domingo, 21 de junio de 2009

Despedida (I)

Allá por diciembre salió, como todos los años, publicada la posibilidad de participar en el concurso de traslados para maestros. Escarmentado tras varios años intentándolo, sabía que había pocas probabilidades de que con mis puntos acumulados, relativamente pocos, me diesen lo que yo quería: un colegio en Zaragoza capital, cercano a mi casa, bilingüe para que la posibilidad de tener que impartir inglés en infantil fuese inexistente –pues de ello se encargan casi siempre los profesores nativos en ese tipo de coles-, con horario de salida a las cuatro y media de la tarde… Hasta tal punto estaba convencido de que no me iban a dar lo que yo quería que dejé los papeles para el último momento: fue el día antes de irme a París cuando me senté a elegir colegios. Puse tres, solamente tres: Valdespartera, Montecanal y José Antonio Labordeta.
Dejé instrucciones a mi hermano para que llevase los papeles al servicio provincial. Me envió un sms a París porque acababan de decirle que había que introducir los datos a través de Internet. Santi, no te preocupes, le dije; he puesto tres colegios sólo y no me van a dar ninguno. Entrégalo en formato de papel y si luego no valiese, no pasa nada, total…
Y bueno, como ya sabéis, a principios de este mes he sabido que, tras cinco años en el pueblecito, me han dado destino en el cole de Valdespartera. Es toda una maravilla teniendo en cuenta que es lo que quería, que es el colegio que puse en primer lugar y que una de las chicas que han concursado para este colegio por mi misma especialidad ha obtenido plaza gastándose el doble de puntos que yo.
Se trata de un colegio bilingüe, de modo que los alumnos tienen clases en inglés desde los tres años con profesores nativos, y durante la etapa de Primaria tienen clase de Literacy –llamémoslo inglés-, Conocimiento del Medio y Plástica en este idioma, sumando nueve horas semanales. Es un colegio nuevo que se inauguró este curso que ahora termina, y cuyos puestos han sido cubiertos por personal interino; así que en septiembre, salvo el equipo directivo, todos los maestros llegamos por primera vez al centro. Creo que me gustará la sensación de comenzar casi desde cero, aunque sin duda implicará más trabajo e inseguridad en algunos aspectos.
¿En qué voy a salir ganando con el cambio de colegio? En muchas cuestiones:
- La más clara, en dejar de conducir dos horas cada día, con lo peligroso que resulta en días de lluvia y en general en invierno cuando hay riesgo de helada.
- En consecuencia, unos ciento cincuenta euros que no me gastaré mensualmente. Vaya, como si hubiese pedido un aumento de sueldo al jefe, especialmente si pensamos en esos maravillosos mil doscientos euros que gasté en la última revisión de coche y que todavía me duelen. (No es que ahora no vaya a revisar más el coche, pero lo haré con una frecuencia mucho menor).
- El factor tiempo varía considerablemente. Hasta ahora, 2 x 60 minutos al día en coche, = 120 minutos en total. A partir de septiembre, 2 x 15 minutos = 30 minutos. Hay que añadir a esto que mientras que en el pueblo la hora de salida era las 16:30 horas, más una hora de coche = 17:30 horas, ahora saldré a las 16:15 horas, + 15 minutos de coche, = 16:30/35 en casa. ¡Vamos, como si hubiese ido al jefe y le hubiese pedido una hora más de vida al día!
- Por otra parte, el modo de trabajar será distinto. Acabaré con toda seguridad más cansado, pues estaré en aulas con unos veinte alumnos y no de diez o doce, pero podré trabajar con TODOS la MISMA actividad: todo un lujo a menudo impensable durante mis últimos cinco años de vida profesional.
- Y finalmente, podré dedicarme bastante de lleno a enseñar inglés, que al fin y al cabo es una de las áreas que más me gusta enseñar junto con las matemáticas y, a veces, el conocimiento del medio. En Villarreal tener seis libros de texto de inglés con sus seis cuadernos de actividades y sus seis cd´s de listenings y songs era como… ¿imposible? Y eso que este año, no me preguntéis cómo, he conseguido terminar todo el libro con 5º.

Pero claro, ¿qué pasa con el cole que dejo? ¿Cómo ha sido lo de ver que allí Jorge dejará de ir dentro de unos días?



(Continuará)

miércoles, 27 de mayo de 2009

Diabetadas (XVII)

Arturo: estado de quien ha ingerido exceso de comida.
Onomástica: cierta compañía de teléfonos se come nuestro dinero con patatas.
Ablución: emisión de un mensaje oral.
Remitente: persona que hace avanzar una barca con su fuerza y la ayuda de un instrumento destinado a tal efecto.
Pingajo: trozo de algunas frutas que se lleva enganchado a la ropa como adorno.
Abrigo: voy a cierto lugar de Gralicia.
Mamada: papada de mujer.
Carámbano: hacer una mueca con un objetivo que no se logra cumplir.
Convalidar: hacer adecuado algo medianto saltos continuos a una cuerda que pasa bajo nuestros pies.
Andaron: anduvieron irregularmente, por embriaguez u otras causas.

sábado, 23 de mayo de 2009

Moving!!!!

domingo, 10 de mayo de 2009

Vaselina, por favor.

Cuando viajé a París las navidades pasadas, constaté algo: que en España los precios de telefonía e Internet son desmesuradamete altos. En Francia, con unos treinta euros al mes uno puede disfrutar de todo lo siguiente: tarifa plana para navegar por la red, llamadas gratuitas nacionales y al resto de Europa y decenas de canales de televisión de todo el mundo. Si en España uno quiere disponer de los mismos servicios, tendrá que pagar, a ojo de buen cubero, noventa o cien euros como mínimo.
Pero no parece ser suficiente. El gobierno, a partir de septiembre, eliminará la publicidad de los canales públicos de televisión. Para suplir los beneficios que los anuncios reportan, se recurrirá a, entre otros, las cadenas privadas y las compañías telefónicas, a las que se les pedirá un tanto por ciento de sus beneficios.
¿Cuál ha sido la respuesta de las compañías telefónicas? Rotunda y clara: los consumidores veremos aumentar el precio de sus servicios.
Pues eso.

jueves, 30 de abril de 2009

Elefante gratuito.


Isabel, una amiga, o quizá yo mismo -ya no recuerdo- me propuso algo que me sonó interesante: "Oye, ¿por qué no nos leemos un libro los dos y luego lo comentamos?" Nos apetecía simular un club de lectura, al que yo personalmente desde hace tiempo deseaba pertenecer. Así que le dije que sí de inmediato.
Y entonces le dije que quizá en FNAC podríamos leernos el libro que fuese gratuitamente y que allí, claro está, no tendríamos problemas para encontrar dos ejemplares del mismo libro en caso de que decidiésemos leerlo a la vez.
- ¿En serio que se puede leer gratis? -me preguntó.
- Sí -respondí yo-. Una vez en la FNAC de Madrid vi que había una salita hecha de propio para ello, y en ella había lo menos quince personas con un libro entre las manos.
- Pues genial.
Y así, quedamos un día y decidimos comenzar esta propuesta literario-gratuita-cutre. Cutre lo digo porque me lo parece lo de irte a un sitio, pillarte un ejemplar nuevecito y sentarte a echar dos horas disfrutando del aire acondicionado, de los servicios... y todo sin soltar un centieuro. Me invade una sensación rara cuando devuelvo el ejemplar a la estantería y pienso que alguien lo comprará pensando que nadie lo ha leído todavía.
Decidimos tragarnos el último libro de Saramago, por aquello de aprovechar que podíamos leer novedades. Nos lo zampamos en dos tacadas.
Se lee bien. Está basado en un hecho real.
Pero vaya, que poco más. Uno le coge cariño al elefante y a algún que otro personaje, aprende cómo se llama la persona que conduce este animal... pero eso es lo que hay. Me da que este hombrecillo escribió dos novelas interesantes, Ensayo sobre la ceguera y Todos los nombres, y que el resto son irregulares y sosillas, aunque se leen agradablemente.

Ahora, unas semanas después, estamos pseudorrobando "Los caracoles no saben que son caracoles", de Nuria Roca. Es entretenida, intrascendente pero tiene golpes divertidos. Huele un poquito, quizá para bien, a El diario de Bridget Jones. Pero sólo un poco.
Si quieren ustedes unirse a nuestro miniclub gratuito de lectura, ya lo saben, en los sofás efnaquianos algunas tardes a la semana.

domingo, 19 de abril de 2009

Diabetadas (XVI)


Cáncer: lugar en el que, privados de libertad, permanecen los condenados.
Bruta: abujero en una montaña.
Burbuja: ser de leyenda que toma refrescos con gas montada en escoba.
Billar: mostrar reflejo de luz.
Papada: la rácana es mamá.
Larva: preapra la teirra.
Cortejar: tratar de ganarse el amor de una persona construyendo el techado de su vivienda.
Guisantes: cocina con mayor rapidez.
Gallego: coño, que en un minuto estoy ahí, impaciente de mierda.
Parkinson: abandonando a tu hijo en la escuela casi todo el día.

lunes, 30 de marzo de 2009

OBSERVADOR DE CAMBIOS.

Si en san Valentín de hace ya no sé si hace uno o dos años se murió un amigo de mi padre de un tumor cerebral fulminante, este san Valentín pasado falleció una tía abuela que ya estaba muy mayor . Mi hermano, que cumple años el catorce de febrero, se empieza a preguntar si él tendrá algo que ver con tales casualidades, así como si su cumpleaños próximo vendrá adornado también de alguna corona de flores.

Por otra parte, una amiga, la segunda ya, se casa. Este segundo caso para mí ha sido muy inesperado, aunque supongo que uno nunca se espera que le anuncien una decisión tan grande como ésa.

Y así, entre entierros y bodas, me quedo como observador. Sin duda el tiempo pasa, y con él la gente cambia, decide y se mueve.

Me queda la sensación de estar haciendo poco, o al menos de estar viviendo escasos cambios propios. Poco más he hecho últimamente que viajar –eso sí, muchísimo, envidiadme-, y por lo demás en nada ha cambiado mi vida…

¿Cuál es mi conclusión?

Pues sorprendentemente, que no me dejaré influir, igual que hago en navidad, época en la que se compran regalos absurdamente y yo ni los hago ni casi nunca los recibo. Digo, pues, que seguiré viendo las cosas pasar, porque si me pasan pocas cosas, quiere decir que todo va bien. No quiero tomar decisiones gordas en este momento: casarme no entre otras cosas porque no tengo con quién; hipotecarme tampoco aunque si los precios siguen bajando y se me queda a precio de alquiler habrá que planteárselo; tener hijos… bueno, disculpad pero me entra el ataque de risa. Qué bonito es criar a un niño pero qué cierto es que para cuando abandonan el nido uno tendrá medio siglo más y menos energías para retomar la vida llena de tiempo que uno había dejado antes de.

En resumen, me encuentro con casi treinta años, de alquiler, sin pareja, sin hijos, con trabajo fijo, y pienso: ¡joder, qué de puta madre! Esta libertad me permitirá, si así quiero y consigo, irme al extranjero un par de años a enseñar español.

Con todos los respetos, hipotecarme, tener un hijo o casarme a mi edad me suena demasiado a “y esto es lo que va a ser de mi vida”, y no podría. Ya me costó presentarme a las oposiciones que me van a dar el sustento hasta que me jubile, porque aprobarlas implicaba hacer lo mismo a los veinticinco que a los cincuenta. Así que no quiero más previsibilidad. Me gusta detenerme a pensar que conoceré otra cultura, nuevos amigos, mejoraré mi inglés o mi francés y, en definitiva, haré que mis circunstancias cambien y quiten la monotonía de un futuro demasiado predecible.


Whatever will be, will be…



lunes, 16 de marzo de 2009

Le fabuleux destin de Jorge Poulain.

Cuando fui a París las pasadas navidades, descubrí que para comprar un abono de metro de una semana de duración necesitaba fotos de carnet.
¿A quién se le ocurre? Estoy de acuerdo en que no se puede organizar el mundo pensando en los turistas, pero siendo París la ciudad turística por astonomasia, o antonomasia, o señoratomasa (elijo la b), deberían haber pensado que un turista no suele viajar con fotos de carnet sueltas. Luego pensé que quizá las empresas de fotomatón habían pensado en los turistas, pero mirando hacia sus propios intereses.
Y tuve que morir al palo de hacerme fotitos, porque desconocía la frecuencia de aparición y el malhumor o no de los controleurs franceses y no deseaba practicar el idioma frente a uno de ellos en situación tensa.
Entré en la maquinita, toda digitalizada ella, puse cara de muchos amigos, me salió bien a la primera y no tuve que utilizar la opción -que está bien que exista- de elegir hacer otra foto antes que imprimir el horror que acabas de ver en la pantalla. Y cuando las fotos se imprimieron descubrí dos cosas: una, que siempre que me hago fotos de carnet me las arreglo para no ir con barba de dos días sino de cuatro (lo que me da un aire de terrorista internacional); y dos, que había pulsado una opción incorrecta y en lugar de tamaño carnet había imprimido tamaño bono de bus Tuzsa para agüelos.
Pero pensé que le iban a dar bola y que por mis santas narices que yo metía esa foto en el carnet, y lo hice, aunque medio tapando el apellido y la firma. Afortunadamente, ningún controleur me pidió el carnet-bono.
La gracia de haber tenido que hacer fotos es que volví con tres de ellas a España, y entonces pensé: ¿no es muy Amelie haber utilizado por primera vez un fotomatón y encima llevar tres fotos de recuerdo y la ausencia de la cuarta?


Juzguen ustedes.



martes, 3 de marzo de 2009

Yendo y viniendo.


Bajé a comprar. Es curioso que, por mucho que uno lo intente, poco después de volver del supermercado tiende a echar en falta algo que podía haber comprado de habérselo apuntado.

Pero no quería hablar de eso. Decía que bajé a comprar. Últimamente compro piña en lata, no en almíbar sino en su jugo. En el Alcampo miro varias marcas y, como tienen el detalle de decir a cuánto sale el kilo, es fácil ver cuál sale más económica.
Pero el otro día fui al Simply y vi asombrado que las latas de piña estaban veinte céntimos más baratas. "¡Fíjate!", pensé. "Es un supermercado más pequeño y sin embargo he encontrado este producto más barato. Pues nada, a partir de ahora las compraré aquí. Qué bien haberme dado cuenta."

Y entonces sentí que había envejecido un poco. "¡Ya comparo precios y racaneo! Parezco mi abuela."

Será la edad, digo yo.

martes, 24 de febrero de 2009

Príncipe.

Carla estaba sentada en su sofá, viendo una película romántica.
Película que al final terminó bien, en boda de hecho.
Y entonces se quedó pensando que ella aún no había encontrado su príncipe azul.
¿Y por qué no?
Se miró en el espejo y se vio bien. Pensó en su manera de tratar a la gente y consideró que no había nada malo en su persona que pudiese desagradar.
Así que dedujo que lo único que tenía que hacer era buscar a su príncipe azul, porque en alguna parte tenía que estar.
Si era azul, buscaría primero en donde viese ese color.
Miró tras un par de puertas azules. Nada. Miró después en el cuarto de baño, y tampoco lo encontró tras las cortinas de la ducha.
Enseguida se le ocurrió que su edredón era azul, así que lo levantó y sólo encontró las sábanas, grises y rojas.

Decidió por fin que lo de azul era una metáfora, y que los príncipes podían tener el color que quisiesen, porque para eso eran príncipes y distintos al resto.
Así que buscó por toda la casa, habitación por habitación: dentro del frigorífico, en el azucarero... hasta en la taza del báter y en el cubo de fregar.
Pero nada.

Regresó a su sofá y al sentarse, por el rabillo del ojo, vio que había dos pies que asomaban bajo el sillón situado tras la ventana. Sonrió, aliviada, y al levantarse agarró con rapidez los pies, no fuese a ser que desapareciesen. Sirviéndose de todas sus fuerzas, tiró hacia sí y consiguió que el príncipe saliese de debajo del sofá. Era sin duda él: correspondía palabra por palabra al tipo de chico que a la vista le gustaba, y cuando sonrió y empezaron a conversar, decidió enseguida que había mucho en común entre ellos.

Carla le contó que lo había estado buscando durante mucho tiempo. Él respondió que también, y entonces se besaron. Así estuvieron un buen rato, hasta que ella le ofreció algo de beber. Se acercó a la cocina a por las bebidas.

Por desgracia, cuando regresó al salón, el príncipe había desaparecido. Pero le había dejado una nota, que decía: "Disculpa, me he puesto nervioso y me he tenido que marchar. Eres lo que siempre he estado buscando. Mañana volveré y te propondré en matrimonio".

Carla se quedó loca de contenta.
Pero la alegría le duró muy poco, pues todo acabó como tenía que acabar: no es que el príncipe fuese gay; no es que estuviese con otra; no es que al día siguiente le dejase otra nota para anunciarle que la abandonaba.
Simplemente... Carla se despertó.

martes, 17 de febrero de 2009

Romuald.


Lo conocí a través de Javier, un amigo. De ciento en viento quedamos porque es francés y en algún bar pasamos un rato charlando en ese idioma.
Un gran abrazo para Romuald, que por cierto tiene novia, que ya os estoy leyendo el pensamiento.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Paremos el carro (II)


Prosigo disfrutando de la ausencia de Internet en casa.

Los fines de semana es cuando más se echa de menos el invento, claro está, porque cubría ciertos ratos muertos. Pero esos ratos ahora quedan rellenos cocinando mejor, leyendo más, yendo a nadar, estudiando francés.

Resulta increíble que uno sienta "la necesidad (¡¡!!)" de conectarse, lo eche de menos a veces, deba corregir el tic de pensar en el ordenador y el placer de atontarse ante él. Una droga, en definitiva. Insisto, es increíble. Como dejar de fumar, más o menos.


Ono, o mejor "¡Oh, no!", se ha entretenido un poco fastidiándome: que mire usted, que como le dimos de baja la conexión tal día, y las facturas las emitimos tal otro, pues jódase y pague la conexión del próximo mes, que en la factura siguiente ya se lo devolveremos. Vergonzoso, a ver cuándo las compañías de teléfono dejan de poder hacer lo que quieren.
El mejor modo de descubrir que se puede vivir sin internet es que, tras un fin de semana, uno consulta sus mensajes el lunes en el trabajo o en el cyber y descubre lo que se ha perdido: absolutamente nada. Bueno sí, que un amigo de un amigo en facebook "está de resaca tras la juerga de ayer" o que "Pepito entra a trabajar a las seis".
¡¡Únanse a mi grupo unipersonal de desinternetizados!!

viernes, 30 de enero de 2009

Paremos el carro.

No es la primera vez que lo hago, pero esta vez he sido más tajante: he dejado de tener conexión a Internet en casa.
Sin poner en duda las ventajas que el invento tiene, posee al mismo tiempo cierta capacidad de adicción ante la que es difícil resistirse. Después de comprobar que, más que nada los fines de semana, algunas tardes se me iban en conversaciones innecesarias por messenger o ratos tontos leyendo paridas en facebook, tomé la decisión de abandonar un poco el mundo virtual.
Total, me dije a mí mismo: estás pagando en exceso por tener internet y encima los contras son más numerosos que los pros. Pues está claro que hay que arreglar esto.
El mundo continuará: existen cybers. Tengo tres a menos de tres minutos a pie desde mi casa. Uno se conecta, mira las tonterías habituales, actualiza el blog y tal, pierde una hora u hora y media y un par de euros y aprovecha su tiempo en ir a dar una vuelta, leer y ver películas.
¡Y se olvida de la sensación nicotina - cafeína en versión virtual!

No se preocupen ustedes, que seguiré presente en sus vidas internetianas.

lunes, 19 de enero de 2009

lunes, 5 de enero de 2009

domingo, 28 de diciembre de 2008

Desaparecido.


Cuando leáis esto, un servidor ya no se encontrará en Zaragoza. Se habrá marchado a uno de estos lugares:
- Escocia: Brian, el chico inglés que me alojó en Exeter, no conoce a los escoceses y vamos a intentar probarnos algunas faldas.
- Suecia: Leszek, mi amigo polaco, la propuso como opción, y celebraremos desde allí el fin de año.
- Francia: viajo solo y un francés me alojará en su casa mientras practicamos el idioma.
- Bulgaria: era una opción extraña, y encontré un vuelo barato, así como un búlgaro con casa y una habitación que me prestará.
- Ceuta y Melilla: me encontré un chico en internet de rasgos árabes y se ofreció a alojarme en Ceuta y enseñarme Melilla.

Si quieres recibir una postal desde donde sea que me he ido y todavía no me has dado tu dirección postal, envíamela a chaskatraska@yahoo.es

¡Felices fiestas y hasta el año que viene!

lunes, 22 de diciembre de 2008

Cambio de contexto (o cómo probar mi masculinidad)

Me pasa a veces.
Por ejemplo, estoy en clase sin los alumnos preparando algo, o simplemente perdiendo el tiempo en internet, y viene mi compañera a contarme algo y me saca de ese momento de preparación o de evasión.
O también, voy por la calle escuchando música centrado en llegar a tiempo a clase de francés y me encuentro con Rosa y empezamos a hablar de Florencia y otras cosas.

Cambio de contexto, de tema, de algo. Me cuesta. Si estoy trabajando, me cuesta pasar a ponerme a escuchar algo que me cuenten, si estoy yendo al instituto francés me cuesta de repente encontrarme a alguien a quien no pensaba ver.

No es malo ni bueno, pero me pasa. A ver si me pasa menos, porque preferiría que no fuese así.

Y eso que llevo ya cinco años entrenándome en clase, pasando cada pocos segundos de primero a segundo o tercero o cuarto o quinto o sexto de primaria.

Dicen que esto es cosa de hombres, que sólo podemos estar a una cosa.

lunes, 15 de diciembre de 2008

¡Dámelo a mí!


Seguro que ya has empezado a hacerlo: que si toma que va a tocar, que si cómo no vas a coger, que qué vas a hacer si les toca a todos menos a ti...
Bueno. Haz lo que te dé la gana. Pero has de saber que la probabilidad de que te toque el gordo es de una entre catorce millones. Total, la de que tengas un accidente áereo -no necesariamente muriendo en él- es de una entre cinco millones. Así que, como es más probable que tengas un accidente de avión que que te toque, ¡dame el dinero que vayas a gastarte, por favor!

lunes, 8 de diciembre de 2008

Todos somos modernos y guays... ¿no?


Pues no, no todos lo son. Todavía hay especímenes sueltos.
Uno va a mi gimnasio. El chaval parece majo y tal: simpático, hablador, extrovertido. No sabe usar las máquinas del gimnasio sin gritar ni hacerse el macho, y eso me molesta, pero bueno, qué se le va a hacer. Bastante desgracia tiene con su pinta de tener un coeficiente intelectual de -15.
El otro día, estando en el vestuario, le oí comentar con uno de sus amigotes una imagen arquetípica: ten cuidado en la ducha, que cuando vayas se me caerá la pastilla de jabón. Ja-ja-jas de tíos muy machos inundaron el vestuario.
Y como para permitir que me asegurase de su mentalidad retro, añadió que seguro que había algún bujarrón suelto por el gimnasio.
Angelico, si estás rodeado de ellos...

Pues eso. Otro que necesita tener un hijo gay.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Roles.

Todos los días desempeñamos papeles distintos: profesor, cliente de una panadería, hijo, conductor...
Uno de estos roles es el de turista.
Para qué voy a decir, si estáis hasta el chichinabo de verlo, que este año parezco María Sarmiento, que no paro de viajar conforme me lleva el viento de un lado para otro.
Y yendo de aquí para allá me he dado cuenta de que cuando se adopta el papel de turista, se incluye de repente un interés arquitectónico y en general artístico que el resto del tiempo normalmente no se tiene.
¿Por qué?
¿Por qué parece pecado ir a una ciudad y no ver sus museos?
¿Por qué tenemos que empaparnos de la vida y milagros de su historia?
Nadie nos obliga, claro está, pero es lo que terminamos haciendo.
Y bueno, lo haré cuantas veces haga falta, porque me lo paso bien así. Pero a veces me siento algo... tonto, pensando...: ¡pero si no conozco nada de arte! ¡Pero si olvidaré lo que he visto en cuanto salga por la puerta del museo!
Y uno ve a gente con pinta de ir a decir "co" en cualquier momento poniéndose en disposición de admirar los arcos de medio punto o las pinceladas punteadas de un cuadro superguays y piensa...: pero que no pegas haciendo eso, co...
Tengo que empezar a buscarme tíos buenos y obras de teatro chulas como excusa para viajar.