lunes, 3 de agosto de 2009

Perpignan y alrededores (III)

Animo a ver más fotos de Collioure en facebook, porque es precioso. Las nubes impidieron que me diese un baño pero favorecieron, a mi entender, el resultado de algunos fotos.

Llegado el fin de semana, y teniendo Philippe tiempo libre, me llevó en su coche de viaje de nuevo. Vimos Céret, otro pueblecito, que estaba cerca de la frontera. Allí callejeamos, vimos un mercadillo ambulante con verdaderas gangas en lo que a ropa se refiere, y comimos. Con mi ilusión de niño respecto a los idiomas, me fui más contento que unas castañuelas tras ser requerido por un par de personas para indicarles dónde estaba dicho mercadillo.





Invadidos de cierto muermo post-comida, mi anfitrión propuso ver el museo Dalí en Figueras. En un principio me pareció hasta estúpido pasar la frontera para regresar a mi país, pero acepté y valió la pena.




El museo resulta entretenido. Eso sí, Dalí debía de ser insoportable a más no poder. La pobre Gala, su mujer, no sé cómo le aguantó. A ver si busco información de ambos y descubro si se divorciaron o se aguantaron resignadamente hasta el fin de sus días.
La siguiente foto muestra una de las obras más originales que pueden verse en el museo:



Me costó mucho sacar esta foto: me encontraba subido a una escalera, con una fila tremenda esperando a que yo me quitase de la lupa con peluca a través de la que se observa esta imagen. Salvo esa peluca, lo demás se encuentra más abajo, en el suelo, y el conjunto forma un rostro.
Tampoco se queda atrás otra obra que consiste en dibujos extraños en varias mesas. Cada mesa tiene encima una botella de metal que refleja los dibujos de la mesa: al reflejarlos, el observador ve la imagen invertida y descubre un rostro, un cuerpo, etc. Digamos que Dalí era muy creativo y además se aburría.



Éste es el teatro de Figueras. Quizá haya alguno más, no lo sé. La ciudad no me pareció mal, aunque tampoco recomiendo en especial visitarla si no es para ver también el museo y así pasar media tarde.
Al volver de Figueras nos detuvimos en un hipermercado que está literalmente al lado de la frontera y donde, por lo visto, muchos franceses van a comprar para aprovechar que los precios les resultan más asequibles y que algunos productos son más difíciles de encontrar en Francia.

Al día siguiente fuimos a la playa nudista del principio del viaje. No me di crema por delante porque con el viento no se percibía la fuerza con la que daba el sol y porque teniendo pelito en el pecho, da muuuucha pereza... Y será la última vez que cometa semejante imprudencia, porque casi dos semanas después sigo todavía pelándome y habiendo disfrutado de cinco días de escozor horripilante.



(Continuará)

sábado, 1 de agosto de 2009

Perpignan y alrededores (II)

El sitio de playa al que fui fue Collioure. Se encuentra a unos veintipico kilómetros de Perpignan y se puede ir en bus o en tren. Me salió un día horripilante, con viento, nubes, algo de fresco... así que no me bañé. Pero Philippe ya me había informado de que incluso sin bañarme el sitio merecía la pena, y así fue, pues es pequeñito y precioso. (Para un día, pues es MUY pequeñito).
Las fotos que pongo son todas de allí: la zona de playa, alrededor de la cual están las construcciones siguientes:








Es decir, varias iglesias y castillos. Visité un castillo con guía. La visita más próxima era en francés, y bueno, ahí me véis remangándome las mangas en plan yosoyguay y voyaello. Quitando el viento que había, seguí bastante bien la explicación y me fui contento. Las explicaciones eran bastante amenas.
Hasta, creo recordar, 1625 esto era territorio catalán. Que los historiadores me corrijan si tienen ganas.

La pequeña sorpresa del lugar fue que cuando me entregaron el mapa de Collioure en la oficina de turismo, en la parte central, deonde está el antiguo cementerio, leí "Tumba de Antonio Machado":


Quien no se marchó de España precisamente porque le apeteciese...


(Continuará)

jueves, 30 de julio de 2009

Perpignan y alrededores (I)

Fue Perpignan (Francia) el destino que elegí para pasar unos días en el mes de julio. Puesto que este año había oposiciones y la administración no tiene la amabilidad de publicar el nombre de los elegidos como tribunal hasta principios de junio, un servidor no pudo arriesgarse a organizar ningún viaje para no correr el riesgo de anularlo y/o perder el dinero en él invertido.
De modo que en junio, sin plan previsto, recibí por segunda vez la invitación de Philippe de ser alojado en Perpignan. ¿Cómo podía negarme?
Conocí a Philippe en mi viaje a París en navidades. Aparecerá en alguna de las fotos, pero ustedes lo pueden ver también en el vídeo de París que está disponible en mi perfil de facebook. Sale en él con una especie de polito o camiseta de rayas horizontales azules, creo recordar.
Bien, pues compré billetes de bus y allá que fui. Como ya sabía, el bus es odioso para viajes largos (y éste lo era: ocho horas en total). Al menos es barato, claro.

El primer día, nada más llegar, Philippe me mostró mi habitación, me cambié de ropa y nos fuimos a una playa nudista. No osé mostrar mis encantos por pudor y falta de costumbre -que lo mismo es-.



Era curioso ver algunos hombres caminando solos en bolinga picada, como si los demás estuviésemos interesadísimos en ver su churrimondongo y, para no perder ripio, caminasen bien despacito. No tardé mucho tiempo en deducir que había algo de cruising o movimiento gay busco-sexo-tras-los-matorrales: lo descubrí cuando, al ir a buscar un sitio para hacer pis (pues tras bañarme una vez decidí que no repetía, el agua estaba demasiado fría), una pareja de chicos pasó, me miró de arriba abajo y enseguida se detuvieron, como interesándose vivamente por los centenares de granos de arena que me rodeaban. Uno de ellos no estaba mal, de hecho el que luego se quedó al lado de mí fue él; pero no sé, nunca me ha emocionado ver a la gente directamente en bolas y/o en bañador, y no intenté nada. Me alegró saber que la molla de la cintura parecía existir sólo en mi imaginación o al menos no era impedimento para que ese chico me encontrase potable.
Después de la playa fuimos a otra zona cuyo nombre no recuerdo, donde íbamos a ver unos fuegos artificiales por ser al día siguiente el 14 de julio. Por desgracia, el viento obligó a cancelarlos.
Pero el propio 14 de Julio nos resarcimos. Fuimos en coche a varios sitios. En primer lugar a Narbonne, pequeñito, pero bonito.



Después vimos de pasada bonitos paisajes y terminamos en Carcassonne, cerca de donde viven los padres de Philippe. Allí hay un castillo precioso en torno al cual hay casitas donde vive la gente y calles turísticas con tiendas y restaurantes.




Fue allí donde, al anochecer, vimos los fuegos artificiales. Todos los fuegos son iguales, supongo, pero éstos me gustaron mucho. Fue increíble el efecto de echar humo desde el interior del castillo e iluminar la escena con luces rojas: parecía en verdad que todo estaba en llamas.

Eso fue el lunes y el martes. Hasta el fin de semana Philippe trabajaba, así que tuve que organizarme por mi cuenta para ver cosas. Por eso, apenas salí de Perpignan (salvo una maravillosa excepción que ya mencionaré). Tiene relativamente pocos habitantes si la comparamos por ejemplo con Zaragoza, pero quizá por no tener muchos edificios altos, la extensión de Perpignan es enorme.
Creo que Perpignan resultó ser el lugar que menos me interesó. Tiene calles y algunos lugares bonitos, pero tras callejear un poco, enseguida se ve lo más interesante. Aquí la puerta de Notre Dame:



Me pareció simpático encontrarme una escena que, afortunadamente, cada vez es más frecuente en nuestra querida Zaragoza:



Por supuesto, hay más carril-bici que en nuestra ciudad y, si hay necesidad de ir por la calzada, jamás verás que nadie se queje, sino que conducirán detrás del ciclista con paciencia. ¡Cuánto ha de aprender nuestra pueblerina ciudad!
El miércoles me animé a ir a la playa. Cuando estaba preparado con toda la cartera llena (champú, toalla, almuerzo, lectura...) vi que estaba nublado. Frustrado, perpignaneé otro día más, y fui a la playa al día siguiente. Fui a Colliure, que resultó el pueblecito más bonito de todos...


(Continuará)

lunes, 13 de julio de 2009

Ausente.

Si estáis leyendo estas palabras, significa que un servidor ha desaparecido de Zaragoza. ¿A dónde habrá ido? Aquí tenéis cinco opciones posibles:
- Zürich (Suiza). Ser invitado por un chorbo grandote a pasar unos días entre valles y lagos, y con su promesa de ir en tren a los alrededores más interesantes, es una opción estupenda.
- Gdansk (Polonia). Ser invitado por un polaco desconocido de agradable rostro a pasar unos días en esta ciudad bañada por el Báltico, y que forma una interesante tri-city (con otras dos ciudades, claro) al norte del país, es una opción estupenda.
- Lugo (España). Ser invitado por un chico musculado y moreno que además vive en la misma ciudad que una antigua amiga, y tener la posibilidad de conocer el otro lado de la península, es una opción estupenda.
- Bucarest (Rumanía). Ser invitado por un chico rumano morenote, que vive en el centro de la ciudad junto al río Dambovita y que ha prometido llevarme a Transilvania, es una opción estupenda.
- Perpignan (Francia). Ser invitado por un chico francés atractivo y practicar el idioma mientras se disfruta de la playa y la tranquilidad de la ciudad es una opción estupenda.

Pidiendo por favor silencio a las dos personas que saben la solución, os reto a que adivinéis dónde me he marchado. Está claro que parece que pasaré menos calor que en Zaragoza y que alguien me proporciona alojamiento.
Si quieres recibir una postal desde donde sea que me he ido y todavía no tengo tu dirección postal, envíame tus datos a chaskatraska@yahoo.es
¡A ver si esta vez acertáis! Hasta pronto.




viernes, 3 de julio de 2009

Despedida (II y último)

En un principio, en el concurso provisional de traslados, me habían dado el colegio de Montecanal. El concurso de traslados es un modo de permitir que la gente pueda participar en el concurso sin estar obligada a moverse: uno ve lo que le han dado, ve qué colegios puso en la lista antes y después del otorgado y decide si se quiere arriesgar a que en el definitivo, cuyo resultado sale directamente en el BOA y hay que aceptar obligatoriamente –salvo error de algún tipo en la adjudicación, claro-, le sea concedido alguno de esos destinos cercanos al asignado provisionalmente. En consecuencia, el concurso provisional es una manera de mantener a los participantes en vilo durante dos meses. Hice estupendamente en no ir a ver el colegio de Montecanal. Quizá me habría encantado y habría aceptado con menos alegría el cambio al de Valdespartera. Nunca lo sabremos, cosas del destino: una chica a la que le habían dado Valdespartera por mi especialidad rechazó, vayan ustedes a saber por qué (y se sabe que rechazó porque en el definitivo no aparece), así que yo “subí” un puesto en mi lista de peticiones y fui valdespasteurizado.
Los primeros en saberlo, aparte de Conchita, mi compañera del cole –cuyo rostro al bajar del coche y acercarme al cole ya me anunciaba la publicación oficial del resultado en el boa-, fueron mis alumnos. La mayoría se quedó sonriendo un poco estúpidamente, a caballo entre “somos niños y no podemos reaccionar de otra manera” y “entonces, ¿hay vida más allá de Jorge? Jorge, ¿quién vendrá en tu lugar?”
Después ya se lo comenté a algunas familias. La madre de Javier, cuyo hijo, junto con su compañera Noelia, he llevado desde que estaba en primero, me dijo lo que yo pensaba: “¿Pues no dijiste que te ibas a quedar por lo menos hasta que Javier terminase la primaria?” Y sí, me hacía ilusión que para bien o para mal fuesen conmigo los seis años de la etapa. Pero claro, le respondí, es que me han dado un colegio que, al menos sobre el papel, lo tiene todo para ser el colegio perfecto. ¡No podía rechazarlo! Además, ¿y si espero un año o dos y ya no encuentro nada parecido en Zaragoza capital?
Y es que no me esperaba que me fuesen a dar nada de lo que puse –tres colegios nada más- en este concurso, pues tenía relativamente pocos puntos.
El inspector, la misma mañana en que supe lo de Valdespartera, se pasó por el colegio y me dio la enhorabuena. Le comentó a Conchita que la iba a proponer como directora (“Claro, no vas a proponer al alguacil”, contestó ella) y en pocos días ya estaba ella interesadísima en que le explicase los tejemanejes directiles. Le advertí de lo fascinante que es hacer el Documento de Organización del Centro a principio de curso y en especial las cuentas de gestión, que he hecho en seis ocasiones, dos por curso, y todavía no sé cómo.

Con una especie de circular de final de curso en la que se mencionaban temas como las tutorías, los cuadernillos de verano o un almuerzo para los alumnos el último día de clase, anuncié oficialmente que me iba: escribí literalmente “gracias por soportarme durante cinco años con mis defectos y mis virtudes”. Habría añadido “de nada por aguantaros a vosotras durante ese mismo tiempo”, pero habría resultado impopular, intuyo, además de que realmente, una vez se fueron un par de petardas hace ya unos años, he estado bien en el colegio.
Tuve alguna sorpresa de mi compañera y de mis alumnos, así como un detalle de las familias, todo ello agradable y emocionante.

Si el lector considera que citar algo a favor de uno mismo es una falta de educación y un acto de imperdonable inmodestia, que no siga leyendo. Si lo voy a citar es porque la despedida del pueblo fue como una especie de epílogo de las novelas de agatha christie: ya relajado, agradable y grupal. Me explico.
Desde el diecinueve de junio, cuando terminaron las clases, Conchita y yo hemos acudido al colegio para hacer infinidad de papeles y reuniones (memoria del curso, charlas con el equipo de orientación de Calatayud, tutorías, firmas de actas de evaluación, solicitud de los libros de gratuidad para el próximo curso…) y para recoger material: ella en previsión de lo deteriorados que quedarían los libros de no guardarlos bien cuando cambien el suelo del cole este verano, y yo evidentemente por tener que llevarme trastos acumulados.
Bien, pues el treinta de junio estuve recogiendo bolsas y bolsas de cosas, así como documentos de dos ordenadores, hasta las seis de la tarde nada menos. Fue al salir del colegio, llevar todo al coche y disponerme a devolver las llaves del colegio cuando empezó el desenlace agathachristiano. Desenlace, como dije, relajado, pues ya había terminado y las vacaciones por fin parecían reales y tangibles; desenlace agradable porque todo fueron palabras positivas; y grupal porque se juntaron por pura casualidad muchas personas de las que he conocido en el pueblo.
Primero, me encontré con la madre de uno de los niños de infantil, al que jamás he dado clase. Me vino a decir que me fuese tranquilo porque no había oído jamás hablar mal de mí por parte de las familias cuando se me había mencionado. No es poco, porque en los pueblos ya se sabe. Eso es que has hecho las cosas bien, dijo ella. Lo junté en mi mente con el “No te vayas, Jorge, nos lo pasamos bien contigo” de los alumnos de infantil y me dio un subidón de autoestima tremendo. Después, cuando me despedí de ella, busqué a Tomás el alguacil, al que entregué las llaves del colegio y de quien también me despedí. Qué raro, pensé, ya no es mi colegio y ya no tengo modo de entrar en él. Y mientras nos decíamos adiós, apareció otra mamá por allí, así como siete u ocho de mis alumnos, que estaban pasando el rato juntos montando en bici. Pude despedirme, les prometí que dos de ellos, de modo simbólico para todos, recibirían postal mía este verano de mis viajes veraniegos, y luego ya me subí al coche y se me quedaron mirando mientras me iba. Igual que en las novelas de agatha christie, en las que cuando todo acaba, los personajes inocentes de la novela se despiden tras haber sido unidos en un mismo lugar para escuchar la explicación del misterio por parte del detective.

A pesar de todo, cuando salí del pueblo, olvidé los retrovisores y miré el sol que tenía enfrente.

domingo, 21 de junio de 2009

Despedida (I)

Allá por diciembre salió, como todos los años, publicada la posibilidad de participar en el concurso de traslados para maestros. Escarmentado tras varios años intentándolo, sabía que había pocas probabilidades de que con mis puntos acumulados, relativamente pocos, me diesen lo que yo quería: un colegio en Zaragoza capital, cercano a mi casa, bilingüe para que la posibilidad de tener que impartir inglés en infantil fuese inexistente –pues de ello se encargan casi siempre los profesores nativos en ese tipo de coles-, con horario de salida a las cuatro y media de la tarde… Hasta tal punto estaba convencido de que no me iban a dar lo que yo quería que dejé los papeles para el último momento: fue el día antes de irme a París cuando me senté a elegir colegios. Puse tres, solamente tres: Valdespartera, Montecanal y José Antonio Labordeta.
Dejé instrucciones a mi hermano para que llevase los papeles al servicio provincial. Me envió un sms a París porque acababan de decirle que había que introducir los datos a través de Internet. Santi, no te preocupes, le dije; he puesto tres colegios sólo y no me van a dar ninguno. Entrégalo en formato de papel y si luego no valiese, no pasa nada, total…
Y bueno, como ya sabéis, a principios de este mes he sabido que, tras cinco años en el pueblecito, me han dado destino en el cole de Valdespartera. Es toda una maravilla teniendo en cuenta que es lo que quería, que es el colegio que puse en primer lugar y que una de las chicas que han concursado para este colegio por mi misma especialidad ha obtenido plaza gastándose el doble de puntos que yo.
Se trata de un colegio bilingüe, de modo que los alumnos tienen clases en inglés desde los tres años con profesores nativos, y durante la etapa de Primaria tienen clase de Literacy –llamémoslo inglés-, Conocimiento del Medio y Plástica en este idioma, sumando nueve horas semanales. Es un colegio nuevo que se inauguró este curso que ahora termina, y cuyos puestos han sido cubiertos por personal interino; así que en septiembre, salvo el equipo directivo, todos los maestros llegamos por primera vez al centro. Creo que me gustará la sensación de comenzar casi desde cero, aunque sin duda implicará más trabajo e inseguridad en algunos aspectos.
¿En qué voy a salir ganando con el cambio de colegio? En muchas cuestiones:
- La más clara, en dejar de conducir dos horas cada día, con lo peligroso que resulta en días de lluvia y en general en invierno cuando hay riesgo de helada.
- En consecuencia, unos ciento cincuenta euros que no me gastaré mensualmente. Vaya, como si hubiese pedido un aumento de sueldo al jefe, especialmente si pensamos en esos maravillosos mil doscientos euros que gasté en la última revisión de coche y que todavía me duelen. (No es que ahora no vaya a revisar más el coche, pero lo haré con una frecuencia mucho menor).
- El factor tiempo varía considerablemente. Hasta ahora, 2 x 60 minutos al día en coche, = 120 minutos en total. A partir de septiembre, 2 x 15 minutos = 30 minutos. Hay que añadir a esto que mientras que en el pueblo la hora de salida era las 16:30 horas, más una hora de coche = 17:30 horas, ahora saldré a las 16:15 horas, + 15 minutos de coche, = 16:30/35 en casa. ¡Vamos, como si hubiese ido al jefe y le hubiese pedido una hora más de vida al día!
- Por otra parte, el modo de trabajar será distinto. Acabaré con toda seguridad más cansado, pues estaré en aulas con unos veinte alumnos y no de diez o doce, pero podré trabajar con TODOS la MISMA actividad: todo un lujo a menudo impensable durante mis últimos cinco años de vida profesional.
- Y finalmente, podré dedicarme bastante de lleno a enseñar inglés, que al fin y al cabo es una de las áreas que más me gusta enseñar junto con las matemáticas y, a veces, el conocimiento del medio. En Villarreal tener seis libros de texto de inglés con sus seis cuadernos de actividades y sus seis cd´s de listenings y songs era como… ¿imposible? Y eso que este año, no me preguntéis cómo, he conseguido terminar todo el libro con 5º.

Pero claro, ¿qué pasa con el cole que dejo? ¿Cómo ha sido lo de ver que allí Jorge dejará de ir dentro de unos días?



(Continuará)

miércoles, 27 de mayo de 2009

Diabetadas (XVII)

Arturo: estado de quien ha ingerido exceso de comida.
Onomástica: cierta compañía de teléfonos se come nuestro dinero con patatas.
Ablución: emisión de un mensaje oral.
Remitente: persona que hace avanzar una barca con su fuerza y la ayuda de un instrumento destinado a tal efecto.
Pingajo: trozo de algunas frutas que se lleva enganchado a la ropa como adorno.
Abrigo: voy a cierto lugar de Gralicia.
Mamada: papada de mujer.
Carámbano: hacer una mueca con un objetivo que no se logra cumplir.
Convalidar: hacer adecuado algo medianto saltos continuos a una cuerda que pasa bajo nuestros pies.
Andaron: anduvieron irregularmente, por embriaguez u otras causas.

sábado, 23 de mayo de 2009

Moving!!!!

domingo, 10 de mayo de 2009

Vaselina, por favor.

Cuando viajé a París las navidades pasadas, constaté algo: que en España los precios de telefonía e Internet son desmesuradamete altos. En Francia, con unos treinta euros al mes uno puede disfrutar de todo lo siguiente: tarifa plana para navegar por la red, llamadas gratuitas nacionales y al resto de Europa y decenas de canales de televisión de todo el mundo. Si en España uno quiere disponer de los mismos servicios, tendrá que pagar, a ojo de buen cubero, noventa o cien euros como mínimo.
Pero no parece ser suficiente. El gobierno, a partir de septiembre, eliminará la publicidad de los canales públicos de televisión. Para suplir los beneficios que los anuncios reportan, se recurrirá a, entre otros, las cadenas privadas y las compañías telefónicas, a las que se les pedirá un tanto por ciento de sus beneficios.
¿Cuál ha sido la respuesta de las compañías telefónicas? Rotunda y clara: los consumidores veremos aumentar el precio de sus servicios.
Pues eso.

jueves, 30 de abril de 2009

Elefante gratuito.


Isabel, una amiga, o quizá yo mismo -ya no recuerdo- me propuso algo que me sonó interesante: "Oye, ¿por qué no nos leemos un libro los dos y luego lo comentamos?" Nos apetecía simular un club de lectura, al que yo personalmente desde hace tiempo deseaba pertenecer. Así que le dije que sí de inmediato.
Y entonces le dije que quizá en FNAC podríamos leernos el libro que fuese gratuitamente y que allí, claro está, no tendríamos problemas para encontrar dos ejemplares del mismo libro en caso de que decidiésemos leerlo a la vez.
- ¿En serio que se puede leer gratis? -me preguntó.
- Sí -respondí yo-. Una vez en la FNAC de Madrid vi que había una salita hecha de propio para ello, y en ella había lo menos quince personas con un libro entre las manos.
- Pues genial.
Y así, quedamos un día y decidimos comenzar esta propuesta literario-gratuita-cutre. Cutre lo digo porque me lo parece lo de irte a un sitio, pillarte un ejemplar nuevecito y sentarte a echar dos horas disfrutando del aire acondicionado, de los servicios... y todo sin soltar un centieuro. Me invade una sensación rara cuando devuelvo el ejemplar a la estantería y pienso que alguien lo comprará pensando que nadie lo ha leído todavía.
Decidimos tragarnos el último libro de Saramago, por aquello de aprovechar que podíamos leer novedades. Nos lo zampamos en dos tacadas.
Se lee bien. Está basado en un hecho real.
Pero vaya, que poco más. Uno le coge cariño al elefante y a algún que otro personaje, aprende cómo se llama la persona que conduce este animal... pero eso es lo que hay. Me da que este hombrecillo escribió dos novelas interesantes, Ensayo sobre la ceguera y Todos los nombres, y que el resto son irregulares y sosillas, aunque se leen agradablemente.

Ahora, unas semanas después, estamos pseudorrobando "Los caracoles no saben que son caracoles", de Nuria Roca. Es entretenida, intrascendente pero tiene golpes divertidos. Huele un poquito, quizá para bien, a El diario de Bridget Jones. Pero sólo un poco.
Si quieren ustedes unirse a nuestro miniclub gratuito de lectura, ya lo saben, en los sofás efnaquianos algunas tardes a la semana.

domingo, 19 de abril de 2009

Diabetadas (XVI)


Cáncer: lugar en el que, privados de libertad, permanecen los condenados.
Bruta: abujero en una montaña.
Burbuja: ser de leyenda que toma refrescos con gas montada en escoba.
Billar: mostrar reflejo de luz.
Papada: la rácana es mamá.
Larva: preapra la teirra.
Cortejar: tratar de ganarse el amor de una persona construyendo el techado de su vivienda.
Guisantes: cocina con mayor rapidez.
Gallego: coño, que en un minuto estoy ahí, impaciente de mierda.
Parkinson: abandonando a tu hijo en la escuela casi todo el día.

lunes, 30 de marzo de 2009

OBSERVADOR DE CAMBIOS.

Si en san Valentín de hace ya no sé si hace uno o dos años se murió un amigo de mi padre de un tumor cerebral fulminante, este san Valentín pasado falleció una tía abuela que ya estaba muy mayor . Mi hermano, que cumple años el catorce de febrero, se empieza a preguntar si él tendrá algo que ver con tales casualidades, así como si su cumpleaños próximo vendrá adornado también de alguna corona de flores.

Por otra parte, una amiga, la segunda ya, se casa. Este segundo caso para mí ha sido muy inesperado, aunque supongo que uno nunca se espera que le anuncien una decisión tan grande como ésa.

Y así, entre entierros y bodas, me quedo como observador. Sin duda el tiempo pasa, y con él la gente cambia, decide y se mueve.

Me queda la sensación de estar haciendo poco, o al menos de estar viviendo escasos cambios propios. Poco más he hecho últimamente que viajar –eso sí, muchísimo, envidiadme-, y por lo demás en nada ha cambiado mi vida…

¿Cuál es mi conclusión?

Pues sorprendentemente, que no me dejaré influir, igual que hago en navidad, época en la que se compran regalos absurdamente y yo ni los hago ni casi nunca los recibo. Digo, pues, que seguiré viendo las cosas pasar, porque si me pasan pocas cosas, quiere decir que todo va bien. No quiero tomar decisiones gordas en este momento: casarme no entre otras cosas porque no tengo con quién; hipotecarme tampoco aunque si los precios siguen bajando y se me queda a precio de alquiler habrá que planteárselo; tener hijos… bueno, disculpad pero me entra el ataque de risa. Qué bonito es criar a un niño pero qué cierto es que para cuando abandonan el nido uno tendrá medio siglo más y menos energías para retomar la vida llena de tiempo que uno había dejado antes de.

En resumen, me encuentro con casi treinta años, de alquiler, sin pareja, sin hijos, con trabajo fijo, y pienso: ¡joder, qué de puta madre! Esta libertad me permitirá, si así quiero y consigo, irme al extranjero un par de años a enseñar español.

Con todos los respetos, hipotecarme, tener un hijo o casarme a mi edad me suena demasiado a “y esto es lo que va a ser de mi vida”, y no podría. Ya me costó presentarme a las oposiciones que me van a dar el sustento hasta que me jubile, porque aprobarlas implicaba hacer lo mismo a los veinticinco que a los cincuenta. Así que no quiero más previsibilidad. Me gusta detenerme a pensar que conoceré otra cultura, nuevos amigos, mejoraré mi inglés o mi francés y, en definitiva, haré que mis circunstancias cambien y quiten la monotonía de un futuro demasiado predecible.


Whatever will be, will be…



lunes, 16 de marzo de 2009

Le fabuleux destin de Jorge Poulain.

Cuando fui a París las pasadas navidades, descubrí que para comprar un abono de metro de una semana de duración necesitaba fotos de carnet.
¿A quién se le ocurre? Estoy de acuerdo en que no se puede organizar el mundo pensando en los turistas, pero siendo París la ciudad turística por astonomasia, o antonomasia, o señoratomasa (elijo la b), deberían haber pensado que un turista no suele viajar con fotos de carnet sueltas. Luego pensé que quizá las empresas de fotomatón habían pensado en los turistas, pero mirando hacia sus propios intereses.
Y tuve que morir al palo de hacerme fotitos, porque desconocía la frecuencia de aparición y el malhumor o no de los controleurs franceses y no deseaba practicar el idioma frente a uno de ellos en situación tensa.
Entré en la maquinita, toda digitalizada ella, puse cara de muchos amigos, me salió bien a la primera y no tuve que utilizar la opción -que está bien que exista- de elegir hacer otra foto antes que imprimir el horror que acabas de ver en la pantalla. Y cuando las fotos se imprimieron descubrí dos cosas: una, que siempre que me hago fotos de carnet me las arreglo para no ir con barba de dos días sino de cuatro (lo que me da un aire de terrorista internacional); y dos, que había pulsado una opción incorrecta y en lugar de tamaño carnet había imprimido tamaño bono de bus Tuzsa para agüelos.
Pero pensé que le iban a dar bola y que por mis santas narices que yo metía esa foto en el carnet, y lo hice, aunque medio tapando el apellido y la firma. Afortunadamente, ningún controleur me pidió el carnet-bono.
La gracia de haber tenido que hacer fotos es que volví con tres de ellas a España, y entonces pensé: ¿no es muy Amelie haber utilizado por primera vez un fotomatón y encima llevar tres fotos de recuerdo y la ausencia de la cuarta?


Juzguen ustedes.



martes, 3 de marzo de 2009

Yendo y viniendo.


Bajé a comprar. Es curioso que, por mucho que uno lo intente, poco después de volver del supermercado tiende a echar en falta algo que podía haber comprado de habérselo apuntado.

Pero no quería hablar de eso. Decía que bajé a comprar. Últimamente compro piña en lata, no en almíbar sino en su jugo. En el Alcampo miro varias marcas y, como tienen el detalle de decir a cuánto sale el kilo, es fácil ver cuál sale más económica.
Pero el otro día fui al Simply y vi asombrado que las latas de piña estaban veinte céntimos más baratas. "¡Fíjate!", pensé. "Es un supermercado más pequeño y sin embargo he encontrado este producto más barato. Pues nada, a partir de ahora las compraré aquí. Qué bien haberme dado cuenta."

Y entonces sentí que había envejecido un poco. "¡Ya comparo precios y racaneo! Parezco mi abuela."

Será la edad, digo yo.

martes, 24 de febrero de 2009

Príncipe.

Carla estaba sentada en su sofá, viendo una película romántica.
Película que al final terminó bien, en boda de hecho.
Y entonces se quedó pensando que ella aún no había encontrado su príncipe azul.
¿Y por qué no?
Se miró en el espejo y se vio bien. Pensó en su manera de tratar a la gente y consideró que no había nada malo en su persona que pudiese desagradar.
Así que dedujo que lo único que tenía que hacer era buscar a su príncipe azul, porque en alguna parte tenía que estar.
Si era azul, buscaría primero en donde viese ese color.
Miró tras un par de puertas azules. Nada. Miró después en el cuarto de baño, y tampoco lo encontró tras las cortinas de la ducha.
Enseguida se le ocurrió que su edredón era azul, así que lo levantó y sólo encontró las sábanas, grises y rojas.

Decidió por fin que lo de azul era una metáfora, y que los príncipes podían tener el color que quisiesen, porque para eso eran príncipes y distintos al resto.
Así que buscó por toda la casa, habitación por habitación: dentro del frigorífico, en el azucarero... hasta en la taza del báter y en el cubo de fregar.
Pero nada.

Regresó a su sofá y al sentarse, por el rabillo del ojo, vio que había dos pies que asomaban bajo el sillón situado tras la ventana. Sonrió, aliviada, y al levantarse agarró con rapidez los pies, no fuese a ser que desapareciesen. Sirviéndose de todas sus fuerzas, tiró hacia sí y consiguió que el príncipe saliese de debajo del sofá. Era sin duda él: correspondía palabra por palabra al tipo de chico que a la vista le gustaba, y cuando sonrió y empezaron a conversar, decidió enseguida que había mucho en común entre ellos.

Carla le contó que lo había estado buscando durante mucho tiempo. Él respondió que también, y entonces se besaron. Así estuvieron un buen rato, hasta que ella le ofreció algo de beber. Se acercó a la cocina a por las bebidas.

Por desgracia, cuando regresó al salón, el príncipe había desaparecido. Pero le había dejado una nota, que decía: "Disculpa, me he puesto nervioso y me he tenido que marchar. Eres lo que siempre he estado buscando. Mañana volveré y te propondré en matrimonio".

Carla se quedó loca de contenta.
Pero la alegría le duró muy poco, pues todo acabó como tenía que acabar: no es que el príncipe fuese gay; no es que estuviese con otra; no es que al día siguiente le dejase otra nota para anunciarle que la abandonaba.
Simplemente... Carla se despertó.

martes, 17 de febrero de 2009

Romuald.


Lo conocí a través de Javier, un amigo. De ciento en viento quedamos porque es francés y en algún bar pasamos un rato charlando en ese idioma.
Un gran abrazo para Romuald, que por cierto tiene novia, que ya os estoy leyendo el pensamiento.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Paremos el carro (II)


Prosigo disfrutando de la ausencia de Internet en casa.

Los fines de semana es cuando más se echa de menos el invento, claro está, porque cubría ciertos ratos muertos. Pero esos ratos ahora quedan rellenos cocinando mejor, leyendo más, yendo a nadar, estudiando francés.

Resulta increíble que uno sienta "la necesidad (¡¡!!)" de conectarse, lo eche de menos a veces, deba corregir el tic de pensar en el ordenador y el placer de atontarse ante él. Una droga, en definitiva. Insisto, es increíble. Como dejar de fumar, más o menos.


Ono, o mejor "¡Oh, no!", se ha entretenido un poco fastidiándome: que mire usted, que como le dimos de baja la conexión tal día, y las facturas las emitimos tal otro, pues jódase y pague la conexión del próximo mes, que en la factura siguiente ya se lo devolveremos. Vergonzoso, a ver cuándo las compañías de teléfono dejan de poder hacer lo que quieren.
El mejor modo de descubrir que se puede vivir sin internet es que, tras un fin de semana, uno consulta sus mensajes el lunes en el trabajo o en el cyber y descubre lo que se ha perdido: absolutamente nada. Bueno sí, que un amigo de un amigo en facebook "está de resaca tras la juerga de ayer" o que "Pepito entra a trabajar a las seis".
¡¡Únanse a mi grupo unipersonal de desinternetizados!!

viernes, 30 de enero de 2009

Paremos el carro.

No es la primera vez que lo hago, pero esta vez he sido más tajante: he dejado de tener conexión a Internet en casa.
Sin poner en duda las ventajas que el invento tiene, posee al mismo tiempo cierta capacidad de adicción ante la que es difícil resistirse. Después de comprobar que, más que nada los fines de semana, algunas tardes se me iban en conversaciones innecesarias por messenger o ratos tontos leyendo paridas en facebook, tomé la decisión de abandonar un poco el mundo virtual.
Total, me dije a mí mismo: estás pagando en exceso por tener internet y encima los contras son más numerosos que los pros. Pues está claro que hay que arreglar esto.
El mundo continuará: existen cybers. Tengo tres a menos de tres minutos a pie desde mi casa. Uno se conecta, mira las tonterías habituales, actualiza el blog y tal, pierde una hora u hora y media y un par de euros y aprovecha su tiempo en ir a dar una vuelta, leer y ver películas.
¡Y se olvida de la sensación nicotina - cafeína en versión virtual!

No se preocupen ustedes, que seguiré presente en sus vidas internetianas.

lunes, 19 de enero de 2009

lunes, 5 de enero de 2009