martes, 27 de abril de 2010

Mientras tanto.

Mientras espero que mi amigo Brian envíe las fotos de nuestro viaje a Dublín, entre las que puede haber alguna que me interese incluir en mi actualización sobre el viaje a dicha ciudad, os entretendré con un chiste que escuché hace poco, que probablemente os habré contado si os he visto recientemente y que me parece muy bueno porque me lo imagino representado en escena -con carcajadas aseguradas si está bien interpretado-.


Una mujercilla se acerca al confesionario de una iglesia, se arrodilla y dice:
-Padre, quiero confesarme.
-Ave María Purísima -dice el sacerdote.
-Sin pecado concebida. Pues verá, es que... me han violado.
-¡Alabado sea el Señor! Veamos... ¿pero usted cuántos años tiene?
-Noventa y tres, padre.
-Entonces, señora, eso debió de pasar hace ya mucho tiempo.
- Sí, padre -responde ella-, pero me gusta comentarlo.

sábado, 10 de abril de 2010

Viajes de viaje.

Hoy me han indicado varias personas que les ha llegado por fin la postal. Mi próxima actualización hablará sobre ese viaje y permitirá a los seguidores charadianos conocer dónde me marché y cuánto me gustó el destino de la escapada.
Mientras tanto, hablaré de otros viajes. Aquéllos que hice mientras viajaba físicamente.
Me refiero a algunos libros. Terminé un libro de Eduard Punset sobre el amor. De todos los que he leído suyos, éste es probablemente el que menos me ha gustado: no porque esté mal, que lo recomiendo, sino porque quizá es menos sorprendente o los otros son muy buenos. Permite, sobre todo si es la primera vez que uno se acerca a este tipo de libros de divulgación de psicología, el cerebro, etc., comprender los aspectos que permiten que nos enamoremos o los que lo impiden, por qué se puede sufrir por amor, etc.
Durante mi estancia allá, leí Verónica decide morir, de Paulo Coelho. Resulta algo predecible, pero de todos modos muestra una historia sencilla de leer y que consigue hacer reflexionar sobre lo que somos, lo que queremos, lo que buscamos, y sin resultar en exceso moralista o pesada.
Por último, recomiendo la lectura, que comencé regresando en el avión, de The curious incident of the dog in the night-time, o El curioso incidente del perro a medianoche. Creo que fue publicado hace ya varios años. Es un libro raro, que comienza con el asesinato de un perro y la investigación por parte del protagonista del autor de ese crimen. Lejos de ser una novela de misterio, aunque en la contraportada de la edición que tengo la anuncian como tal, su interés reside en la originalidad del relato, fundada en las particulares características del narrador protagonista. Prefiero no ser más concreto y que lo descubrais vosotros mismos. Recomendable en especial para los profesores, tampoco puedo decir por qué.
Parece que no hay nada como pasar unos días fuera de casa para rellenar el tiempo del modo adecuado: conociendo gente, visitando sitios y leyendo. Por ahora, he conseguido mantener este tercer aspecto en casa desde que he vuelto y he retomado una novela en francés, que había dejado porque es algo lenta y me da pereza leer en ese idioma, y comenzado un ensayo sobre Hamás, bastante interesante y asequible.
A vuestra disposición para recomendaros libros y hasta prestároslos si nos vemos de vez en cuando. (Dicen que mejor es regalar que prestar y más o menos cuesta lo mismo...).
¡Saludos y leed mucho y bien!

miércoles, 31 de marzo de 2010

¡Enseguida vuelvo!

Cuando leas estas líneas me habré marchado ya de Zaragoza. Viajo con mi amigo inglés Brian. ¿A dónde? He ahí el misterio:

1) Sin duda nos hemos ido a Dublín, en Irlanda. Él habla inglés, yo también y parece un lugar interesante al que hay que ir en alguna ocasión.

2) Qué va, en realidad nos vamos a Andalucía, en España. Brian prefiere no conocer a sus vecinos angloparlantes y escaparse a un país que visitó conmigo el año pasado y le gustó mucho. Trataremos de esquivar las celebraciones religiosas si eso es posible.

3) ¡Pero cómo nos vamos a ir a Andalucía! Menuda locura. Hemos preferido elegir un destino más alternativo, y como yo llevaba ya tiempo queriendo ir a Bucarest y Transilvania, en Rumanía, he convencido a Brian y en estos momentos ando tratando de repasar los números en rumano del uno al treinta, que me los sé.

4) Rumanía es bonito, pero quizá es mejor destino para verano, así que en realidad hemos escogido Roma, en Italia. Procuraremos no empacharnos en exceso de ver iglesias y trataré de no agobiarme mucho con ese idioma que parece ponerme nervioso sólo a mí.

5) Ni de broma me voy yo a Italia, qué pesadilla. Francamente, nos hemos escapado a Copenhague (Dinamarca) para decepcionarnos con el tamaño de la sirenita y ver qué acento tienen por allí hablando inglés.


Acabas de leer cuatro mentiras y una verdad. Si quieres recibir una postal desde el destino al que verdaderamente me voy, envía tu dirección postal ya mismo a chaskatraska@yahoo.es (o a cualquier otra dirección de email mía que tengas).
¡Hasta pronto!


miércoles, 17 de marzo de 2010

A diario.


Cuanta más información hay disponible, más complicado resulta seleccionar lo interesante y encontrar el hecho verdadero entre los sesgos con que se da.
Nada hay peor que criticar aquello que uno no es capaz de hacer. Sin embargo, no me resisto. En especial porque, en el fondo, la crítica se dirige menos a quienes diariamente hacen lo que ahora describiré y ante todo a quienes nos brindan la información.
Nos levantamos por la mañana. Podemos acudir a internet, a decenas de cadenas de televisión, a decenas de emisoras de radio y a decenas de periódicos para saber qué ha pasado en el planeta en las últimas horas.
Como cada cadena, emisora o periódico tiene puntos de vista distintos, hay quienes cada día tienen la paciencia -y el tiempo; creo que hay que sacarse la licenciatura de Jubilado para hacerlo- para leer al menos dos periódicos y escuchar las noticias en un par de cadenas diferentes.
Pero, ¿eso vale la pena? ¿Por qué hay quien se toma tanta molestia? Suceden tantas cosas en todo momento que de entrada hay que admitir que se nos sirve una selección de noticias, y que si queremos conocer "la verdad", nunca lo lograremos. Salvo que seamos omniscientes, como dios nuestro señor, u omnívoros, como a mí me gusta decir que dios nuestro señor es.

Un día, uno se levanta con ánimo de cambiar algo de sí mismo. Y no le toca a los kilos del culo o de la tripa, o a la dejadez de llamar a algunos de los que tienes en la tarjeta del móvil; sino que le toca el turno a la necesidad de conocer mejor dónde vivimos, y la tomamos con el hecho de mantenerse informados y poder decir algo de última hora si surge el tema en una conversación. (Digresión: esta última oración me hace pensar en aquellas revistas de antaño cuya publicidad, evidentemente también de antaño, mostraba al descubierto -no como ahora- el talón de aquiles al que atacaba y decía cosas del estilo de "tenga esta enciclopedia y será el centro de todas las reuniones" o "con nuestra revista, nunca se sentirá ignorante en las reuniones de amigos").
Bueno, el caso es que uno se pone a ello, que si me leo esto, que si escucho lo otro... y ve la ingente tarea que tiene por delante.
Pero quisiera detenerme un momento en los telediarios. Sin duda la tele es vida masticada para jugos gástricos perezosos. Muchos nunca dicen que son pasivos excepto en su actitud ante la televisión. Porque claro, atonta si uno se descuida. Nuestra ansia de información nos hace ver un rato un telediario. El otro día tocó el de matías prats, aunque seguro que podría decir lo mismo de cualquier otro. Matías, por cierto, que sepa que mi abuela le sigue porque debe de tener usted la dicción más decente de todos los telediariopresentadores. Me puse a ver la emisión y, qué quieren que les diga, señoras y señores... Menú:
- El terremoto de Chile.
- Zapatero y Rajoy.
-Incendio en un almacén.
- Atentado en Afganistán.
-Un robot molón que parece humano.
-Videojuegos que se venden mucho.
-Y huelga decirlo: deportes.
Uno, sin molestarse en seguir la actualidad, se entera de lo más importante: Chile, Afganistán y alguna novedad legislativa. Lo demás, ¿qué interés tiene? Es todo una búsqueda de audencia. O estamos atentos o en medio minuto estamos viendo que han sacado la séptima entrega de un videojuego de lucha, o que otra vez ha muerto un crío atropellado por un familiar suyo, o que los muertos en Chile ya son más noticia que los de Haití, y que tras los muertos de Chile tranquilos que hay final feliz, porque el presentador sonríe para dar paso a los deportes... Y por supuesto, qué encantador es eso de, a las 21:25, conectar con un pobre reportero que lleva un buen rato embutido en su abrigo en mitad de la blanca nada sólo para confirmar que sí, que hace un frío que pela, que efectivamente ha nevado y que va a seguir haciendo frío. ¿En serio ha tenido que irse hasta el puerto de Andestaesorrediós para decir lo que podría haber dicho el meteorólogo después? Pero claro, conectar en directo le da agilidad al telediario, como sentarse en la mesa o hablar de pie, o esa música bakala que suena a veces entre noticia y noticia.

En fin, que toda mi admiración, mi escepticismo y mi incomprensión a los seguidores de las noticias diarias.

miércoles, 17 de febrero de 2010

sábado, 6 de febrero de 2010

¿No me enamoro ni me compro piso porque trabajo? ¡!

Ésta es una de las preguntas que me hago últimamente.
Supongo que me apetece encontrar pareja, porque llevo ya muchos años soltero y siempre estoy dispuesto a conocer a alguien nuevo cuando surge la oportunidad.
Sin embargo, soy extremadamente exigente y, salvo que sienta un flechazo o un interés más o menos pronto, enseguida me echo para atrás y huyo.
Porque lo cierto es que, sinceramente, también me encuentro bien solo. Y no es que se trate de "Qué bien estoy solo, pero por favor, ¿cuándo acabará esto?", sino de que realmente no necesito otra persona para estar bien y le veo a la situación muchas ventajas, de las que disfruto.

Está claro que, con la persona adecuada, me volveré el más radical de los emparejados, y hasta posiblemente caiga en el error de no concebir mi existencia sin la persona que está a mi lado.
Pero mientras ese momento llega, o no llega, me he entretenido buscando una explicación.
La que se me ha ocurrido parece coherente.

Tengo una estabilidad laboral inmejorable: oposición superada. Sueldo decente cada mes. Todo fantástico, pero como contrapartida, una vida laboral totalmente previsible (salvo que me pida un traslado al extranjero, a las Baleares o a Badajoz, que por poder puedo). Esa previsibilidad, que hace tiempo que dejó de aterrorizarme pero de la que no he dejado de ser consciente, puede que fomente que huya de aquellas cuestiones que la aumenten. Porque si ya sé qué voy a hacer laboralmente hablando el resto de vida, ¿también quiero saber en qué piso voy a vivir el resto de mi vida y, de encontrar lo que tiene el terrible nombre de media naranja, saber con quién voy a compartir el resto de mi vida? ¡Pero qué horror! ¡Deja que el resto de mi vida no esté todavía escrito!

Eso y saber que además es lo que la sociedad prevé que haga (hipoteca + boda + trabajo = tu vida) todavía me invita más aún a rehuir de paredes que me limiten.

Claro que no voy a irme de labores humanitarias y dejar lo que tengo. Porque en el fondo, como a casi todos, me gustan la comodidad y los caprichos. Y por eso sé que esta opinión tiene fecha de caducidad.

¡Pero aún no sé dónde viviré, ni si trabajaré en otro sitio, ni a quiénes conoceré vertical y horizontalemente, y eso me encanta!

domingo, 17 de enero de 2010

Teléfonos.

Ya han pasado las navidades. Como epílogo a mi actualización anterior, ahora que las navidades han pasado, ¿no te parece un poco tonto ese gasto en regalos que has hecho? Yo me lo he gastado en cosas para mí o simplemente en ahorrarlo...
Esta vez no he viajado a ningún sitio. Ciertos planes que tenía se estropearon en el último momento y no pudo ser lo que iba a ser. Así que estas navidades han sido las de los teléfonos.
Uno, las de cambiarme de compañía de teléfono fijo. Dos, las de cambiarme de compañía de móvil (con una tarifa más barata que hasta me animará a llamar más con el móvil, cosa inaudita hasta ahora). Tres, las de comprarme teléfono móvil nuevo, pues el antiguo me estaba haciendo tonterías con la pantalla. Y cuatro, las de cambiarme de inalámbrico para la línea fija, que el otro había muerto y me cansaba de hablar con el fijo sentado en el frío suelo de mi salón.
Tienes que venir a mi casa -que asombrosamente está ordenada y visitable por fin (sí, Rosa, sí, has leído bien)-. ¿Por qué? Porque el inalámbrico es rosa y de Barbie. Mi hermano me dijo si había huevos de comprarlo y hombre que si hubo...
Una navidad telefónica, no cabe duda.


jueves, 24 de diciembre de 2009

Navidad (o ponerse un gorro de Papá Noel como única incoherencia permitida).

Ya estamos en navidad. El encontrarme en todos los sentidos mejor que nunca, y que dure, me hace más sencillo encarar con optimismo unas fiestas que me resultan poco atractivas. Siempre me ha parecido triste que la religión imponga los momentos de descanso, que en la práctica pocos cristianos piensen en las razones verdaderas que alguien de su religión debería tomar como la base de estas fiestas, que para casi todos (soy una orgullosa excepción) esto consista en comprar regalos y en darlos (lo del juego del amigo invisible tiene más sentido para mí y se hace con más libertad, sin espíritu navideñoborreguil)… y además, quizá por la pronta llegada de la noche, el frío y el mal tiempo, se trata de unos días poco acogedores que abren fácilmente la puerta de lo triste.
Repito que por esta vez estoy consiguiendo acoger estas fiestas sin centrarme en todo lo mencionado. Pero de verdad, sed coherentes. Si os mueven motivos religiosos en vuestra vida, id a misa y orad, y si no, ni siquiera os molestéis en comprar regalos. Comprarlos no tiene sentido en ningún caso, pero menos aún si no somos practicantes o somos incluso agnósticos o ateos. Para el próximo año podéis poneros un aviso en vuestro móvil para que a finales de octubre os aparezca en pantalla el mensaje de “Es un buen momento para tener un detalle bonito con quien aprecias” y así gastarte menos dinero, ser menos borrego –sin insultar, ¿eh? Lo digo por aquello de comprar cuando nos lo dicen- y además en realidad sorprender mucho más regalando con mayor iniciativa y cuando tú quieres. Porque no es cierto que tú quieras ser amable y hacer regalos en navidad: es que te han acostumbrado a ello, del mismo modo que a mí como profesor me marcan las vacaciones y me alegro de tenerlas cuando llegan pero no por eso dejo de desear a veces poder modificarlas en duración, cantidad o fecha y lo haría si estuviese en mi mano.

¿También has picado comprando lotería para nada? Si, ¿verdad? Entonces no repetirás con la lotería de Enero, ¿no?

Huy, que ya me estoy yendo, y prometí no hacerlo…

Que usted engorde bien y lo vuelva a hacer, si así lo desea, durante el próximo año.




viernes, 27 de noviembre de 2009

¿Ha valido la pena cambiarme al nuevo cole?

Pasado ya casi todo el primer trimestre, comienzo a poder valorar si el cambio de colegio ha valido o no la pena. Éstas son mis conclusiones:
- El cambio fundamental es el del tipo de dinámica de aula. Mientras en el pueblo trabajaba con unos diez alumnos que pertenecían a casi todos, o a veces todos, los niveles de Primaria, este año estoy con veinte alumnos de primero de Primaria. En el primer caso, el aula permanecía en silencio casi todo el tiempo, los alumnos tendían a ser muy independientes y pacientes y enfadarme con alguno de ellos era algo casi inaudito; mientras, en el segundo caso dar un grito o castigar a alguien es algo habitual, de veinte alumnos siempre hay algunos que no han comprendido bien (o han olvidado parcialmente) lo que se ha explicado y la voz se fuerza más. Pero, qué queréis que os diga: con veinte niños se me pasa el tiempo mucho más deprisa. Es ahora cuando me doy cuenta de que allá en el pueblo las dos horas primeras de antes del recreo se me hacían largas. Ahora aquí se me pasan que no me entero.
- En el pueblo, por haber tanta diversidad de nivel, era casi imposible plantear actividades para todos al mismo tiempo. Ahora puedo hacerlo porque todos son aproximadamente iguales, al menos en el sentido de que todos pertenecen al mismo curso. Eso me permite sentirme más libre para crear, para inventar actividades, juegos, dinámicas… y por eso trabajo mucho más a gusto. Detesto sentirme un consumidor apersonal de libros de texto Dos o tres días a la semana, en lugar de hacer una hora de preparación de clases, que es lo obligatorio, hago tres, pero más a gusto que pa qué: que si una serpiente Decena roja que se come a Diez ratones unidad azules (a ver si les hago foto), que si caras gigantes con partes pegables para aprender las partes de la cara, que si un Twister para repasar colores, que si bingos, que si miniarcos particulares, que si juegos para la Pizarra Digital…
- A pesar de esas horas extra que acabo de mencionar, salgo en teoría a las cuatro y cuarto, así que los días que quiero estoy a las cinco menos veinte en casa. Antes llegar pronto del pueblo era llegar a las cinco y media.
- Ya no soy el director, así que no estoy pendiente de que venga el inspector en cualquier momento ni debo preparar el documento de organización del centro ni las cuentas de gestión, ni pensar una excursión de final de curso que encaje milagrosamente para niños de 3 a 11 años a la vez, etc.
- Estar en un colegio grande es la vida. Saludas a gente, hay buen ambiente, comes con un grupo grande de personas, se organizan comidas y cenas… Cuando toca la sirena, se oyen dos cling cling tipo aeropuerto y acto seguido unos quince segundos de música: “Yo voy a ser El Rey León”, los siete enanitos, etc. Hay una mezcla de cachondeo por la musiquita y comentarios tipo “Me niego a salir a la fila delante de los padres hasta que no se pare esa música, que voy a parecer papá enanito”.
- Vivan los colegios bilingües. Como tutor y especialista de código 99 (o sea, de inglés en un colegio bilingüe) es como más disfruto, ya que doy nueve horas en inglés a la semana a los alumnos de mi aula. Por si eso fuera poco, hay dos matices estupendos en lo que a inglés se refiere: uno, que no debo darlo en infantil –lo cual no es casualidad sino uno de los grandes motivos para irme a un bilingüe-; y dos, que al ser un colegio nuevo, este curso es el primero en este colegio en el que primero de primaria entra dentro del programa British Council, de modo que estamos construyendo los contenidos casi desde la nada. Agotador pero con libertad casi total. Una maravilla trabajar con cuentos, ¡qué juego qué da el de los tres ositos (o Ricitos de oro; bueno, Goldilocks): padre, madre, hijo, grande, mediano, pequeño, frío, caliente, dormir, malo, bueno, entrar, subir, bajar… ¡Todo eso van aprendiendo ya! No sé cómo llegarán de preparados los alumnos cuando terminen la Educación Primaria en sexto. Pero tener nueve horas de inglés semanales durante seis años, o durante nueve si se cuentan los tres años de Infantil, tiene que dar un oído buenísimo. ¡¡Por favor, si tienes un hijo, llévalo a un colegio bilingüe, te lo recomiendo vivamente!!
- Y por último, como detalle tonto, voy a disfrutar de mi primer amigo invisible en gran grupo: treinta profesores. Eso sí, hay una persona que espero que no me toque, y otras varias que si me tocan ni siquiera sabré quiénes son… porque como hay plantas del edificio a las que ni voy, apenas trato a según quiénes…

martes, 17 de noviembre de 2009

Por estas fechas....

...no deja de ser sorprendente poder entrar a una heladería. El otro día, un cucurucho mediano de menta con chocolate. :)

viernes, 23 de octubre de 2009

Yeeeepa.

Lo confieso: lo hice por el modelito. Porque dejando las flores (que eran además de prestado) ni pedí deseos ni nada...


sábado, 3 de octubre de 2009

Metrosexualidad y mejoras en general.

Hace cosita de un año me decidí a empezar a depilarme la espalda y los hombros. Había demasiado vello para mi gusto y, más que porque se viese o se dejase de ver -poco, pues rara vez voy a la playa o me desnudo cuando quedo a cenar con la gente-, quise hacerlo para evitar que en verano el sudor me calase la espalda más de lo normal.
Me di unas ocho, nueve o diez sesiones, a precios caros que quienes habéis hecho lo propio conocéis. En junio me recomendaron dejar pasar el verano para ver cómo evolucionaba la cosa. Y el otro día me llamaron de Novaláser, que es donde me he hecho esta depilación a láser, para dos cosas:
- Una, para preguntarme qué tal llevaba la espalda. Y fui muy sincero. Comenté que no llevaba idea de seguir haciéndomela, pues me dolía mucho cada sesión, no era barato y sobre todo porque a lo largo del verano el pelo de la espalda había crecido más o menos hasta llegar a como estaba en un principio. Un poco menos y más fino quizá (y no estoy seguro). Añadí que seguramente debería hacerme otras tantas sesiones para conseguir que el vello desapareciese del todo o durante un año, y que entonces no me salía a cuenta. Seguiré haciéndome el cuello, que ahí sí que he visto mejora en sólo dos sesiones, dije.
- Dos, para informarme sobre la cavitación. Enseguida comenté que me la estaba haciendo ya en otro sitio.

Y éste es el segundo tema de hoy. Llevo ya nueve sesiones de cavitación. Consiste en pasar un aparato similar al de las ecografías por la zona de la que uno se quiere quitar la grasa y ésta se hace líquida. Bebiendo agua, comiendo ligero y sudando/orinando/defecando uno las elimina. Me quedan dos sesiones y de nuevo estoy resultando escasos resultados. Igual que con la depilación, algo lo he notado, eso es innegable. Pero no es un cambio claro como para estar siquiera seguro (mirándose al espejo, viendo cómo queda la ropa, etc.) de que esté funcionando bien. He hecho ejercicio como siempre, he comido como siempre (no poco pero sí sano y con poca grasa como piden) y es lo que hay.

Así que, ¿qué queda? ¿Qué me ponga ortodoncia?
Una vez más, ¡¡NI DE COÑA!!

Que sean ustedes felices.



martes, 22 de septiembre de 2009

Bélgica y Holanda (III): conclusiones.

Habiendo pasado ya más de un mes del viaje, voy dándome cuenta de que no se ha tratado del viaje de mi vida, sobre todo Holanda. Y eso que una amiga que acaba de visitar ese país acaba de decirme que le ha gustado mucho... así que, si hay que hacer caso a la mayoría, entonces no me prestéis atención e id allí. Al fin y al cabo, sólo visitando el país en persona podréis tener una opinión del mismo.
Guionicemos los comentarios finales:
- Bélgica es bonita, aunque su capital, Bruselas, tiene pocas cosas que ver, sobre teniendo en cuenta que es la capital del país. Sin embargo, vaya usted a saber por qué, nos gustó mucho. El francés que allí se habla me pareció entendible y eso, a nivel personal, es un punto muy a su favor para llevarme un buen sabor de boca.
- Pude hablar bastante francés gracias a que Javi y Dani se colgaron el uno del otro, e hice de aguantavelas mientras je parlais français. Aquí Dani:




-En Amsterdam hay problemas de espacio. He ahí una de las grandes razones por las que las casitas son estrechas y, si uno entra en ellas, observa que las escaleras para pasar de un piso a otro son tremendamente empinadas. Las de uno de nuestros hostales eran así y bajar las maletas daba vértigo y parecía una aventura.



- El Free Tour, o tour gratuito, es imprescindible y una buena opción para conocer la ciudad. Esta opción está en otras ciudades, y basta con buscarlo por internet para averiguar en cuáles.
-Perderse en Amsterdam es fácil incluso con mapa. Los nombres de las calles son, claro, raros para una persona española y los canales y los más o menos semicírculos que dibujan complican la tarea de averiguar de dónde está viniendo uno o a dónde quiere ir. Así que toca ir con el mapa a todas horas en la mano.
- La visita a la casa de Ana Frank es imprescindible. Como ya dije, comprad con antelación las entradas a los museos en la estación de tren y os ahorraréis largas colas en algún que otro museo. No en todos, ya lo siento.
-Visitamos Rotterdam y Utrecht y ambas merecieron la pena. Bien por sus novedosos edificios, bien por algunos de sus museos y ambiente general, creo que está bien comprar billetes de ida y vuelta para el día, no excesivamente caros, y escapar un poco del gentío de la capital holandesa. Hay trenes con mucha frecuencia a estas y otras ciudades holandesas.




- Amsterdam = coches + autobuses + tranvía + bicicletas. Si queréis saber lo que pasará en breve en Zaragoza, cuando al subirnos al autobús debamos cruzar el carril para bici y estemos cerca de ser atropellados por estos artilugios de dos ruedas, id a la ciudad holandesa para entrenaros. La bici en principio es un gran invento, pero en Amsterdam invaden todo, hasta las aceras y las calzadas, de modo que uno debe estar continuamente apartándose de su trayectoria, escuchar sus timbres y mirar atrás y adelante cuando cruza de acera.
- El metro es razonablemente barato. Me apañé con un bono para cinco días, y había muchas más opciones. Eso sí, el billete sencillo es bastante caro.
-Por casualidad topamos con una biblioteca que nos dejó boquiabiertos. Aparte de disponer de bastantes ordenadores con acceso a internet, tenía cuatro o cinco plantas, cantidades ingentes de libros en varios idiomas, una decoración y distribución que recordaba en todo momento a un centro comercial y, lo más curioso, un piano que se escuchaba por todas las salas y que sólo se podía tocar habiendo pasado previamente una prueba de nivel. Aquí una imagen de esta biblioteca:





-La restauración en Amsterdam es cara. Comimos estupendamente en un restaurante chino pero nos costó a cada uno treinta euros. Eso sí, cuando digo estupendamente quiero decir que a cada bocado andábamos diciendo lo riquísimo que estaba todo. Había gente china comiendo en el restaurante, lo cual parece significativo. No es el de la foto, que también está en Amsterdam y en el agua:



-Es curioso visitar el barrio rojo y ver las prostitutas en sus cabinas, algunas invitándote a entrar con sus gestos. Cualquiera puede alquilar una cabina para trabajar en ella, basta con solicitarlo con veinticuatro horas de antelación. Las luces rojas indican que se trata de una chica y las violetas que, además, tienen un secreto entre las piernas.
- Alojarse tampoco es barato y es muy recomendable hacer las reservas con bastante antelación si se viaja en temporada alta. Tuvimos que utilizar los servicios de dos hostales distintos porque ya no quedaban seis noches seguidas en ninguno salvo en uno donde había que pagar veinticinco euros por noche en una habitación, o mejor yo diría sala, para varias decenas de personas. Y aun así, de veinticinco euros o treinta cada noche no bajó la cosa, lo cual no es muy muy barato teniendo en cuenta que buscamos en hostales del montón en habitaciones para cuatro o seis personas, con el baño fuera del cuarto y, eso sí, con desayuno incluido y bastante decente.
- Amsterdam es una buena ciudad para ir a ligar y divertirse por la noche. De eso no cabe duda. Y eso que nos costó bastante, y con ayuda del holandés Arjan, encontrar bares gays donde bailar a gusto.
- Hacer pis o caca cuesta una media de 35 céntimos de euro. Hay una mujercita que cobra el dinero en la entrada de los baños públicos. Así que aprendan ustedes a contener sus necesidades lo máximo posible.
- En Bélgica, aquello que más destaca negativamente es la mala señalización de los sitios y las direcciones, en especial en el metro y los trenes. Javi y yo nos equivocamos en varias ocasiones de estación o de dirección, y ambos tenemos buena experiencia utilizando medios de transporte en otras ciudades. Si a eso añadimos que cuando pasas a la parte flamenca tienes que andar adivinando que has de bajarte en Antwerpen porque eso es Amberes, pues ya la leche en vinagre.
- Probamos poca comida típica belga y ninguna holandesa. Lo que probamos en Bélgica no era nada especialmente distinto ni sabroso.
- Finalmente, en general ignoramos con alegría la mayoría de los museos y estoy encantado de ello. Si lo analizo bien, recuerdo menos del cinco por ciento de las cosas que he visto en los museos en cualquiera de mis viajes, así que pasan a ser, conforme más viajo, cada vez más prescindibles.

Y añadiré, por último, que voy sintiendo que debo cambiar en algún sentido el tema de mis viajes. Creo que sé hacia dónde encaminarme, es decir, qué debo buscar en las próximas salidas que haga; no puedo decirlo porque eso supondría eliminar la magia, tonta pero divertida, que tiene anunciar que me he marchado a un sitio desconocido. Pero, con alguna que otra excepción, hay algunos viajes que me han resultado poco sorprendentes o demasiado parecidos a otros.

Eso sí, ¡hay que seguir viajando! Que el mundo no es sólo Zaragoza.


martes, 8 de septiembre de 2009

Viaje de Agosto: 2 --> Holanda.

Como ya dije, nos dirigimos en tren a Amsterdam con idea de pasar allí la mayor parte del viaje. Bueno, allí y en alguna ciudad más de alrededor.
Pudieron juntarse varias cosas para que la ciudad nos gustase menos de lo esperado. Primero, las exageradas expectativas que el hecho de que todo el mundo diga que es una pasada te crea; segundo, que Javi llegase con ganas de seguir en Bruselas, habiendo conocido allí a Dani; tercero, que yo tuviese ganas de seguir hablando francés y no inglés; y cuarto, que Amsterdam es algo menos bonita y más sucia de lo que pueda parecer en foto:



Acabais de ver una imagen típica de la ciudad: un canal y casitas estrechitas alrededor. Sin duda, Amsterdam merece cuando menos una visita porque es una ciudad distinta: ¿dónde vais a encontrar una ciudad atravesada por canales, llena de turistas, con un barrio rojo... y con una apertura total hacia el sexo y hacia el mundo gay?:



Este garito es el pink point. Uno puede plantarse allí y pedir toda la información sobre sitios gays de Amsterdam. Me compré allí dos cosas: por un lado, un mug o tazón que está literalmente inclinado y en donde se lee "I,m so gay that I can,t even drink straight" -chiste intraducible-; y por otro, un llavero con los colores del arcoiris.
Colgué el llavero de la cremallera de un bolsillo de mi mochila. Pero había un problema. Descubrimos alucinados que, según mi guía, el hostal en el que íbamos a alojarnos los tres últimos días en Amsterdam, Shelter City, era c-r-i-s-t-i-a-n-o. Eso no lo decía en la web donde habíamos efectuado la reserva. Además, decía que a medianoche había que irse a dormir. Desesperados, pensamos que no podríamos salir de juerga el viernes ni el sábado por el maldito toque de queda. Sin embargo, al llegar al hostal los de la recepción no dijeron nada y al probar una noche, todo felices, a regresar al hostal a las tres de la madrugada comprobamos que con mostrar el ticket te abrían la puerta. Sea por motivos económicos, por sentido común o por verdadero aperturismo de mente, los cristianos habían cambiado y mi guía estaba anticuada.
Pero eso no quita para que recogiese mi llavero arcoiris cuando entrábamos, claro, no fuese que algún cristiano conociese el símbolo y nos desease algo malo...

Lo hicimos un poco todo al revés. Cuando apenas habíamos visto Amsterdam nos fuimos a Rotterdam. Por lo visto esta ciudad no hace mucha gracia a los holandeses, quizá porque está toda reconstruida. A mí me gustó mucho porque los edificios eran muy originales. Para muestra, un botón:



Cabe señalar que nada más bajar del tren en la estación, al ver algunos de esos edificios decidimos hacer algunas fotos. Se nos acercó enseguida un policía diciendo que no podíamos hacerlas; que no estaba prohibido pero que era mejor que no. Le pregunté por qué y muy sutilmente me dio a entender algo así como que podría ser que estuviésemos haciendo fotos para tener una idea del lugar y de la posición de los edificios. Javi, que no se estaba coscando, me preguntó a qué se refería y afirmé: se piensa que podemos ser terroristas tomando fotos del lugar para planear algo. Hasta nos pidió los dni,s y habló por walkie talkie dando nuestros números.

También visitamos Utrecht, menos interesante a la vista pero con algunos museos curiosos.

Pero realmente, el primer día en Amsterdam deberíamos haber hecho lo que hicimos el penúltimo: hacer el Free Tour. Es un tour gratuito, sí, sí, gratuito, que comienza enfrente de la estación de tren, al lado de la oficina de turismo. En español, a las once y a la una. Aunque comprendáis bien el inglés no os lo recomiendo, en ese idioma porque dura, con descanso incluido, unas cuatro horas y pico, y el guía será inglés de pura cepa, del mismo modo que nuestro guía era español cien por cien: andaluz.


Recorre uno andando todos los puntos importantes de la ciudad con explicaciones más o menos entretenidas de los mismos. Al final, cada uno paga lo que quiere. Nosotros pagamos diez euros cada uno, pues el día anterior habíamos hecho el tour del barrio rojo organizado por la misma agencia y éste sí, cuestra diez euros oficialmente, y había sido más chorrón y más corto. El tour de toda la ciudad es altamente recomendable, y es lo primero que debéis hacer cuando lleguéis a Amsterdam. Así os haréis a la idea de su tamaño y de lo asquerosamente similares que son muchas de sus calles y de sus canales, así como de la continua desorientación que sufriréis si tenéis una capacidad de orientación media.

Una de las cosas que más disfruté, porque ignoraba que me la iba a encontrar (pues no me suelo leer las guías con antelación porque siento que me chafan la emoción), es la casa de Ana Frank. Me pareció muy bonito e impresionante poder estar en las habitaciones donde ella se escondió durante tanto tiempo y cuya historia hacía años que había leído.
Tanto para visitar la casa como para en general todos los museos de la ciudad, es muy recomendable comprar las entradas con antelación. Nosotros lo hicimos en una oficina de turismo que se encuentra en la planta de los andenes de la estación. No siempre, pero a veces se libra uno de esperar en la cola varias horas.

Cuando el viaje se acababa y Javi y yo estábamos algo defraudados en lo referente a los bares gays, que eran en su mayoría para tomar algo sentado charlando y poco más -lo cual es estupendo (y espero que cunda el ejemplo en Zaragoza), pero no para un turista que va unos días-, quedamos con Arjan, con quien me había puesto en contacto también antes de comenzar el viaje:





A la izquierda un servidor, en el centro Javi y a la derecha Arjan. Nos llevó a un par de calles con bares mucho mejores que los que habíamos descubierto por nuestra cuenta y con buena música, no la típica pumpumpum insulsa y sin letra, o bien horteradas hiperantiguas, que suelen cundir en el ambiente. Esto nos dejó un mejor sabor de boca de la ciudad.


(CONTINUARÁ)

domingo, 30 de agosto de 2009

Viaje de Agosto: 1 --> Bélgica

Hace ya muchos meses que mi amigo Javier me propuso hacer un viaje juntos. Sería toda una novedad. No recuerdo quién propuso el destino, pero sí que la decisión fue rápida.
La gente –¿quién, por tanto?- dice que Bélgica tiene poco para ver y que con ver Bruselas y Brujas uno ya tiene más que suficiente, y que no vale la pena pasar mucho tiempo en ese país. De modo que cuando nos juntamos para comprar los billetes de avión en mi casa, Javier y yo decidimos comprar los billetes de ida y de vuelta con diez días en medio, para pasar cuatro en Bélgica y seis en Holanda. Insisto, como siempre, en lo estupendo que es comprar los billetes pronto. Lo hicimos a final de febrero o principios de marzo, no recuerdo bien, y pagamos cien euros por los dos vuelos juntos: Zaragoza – Charleroi y Amsterdam – Barcelona. Pues bien, ¿no?
El verano prometía sin duda ser para mí el de practicar francés: la semanita en Perpignan y ahora tres diítas en Bruselas. ¡Chupi, parfait!
Tomé el autobús hasta el aeropuerto. Cuesta tres cuartos de hora largos llegar hasta allí, ya que el vehículo da una serie de interminables revueltas por Plaza para dejar a la gente que trabaja por allí. Ryanair nos llevó con puntualidad hasta el aeropuerto de Charleroi.




Ahí llega una desagradable sorpresa: hay que tomar un bus para ir hasta Bruselas que cuesta trece euros nada menos. Admitiendo que no he confirmado la siguiente información, como todo buen periodista ha de hacer –como yo no lo soy…-, este autobús debe de pertenecer a Ryanair, de modo que el vuelo pasaría a costar subrepticiamente trece euros más de lo que en un principio parecería.

Convencí a Javier para que abandonara su costumbre de alojarse en buenos hoteles con grandes comodidades y apostase por gastar lo menos posible en alojamiento. Como le expliqué, no me importa arriesgarme a dormir mal alguna noche por compartir habitación con dos o tres personas más si a cambio me ahorro un dinero considerable y de paso tengo la oportunidad de toparme con ingleses o franceses con los que charlar un poco en la habitación si hay buen rollo.
Habíamos reservado una habitación para tres noches en Bruselas. La idea, que pusimos en práctica sin problemas, era ver la ciudad y aprovechar el tiempo en ese país para tomar el tren y acercarnos a Brujas y Gante.
La habitación era para cuatro personas, así que descubrimos quiénes eran nuestros dos compañeros: un chino. Sí, nadie más. No había cuarto compañero de cuarto, valga la redundancia. El chino a las ocho de la tarde ya estaba durmiendo y lo hacía con tanta orientalidad que muerto habría ofrecido el mismo aspecto. En recepción nos dijeron que las dos noches siguientes tendríamos que cambiarnos a otra habitación, lo cual nos provocó bastantes molestias al no poder trasvasar todo antes de irnos a turistear, por estar nuestra nueva habitación aún ocupada. Bien, el caso es que nos tocó en una habitación que en realidad daba a dos habitaciones más, en total tres de cuatro personas cada una. O sea, doce. ¿Y quiénes eran nuestros compañeros esta vez? Pues nueve adolescentes ingleses y el chino, a quien también habían trasvasado.
La pregunta me sale del alma: ¿por qué siempre ingleses? ¿Por qué siempre ellos? Mira que en teoría me encanta toparme con gente de esta nacionalidad para poder practicar inglés con nativos cien por cien. Pero es que siempre me tocan críos que van en grupo y que respetan tus horas de sueño menos que las arañas o los ratones. Uno de los días tuve que poner cara de persona cabreada y, al llegar a la conclusión de que una vez puestos ellos en pie a las nueve de la mañana y ponerse a hablar en voz alta esa actitud iba a proseguir indefinidamente, decirles que estaba intentando dormir y que en definitiva no estaban solos en la habitación. De poco sirvió, aunque la mañana siguiente fue menos ruidosa… que no la noche, que fue armoniosamente decorada por mi vecino superior de litera con sus ronquidos. Jamás, repito, jamás, había encontrado un roncador como él. No dejaba de roncar ni diez segundos; no sé, la gente que ronca suele dejar de hacerlo pasado un ratito, uno de los cuales pensaba aprovechar para quedarme dormido. Pero este chico estuvo roncando lo que calculo que fueron tres cuartos de hora. Agarré la manta y como había varias duchas dentro de la habitación con mucho espacio, me tumbé en el suelo de una de ellas y ahí dormí unas cuatro horas en un bendito silencio. Cuando llegó la mañana y nos despertamos, estuve a punto de darle mi pésame al chaval por el problema que tenía y por sus futuras parejas de lecho, pero me contuve porque seguramente habría pensado que era un puto español entrometido.

Pero ciñámonos de una vez a lo que es el viaje en sí. Tampoco voy a ir detalle por detalle, porque no ha sido en general un viaje de cosas puntuales fantásticas, sino de ver conjuntos de ciudad y de conocer algunas personas. De sensaciones generales, si lo queremos llamar así. Primero vimos un poquito Bruselas. Hay que decir de entrada que la ciudad tiene bastante poca cosa que ver. Museos aparte, que ignoramos primorosamente, en un día se puede ver lo que hay que ver. Pero lo poco que hay que ver es bonito: iglesias, catedrales, tiendencitas y por supuesto la Grande Place, que es enorme y preciosa, rodeada de edificios preciosos por los cuatro costados.








Para orientarse por la ciudad basta con pedir un mapa en la oficina de turismo. No es demasiado complicado encontrar el camino a ningún sitio; salvo quizá, para mí gusto, cuando yendo al norte uno va cuesta abajo y hacia el sur cuesta arriba, tontería que también me desorientaba mucho en Atenas. Es una consecuencia de decir, o al menos oír, lo de “me bajo a Teruel” o “me subo a Huesca”.
Brujas es muy bonita. La gente lo dice y, por una vez, la gente -¿quién es la gente?- tiene razón. No tenía el menor halo de misterio, que es lo que a uno el nombre le hace pensar. Es más bien muy bonita como, digo yo, puede ser por ejemplo Praga: porque la arquitectura y el ambiente es distinto a lo acostumbrado y mires a donde mires te dan ganas de hacer fotos. Toda ella es muy turística, para bien y para mal.







En cuanto a Gante, es menos bonitaportodaspartes pero tiene algunas rincones muy bonitos, algunas plazas deslumbrantes y edificios visitables con vistas asombrosas. Eso sí, como se puede deducir por la foto, hay que ir con mucho cuidado porque hay caníbales sueltos:











A Gante fuimos con Daniel, que habíamos conocido unas horas antes de ir allí en Bruselas porque le había enviado un mensaje por Internet. Mi amigo y él congeniaron estupendamente, y a día de hoy andan enviádose sms´s y ansiando que llegue mitad de septiembre, cuando Daniel –que es por cierto canadiense- se marcará un viaje de fin de semana a Zaragoza. Por ello, los dos últimos días en Bélgica los pasamos casi por entero en su compañía, así que hablé francés mucho más de lo que en principio había supuesto.
Me olvidaba de Amberes, qué despiste. Quizá porque la vimos literalmente de paso: descubrimos que pasábamos por esta ciudad camino en tren a Amsterdam, así que decidimos parar unas horas y verla. Mereció la pena relativamente, quizá porque Gante y Brujas en comparación le daban mil vueltas. Al menos descubrimos allí un restaurante italiano donde probé el carpaccio por primera vez –carne cruda en filetes muy finos con queso, ¡qué rico!- y me aticé una pizza tan grande que dejé un cuarto para el perro del restaurante, si es que había uno.
Holanda tiene su gran anécdota, pero de momento estamos hablando de Bruselas y mencionaremos la suya. Fuimos Daniel, Javier y yo a un Subway a cenar, que no tiene nada de belga pero sí de económico y de gastronómicamente previsible, y elegimos nuestros bocadillos. Ellos dos estaban sentados charlando mientras yo, frente a la barra, me sentía abrumado por la cantidad de bocatas entre los que podía elegir. Tuve la siguiente conversación en francés, que escribiré primero en francés y luego traduciré:
- S´il vous plait, le sandwich numero 12, le Thon, quels sont ses ingredients ? –pregunté.
- Mmmmm... poisson –me respondió la camarera.
- D´accord, merci. No, je vais choisir le 11.
Y nada, me quedé tan tranquilo. En cuanto me senté, me preguntó Javier por el bocadillo que había elegido, pregunta a raíz de la cual él o Dani, no recuerdo quién, dijo que thon quiere decir atún en francés. Así que claro, me empecé a escojonar de risa de inmediato y, cuando pude dejar de reír y llorar, les repetí la conversación que había tenido con la camarera:
- Por favor, el sándwich número 12, Atún, ¿qué ingredientes tiene?
- Mmmmm…. Pescado.
- Vale, gracias, prefiero el 11.
Vamos, que la camarera debió de pensar no sólo que era extranjero sino además víctima de ausencia de oxígeno en la incubadora.



(CONTINUARÁ)

martes, 25 de agosto de 2009

Intereconomía.

Procederé en breve a relatar e ilustrar el viaje a Bélgica y Holanda. Pero como veo que el calor y la desidia me impiden comenzar la tarea, aprovecharé para mencionar brevemente el canal Intereconomía, que podemos ver gracias a la tdt.
Destaca por tener el símbolo de un toro en la esquina superior derecha de la pantalla.
A mí ya me extrañaba que hubiese en él quejas sobre Zapatero a todas horas, así como que en los debates casi nadie pareciese estar a su favor.
Pero cuando vi un vídeo sacando hombres y mujeres y definiciones de matrimonio, y a continuación dos tíos morreándose y oyéndose en voz en off "¿y a esto le llaman matrimonio? ¡Que no te engañen!" (o algo por el estilo), ya deduje claramente el pie del que cojea la cadena.
No pretendo defender a Zapatero, solamente que cada uno tenga las ideas que quiera... ¡pero que dejen en paz a los que nunca les han hecho ningún mal!

lunes, 17 de agosto de 2009

Aquí ya.

Estoy recién regresado de Bélgica y Holanda. La segunda postal está en camino. En pocos días comenzaré a subir el relato de mi viaje.



viernes, 7 de agosto de 2009

El viaje de las dos.

Sin apenas habiéndoos dejado respirar del viaje anterior a Perpignan (cuyo relato tenéis más abajo), un servidor anuncia que acaba de desaparecer de nuevo de tierras aragonesas.
Esta vez la propuesta de destino, que permanecerá como siempre incógnita, tiene una particularidad: y es que no se recibirán una sino dos postales, porque... me voy a dos lugares distintos, o bien a sólo uno del que merece la pena recibir postal desde un par de ciudades diferentes. ¿Sorprendidos? Bueno, a apostar tocan. ¿Dónde me he ido?:
- Ceuta y Melilla y Marruecos: dos países, dos postales. Podrían ser tres, pero tampoco es cuestión...
- Bélgica y Holanda: a comer chocolate y a ver tulipanes. Una postalita de cada país.
- Australia: entre canguro y canguro y paradita de coche, una postalita de Melbourne y otra de Sidney.
- Andalucía: dos postales desde dos ciudades andaluzas elegidas al azar.
- Austria y República Checa: dos países, dos postales, desde las capitales, faltaría más.
Si quieres recibir las postales y todavía no tengo tu dirección postal, envíamela a chaskatraska@yahoo.es
¡Pasad felices días!



miércoles, 5 de agosto de 2009

Perpignan y alrededores (IV y último)

Ha sido un viaje tranquilo que decidí hacer sin demasiadas expectativas. Desconocía Perpignan, ni siquiera sabía si era grande, mediano o pequeño, así que me armé de libros y dinerito para coger trenes de cercanías. No es el lugar más maravilloso del planeta, pero al final me ha quedado un buen sabor de boca:
- En primer lugar, Perpignan es lo suficientemente grande como para perderse tranquilamente sin repetir sitio durante dos o tres días. Uno se sorprende de la cantidad de barrios de callecitas estrechas que hay, y no digamos de encontrarse lo siguiente en una de ellas:



- Viajando por los alrededores hay verdaderas maravillas para pasar un día. Permítaseme mencionar de nuevo Collioure, que es preciosa y donde obtener fotos interesantes es relativamente sencillo:










- Bien es cierto que fui en julio y además el 14 de julio, día en que toda Francia, celebrando la toma de la Bastilla e historicidades varias, está de fiesta; pero en general es posible encontrar cierta vidilla en Perpignan, tanto a nivel cultural (teatro profesional y amateur, conciertos al anochecer, zonas turísticas, un palacio...) como de ocio (bares, restaurantes, discotecas, etc.).

- Es posible viajar hasta Perpignan en autobús. Philippe encontró un bus directo desde Zaragoza, que rechacé tomar ya que costaba once horas... Encontré una alternativa: viajar pasando por Barcelona tomando dos autobuses; curiosamente resultaba más barato, se tardaba menos e, imagino, se hacía menos pesado al haber más tiempo de descanso a medio camino.


- Perpignan está al lado de la costa, así que incluso para los que no somos muy amantes de la playa está la posibilidad de escaparse a ella aunque sea una vez. Viene bien darse un baño -aunque el agua está hiperfría- y dejarse invadir por la desidia que provoca estar al lado del mar y el ruido de las olas. Cometí el error de tomar el sol varias horas sin crema, de modo que cualquier movimiento del cuerpo era doloroso y el viaje de regreso en autobús, barato pero duro, se hizo más insufrible todavía.

- Un apunte económico: un billete en bus de Barcelona a Zaragoza cuesta 10,50 euros. Coger un taxi a las dos de la madrugada desde la estación hasta mi casa (calle Miguel Servet) vale 11 euros...

- No me cansaré de decir que el francésy el inglés son dos idiomas no comparables, al menos para un español: el francés es más sencillo de aprender y sobre todo de comprender a nivel oral. Me satisface mucho, tras tres años estudiándolo, poder entrar a una oficina de turismo o a FNAC y poder preguntar algo, ser entendido y comprender la respuesta sin mayor problema. En inglés, aún tengo a veces problemas con eso según el acento...

- Sin duda, debo dar las gracias a Philippe por alojarme en su casa, por su amabilidad y paciencia, por darme lo equivalente a, qué sé yo, 300 horas de francés en una semana y por haberme mostrado los alrededores de Perpignan.






F I N

lunes, 3 de agosto de 2009

Perpignan y alrededores (III)

Animo a ver más fotos de Collioure en facebook, porque es precioso. Las nubes impidieron que me diese un baño pero favorecieron, a mi entender, el resultado de algunos fotos.

Llegado el fin de semana, y teniendo Philippe tiempo libre, me llevó en su coche de viaje de nuevo. Vimos Céret, otro pueblecito, que estaba cerca de la frontera. Allí callejeamos, vimos un mercadillo ambulante con verdaderas gangas en lo que a ropa se refiere, y comimos. Con mi ilusión de niño respecto a los idiomas, me fui más contento que unas castañuelas tras ser requerido por un par de personas para indicarles dónde estaba dicho mercadillo.





Invadidos de cierto muermo post-comida, mi anfitrión propuso ver el museo Dalí en Figueras. En un principio me pareció hasta estúpido pasar la frontera para regresar a mi país, pero acepté y valió la pena.




El museo resulta entretenido. Eso sí, Dalí debía de ser insoportable a más no poder. La pobre Gala, su mujer, no sé cómo le aguantó. A ver si busco información de ambos y descubro si se divorciaron o se aguantaron resignadamente hasta el fin de sus días.
La siguiente foto muestra una de las obras más originales que pueden verse en el museo:



Me costó mucho sacar esta foto: me encontraba subido a una escalera, con una fila tremenda esperando a que yo me quitase de la lupa con peluca a través de la que se observa esta imagen. Salvo esa peluca, lo demás se encuentra más abajo, en el suelo, y el conjunto forma un rostro.
Tampoco se queda atrás otra obra que consiste en dibujos extraños en varias mesas. Cada mesa tiene encima una botella de metal que refleja los dibujos de la mesa: al reflejarlos, el observador ve la imagen invertida y descubre un rostro, un cuerpo, etc. Digamos que Dalí era muy creativo y además se aburría.



Éste es el teatro de Figueras. Quizá haya alguno más, no lo sé. La ciudad no me pareció mal, aunque tampoco recomiendo en especial visitarla si no es para ver también el museo y así pasar media tarde.
Al volver de Figueras nos detuvimos en un hipermercado que está literalmente al lado de la frontera y donde, por lo visto, muchos franceses van a comprar para aprovechar que los precios les resultan más asequibles y que algunos productos son más difíciles de encontrar en Francia.

Al día siguiente fuimos a la playa nudista del principio del viaje. No me di crema por delante porque con el viento no se percibía la fuerza con la que daba el sol y porque teniendo pelito en el pecho, da muuuucha pereza... Y será la última vez que cometa semejante imprudencia, porque casi dos semanas después sigo todavía pelándome y habiendo disfrutado de cinco días de escozor horripilante.



(Continuará)