viernes, 23 de septiembre de 2011

Asfixia.


Es triste pero cierto experimentar que algo se valora cuando se deja de tener.
Creyendo por un momento, como imagen literaria agradable, que el destino existe, éste preparó una pequeña aventura con moraleja a Fulanito.
Fulanito tenía un amigo que, efectivamente, se llamaba Menganito. Menganito tenía una vida complicada, caracterizada por la falta de trabajo y en consecuencia de dinero, y solicitó a Fulanito poder alojarse durante unos días en su piso. A lo cual accedió, motivado quizá porque Menganito le parecía atractivo y sólo había una cama para compartir.
Resultó que Menganito, aparte de majo, sabía cocinar, de modo que Fulanito comió no sólo en la cama sino también en la cocina.
Pero al cuarto día, cuando Menganito quiso irse con unos amigos y llevarse el único juego de llaves disponible en ese momento, se desencadenó la tragedia: Menganito, algo infantil e irresponsable, regresó a las cuatro de la tarde del día siguiente en un evidente estado etílico deplorable, obligando a Fulanito a comer fuera para esperar su regreso ante la ausencia de otro juego de llaves a su alcance.
¿Qué decidió Fulanito? Decidió que tenía los menganos suficientemente hinchados. El mal comportamiento de Menganito le había molestado porque interfería en su rutina diaria; sin embargo, pensó, había sucedido por primera vez y parece sensato concluir que un primer error ha de ser perdonable. No por ello se le deshincharon los menganos, y terminó por pedir a Mengano, una vez habiéndole permitido que curase su melopea con Morfeo, que cambiase de residencia en cuestión de horas. Y se ejecutó la sentencia.
Lo que no le dijo Fulano a Mengano es que, además de su mal comportamiento, otras cuestiones subyacían a su tajante decisión: el sentimiento de incomodidad ante la invasión del espacio propio que había percibido en los escasos días en que había compartido su espacio y su tiempo con otra persona.
Fulanito, una vez solo de nuevo, regresó a su cubículo voluntario y prosiguió la lectura de un libro en el más absoluto y placentero de los silencios.

domingo, 21 de agosto de 2011

El sistema perfecto: propinas en Nueva York.

Pongamos Nueva York por decir algo.




Acudes a un restaurante. Los camareros son sonrientes, asombrosamente amables en comparación con los españoles -sin que éstos sean descorteses, pero no se lo curran tanto- y además, como en muchos países europeos, te ponen agua para beber en cuanto te sientas.
Puede que hasta te hagan sugerencias de platos que no aparecen en el menú, te pregunten cuán hecha quieres la carne, bromeen contigo...




¡Qué majos! Cabe decir que las camareras tienden a la hiperactividad en sus movimientos y en su habla, lo cual pone en peligro la autoestima acerca del dominio del idioma por parte del extranjero.




Te rellenan lo que tomes, en especial si es un refresco, y no te cobran más por ello. Pasan a preguntar si todo va bien y si la comida es de tu gusto.




Y llega el momento de pagar. Das el dinero. Pongamos que con tarjeta. No piden casi nunca el dni, cosa que choca. Se llevan la tarjeta, comprueban los datos y al regresar te dejan un papel donde añadir la propina, que ha de rondar el quince por ciento del total a pagar. Se despiden de ti deseándote lo mejor, de modo que no verán cuánta propina les dejas hasta que te hayas marchado.



Y entonces te quedas pensando...: "A ver, a ver... ¿Resulta entonces que...:
- ¿...su sueldo es una mierda y depende casi por entero de lo que obtengan con las propinas?
- ¿...a los dueños de los restaurantes los camareros les salen tirados de precio entonces?
- ¿...somos los demás quienes tenemos que poner el sueldo que no se les paga oficialmente, encareciendo el precio final indicado en el menú? (En un hotel lujoso hay que dar propina al que te recoge el coche, al que te lleva las maletas, al que te las sube a la habitación...).
- ¿...es por eso que los camareros son tan maravillosamente amables y exquisitos con el cliente?
- ¿...tienen a la fuerza no sólo que recoger los pedidos y servirlos sino además ser amenos y graciosos?
Puedes pensar, quizá con razón, que el método resulta eficiente, pues consigue que el trato sea muy bueno casi siempre.



Pero yo considero, trasladando la situación a mi labor docente, que sin duda yo trabajaría cien veces más y mejor si mi sueldo dependiese de la opinión y de las propinas de las familias de mis alumnos, pero eso sería un sinvivir, un tener el corazón en un puño cada día y, en definitiva, trabajar sabiendo que tendría que estar figuradamente sonriendo con hipocresía y diciendo que sí a todo para ganarme el jornal. Eficaz pero lamentable.


No creo que cualquier método valga, y a menudo la cortesía del camarero neoyorquino me provocaba una cierta tristeza.

viernes, 29 de julio de 2011

Ver no comer mientras comes.

Hay una actividad que en España hace años que no se practica: ver no comer mientras comes. Llega el domingo, tienes fiesta, estás con tu familia comiendo, todo bien... y de repente van los de la tele y tienen la osadía de ponerte imágenes de negros famélicos rodeados de moscas. ¡Vaya mala idea! ¿Qué quieres, que se me vayan las ganas de comer? ¡Pon el Sálvame!


Antes estábamos inmunizados. Ahora directamente ni tenemos que molestarnos en mirar a otro lado: hay quien nos gira la cabeza cuando no nos damos cuenta.

miércoles, 8 de junio de 2011

Una Historia hecha de historias.

Desde hace unas semanas, veo de vez en cuando una serie de documentales sobre la transición española. Comienza unos pocos años antes de la muerte de Franco.
La Historia no me suele gustar. En el instituto no era para mí un área atractiva, y la percibía, tanto por el modo de ser explicada por parte de los profesores como por cómo era presentada en los libros de texto, como una serie de datos (fechas, nombres propios, etc.) casi inabarcable y terriblemente aburrida.
Por desgracia, hay mucha pedagogía que introducir en su enseñanza; y por suerte, la Historia es mucho más que eso y muy interesante.
Encontrarme con esta serie documental corrobora lo que digo. Cada capítulo dura dos horas. Dos horas de imágenes de la época durante las que se explican las cosas con detenimiento, sin aportar una información excesiva -a nivel de nombres, fechas, etc.- pero explicando claramente el por qué de cada cosa y ofreciendo con claridad los pasos que fueron encadenándose para que el franquismo terminase.
De este modo, claro y pedagógico, me queda la sensación conforme avanzo en el documental de estar comprendiendo mejor lo sucedido.
Y lo mejor no es eso. Lo mejor es que, cuando se comprende algo, eso invita a y permite engarzar a ese nuevo conocimiento otros episodios históricos e, idealmente, ir adentrándose en la Historia con mayúsculas.
Veremos si eso pasa. Por lo pronto, es un comienzo.




martes, 3 de mayo de 2011

En la marea.

Lanzo el mensaje en una botella. Una vez escrito y allí introducido, me doy cuenta de que lo que menos me importa es que alguien lo lea. Lo más relevante para mí es haberlo expresado. En el papel que hay dentro de ella se puede leer...
"Hay varias cosas que he ido descubriendo por experiencia. Por más que las hubiese escuchado, quería vivirlas y así reflexionarlas.
He visto que el roce, el verse, el tocarse, hace el cariño. De ese que dura, que no debe etiquetarse porque moriría, del que la distancia no mata.
He descubierto también que las decisiones se toman con cualquier cosa menos con el raciocinio. Así decidimos viajar o embarcarnos en cualquier otra aventura.
Y he comprobado también que hay gente que se aleja, como la ola del mar que se llevará la botella, y otra que regresa, pudiendo ser la misma con nueva energía, la del agua."
Seguramente sea lo mejor: que nadie lo lea. Son, al fin y al cabo, elucubraciones y expresiones muy opacas que me servirán sólo a mí para recordar lo vivido cuando, tarde o temprano, la botella vuelva a caer en mis manos.




martes, 12 de abril de 2011

Mi diario: la reflexión familiar.

Querido diario:
La tele es una ventana al mundo. No es perfecta, es subjetiva, tiene hilos detrás. Pero permite acercar las cosas a la gente y sólo hay que desear que quienes se encargan de ello sean buenas personas. No negaré que soy uno más de quienes la conectan y la disfrutan, quizá menos tiempo que otros.
Por casualidad, más bien sin querer, reflexioné acerca de la prisa y la inquietud que nos rodea. Un coche tiene que ir rápido, una canción debe gustar a mucha gente, un libro debe ser comprado por muchos lectores... y un trabajador debe hacer su labor dando el máximo de sí mismo.
Es terrible, diario, pero lo es más en lo que al trabajo se refiere, al menos para mi sensibilidad. Debe de ser terrible que mientras yo vivo apartado en mi tranquila vida de campo, disfrutando de un largo paseo y viendo la naturaleza en paz, algunos que viven no muy lejos de mí se levanten cada mañana cavilando nuevas maneras de ser mejor que su rival, de perfeccionar su creatividad y de que su jefe les considere imprescindibles. ¿Por qué no puede ser todo más sencillo? Mi querida abuela, que a pesar de su edad se mantiene con buena salud, gracias a dios, cocina bien pero igual que ayer y que mañana. Por eso cocina y lo disfruta. ¿Lo haría del mismo modo si debiese preparar comida para cien y nadie, además, se lo agradeciese? Creo que hemos industrializado la vida.
Mi abuela, viendo en su televisor lo mismo que yo (libros de cocina comestibles que sabían a aquello de lo que hablaban) dijo, con su voz algo grave: estáis todos locos.
¿Verdad, diario, que lleva razón? Al menos, desde mi jardín y el banco de madera en el que escribo, eso me parece.

sábado, 2 de abril de 2011

Apoyo mutuo.

He tenido una idea. He visto que Mercadona dispone de un teléfono de atención al cliente. A menudo me pregunto cuán aburrida será la vida de quien tenga como misión atender ese número y escuchar las reclamaciones y las sugerencias de los productos de la cadena de supermercados. Es sin duda una labor aburrida estar sentado al teléfono, hablando con gente anónima que en ningún momento hará comentarios alegres, positivos, que al trabajador le alegren el día.
Y como a veces la vida ofrece cosas que dan para pensar (yo, sin ir más lejos, tengo ahora mismo algunas dudas que me gustaría comentar en voz alta, aunque fuese ante un muro que no me escuchase, por el mero hecho de desahogarme; véase, por ejemplo, el modo de actuar en cuanto a algunas amistades de dudosa calidad que pululan a mi alrededor, la opción de conocer según qué sitios del planeta en diversas modalidades de viaje o cómo alcanzar un poco, en definitiva, de felicidad), seguramente sea un favor para ambas partes servirme de ese número y, mejor sin siquiera pedir disculpas por llamar para algo que no entra dentro de la labor del trabajador, contar mis cosas y empujar con mis palabras a que desde el otro lado de la línea se me dé algún consejo. De ese modo, yo dispondré de más opiniones, quién sabe si alguna reveladora, y el otro una anécdota para contar que le sacará, sin duda, de la monotonía.

viernes, 11 de marzo de 2011

Cómo salir de la crisis.

Para salir de la crisis, es necesario cambiar aquellos ámbitos de la sociedad donde se reúne el dinero y la atención.
Hablamos del fútbol:
- En primer lugar, se reducirán las cantidades que los jugadores cobran y las que se perciben por publicidad. Mejor dicho, se derivarán un sesenta por ciento de dichos beneficios para las arcas del Estado.
- En segundo lugar, debemos pensar que el dinero es el rasero único por el que todo se mide y que da lugar a todo. Así, los médicos de la seguridad social son buenos pero insuficientes, existen buenos jueces pero no dan abasto ante tanto trabajo, a cualquier trabajador se le pide más rendimiento por menos sueldo, los productos se fabrican para que duren menos y así consumir más, los programas de la televisión entran o salen de la parrilla según su audiencia, etc. De ese modo, de cara a mejorar el rendimiento económico señalado en el punto primero, se obligará a los jugadores a dar espectáculo para que las audiencias suban. Cada semana ello se conseguirá de modos distintos:
a) Deberán jugar haciendo el pino.
b) Celebrarán los goles besándose en la boca con lengua.
c) Se permitirá el paso de ovejas por mitad del campo.
d) Ágatha Ruiz de la Prada vestirá a los jugadores.
e) El sueldo base de un jugador será de mil euros netos, más doscientos por gol o por parada.
f) Los entrenadores tendrán acceso a un teléfono que le conectará al entrenador del rival y a los altavoces del estadio, de modo que la audiencia pueda seguir los insultos a tiempo real.
g) Se potenciará al máximo la presencia de la vida personal de los jugadores en los medios, debates, revistas...

- Y en tercer y último lugar, como consecuencia del punto segundo, los numerosos seguidores del fútbol se hartarán a largo plazo de los cambios en el espectáculo pese a que éstos favorezcan la recaudación de más dinero.

De este modo, la sociedad estará por fin concienciada para comprender que el dinero no lo es todo y ejecutar el gran cambio de paradigma que es necesario para escapar de crisis como la actual en un futuro no muy lejano.

domingo, 27 de febrero de 2011

Extraído de "Las conexiones ocultas", de Fritjof Capra.

"El acoplamiento estructural, tal como lo definen Maturana y Varela, establece una clara diferencia entre el modo en que los sistemas vivos y los no vivos interactúan con sus entornos. Por ejemplo, si le das un puntapié a una piedra, ésta reaccionará a la patada según una cadena lineal de causa y efecto. Su comportamiento puede ser calculado aplicando las leyes fundamentales de la mecánica newtoniana. Sin embargo, si le das el puntapié a un perro, la situación será muy distinta. El can responderá con cambios estructurales acordes con su naturaleza y su patrón (no lineal) de organización. El comportamiento resultante será, generalmente, impredecible."



viernes, 4 de febrero de 2011

Mirando al de al lado.

Me encanta leer no ficción, porque a veces se encuentran cosas muy curiosas...
Se hizo el siguiente experimento.
A dos personas, incomunicadas entre sí, se les muestran imágenes histológicas de tejidos sanos y enfermos. Deben decir si cada tejido que ven está sano o enfermo.
Al primer individuo siempre se le dará la razón en su respuesta; al segundo siempre se le dirá que se ha equivocado.
Se realiza el experimento y se observa esta curiosa consecuencia: que el primero aprende a identificar los tejidos en un ochenta por ciento de los casos, pero el segundo también en un porcentaje bastante alto mediante una explicación alternativa que él se crea.
Pero eso no es todo. Una vez acabada la muestra de imágenes, cuando se permite que ambos individuos hablen entre sí sobre la prueba realizada, el individuo número uno se da cuenta de que el otro ha elaborado una explicación mucho más compleja para explicarse la diferencia entre ambos tipos de tejidos; y en lugar de creer que el otro está en un error, la primera persona, ante una explicación más elaborada, termina por creer que él mismo está equivocado.

Este experimento demuestra que solemos dar por buenas las explicaciones más rebuscadas. Por eso tenemos la manía de pensar que si al leer un texto no lo entendemos, entonces es que está diciendo algo muy profundo. Aunque lo más probable es que tenga la profundidad de un charco.

Eso me ha pasado a veces a mí con las películas lentas de autor...

viernes, 21 de enero de 2011

I´ve got a feeling.

Al comenzar una actividad en la que hay una persona que nos ha de transmitir unos conocimientos de algún tipo, lo deseable es que entremos en sintonía con ella (o mejor dicho ella con nosotros) para que el objetivo de la actividad se realice de un modo agradable y sobre todo efectivo. De modo que el llamémoslo alumno piensa "I´ve got a feeling" positivo, de empatía, de confianza.
Es por eso que, como se suele decir millones de veces, todos recordamos profesores maravillosos que consiguieron entusiasmarnos por y con lo que enseñaban, a veces sin otro arma que su voz y la ilusión por lo que querían transmitir; también, y sobre todo, recordamos a aquéllos que nos aburrieron con sus monólogos monocordes.

Bajo mi punto de vista, es agradable dejarse llevar por la sensación de que el profesor es un experto en la materia y lo sabe todo; poco importa que eso sea cierto, sino que nos transmita esa sensación en una buena parte de lo que hace, para sentir que estamos en buenas manos.

Y esto, que parece tan sencillo de entender, no me lo brinda el destino...
Primero, abandoné las clases de japonés tras cuatro meses en ellas. En parte porque el idioma exige una memorización desmesurada que me supera y en parte porque, dado que su gramática es bastante sencilla y la pronunciación es casi idéntica a la del español, dicha memorización era prácticamente el único reto que el idioma ofrecía... y nada más aburrido que verme inmerso en una aventura de al menos cuatro años -prorrogable al resto de mi vida, como en el caso de cualquier otro idioma- donde la mayor dificultad es la de almacenar palabras cual fichero de ordenador. Pero amén de eso, otra razón que me terminó de animar a abandonar el barco japonés fue la profesora. Me caía muy bien como persona, pero como profesora no me transmitía esa seguridad que he mencionado, quizá porque apenas tenía experiencia. Siendo yo docente, percibía si cabe más que los demás alumnos esa pequeña zozobra a la hora de llevar la clase, de proponer material, de retomar y repasar contenidos y, en particular, de señalar con claridad los contenidos clave y dejar aparte lo más accesorio. La montaña de vocabulario en mis folios y, por contra, la confusión reinante en los apuntes de la poca gramática estudiada me dieron mala espina.
Y en segundo lugar, habiendo retomado (creo que por tercera vez en mi vida) el hábito de ir al gimnasio con afán de ganar, o recuperar, un cierto volumen muscular, esta vez lo he hecho contratando a un entrenador personal para así facilitar mi motivación inicial, corregir vicios de postura en los ejercicios y dejarme guiar por alguien experto que me garantice unos resultados a medio plazo. Pues bien, de nuevo me falta esa confianza. Tras unas cuantas sesiones en las que, eso sí, he sudado la gota gorda y el muchacho ha demostrado saber lo que hace, he comprobado que es impuntual, que olvida traerme el plan de ejercicios y que tampoco ha recordado enviarme por email la dieta que necesito para favorecer los resultados de mi actividad física. (Una dieta supone mucho más de la mitad del resultado de la actividad física, al menos si uno se propone aumentar su volumen muscular). Por consiguiente, ese pequeño endiosamiento que necesito montarme en mi cabeza respecto al entrenador resulta más difícil, me resta seguridad y provoca que me sienta ligeramente a la deriva.

I haven´t got a feeling!
Y pensar que yo, con mis alumnos de primaria, tiendo a demostrarles que no lo sé todo para que comprendan que los adultos también estamos aprendiendo... ¡Ahora ya no sé si hago bien!

sábado, 8 de enero de 2011

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Días de pequeños cambios.

Pues ya lo he dicho: pequeñas cosas que cambian.
Retomo la actividad física continuada, esta vez con un monitor personal que me controlará en todos los sentidos lo que haga en el gimnasio. Mi vuelta se debe a la influencia de un amigo italiano que me ha contagiado las ganas de volver al mundillo, pero esta vez quiero -aunque mi bolsillo lo note- tener la motivación y el seguimiento de otra persona a mi lado.
Por otra parte, no tenía planes para estas navidades y finalmente me iré de viaje a un sitio que no diré con la mencionada influencia italiana.
Y por último, han llegado las vacaciones de navidad. El día de hoy ha sido estupendo, dejando a los alumnos jugar toda la mañana (pobres, se la he amargado los dos últimos minutos con una ristra de deberes) y comiendo todos los profesores en el salón de actos y dándonos los regalos del amigo invisible, que en mi caso ha sido muy currado aunque hayan sido varias chorraditas en el fondo, y me ha encantado. Siempre me queda la misma sensación cuando acabo un trimestre con un encuentro grupal entre nosotros: qué buen rollo hay, qué contento estoy de trabajar con todos ellos y espero que se repita muchas veces.

Haciendo alusión a mis ganas de "desmonotonizarme" que comenté hace dos entradas de blog, me estoy planteando hacer alguna actividad nueva con la excusa de la nueva entrada del año. El gimnasio me ocupará un tiempo importante, y japonés también (y eso que mi motivación japonesa hace aguas a ratos, pues requiere más que nada memorización y no hay nada que me aburra más); pero tocar la guitarra o hacer alguna otra actividad creativa me vendría muy bien.
El otro día, yendo a un concierto de gospel que fue maravilloso y en el que llegué a llorar (¡yo!), vi que debo trabajar más mi lado creativo, y eso que en el colegio mis compañeros lo ven de continuo; pero hablo más a nivel interior, no sólo de cara a hacer gracias simpáticas de cara a los demás (¡que también!).

Bueno, que estoy contento de que el fin de año se acerque a la vez que vivo pequeños cambios en muchos sentidos que, tengan consecuencias a largo plazo o no, harán mi vida un poquito más rica sin duda. No he jugado a la lotería de mi colegio, que ha tocado, y sin embargo me siento la mar de afortunado.

Que paséis bien el fin de año.





jueves, 9 de diciembre de 2010

Facebook y los blogs.

Facebook sirve para contar algo y que la gente lo lea enseguida.
Pero tiene una limitación: uno agrega tanta gente que lo que va más allá de unas pocas oraciones o de una foto (¡aunque sean veinte fotos!) se descarta y se ignora.
Así que facebook se convierte en un símbolo de la cantidad frente a la calidad.
Defiendo, por tanto, la tranquilidad, la pausa, que ofrece un blog; no sólo al lector sino a su creador, que redacta relajadamente sus ideas.
Lo bueno es aquello que se cuenta con los dedos de una mano. ¡Gracias por estar ahí! ^^

lunes, 22 de noviembre de 2010

Autosorpresas.

Puedo explicarlo a raíz de esta imagen:



Somos Nico (el chico francés con el que viajé a Argentina) y yo haciéndonos una foto con nuestros compañeros de habitación brasileños en un estupendo hostal de una calle céntrica de Buenos Aires. La foto consigue reflejar una de esas pequeñas cosas que hacen que un viaje resulte especial: lo inesperado, por tonto que sea. No me imaginaba -por mucho que en el fondo yo viaje de hostal barato y compartiendo habitación para que sucedan cosas así- que esta pareja fuese a ser tan simpática, que podría medio entender el portugués hablado, que me lanzaría a proponerles hacernos una foto juntos y que terminaría teniendo al chico en mi facebook (con lo potencialmente ventajoso que eso puede resultar de cara a viajar a su país). La sensación de inesperado, de imprevisto, se puede también ejemplificar con una de esas tardes en que te cruzas con un conocido por la calle y terminas pasando un rato estupendo tomando algo con él/ella o simplemente se te hacen las tantas de la madrugada haciendo el canelo de bar en bar animado por algún cubata, o quizá incluso sin él.
He llegado a una conclusión inevitable: voy a darme autosorpresas. Voy a programar un gancho en modo random que me coja del cuello y me saque una o varias veces al mes de la caja de la rutina en la que tan agradablemente vivo. Y lo voy a hacer porque cuando uno consigue lo más difícil, que es precisamente darse cuenta de que está viviendo en esa caja, y se molesta en levantar la tapa y salir un poco de ella, le sienta muy bien.
No hablo de grandes cosas. No me refiero a irme un fin de semana a Madrid a quemar los bares, ni a los pirineos a hacer puenting, ni a apuntarme a clases de guitarra eléctrica. Que no estaría mal quizá. Hablo más de cosas sencillas que a lo mejor se olvidan hacer o se relegan a un segundo plano, o simplemente se hacen siempre en las mismas ocasiones. Así, me sienta bien irme un día al cine nada más salir del colegio; o irme a ver a mi familia un miércoles; o salir hasta un poco tarde un viernes y no el sábado; o no salir el viernes para estudiar un poco el sábado en lugar de hacerlo entre semana; o decidir que en lugar de quedar a tomar algo el sábado por la tarde, me voy a empapuzar a leer hasta que me lloren los ojos.
Probadlo. En la variedad está el gusto, pero no sólo en lo que se hace sino en cómo y cuándo.
Y por si a alguien no le ha quedado claro, una recomendación: la película "Dí que sí", o "The yes man", con Jim Carrey como protagonista. Vedla aunque el actor os caiga gordo; es simpática y os hará pensar un poco en lo que acabo de comentaros.
Ahora decidme: ¿qué vais a hacer hoy que no pensabais hacer...?

sábado, 6 de noviembre de 2010

Una descripción.

Un buen amigo es aquel que te llama de vez en cuando para ver qué tal estás.
Un buen amigo es aquel que te propone quedar con antelación, pues valora tu tiempo y lo respeta.
Un buen amigo es aquel que no deja pasar mucho tiempo sin verte o saber de ti.

¿Soy buen amigo tuyo?

Y, ¿eres buen amigo mío?

miércoles, 20 de octubre de 2010

La casa de tócame Roque: una guardería con extras.

No pretendo sorprender a nadie hablando de lo que voy a hablar. Siendo maestro es de esperar: de la escuela y de lo que la rodea en la actualidad en España, al menos en el caso de la pública. Sé que lo que sucede en mi centro se da también en la mayoría de los colegios de primaria españoles.
Actualmente un niño va a la escuela y disfruta, o puede disfrutar, de muchas cosas aparte de recibir clases, como es lógico. Eso en sí no es malo, pero, como pretendo demostrar, termina convirtiendo al centro en un quasi caos donde lo secundario termina entorpeciendo lo principal: la docencia y a los propios alumnos.
En primer lugar, el curso escolar comienza antes y termina igual o quizá algo más tarde que hace diez o quince años. Eso, aparentemente bueno, no tiene efectos más allá de favorecer el efecto guardería a nivel social-general, pues los días de septiembre que antes no eran lectivos y ahora sí sirven para poco más que para que alumnos y profesores suden juntos y esperen la llegada de octubre y unas temperaturas más templadas para poder empezar en serio. Los maestros no pretenden, o pretendemos, trabajar menos empezando más tarde, sino preparar nuestro trabajo con algo de tiempo: no se puede comenzar un curso teniendo sólo cuatro mañanas de trabajo antes de que los niños se incorporen a las aulas, pues en esos cuatro días hay que conocer a los compañeros con quienes trabajaremos, decidir quiénes serán coordinadores, qué aula llevará cada cuál, cómo se distribuirán los espacios y los tiempos y un largo etcétera que quienes no se dedican a la docencia probablemente desconocen. Por ello, desde fuera tener a los niños cuanto antes en clase da tranquilidad y la impresión de que más días de clase es mayor calidad, mientras que la realidad no es tal y siguen echándose de menos algunas cosas sin las que una verdadera buena docencia es muy difícil de alcanzar.
En segundo lugar, el efecto guardería se magnifica puesto que, previo pago, un niño puede entrar en el colegio a las 7:30 y salir a eso de las 17:00 si está apuntado a la guardería, el comedor y una actividad extraescolar. Las ampas, o asociaciones de madres y padres, organizan estos extras para facilitar la conciliación de la vida laboral y familiar. De nuevo, esto no es a priori malo, claro. Pero veamos mediante un ejemplo lo que supone para la labor docente, cuya importancia es máxima o superior respecto a cualquier otra actividad que se desarrolle en un colegio. Si un alumno llega al colegio casi dos horas antes de que empiecen las clases y está ese tiempo en compañía de otros niños, parece sensato pensar que a la hora de comenzar la actividad docente esté algo cansado por haber madrugado o algo nervioso tras haber pasado ese tiempo jugando rodeado de niños de otras edades. Al mediodía, como siempre se ha hecho, se puede quedar a comer en el colegio. Durante esas dos horas, bien en este orden o en el inverso, el alumno come con ciento y muchos alumnos más (imaginad el alboroto) y luego pasa el resto del tiempo en el recreo (imaginad el alboroto). Los alumnos, casi el cien por cien de los días, llegan a la sesión de la tarde alterados tras dos horas de desconexión del aula; efecto muy notable ya que en general el porcentaje de alumnos que se quedan a comer es, diría yo a ojo de buen cubero, del sesenta por ciento. En mi caso, pierdo un ratito por la tarde en ponerles algún corto en la pantalla o en contarles cualquier cosa a modo de historia o cuento con el simple objetivo de reducir su nerviosismo e intentar -en la medida de lo posible, poca cosa por las tardes- que el rato se emplee en algo provechoso. Y una vez finalizada la sesión vespertina, el alumno puede acudir a una actividad extraescolar. Para, como es lógico, no hacer venir a sus padres a la salida del aula con el simple objetivo de llevar a su hijo un piso más abajo o al gimnasio, somos los profesores quienes nos encargamos, listado mediante, de mirar cada día qué alumnos van a qué actividad extraescolar y cuáles se marchan a su casa; como si no fuese suficiente malabarismo ser capaz de sacar a veinticinco niños a la hora exacta sin dejar el aula como si hubiese pasado un tornado. Los alumnos que van a una extraescolar se quedaban durante el curso pasado en los halls de salida esperando a su monitor -de modo que el resto del colegio tenía que atravesar ese pelotón para llegar hasta la puerta de salida-; para evitar esto, este curso permanecen en los pasillos, pero de igual modo eso entorpece el paso de los demás alumnos. Sin ir más lejos, el otro día me vino la directora y una madre preguntándome dónde estaba su hijo, el cual, descubrimos, se habría marchado solo a su casa. ¿Acaso puedo yo ver a toda mi tropa cuando bajo rodeado de cuatrocientos alumnos más mezclados con los pequeños grupos de extraescolaradictos y sus monitores? Pues no, oiga. Ah, y este curso también hay extraescolares al mediodía, así que a esa hora al grupo de los que se quedan al comedor y el de niños que se van a casa se añade el de los que se quedan a extrescolares. ¡Bieeeeeen!
Llegamos a un tercer aspecto: las religiones. Cada cual tendrá su opinión, desde luego. La que reina entre el profesorado es que las religiones, siendo cuestión de fe y no de ciencia como el resto de las materias, carecen de sentido en los colegios públicos, al menos en un país como España. Que un porcentaje importante de las familias inscriban a sus hijos en el área de religión no me parece justificación suficiente para que la religión ocupe parte de la jornada lectiva semanal, pues la mayoría no tiene siempre la razón. Por ejemplo, la mayoría de las familias estarían seguramente de acuerdo en que los profesores tuviésemos que estar a su disposición en tutoría todos los días de la semana en lugar de sólo uno como está estipulado, pero eso sería agobiante para el docente. Bien, el caso es que la religión, hablemos de la católica por ser la que más tiempo ocupa (o al menos la que en más colegios españoles encontramos), forma parte de las sesiones de clase de la semana. ¿Qué hacen los alumnos que durante la hora y media de religión no están inscritos en esa área? Están en "atención educativa", tiempo durante el que está prohibido por ley hacer una actividad de peso lectivo, es decir, que toque materias de las impartidas en el aula para todos, como lengua o matemáticas, para que no haya un agravio comparativo entre alumnos inscritos en religión y no inscritos. Y me pregunto: ¿tiene sentido tener a un número de alumnos, no pocos, sin hacer nada realmente útil durante hora y media a la semana, cuando algunos de ellos necesitarían ayuda como el comer, para que los otros puedan escuchar hablar de jesús y compañía? Pero atención, que ahora viene una segunda parte. En el caso de mi colegio, de nuevo siempre en servicio a la sociedad, se ha atendido la demanda de la religión evangélica y ya se imparten clases. Como el número de alumnos interesados en total en el centro es muy bajo, apenas uno por aula, las horas de docencia que la profesora tiene en el colegio es de tres y media; es decir, acude una mañana a la semana. ¿Qué se hace para atender al alumnado interesado, que pertenece a todos los niveles y cursos habidos en el centro? Lo único posible: sacarlos durante hora y media del aula, perdiendo lo que en ese momento toque impartir. En el caso de una alumna mía, llega a primera hora, se va con esta profesora, pierde una sesión de matemáticas y media de inglés y aparece en clase a mitad de esta sesión, momento en que probablemente sea incapaz de incorporarse a lo ya explicado en la media sesión impartida. Peeeeero... claro, es que no vamos a negarle el derecho de la religión, ¿no?....
Y en último lugar, mencionaré algo inevitable, totalmente comprensible en comparación con todo lo dicho, pero que no hay que olvidar. En la actualidad, a diferencia de lo que ocurría en las aulas hace unos veinte años en nuestro país, se atienden las características individuales de los alumnos, en especial las de los que tienen mayores particularidades y problemas de aprendizaje. De modo que algunos de los apoyos que reciben corren a cargo de un profesor que los saca del aula algunas horas a la semana y trabaja con ellos en grupo pequeño o de modo individual. Como es lógico, si este alumno, como le sucede a mi alumna de religión evangélica, ha perdido clase de algo importante para él, cuando menos deberé indicarle qué debe hacer en casa para estar al día de lo visto en el aula con todos sus compañeros. Pero entonces, ¿debo acordarme de qué alumnos hacen estos apoyos fuera del aula más quiénes han tenido religión evangélica más quiénes no han venido en todo el día por estar enfermos y de qué sesiones se ha perdido cada uno? ¿Y todo eso mientras tengo a veintitantos alumnos en el aula a quienes atender, veinte sesiones de clase que preparar por semana y dos reuniones por semana en la hora de trabajo personal al mediodía? Sí, ¿y qué más?
De modo que, como indicaba al principio, el profesorado tiene la sensación cada vez más de que en el colegio hay un manto de actividades y circunstancias que complican hasta tal punto su labor que ésta parece ser cada vez más secundaria...







sábado, 9 de octubre de 2010

Efectividad.

En un pequeño bar de barrio, que había conseguido hacerse una clientela más allá de los jubilados y los parados, su dueño, Pascual, vio que por la puerta entraban dos de sus más habituales cuando daban las once en punto de la mañana: Ramón y Luis. De lejos se escuchaba el vozarrón grave del primero:
- ¡Me vas a contar a mí lo que es eso! -exclamó Ramón, inundando los oídos de todos los clientes-. ¡Si llevo tras una carretilla y una pala desde que era así!
"Así" venía a ser metro y medio de estatura, sin duda mucho menos de los dos metros que ahora alcanzaba.
- Bueno, vale -respondió Luis dando muestras de calmar el diálogo y conseguir la paz-. Es verdad.
- ¡Más que yo nadie se ha dado sudadas! ¿Tú sabes lo qués, a las tres de la tarde en julio, estar ahí a tope, cuando todos están en su sofacico? ¡Buah!
En el mostrador, de los cuatro taburetes, tres estaban ocupados por hombres y uno por una mujer joven. Ésta le miró de reojo para averiguar de dónde venían aquellos gritos y después continuó prestando atención a su café y su cruasán.
- Además, que una cosa te voy a decir: acuérdate hace años que todo el mundo decía que venían muchos negros a quitarnos los trabajos, pero quiá -dijo Ramón agitando una manaza-: yo ya sabía que se vendrían todos a la zanja conmigo. Si están haciendo lo que nadie quiere. ¡Moza!
Exclamación dirigida a la mujer del cruasán, que reaccionó sabiamente fingiendo no reaccionar.
- Hay que ver, maja, qué mona que eres. ¿Estás soltera?
El cruasán seguía siendo lo más importante. Pascual, el camarero, se mordía la lengua y observaba.
- No dices nada o sea que sí. Pues mira, yo si quieres te invito a cenar hoy y luego lo que surja. Porque eres muy guapa -inspiró una flema que tenía atravesada en algún sitio de su garganta- y las tienes muy bien puestas.
Los otros señores fingían no escuchar, y el vozarrón dejó paso al silencio y a la mirada no correspondida de Ramón, que se limitaba a respirar al lado de la señorita. Ésta, tras unos segundos, cogió con ambas manos su almuerzo y se sentó en una de las mesas que había junto a la máquina del tabaco.
- Buenooooo -dijo, o proclamó, Ramón-. Si soy feo se me diceee, ¿eh? Hay que ver... Ponme un cafecico, Pascual, majo -ordenó, tomando la butaca ya libre.
- Marchando -respondió éste, quien añadió en voz baja-. Nunca dejaré de aprender de ti.
- Si eso ya lo sé -le susurró Ramón, ya sin gritar ni el menor asomo de bruterío-. A las mujeres les quito el taburete así -dijo chasqueando los dedos y recibiendo las sonrisas de los conocidos de al lado.
Y eso pasó en el bar de barrio aquella mañana que, adivinen por qué, solía llenarse casi en exclusiva de varones.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Argentina (III): alrededores de Salta.

Fueron 24 horas en bus desde Iguazú hasta Salta. Y yo que pensé, yendo en ferry de Santorini a Tesalónica, en Grecia, que jamás iba a perder de nuevo un día entero viajando...
En Salta, ciudad de tamaño medio o algo pequeño y tremendamente turística -en el sentido de que buena parte de la ciudad, o al menos de la que sale en el mapa, está llena de tiendas-, los hostales organizan casi todos los días de la semana excursiones a los alrededores. Íbamos a pasar dos o tres días allí, así que me pareció buena idea hacer al menos un par de esas salidas. Nico, con unas ganas desmesuradas de descansar, prefirió pasearse por Salta sin más y salir de noche. Yo nunca he podido irme de juerga y estar presentable y con ganas al día siguiente, así que no me arriesgué a trasnochar ni una sola vez y preferí disfrutar cien por cien descansado de las excursiones. Una fue a Cafayate y la otra a varios sitios cuyo nombre podría encontrar en los folletos de mi viaje si alguien tiene particular interés. Básicamente lo que me sucedió durante estos días es que, siempre habiendo preferido el turismo urbano, terminé alucinando con los paisajes argentinos más que con todo lo demás: más que con las cataratas de Iguazú y por supuesto más que con Buenos Aires.
Creo que lo mejor es que las imágenes hablen por sí solas:




















Las fotos pertenecen a ambas excursiones y ésta última está tomada en una gran llanura de sal cerca de los Andes. Supongo que si llueve las salidas pierden mucho encanto. Ah, hay que prepararse para estar a las siete o siete y media en la recepción del hostal y para estar de vuelta, en el caso de las más largas, a eso de las siete de la tarde. Por la noche, sin duda, uno descansa divinamente.

La ciudad de Salta, además, tiene varios museos interesantes. El más llamativo es quizá el Museo de Alta Montaña, que ofrece momias de niños enterrados vivos. De origen incaico. Son consideradas como las mejor conservadas del mundo; fueron descubiertas en el volcán Llullaillaco a 6730 metros de altura y se exhiben de forma alternada en cápsulas especiales. Aparte de por todo esto, tengo buenos recuerdos de esta ciudad porque por las noches la cena, que estaba incluida en el precio del hostal, tenía lugar en una sala cerrada que estaba en una zona al aire libre -pues hacía fresco por la noche, no olvidemos que allí era invierno-. Por fuerza te sentabas con otros viajeros, tanto argentinos como estadounidenses, alemanes, franceses... y charlabas alegremente hasta que sonaba música y el ambiente mejoraba aún más con alguna bebida alcohólica. A pesar del tremendo cansancio de las excursiones, era incapaz de irme a dormir antes de la una de la madrugada. Guardo en facebook algunas personas de mi visita salteña.
Y bueno, el viaje llegaba a su fin. Para poder estar un día más en Salta decidimos regresar en avión a Buenos Aires, lo cual hicimos el domingo por la mañana, último día del viaje. El domingo consistió en pasearse por la capital argentina sin el mínimo interés por ver mejor la ciudad. Me despedí de Nico con sensaciones encontradas respecto a haber viajado con él, tomé el bus hasta el aeropuerto y, con algo de retraso, despegué casi a medianoche mentalizado de que me esperaban catorce horas en un avión. Por fortuna, a diferencia de a la ida, no me tocó tener asientos a ambos lados sino pasillo a mi izquierda, lo cual me permitió estirar las piernas literalmente. Mi compañera de asiento hablaba un buen español con su acento argentino, pero resultó ser una chica francesa que había aprendido el idioma en este país. Qué curioso.Cuando me cansé de dar vueltas en el asiento, saqué un somnífero amablemente cedido por Nico -que despegó varias horas más tarde hacia Nueva Caledonia- y, gracias a él, logré dormir cinco horas en ese incómodo asiento. Aterricé en Madrid a las tres de la tarde, perdí el ave en las narices, tomé el siguiente y a las siete entraba en mi casa... habiendo dormido mal y con un jet lag tremendo que me duró cuatro días y que conseguía que la hora que veía en los relojes y la que mi cuerpo sentía no encajase. Era cuando menos curioso estar a punto de acostarse mientras el estómago te demandaba comer...


F I N

sábado, 11 de septiembre de 2010

Argentina (II): cataratas de Iguazú.

Como ya comenté, de Buenos Aires a Iguazú hay dieciséis horas en bus. También aclaré que los asientos son más cómodos que en los buses europeos que estamos acostumbrados a ver:



Y reclinables, mucho más que en la foto, así que dormir es medianamente posible. En cualquier caso, Nico llevaba unos somníferos y quise probar uno; así que el trayecto nocturno lo hice bajo los efectos de la pastillita milagrosa que me llevó al mundo de Morfeo en menos de treinta minutos.







Acabas de verme a mí y a Nico en diferentes lugares de lo que puedes ver si te acercas al parque de Iguazú. En las fotos no se aprecia la espectacularidad de las cataratas, que tengo recogidas en varios vídeos en mi cámara. Se pueden adquirir varios tipos de entrada al parque, para hacer recorridos andando o en trenecito, para hacer recorridos en lancha más o menos largos... Una vez más, como los precios resultan asequibles para un español, es mejor comprar lo más caro.
Hay dos tipos de viaje por el agua. El primero es en una especie de balsa que te lleva por el río Iguazú tranquilamente y te permite hacer fotos y escuchar el silencio, o los animalillos que hay en la vegetación a tu alrededor: se va el caimán, se va el caimán...



Esta foto, por cierto, me la hizo una sevillana con la que coincidí en la barquichuela; lo típico que suele pasar cuando estás en Argentina.
El otro viaje acuático es en lancha y te acerca a las cataratas principales para que puedas verlas de cerca y fotografiarlas. Te pones chaleco y te dan una bolsa de plástico en la que, a la señal, debes meter todo aquello (cámara, documentos, dinero...) que no quieres que se moje, puesto que te meten debajo de alguna de las cataratas. Personalmente me pareció una gilipollez, pues todo el mundo sabe de sobra qué es meterse bajo un chorro de agua, aunque sólo sea porque se ducha en su casa, y de no tener ropa de recambio luego pasas una hora por lo menos calado de arriba abajo. Aunque era invierno, al encontrarse el parque al norte de Argentina la temperatura era buena, cálida sin ser muy alta, pero aun con todo la ropa tardó bastante en secarse.



Éstos son los coatíes, o coachíes, a los que no se les debe dar de comer y que pueden lanzarse a por la comida que uno lleve en la mano, sin ser en principio agresivos en absoluto.

Visitar el parque de Iguazú me gustó bastante, sin parecerme la octava maravilla del universo como a la mayoría de las personas que me habían hablado de él; pero es sin duda bonito. Lo que ocurre es que necesitas, como dije, casi un día en bus para ir allí desde la capital argentina, más el día que se pierde en Iguazú ciudad no haciendo nada porque haciéndose de noche a las seis y habiendo llegado allí al mediodía no daría tiempo a ver el parque; más el día que empleas en ver el parque, más el día de trayecto que después nos esperaba para ir hasta Salta, al oeste del país, que elegimos como siguiente destino porque la gente nos había comentado que tenía paisajes estupendos. De modo que para ver el parque al final empleas tres o cuatro días entre la estancia y el trayecto, y puede que no mereciese tanto la pena, aunque tampoco me habría querido ir sin haberlo visto, claro...

Cabe destacar que en casi todos los hostales argentinos no se puede pagar con tarjeta de crédito. Nuestro hostal en Iguazú estaba a varios kilómetros de Iguazú ciudad, y el día en que nos marchábamos tuve que ir y volver varias veces hasta la ciudad solo para sacar dinero del cajero y regresar para efectuar el pago de la habitación.

Y bueno, como dije, nos fuimos de camino a Salta. Esta vez, veinticuatro horas literalmente de trayecto en bus...


(CONTINUARÁ)