había. Se llamaba Athens Hostel, si no recuerdo mal. El ascensor era de lo peor: pintura desconchada y luces que se apagaban cuando se cerraba la puerta, antes de empezar a subir.
Pero lo mejor estaba por llegar: se trataba de la plantilla del hostal. Al llegar, un extraño señor nos saludó. Su inglés era algo así como escuchar a un indio de las pelis del oeste, pero encima con actitud de por favor, qué bien hablo por dios y qué frases más largas uso. Leszek alucinaba y me sorprendí, en contra de lo habitual, por lograr entender al hombrecillo mejor que él. Su habla era inconexa total. Poco a poco logré desentrañar lo que decía: que a pesar de estar enseñándole la hoja con la reserva de habitación, ellos no manejaban internet y no sabían si había habitación. Todo esto se embarulló más al añadir yo el problema de la no reserva de habitación para mi amigo. Al final el hombrecillo resultó ser malasio y supuse que por ello su inglés era tan peculiar.
Después, el que parecía el verdadero jefe entró y nos atendió. Su inglés era bastante más decente. Le volví a contar todo, nuestra reserva, el problema de la primera noche, etc. y durante más de quince minutos no hizo más que repetir gestos, frases y reflexión acerca de si tenía habitación, ya no sólo para Leszek sino también para mí, cuya reserva estaba certificada por mi hoja de papel.
Por fin, me ofreció una habitación, donde inmediatamente dejé el equipaje temiendo que cambiase de opinión cinco minutos después. A Leszek le dijo si podía dormir en el suelo en la misma sala donde estábamos, pues pondrían aire acondicionado. Él aceptó, para mi sorpresa, y por fin quedó zanjado el asunto; pagamos -pedimos ticket vista la desorganización, y no sin haber certificado que el hombre nos aseguraba habitación para Leszek para los días siguientes- y empezamos a conocer Atenas.
Omitiré contar todo paso a paso por no alargarme. Subimos a una alta montaña, coronada por una iglesia y un restaurante, desde donde se veía un precioso paisaje general de la ciudad. Al día siguiente, mientras Leszek, que ya conocía la ciudad, se iba a la playa, yo hice la obligada visita a la Acrópolis.



Esta última foto la hizo una chica que andaba por allí. Estaba yo preguntándome si sería cuestión de pedirle a alguien que tuviese la amabilidad de ayudarme a demostrar que había estado allí cuando, cual personaje de una historia creado ex profeso para ello, surgió esta chica y, toda feliz, se ofreció literalmente a fotografiarme. ¿Será que se me leen las intenciones en el rostro? Me la hizo, le hice una a cambio -puede que ése fuese el verdadero motivo de haberse ofrecido- y acto seguido desapareció, un poco como diciendo "no te vayas a pensar que estoy intentando ligar, colega".
Y ésta es la montaña desde la que la noche anterior había visto el paisaje de la ciudad:


Subí a la Acrópolis en torno a las diez de la mañana. Decir que estaba lleno de gente es quedarse corto. Así que asumí el rol de oveja y acepté ir a paso de tortuga entre la muchedumbre para ir viendo todo. ¿Sería el exceso de expectativas? No, porque no tenía muchas. ¿Sería la marabunta? No creo. Pero lo cierto es que una vez tuve el Partenón delante, no me pareció para tanto. Tampoco sé qué esperaba, pero sentí poco más entusiasmo que el mero hecho de poder decir que ya lo había visto. Las vista desde allí, además, eran peores que las de la noche anterior.

En Atenas hay más cosas que ver: algunos parques (aunque pocos, al menos por la zona que el turista medio visita), algunos museos importantes, la zona de tiendas... Sin duda pasar al menos tres días entretenido es muy sencillo. Pero no guardo un gran recuerdo de la ciudad. En primer lugar, orientarse por ella es excesivamente complicado; con los mapas troceados de las guías casi imposible, y con una mapa extensísimo y detallado que Leszek tenía seguía siendo una tarea complicada. Hay unos cuantos cruces de tres o cuatro calles a la vez donde, en cuanto uno se distrae unos segundos, pierde el sentido de la orientación y olvida cuál era la dirección teóricamente recta que estaba siguiendo; recuerdo salir del hostal y no poder encontrar un supermercado que unas horas antes había hallado en cinco minutos. Y en segundo lugar, Atenas no es una ciudad bonita, como mi primera impresión me había dado a entender. Es grande, hay cosas que ver... pero pasearse por ella no tiene el interés que debería. Son calles corrientes y molientes, de barrio normalucho, de aspecto gris, y aunque casi todas las ciudades son así en definitiva, Atenas tiene a priori connotaciones de algo mejor. A mí me decepcionó y me llamó poco la atención. Es como si más allá de los recuerdos de lo que fue, no tuviese mayor interés ni atractivo.

En Atenas estaba Charles-Enric, el chico francés que nos habíamos encontrado en Meteora. Le dimos un toque y quedamos con él y su grupo de colegas estudiantes para cenar:



El chico que se encuentra enfrente de mí quizá percibió que tenía un interés muy relativo en hablar con él. No fue nada personal. Se debió a que él era el único español, aparte de mí, en el grupo, y malditas las ganas que tenía de hablar con él pudiendo practicar el inglés con italianos, noruegos, polacos, etc. Leszek tampoco corrió mejor suerte, pues se sentó al lado de una chica polaca.

Visitamos algún bar de ambiente, donde descubrimos que la gente es más bien seria y distante, y al tener un día desocupado planeamos hacer una escapada rápida. Tras barajar varias posibilidades, elegimos Napflios. Probablemente ése no sea el nombre correcto en su versión española, pero acepten barco como animal acuático.
Mi guía era una exagerada, pues en ella se afirmaba que se trataba de la ciudad griega más bonita. Bueno, cierto es que era majica, pero vaya, o tengo la sensibilidad en los pies o son algo exagerados. Resultaba curiosa, sin más, y sobre todo tenía algunos rincones curiosos e inesperados dado el pequeño tamaño de la ciudad.


Es aquí donde se halla ese castillo-cárcel-defensa que ya mostré hace días en mi fotolog -cuyo link, con el nombre de "El fotolog despoético de Diabetes", se encuentra a la izquierda de este texto, en la parte superior-. Por cierto, para ir a Napflios hay que pasar el canal de Corinto; nos alegramos de no elegir el canal como destino para ese día, pues visto desde el autobús, resultó ser decepcionante. Quién sabe si apeándose y atreviéndose a cruzarlo a pie por uno de sus puentes impresiona más al ver su estrechez y su profundidad.

Y llegó por fin el día de la despedida. Vagueamos por las calles de Atenas, tan bonitas ellas, tomamos al anochecer un bus hasta el aeropuerto y a las tres de la madrugada, cada uno voló hasta su destino.

(Continuará)

viernes, 15 de agosto de 2008

Grecia (IV): Larissa y Delfos.

Podíamos elegir entre llegar a Atenas el día en que teníamos reservado hostal pero temprano o bien por la noche; si llegábamos por la noche, entonces nos daba tiempo a ver alguna ciudad más por el camino, así que escogimos esta segunda opción y decidimos ver Larissa. Acerté al anticiparle a Leszek que probablemente íbamos a hacer La rissa y que habría poco que ver, pero bueno, ya que estábamos allí, ¿por qué no ves cuanto más mejor?
La ciudad, pequeñita, no es nada turística; prueba de ello es que casi nadie hablaba inglés aparte de los trabajadores del hostal. Casi nos volvemos locos para localizar la estación de bus, que consistía en comprar los billetes en una tienda de alimentación y esperar en una esquina...
Sólo vimos un par de anfiteatros, uno de ellos pequeñísimo, y sorprendentemente una estatua dedicada a Hipócrates, que por lo visto había nacido -o trabajado, no recuerdo- en esta ciudad:



De nuevo, fue Leszek quien localizó este lugar al toparse con un griego que hablaba alemán. ¡Habrá que aprender este idioma para desenvolverse por el mundo, caray!
Las tiendas cerraban al mediodía, así que poco más hicimos que dar vueltas, ver a una mujer medio pirada que se encargaba de los aspersores de un parque y no hacía más que ir de un sitio a otro como para comprobar que no se habían parado, y hacer algunas fotos del lugar.
Y en bus nos marchamos a Delfos, para ver el famoso oráculo. Nada más llegar, anocheciendo, un hombre nos ofreció habitación en su hostal; como íbamos sin reserva -pa chulos nosotros-, aceptamos y en tres minutos nos habíamos instalado en una habitación no muy mala, aunque sin aire acondicionado, y con una vista estupenda de unas montañas, el pueblo y la luna. Lástima que en foto no se aprecie y no valga la pena que lo muestre aquí.
Paseamos por el pueblo, que está compuesto por varias calles que en zigzag van ganando altura; calles que están cortadas transversalmente por escaleras interminables para los peatones. Eso me permitió hacer mis típicas fotos lineales, que me encantan:



Cenamos en un restaurante asequible comida riquísima, consultamos internet y nos fuimos a dormir.
Por la mañana, como las habitaciones estaban cerca de donde los dueños vivían, nos despertamos con sus gritos y discusiones, fascinante.
El oráculo se encuentra pasado el pueblo, después de caminar por la carretera unos diez minutos. El lugar escogido es impresionante, entre montañas altísimas.





Ni con la guía logré comprender del todo para qué se utilizaba cada uno de las partes de que está compuesto. Hay como dos zonas distintas, una en la montaña y otra en una llanura, al otro lado de la carretera. También hay un museo bastante interesante. Quizá más que el oráculo en sí impresiona el lugar en que todo se encuentra.
Y por fin, al final del viaje, nos esperaba Atenas. Tomamos un autobús y en unas pocas horas llegamos a la gran ciudad.

(Continuará)

martes, 12 de agosto de 2008

Grecia (III): Kalambaka / Meteora.

Llevábamos ya una semana de viaje y, aunque lo estaba pasando razonablemente bien, nos quedaba la mejor parte. Fuimos a Kalambaka en tren, donde hay una zona de escarpadas montañas en cuyas cimas se han construido algunos monasterios. Desde este sitio os envié las postales, porque me pareció muy bonito.
Nada más llegar a la estación, nos encontramos con un chico francés, que se llamaba, si lo escribo bien, Charles - Enric. Viajaba solo y planeaba encontrarse más tarde con sus compañeros de estudio en Atenas. A mí el chico me pareció mono -luego descubrí que a Leszek también-, así que me pareció estupendo que se uniera a nosotros para visitar el lugar. Y además estaba la oportunidad de farfullar alguna cosa en francés, que me sedujo de inmediato, aunque por mis limitaciones, porque él podía hablar inglés y porque Leszek no sabe francés, eso sucedió poco rato. El chico francés y el hombre polaco descansan:


Cuando estábamos los tres dispuestos a buscar información sobre el lugar, apareció una mujer americana que nos informó sobre lo que había hecho ella para visitar el lugar a lo largo de la mañana. Lo que dijo no nos sirvió de nada al final, pero tengo que mencionarla porque hablaba un inglés maravilloso, éste por el que pagarías para que todos los ingleses y americanos imitaran.


Mis disculpas por no poder, primero, daros los nombres de ningún monasterio; no lo hago, primero, porque se me olvidan los nombres con una facilidad pasmosa, y segundo porque aunque creo que guardo algún folleto del sitio y podría buscarlo, me parece de interés relativo. Cuando vayáis, ya pasaréis por la oficina de turismo, que para eso está. Y segundo, por no poder mostraros apenas nada de los monasterios por dentro. No dejan hacer fotos, aunque Leszek hizo alguna que otra. En todo caso, sólo entramos en uno porque había que pagar, y las vistas exteriores merecen más la pena sin duda.






Mi recomendación es que toméis un taxi, que por unos siete euros os lleva hasta el monasterio más alto; y desde allí os preparéis para ir bajando a patita durante hora y pico hasta que llegáis de nuevo a Kalambaka. Si llegáis al mediodía o así, podéis marcharos por la tarde en tren o bus sin necesidad de hacer noche en el lugar, porque no hay más que ver. Eso sí, entenderse con el taquillero es una odisea, madre mía qué ladrillo de hombre. Con deciros que al final la información sobre los trenes de la tarde la consiguió Leszek hablando en alemán con una mujer... Kalambaka fue, sin duda, un lugar de encuentros interculturales.
Y sin dejar el tema de los idiomas, error estúpido que me costó el pasar un rato extrañado. El taquillero dijo que había un strike de tres días en los trenes. Yo anduve convencido de que eso quería decir error mecánico, reparaciones o algo así. Y claro, flipaba sobre por qué se iban a detener los trenes durante tres días para hacer reparaciones, me parecía desmesurado. Hasta que les pregunté a mis dos compañeros que por qué había ese strike; y Leszek me respondió que para conseguir mejores salarios, como siempre. Fue entonces cuando se me encendió la bombilla y me di cuenta de que strike era huelga, y en fin, me sirvió para reflexionar sobre la paranoia que puede hacerte sufrir el equivocarte sobre o desconocer una palabra concreta.

Charles-Enric se marchó a Atenas y nos dejó su email y número de móvil para que en esa ciudad nos viésemos con su grupo de amigos. Leszek y yo nos marchamos a Larissa. Era una ciudad que prometía poco, pero nos daba tiempo a pasar por allí antes de llegar a Delfos.

(Continuará)






viernes, 8 de agosto de 2008

Grecia (II): ferry y Tesalónica.

Fue en Fira, el centro de Santorini, de vistas estupendas,


donde encontramos por sorpresa un lugar donde comprar billetes para el ferry hasta Tesalónica. Se puede ir en avión, pero cuesta ciento y pico euros y bueno, bastantes gastos íbamos a tener ya como para encima desembolsar esa cantidad extra. De modo que pedimos dos billetes.




La distancia entre Santorini y Tesalónica es de unos seiscientos cincuenta kilómetros, y al ferry le cuesta recorrer esa distancia nada más y nada menos que veinticuatro horas... Dado que en el ferry anterior, cuyo trayecto había durado ocho horas, habíamos pasado un sueño terrible, decidimos preguntar a la muchacha que nos atendió si existía la posibilidad de elegir billete que incluyera sitio para dormir. ¿Debí decir camarote -palabra que desconocía en inglés- o explicarme mejor? No lo sé. Leszek me entendió perfectamente cuando lo dije, pero está visto que la chica no, pues una vez subimos al ferry, comprobamos desconsolados que se nos empujaba hacia una especie de habitación común parecida a una sala de cine o bien a la cafetería; pero la gente que trabajaba en el barco, que hablaba tanto inglés como un alumno español de doce años, no nos comprendió y para mí que el billete no incluía camarote, y que habíamos pagado de más para nada.
Y bueno, toda una experiencia estar de una de la tarde a una de la tarde en un ferry donde las actividades organizadas para entretener a la gente brillan por su ausencia; seguramente porque como se detiene en varias islas a lo largo del camino y los pasajeros cambian, debimos de ser de los pocos suicidas que nos inyectamos sesión en vena de ferry. Dormir fue horrible, hasta mi amigo durmió regulín, que ya es decir. Personalmente, o tenía calor, o la gente molestaba hablando al pasar cerca de mi asiento, o estaban los televisores conectados -y yo si oigo voces no puedo conciliar el sueño, por mucho que hablen griego-... Sólo pude dormir en cubierta, sobre unos bancos, donde el ruido de los motores, monótono, llegaba a no molestar y a anular cualquier otro. Pero a las cinco de la mañana aproximadamente me desperté, pasmado de frío, y no pude dormir. La parte positiva es que pude hacer fotos de la salida del sol, con colores originales:


Y por fin, tras mucha conversación, partidas de dados, sueño mal dormido, etc. llegamos a Tesalónica. Corregiré ahora algo que dije rápidamente en mi primera actualización sobre Grecia: no es del todo cierto que Leszek nunca hubiese estado en Grecia. Realmente ya conocía Atenas, pero no le había importado volver para ver ciudades como ésta a la que llegábamos, que varias personas le habían recomendado.
Y que resultó ser la gran decepción del viaje y los días más desaprovechados, pues habíamos reservado tres noches de hotel y habría bastado quizá con una. Los griegos dirán que Tesalónica es estupenda porque al lado de la calle, muy larga, que está junto al mar, hay decenas y decenas de bares donde pasar la tarde y la noche tomando algo, y en definitiva hay bastante marcha (aunque a nosotros tampoco nos pareció para tanto, quizá porque fuimos incapaces de encontrar bares de ambiente).




Pero para un turista no es para tanto. No es que uno vaya a morirse de asco en la ciudad. Pero en cuanto se pasea algunas horas junto al mar, visita un par de museos, recorre algún parque y averigua que si quiere playa, asombrosamente, debe coger un autobús para ir fuera de la ciudad... pues se acaba ya la gracia y no hay mucho más. Seguro que muchas ciudades españolas tienen tan pocas cosas que ver como Tesalónica, para qué engañarnos, pero es también seguro que nosotros no vamos por ahí vendiéndolas como si fueran la maravilla mundial. Y como Tesalónica suena a que va a ser algo impresionante tipo Atenas y no lo es, pues decepciona. La prueba es que apenas vimos turistas allí.
¿Es normal que con una vista como ésta, la ciudad no tenga playa?


Tesalónica tiene una característica curiosa, más marcada que en las demás ciudades griegas que visitamos: si como peatón uno se pone a cruzar una calle cuando el semáforo se pone verde, descubre horrorizado que en unos tres segundos, máximo cinco, éste se pone rojo y le deja a uno sin haber llegado siquiera a la mitad del recorrido, y obligándole a echar a correr antes de morir griegamente atropellado.
Salimos vivos, afortunadamente, pero miedo da pensar el peligro que supone que un tesalónico, un griego en general, venga a España a darse una vuelta en su coche.

(Continuará)

domingo, 3 de agosto de 2008

Grecia (I): Llegada y la isla Santorini.

Como siempre con antelación, allá por febrero, Leszek y yo empezamos a planear algún destino para visitar en verano. Él ha recorrido algo así como el ochenta y cinco por ciento de Europa, así que le pregunté directamente dónde no había ido. Mencionó una serie de países, entre ellos Grecia, en el que yo había pensando; no porque me llamase especialmente la atención, sino porque entendía que era de estos viajes "obligatorios" una vez en la vida, así que le respondí que Grecia me parecía bien, más que nada porque yo solo por mi cuenta nunca me animaría a ir, y empezamos a organizarlo.
En parte por desidia y en parte por tener una guía confusa con la que alguien poco entendido en las lindezas y geografía griegas hacía cualquier cosa menos conseguir una idea clara de qué había para ver, dejé en manos de Leszek la tarea de decidir el recorrido que seguiríamos. Será la última vez que lo haga, no porque tomase malas decisiones (aunque las hubo, pero involuntarias), sino porque cuando faltan dos días para irte dos semanas a un sitio y apenas sabes qué vas a ver y dónde exactamente vas a estar, te sientes hasta mal. En fin.
Tuvimos suerte y encontramos vuelos, desde Barcelona y desde Cracovia, que aterrizaban con apenas una hora de diferencia, aunque a las tres de la madrugada. Cuando nos juntamos, tomamos un bus a Pireo, ciudad costera cercana a Atenas desde donde un par de horas más tarde subimos a un ferry que en ocho horas nos llevó a Santorini, una de las famosas islas griegas:



Fue un poco horrible pasar ocho horas en un ferry, donde, sin cama, personalmente apenas pude pegar ojo a pesar de que llevaba toda la noche sin dormir. Además, por supuesto nos tocó cerca la típica familia cuya misión parece traer al mundo cuantos más niños mejor.

Una vez llegamos a la isla, como a las dos de la tarde, el puerto está lleno de gente: turistas que también acaban de llegar, policías que regulan el caos y decenas de automóviles y furgonetas de los dueños de los hoteles, que te vienen a recoger porque hay varios kilómetros de carretera cuesta arriba y en curva hasta que llegas a la zona alta más llana.



El hostal era majete, hasta con su piscina, que por cierto no utilizamos porque nos apetecía más ir a la playa, que estaba a cinco minutos a pie. La habitación era razonablemente espaciosa y con aire acondicionado (como iba a ser norma, afortunadamente, en casi todos los hostales), hasta con baño propio.
Lo malo es que nos tocó una habitación que daba justamente allí, a la piscina, y a las mesas y sillas; y si juntas eso con los típicos ingleses jóvenes que están hablando en voz alta desconsideradamente hasta las cinco de la mañana, pues la cosa se estropea. Sólo ocurrió la primera noche, ya que luego se marcharon, pero no sé qué pasa con los ingleses, si es que tengo mala suerte o es que abundan demasiado, porque en Wroclaw (Polonia) me pasó exactamente igual. También es cierto que Leszek no se enteró de nada, pero él tiene la fortuna de tener sueño, quedarse dormido en cinco minutos y ya está, hasta la mañana siguiente.



Pasamos en Santorini un par de días. Está bien, es una isla bonita. Quizá a todas las islas les pase lo mismo, no lo sé, era la primera a la que iba; el caso es que uno no puede desplazarse con libertad por ella, puesto que lo que hay entre montañas son carreteras, así que si no pasa el autobús, uno no puede moverse. De manera que todo lo que vimos en ella fue el hostal, la playa cercana, un pequeño supermercado y Fira, el centro de la isla, donde hay algo de vida, algún museo y vistas bonitas como la que acabáis de ver -así como calles en cuesta para fardar de subirlas en burro, cosa que no hicimos-. Nos perdimos como el setenta por ciento de la isla, que quién sabe si era interesante o no; pero desde luego no me quedaron muchas ganas de ver otras islas, pues aparte de la limitación del transporte, tampoco aportaban más que tranquilidad y una vista bonita, que está bien para dos días pero para poco más.

Comenzó en Santorini nuestro menú a base de coca cola y ensaladas griegas. Aún no sé cómo me pude comer tantas, pues ni el pimiento verde ni mucho menos el tomate me fascinan. Imagino que tenía algo que ver el hecho de estar todo el día andando de aquí para allá. En esta foto en concreto la ensalada griega sólo la toma Leszek; la mía es de atún con salsa rosa -cómo no-, qué buena estaba.





Y estando en Fira, compramos billetes para un ferry hasta Tesalónica...

(Continuará)

lunes, 7 de julio de 2008

Juguemos a dónde está Wally.


Sí, amigos. Diabetes ha agarrado lo imprescindible -pan y nocilla- y acaba de marcharse de Zaragoza para visitar un lugar secreto. El lugar es secreto para casi todo el mundo excepto para algunas personas a quienes, seguramente por descuido, se lo he soltado. Pido por favor que éstas guarden el secreto, en favor de mi diversión y de la sorpresa postal de quienes no saben nada.

Hago el viaje con Leszek, nuestro polaco preferido -junto con Mike, que era un cielo y espero que cuando venga de visita de Madrid nos salude-. ¿Dónde nos hemos marchado? Pues doy cinco ideas. ¡Apuesten!

1) Grecia: Diabetes ha decidido visitar este país al resultar un viaje imprescindible, para tomar el sol en la playa y conocer edificios antiguos.

2) Noruega: animado por Leszek, Diabetes ha decidido que los noruegos podían ser interesantes, además del placer de hacer un viaje poco frecuente.

3) Francia: tras dos años aprendiendo francés, Diabetes ha decidido lanzarse a la piscina y poner en práctica el idioma durante unos cuantos días.

4) Portugal: a pesar de haberlo visitado las pasadas navidades, Diabetes sabe que hay más ciudades interesantes aparte de Lisboa y ha decidido recorrer otras partes del país.

5) Rumanía: a Diabetes le encantan los rumanos, así que, siendo Leszek ya sólo un amigo, ha decidido intentar rumanear con alguno y disfrutar de los precios bajos del lugar.


Si deseas recibir una postal de Diabetes desde donde quiera que acaba de marcharse, envíale un email a chaskatraska@yahoo.es Él guarda todavía las direcciones de quienes se la enviaron el año pasado cuando se marchó secretamente a Polonia. Recibiréis una postal, si el correo funciona bien, probablemente antes de que Diabetes regrese.

¡Pasad felices días!

martes, 1 de julio de 2008

Envidia (,) cochina.

Declaro inaugurado oficialmente el periodo de envidia cochina mundial: comienzo mis vacaciones hoy tras haber conseguido, casi de milagro, las dos firmas necesarias para poder enviar la memoria del curso al servicio de educación.
Para quienes crean que los maestros vivimos bien y nos critiquen por ello, les recuerdo que la facultad de educación está abierta para todos, así como las oposiciones posteriores.
¡Comienzan dos estupendos meses!

martes, 24 de junio de 2008

Efectos del tiempo.

Fallos temporales...
Por ejemplo, que la gente crea que los maestros ya estamos en Honolulú bajo una palmera, cuando andamos haciendo memorias y estresados entre papeles o, mejor dicho, fichas informatizadas.
Y también, fallo temporal porque el tiempo, esta vez el atmosférico, ha conseguido que muchos maestros no tengamos la sensación completa de fin de curso: digamos que es el calor insoportable el que favorece que deseemos y apreciemos la llegada del final de las clases. Y este año ha llegado ya y muchos no lo sentimos del todo.
¡Pero ahí está! Una semana más y comienza la época más envidiada del año.

miércoles, 18 de junio de 2008

Cierre de la 976, y mientras, destrozando dos idiomas.

Aquí salen Xavier y Jules, los dos franceses que conocí el fin de semana pasado. El de la camiseta de color claro es español y se llama Jorge.

jueves, 12 de junio de 2008

Poniendo a prueba el refrán.


Ahora que los pantanos están crecidos, que la Expo ha sido pasada por agua con buena nota y que ya nos hemos creído un poco que el invierno sigue existiendo aunque sea a deshora, toca comprobar si es cierto que hasta el cuarenta de mayo no debemos quitarnos el sayo y, sobre todo, si pasado el cuarenta de mayo, el sayo realmente se puede quitar.
Hoy andamos ya a cuarenta y dos o cuarenta y tres de mayo, así que sin duda ha de ser, como los días siguientes, una jornada primaveral típica.

viernes, 6 de junio de 2008

Broma pesada

lunes, 2 de junio de 2008

Diabetadas (XV)


Panadería: acción que se hace a sabiendas de que servirá de muy poco.
Turrón: bebida alcohólica que te pertenece.
Diálogo: por favor, no te quedes callado.
Filosofía: arte de aprender a amenazar navaja en mano.
Oscuro: sano vuestras heridas.
Inverosímil: parecido muy a lo invero.
Titubeo: en caso de que te localice con la mirada.
Misántropo: sacerdote que echa muchas horas en la iglesia.
Fallecer: morir a base de errores.
Culminar: poner bombas en el suelo con mucho salero.

jueves, 29 de mayo de 2008

Re-ungaunga.


Después de año y medio de haber abandonado el hábito, he decidido retomar mis visitas al gimnasio. En su momento lo dejé por pérdida de motivación pero también por exigirme demasiado: andaba estudiando antropología, empezando francés y acudiendo a clase de bailes de salón los fines de semana. Reventé por donde reventé, y fue dejando las pesas.
De vez en cuando, al ver un gimnasio, algo dentro de mí decía que me apetecía hacer ejercicio físico de nuevo; pero pensaba en mi tiempo libre y en lo feliz que se está haciendo lo que a cada momento a uno le apetece, y lo olvidaba.

Pero este sábado pasado salió el tema de las máquinas de gimnasio con mi hermano. Él mostró cierto interés por el tema, y habló de lo que algunos amigos que actualmente ya son habituales de las pesas hacían para entrenar. Sin darme cuenta, estuve más de veinte minutos hablándole de rutinas, alimentación, objetivos... y me di cuenta de que una parte de mí lo echaba de menos. Las decisiones se toman con nuestro lado emocional aunque pretendamos que no para sentir que controlamos nuestro alrededor, y por eso fue que en escasos minutos afirmé ante mi hermano que iba a volver a apuntarme a esto.

Y así ha sido, hoy lo he hecho y he comenzado en plan suave.
Durante el primer mes, calentamiento de media hora y cuatro ejercicios moderados para ir tocando todos los músculos del cuerpo. Luego ya empezaremos con más fuerza. Le he dicho al monitor que quería ganar volumen muscular, y que en los dos años que había estado entrenando anteriormente había ganado mucho brazo, menos pectoral y poco hombro (las abdominales para qué mencionarlas, las mías no existen o padecen introversión extrema). Me ha asegurado que conseguiría sacar de mí mucho y que desde luego no crecería de cintura. Ha hablado de ciertos batidos proteínicos muy buenos y de algunas dietas que me pondría. Y bueno, yo más emocionado y entusiasmado que si me hubiesen dicho que ha aparecido un dinosaurio vivo en mitad de Nueva York. Queriendo ponerme ya.

Y como guinda, al ponerme a entrenar -vaya corte, usando unos pesos de mierda en todas las máquinas, me sentía un viejo en comparación con cuando entrenaba-, estaba rodeado de algunos tíos de mi edad que estaban impresionantes. Uno era ligeramente más alto que yo, tenía un brazo que era dos veces el mío y aparte unos pectorales gigantescos, y desde el pectoral hasta los bultos tremendos que salían por su espalda había una distancia sensacional. Sé que a mucha gente esa estética le resulta indiferente o desagradable, pero a mí me mola, me encanta, me da un morbo que te cagas. Ver a un tío rellenando camiseta descomunalmente me deja sin habla.

Ays, en fin, pues eso, que he empezado. Mi experiencia en estos dos últimos años es que es complicado prometer y prometerse cosas a largo plazo, porque uno cambia según las circunstancias. Pero espero ser constante, que la otra vez lo fui durante dos años y eso me da confianza en mí mismo, y no dejarlo, idealmente nunca.

Sienta bien ir a sudar. El gimnasio en plan máquinas es aburrido, como tomar el sol, el yoga o hacer ganchillo; pero todos tenemos actividades mecánicas que nos ayudan a evadirnos.

Let´s go!!!

sábado, 24 de mayo de 2008

Cuestión de x.

Cada vez que alguien dice sexo con dos eses, seso, tuve seso, hicimos el seso, me mola el seso... me hace pensar en un viejo desdentado que dice la palabra seseando.
Por eso quizá incido tanto con mis niños en que sepan pronunciar la x.

domingo, 18 de mayo de 2008

¡Menudo mosqueo!


Tengo la costumbre de grabar algunos programas de la tele para verlos cuando a mí me viene en gana y no cuando al programador de la cadena le apetece que yo lo vea. Uno de esos programas es 59 segundos, un debate sobre temas políticos y de interés social -lo cual no quiere decir que la política no sea de interés social- que tiene la particularidad de que cada interviniente ve cómo su micrófono desciende y corta su monólogo tras cincuenta y nueve segundos hablando. Lo cual lo hace ameno.
El otro día puse la cinta de vídeo y salía el padre de Mariluz, la niña asesinada, proponiendo una serie de cambios en las condenas a pederastas.
De repente, la cinta se cortó, como si alguien hubiese grabado algo encima, y apareció el mismo programa pero esta vez con Cándido Méndez y José María Fidalgo, los secretarios de los sindicatos CC.OO. y U.G.T.
Me sorprendí, porque no entendí ese salto, pero seguí viendo el programa.
Lo que me dejó ya absolutamente boquiabierto es que cuando la presentadora despidió a estos dos secretarios, anunció que tras la publicidad iba a estar presente el padre de Mariluz.
¿¡Pero cómo!? ¿Era posible?
Pasé la publicidad y ahí estaba. Y tras veinte minutos hablando, volví a ver la parte de su intervención que había visto al comienzo de la cinta.
¿Cómo pasó eso? ¿Cómo puedo tener en una misma cinta el mismo trozo repetido si sólo lo puse a grabar una vez?
¿Alguien tiene una explicación?

martes, 13 de mayo de 2008

Invisible.

El sábado pasado fue lo que se dice un día cultural. Primero, en fastuosa butaca de patio, El caso de la mujer asesinadita, de Mihura, que no me convenció del todo por haber ido con expectativas equivocadas. Y a la salida del teatro, por veintidós euros menos, me lancé a la filmoteca a ver All the invisible children, con la que disfruté veintidós veces más que con la obra.



Está hecha de cortometrajes sobre niños que, por diferentes razones, son invisibles para nosotros, porque no percibimos que sufren o porque si lo sabemos no solemos acordarnos de ello lo suficiente. Hay cortos previsibles, algo tópicos, pero buena parte de ellos son entretenidos y curiosos. Están dirigidos por gente conocida, como Emir Kusturica, Ridley Scott, Spike Lee...
Recomendable.

jueves, 8 de mayo de 2008

Idiomas y costumbres.

Enlazando con uno de mis posts anteriores, durante las últimas semanas, puede que ya meses, he empezado a prestar atención más que de costumbre a practicar idiomas.
Primero, desde luego, he continuado con las clases de francés. No quiero decir que nunca lo dejaré, porque hace dos años estaba con antropología y con el gimnasio y ahora de eso no queda nada; pero al menos por ahora el francés me gusta, es razonablemente sencillo y me ocupa poco tiempo.
Pero además, veo ahora en versión original sin subtítulos las películas que son en inglés. Es duro, porque, al igual que cuando uno empieza a leer libros en inglés, la tentación inmediata es la de ir a por el diccionario a ver qué significa tal o cuál palabra, o la de poner los subtítulos en el caso de la película; pero si uno tiene paciencia y se tranquiliza pensando que lo importante es comprender el significado general, es más sencillo. Procuro no ver películas demasiado trascendentes; hace poco vi Match Point, de Woody Allen, y es fácil que me perdiese diálogos interesantes y hasta algunas coñas divertidas. No trato de animar a nadie a hacer esto, ya que supongo que requiere un cierto conocimiento de inglés que es, por desgracia, algo superior a la media española, razón por la que sería incapaz de ponerme a hacer lo mismo en francés en la actualidad.

Pero a quienes deseen ponerlo en práctica, les recomiendo una serie maravillosa. Mientras muchos andan viendo CSI Miami, o Prison Break, o Perdidos, y luchando por ver quién ve antes por internet los últimos capítulos, yo ando como siempre con mis series estilo démodé que, en realidad, tienden a mantener su encanto con el paso del tiempo. La que más me gusta ahora mismo es Las Chicas de Oro. Son capítulos de veinte minutos con cuatro mujeres estupendas, en especial la más mayor -que por desgracia es la que peor se entiende- y la que creo que se llama Betty, la que es un poco cortica. En general, es un inglés bastante asequible y aparte de divertirse uno, acaba con la satisfacción de haber seguido la trama sin problemas. Me encanta, además, la asertividad con la que se comunican y ese trasfondo triste que me parece ver en cada capítulo, al tratarse de personajes que están comenzando o culminando su vejez.

Enjoy!






domingo, 4 de mayo de 2008

Mil años ago.

lunes, 28 de abril de 2008

Fonética y subtítulos.

Yo sé que he hablado de esto en varias ocasiones. Pero puede conmigo.
Tengo claro, aunque me pese, que el nivel de inglés de los maestros de Primaria en este país no está muy allá. En fin, para defendernos y para dar unas clases no muy demenciales, pues valemos, creo. (Otra cosa es la nula formación que tenemos para dar clase en Infantil, pero ése es otro tema y deberá ser contado en otra ocasión).
Pero ays, a lo mejor es que amo la estética demasiado; pero cuando asisto a clases de conversación en inglés para profes de Primaria y escucho unas pronunciaciones que dejan mucho que desear, se me revuelven las tripas.
Vaya por delante, antes de que me tachen ustedes de creído, que probablemente mi pronunciación no sea exquisita tampoco. Pero ay, no sé, procuro, yo qué sé, pronunciar las bes y las uves de forma distinta, marcar la diferencia entre los sonidos vocálicos -que son más de cinco en este idioma-... En fin, echarle teatro, y con modestia creo que no me sale mal (aunque sí, vale, todo es mejorable).
Pero hay maestros que andan todo felices con sus cinco vocales, y su acento pacomartínezsoria y tal, y me destripan las revuelvas, o cómo se diga.

¿Y hay que esperar a que la gente tome la iniciativa de ver las pelis en versión original? Juas, pero si hasta a mí me cuesta y lo hago menos de lo que querría, y eso que me gustan los idiomas a rabiar. ¿Habrá que esperar a ver si eso de enseñar idiomas desde que los nenes tienen tres o cuatro años creará una generación mucho más receptiva al inglés, al francés, al alemán...? ¿Y si luego no es así? Porque claro, si los idiomas sólo se ven en clase, que es lo que pasa, mal vamos. Los maestros sabemos algo bien: si el crío sólo aprende en clase, entonces no aprende. Vaya, que el resto del tiempo el niño debe ver lo mismo. Y como llega a casa y las teles emiten todo doblado, y lo mismo en el cine, y los padres son los que menos saben idiomas y pueden predicar con el ejemplo, pues así andamos.

La primera vez que fui a Polonia coincidí en el avión con un chaval de unos doce años, polaco, que fue capaz de llevar una conversación no muy torpe en inglés conmigo. Me sorprendió enormemente, y pensé: ¿y cuándo esto en España?

Que semos europeos, dicen, leñe.

lunes, 21 de abril de 2008

A ver qué va usted a criticar.


Pues no me disgusta el nuevo gobierno que ha planeado Zapatero. No sé si es que este hombrecillo tiene ganas de aparecer en los libros para la posteridad o qué, pero estos nuevos planteamientos tan femeninos sin duda se lo van a poner fácil si ésa fuese su pretensión.
Tampoco sé si, mujeres y mujeres aparte, los nuevos ministros van a aportar ideas nuevas o es todo poco más, que no es poco, que favorecer la discriminación positiva de la mujer. Veremos.

A lo que voy es que me ha molado eso de que en todo el mundo se ande hablando de que fíjate tú Zapatero, que todo mujeres casi, que fíjate Zapatero, que en España los gays se pueden casar, que si tal que si cual... Son pequeñas grandes cosas que le hacen a uno sentirse a gusto en su país y henchirse de orgullo al hablar con extranjeros.

Y lo que más choca de todo, sin duda, es que la Chacón sea la nueva ministra de defensa. Personalmente no tengo la más mínima duda de que podrá ejercer el cargo con solvencia y de que, de no lograrlo, no será por ser mujer. Pero no hemos de negar que existen miles de personas, de hombres ante todo, que estarán ahora mismo mirándola con cara de ya verás tú ésta a ver qué hace, que no debe de tener ni pajolera idea de dónde se mete. Imagínense ustedes al capitán capitanzado de turno, o a otros grandes cargos militares con trescientas estrellas y condecoraciones, con sus cojones bien puestos y su machismo ranciete compensando sus inseguridades personales, y que un día reciben la llamadita de la Chacón, ahí toda maja y femenina, con tono de buen rollo y soy guay, diciendo que mira, que mejor se dejen de tantas maniobras por el campo y que ahora vamos a darle a lo militar este punto de vista no sé cómo, así o asá. Y los capitanes éstos quizá la miren como diciendo mecagüentuputamadre, mujer tenías que ser.

Y aún hay otra idea mejor: ¿y si el PP, muy dado a criticar al PSOE a la mínima, se mete con lo que la Chacón, u otras ministras, hacen o dejan de hacer? ¡Pues de puta madre! Coge el PSOE y con decir que en el PP son todos una caterva de machistas que te cagas y que no saben aceptar que las mujeres pueden gobernar, tó arreglao.

Pues va a ser que Zapatero lo ha elegido todo con buenos dobles filos, y le ha salido bien.

lunes, 14 de abril de 2008

El hombre así, me dijo mi madre.


El otro día mi madre, de repente, me trajo a la cabeza varios recuerdos.
Todos estaban relacionados con Senarta, un cámping en Benasque, Cerler... y toda esa zona del noroeste de Aragón al que íbamos cuando yo era pequeño.
Costaba entrar al cámping ciento veinticinco pesetas: veinticinco por persona, veinticinco por el coche y veinticinco por el remolque en el que iba la tienda de campaña. Era un precio barato para la época.
Algunos amigos de mis padres, también ya emparejados, iban al cámping y pasaban allí muchos fines de semana. Recuerdo, y recordaba mi madre, a las dos hijas de unos de esos amigos, con quienes jugaba y también fregaba algo de la vajilla de la comida. Recuerdo, y también recordaba mi madre, que guardábamos los refrescos y las bebidas para adultos en el río, cuyas aguas no superaban los cinco o siete grados y en las que mi padre apenas osó bañarse más de un par de veces.
Recuerdo, y también mi madre, a un chaval probablemente catalán, con quien jugué horas y horas. Yo lo recuerdo porque tengo una foto con él. Era de mi estatura, moreno, de pelo corto, quizá no muy agraciado, pero viéndole la cara, estoy convencido de que a mi modo, por la edad, me gustaba, porque hoy al ver la foto me sigue pareciendo (en potencia, claro, que a mí me van mayores de edad) mi tipo. Mi madre dice, repito, que nos íbamos a jugar por ahí horas y horas, y con lo asocial o tímido que era yo, pues me reitero en esa especie de encadilamiento fantástico que me suena que sentía estando con él.
Y de todo lo que mi madre me ha contado, todos nos hemos reído con una soplagaitez suprema que yo no recordaba, y que ella erróneamente creía haberme dicho en alguna ocasión. (Véase de nuevo la foto de arriba para entender de qué hablo a continuación). En una ocasión mi madre me llevó a la tienda de campaña para que me echase a dormir. La tienda se cerraba con cremalleras de arriba abajo, y era naranja, con un colchón que recuerdo cómodo. Cuando estaba cerrando la puerta, me asomé y muy serio, le dije:
- Mamá, si ves que viene un señor con los dedos puestos así, ven porque eso es que quiere abrir la cremallera para entrar.

Ostia, los críos y su mundo. :)

jueves, 10 de abril de 2008

¿Dulce derrota?

lunes, 7 de abril de 2008

Verídico.

En el aula de Infantil se había hablado de las semillas, de cómo se utilizaban, qué sucedía con ellas dadas unas condiciones determinadas, dónde se encontraban, etc.
Maestra: Bueno, chicos, ya podéis abrir los almuerzos. Yo tengo una manzana.
Niños: ¡Yo pera! ¡Yo melocotón!
Maestra: Muy bien, veo que seguís los almuerzos sanos, qué bien.
Niños: ¡Sí!
Maestra: ¡Anda! Mirad, acabo de comerme la manzana y, claro, ¡dentro había semillas!
Niños: ¡Sí, las semillas!
Maestra: ¿Entonces...? ¡Me he tragado las semillas!
Paola: ¿Qué te va a pasar?
Maestra: Pues no lo sé. ¡Huy! ¡A lo mejor me sale de la tripa un manzano!
Paola: Haaalaaa, ¿sí?
Maestra: Claro. Madre mía, ¿y qué puedo hacer ahora?
Paola: ¡Pues mátate!

viernes, 4 de abril de 2008

Esta canción me gusta y me relaja.

Se llama New Soul, de Yael Naim.

lunes, 31 de marzo de 2008

martes, 25 de marzo de 2008

Microrrealidad.

Llegando al pueblo donde trabajo, mientras ejercía las relajadas obligaciones del rol de copiloto, disfruté de una vista general del lugar y observé el pequeño cementerio que se encuentra pudorosamente separado por unos centenares de metros del resto de la localidad. Me dio por pensar que resultaba muy desagradable, sobre todo si uno vivía allí y tenía pensando pasar el resto de sus días en ese sitio, saber el lugar exacto en que iban a terminar nuestros restos.
Pensé de inmediato que lo mismo era viviendo en una ciudad como Zaragoza. Pero tener el cementerio algo a desmano hace que no pensemos mucho en la muerte y nos sorprenda tanto cuando nos pasa de cerca.
Luego vi también las casas, la iglesia, las fábricas donde trabajan los padres de muchos de mis alumnos, las vías del tren... Y me hizo gracia descubrir lo obvio: que un pueblo es una sociedad diminuta. Me pareció de repente divertido darme cuenta de que el pequeño tamaño del lugar simplificaba la vida o su apariencia, y uno podía empezar a imaginar con facilidad el día a día de cualquiera de sus habitantes: aquí vive, anda dos minutos y ahí se toma un café, anda otros dos y allí deja al niño en el cole, anda tres más y trabaja, sale y llega a casa atravesando tres calles, y así. Todo se convertía en un movimiento aséptico, cual personaje de videojuego, y le quitaba la magia, quizá humo pero magia, de la grandiosidad urbana y el creernos mucho más libres.

La vida da muchas vueltas. Pero aquí y ahora afirmo que a no fumar y a no tener hijos añado otra idea segura: no vivir en un pueblo pequeño. Ciudad forever, con sus peros incluidos.

viernes, 21 de marzo de 2008

En Zakopane, al sur de Cracovia.

La primavera ha llegado a Polonia. Menos mal.

lunes, 17 de marzo de 2008

viernes, 14 de marzo de 2008

Gastos mundiales.

El planeta invierte anualmente en miles de millones de dólares:
- En educación para todos: 6.
- En consumo de cosméticos: 8 en ee.uu.
- En agua y sanidad para todos: 9.
- En consumo de helados: 11 sólo en Europa.
- En atención ginecológica para todas las mujeres: 12.
- En perfumes: 12 sólo en Europa y ee.uu.
- En necesidades básicas nutricionales y sanitarias: 13.
- En alimentos para animales: 17 en Europa y ee.uu.
- En cigarrillos: 50 sólo en Europa.
- En bebidas alcohólicas: 105 sólo en Europa.
- En estupefacientes: 400.
- En publicidad: 400.
- En gastos militares: 780.

¿Cuánto costaría el acceso universal a una alimentación adecuada junto con el agua potable, las infraestructuras sanitarias y la educación básica?: unos 40.

lunes, 10 de marzo de 2008

Novela recomendable.

"A primera hora de la mañana, un hombre con dos bolsas llenas de libros llegó a la librería de Andrea. Andrea lo saludó y él respondió el saludo muy educadamente. Ella le preguntó entonces en qué podía ayudarlo y él dijo:
- Estos son libros que me robé de esta librería. Ya los leí, así que vengo a devolverlos.
Pensando que había entendido mal, Andrea le preguntó:
- ¿Usted me está diciendo que estos son libros robados y viene a devolverlos? ¿Por qué viene a devolverlos después de tanto tiempo?
- Porque ya los leí -dijo él-. Ya no los necesito.
Andrea no sabía qué decirle, no sabía si aquel hombre estaba tomándole el pelo.
- No se preocupe, que están bastante bien conservados - dijo él, muy amablemente, entregándole las bolsas.
Andrea echó una mirada a los libros y calculó que había quince o veinte novelas en cada bolsa.
- Los necesité para no suicidarme cuando me dejó mi novia -dijo él-. Pero ya me enamoré de nuevo. Ya no los necesito.
Luego le dio la mano y se marchó.

(Y de repente, un ángel. Jaime Bayly).

viernes, 7 de marzo de 2008

Chez Carolina.







Vaya usted a cenar a Carolina´s Restaurant y se sorprenderá de la amabilidad de su cocinera. Siempre sonríe, prepara platos a gusto del consumidor y no le importa que los clientes nunca le correspondan invitándola a ella o preparándole comidas al mismo nivel y calidad.





En la foto, en plena faena. No importa que usted se ofrezca a llevar pizzas: ella estará en la cocina dos horas preparando ensaladas sin lechuga y crepes de nocilla. Y otros manjares.





lunes, 3 de marzo de 2008

The older, the faster.

Un curso escolar es lo más repetitivo y cíclico del mundo: días, semanas, meses, trimestres, cursos, ciclos, etapa. Todo está predefinido.
Quizá sea por eso por lo que cada vez se me pasa más deprisa todo. Llega el lunes, que se coge con desgana; el martes va pasando algo mejor pero cuesta; el miércoles en mi cole empiezan a visitarnos los maestros itinerantes que imparten las especialidades y el jueves y el viernes de por sí ya van, como suelo decr, cuesta abajo.
Por fin llega el fin de semana, y uno queda con los amigos, ve a la familia, lee, hace el tonto por internet, ve una peli, y el domingo por la noche llega normalmente mucho antes de lo esperado.
Y otra semana vuelve a comenzar.

La cosa tiende a pasar más bien rápida. A lo tonto, acabamos de empezar marzo, llegan en breve días de fiesta y comenzará el tercer trimestre. ¡Ya! ¡Parece increíble! ¡Pero si quedan apenas tres meses de curso largos!
¿Será entonces cierto eso tan trillado de que cuanto mayor es uno más rápido pasa el tiempo? Parece que la respuesta es sí, al menos desde mi subjetiva opinión visto lo visto estos dos últimos años. En nada deberé plantearme qué viaje hacer este verano, ¡pero si hace nada acababa de volver de Polonia!

Esta rapidez de las cosas es una razón, una razón más, para vivir los días de otro modo: no pensando en que llegue el viernes, no pensando en que termine la jornada laboral, no pensando en que llegue el puente, sino saboreando cada día por sí mismo. De nuevo recurro a lo trillado, a lo mil veces dicho.

Pero será por algo.