viernes, 18 de noviembre de 2011
Fuera de control.
viernes, 23 de septiembre de 2011
Asfixia.

Es triste pero cierto experimentar que algo se valora cuando se deja de tener.
Creyendo por un momento, como imagen literaria agradable, que el destino existe, éste preparó una pequeña aventura con moraleja a Fulanito.
Fulanito tenía un amigo que, efectivamente, se llamaba Menganito. Menganito tenía una vida complicada, caracterizada por la falta de trabajo y en consecuencia de dinero, y solicitó a Fulanito poder alojarse durante unos días en su piso. A lo cual accedió, motivado quizá porque Menganito le parecía atractivo y sólo había una cama para compartir.
Resultó que Menganito, aparte de majo, sabía cocinar, de modo que Fulanito comió no sólo en la cama sino también en la cocina.
Pero al cuarto día, cuando Menganito quiso irse con unos amigos y llevarse el único juego de llaves disponible en ese momento, se desencadenó la tragedia: Menganito, algo infantil e irresponsable, regresó a las cuatro de la tarde del día siguiente en un evidente estado etílico deplorable, obligando a Fulanito a comer fuera para esperar su regreso ante la ausencia de otro juego de llaves a su alcance.
¿Qué decidió Fulanito? Decidió que tenía los menganos suficientemente hinchados. El mal comportamiento de Menganito le había molestado porque interfería en su rutina diaria; sin embargo, pensó, había sucedido por primera vez y parece sensato concluir que un primer error ha de ser perdonable. No por ello se le deshincharon los menganos, y terminó por pedir a Mengano, una vez habiéndole permitido que curase su melopea con Morfeo, que cambiase de residencia en cuestión de horas. Y se ejecutó la sentencia.
Lo que no le dijo Fulano a Mengano es que, además de su mal comportamiento, otras cuestiones subyacían a su tajante decisión: el sentimiento de incomodidad ante la invasión del espacio propio que había percibido en los escasos días en que había compartido su espacio y su tiempo con otra persona.
Fulanito, una vez solo de nuevo, regresó a su cubículo voluntario y prosiguió la lectura de un libro en el más absoluto y placentero de los silencios.
domingo, 21 de agosto de 2011
El sistema perfecto: propinas en Nueva York.
Puede que hasta te hagan sugerencias de platos que no aparecen en el menú, te pregunten cuán hecha quieres la carne, bromeen contigo...
Y entonces te quedas pensando...: "A ver, a ver... ¿Resulta entonces que...:
- ¿...su sueldo es una mierda y depende casi por entero de lo que obtengan con las propinas?
- ¿...a los dueños de los restaurantes los camareros les salen tirados de precio entonces?
- ¿...somos los demás quienes tenemos que poner el sueldo que no se les paga oficialmente, encareciendo el precio final indicado en el menú? (En un hotel lujoso hay que dar propina al que te recoge el coche, al que te lleva las maletas, al que te las sube a la habitación...).
- ¿...es por eso que los camareros son tan maravillosamente amables y exquisitos con el cliente?
- ¿...tienen a la fuerza no sólo que recoger los pedidos y servirlos sino además ser amenos y graciosos?
Puedes pensar, quizá con razón, que el método resulta eficiente, pues consigue que el trato sea muy bueno casi siempre.
Pero yo considero, trasladando la situación a mi labor docente, que sin duda yo trabajaría cien veces más y mejor si mi sueldo dependiese de la opinión y de las propinas de las familias de mis alumnos, pero eso sería un sinvivir, un tener el corazón en un puño cada día y, en definitiva, trabajar sabiendo que tendría que estar figuradamente sonriendo con hipocresía y diciendo que sí a todo para ganarme el jornal. Eficaz pero lamentable.
No creo que cualquier método valga, y a menudo la cortesía del camarero neoyorquino me provocaba una cierta tristeza.
viernes, 29 de julio de 2011
Ver no comer mientras comes.
miércoles, 8 de junio de 2011
Una Historia hecha de historias.
martes, 3 de mayo de 2011
En la marea.

martes, 12 de abril de 2011
Mi diario: la reflexión familiar.
La tele es una ventana al mundo. No es perfecta, es subjetiva, tiene hilos detrás. Pero permite acercar las cosas a la gente y sólo hay que desear que quienes se encargan de ello sean buenas personas. No negaré que soy uno más de quienes la conectan y la disfrutan, quizá menos tiempo que otros.
Por casualidad, más bien sin querer, reflexioné acerca de la prisa y la inquietud que nos rodea. Un coche tiene que ir rápido, una canción debe gustar a mucha gente, un libro debe ser comprado por muchos lectores... y un trabajador debe hacer su labor dando el máximo de sí mismo.
Es terrible, diario, pero lo es más en lo que al trabajo se refiere, al menos para mi sensibilidad. Debe de ser terrible que mientras yo vivo apartado en mi tranquila vida de campo, disfrutando de un largo paseo y viendo la naturaleza en paz, algunos que viven no muy lejos de mí se levanten cada mañana cavilando nuevas maneras de ser mejor que su rival, de perfeccionar su creatividad y de que su jefe les considere imprescindibles. ¿Por qué no puede ser todo más sencillo? Mi querida abuela, que a pesar de su edad se mantiene con buena salud, gracias a dios, cocina bien pero igual que ayer y que mañana. Por eso cocina y lo disfruta. ¿Lo haría del mismo modo si debiese preparar comida para cien y nadie, además, se lo agradeciese? Creo que hemos industrializado la vida.
Mi abuela, viendo en su televisor lo mismo que yo (libros de cocina comestibles que sabían a aquello de lo que hablaban) dijo, con su voz algo grave: estáis todos locos.
¿Verdad, diario, que lleva razón? Al menos, desde mi jardín y el banco de madera en el que escribo, eso me parece.
sábado, 2 de abril de 2011
Apoyo mutuo.
viernes, 11 de marzo de 2011
Cómo salir de la crisis.
domingo, 27 de febrero de 2011
Extraído de "Las conexiones ocultas", de Fritjof Capra.
viernes, 4 de febrero de 2011
Mirando al de al lado.
viernes, 21 de enero de 2011
I´ve got a feeling.
sábado, 8 de enero de 2011
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Días de pequeños cambios.
jueves, 9 de diciembre de 2010
Facebook y los blogs.
lunes, 22 de noviembre de 2010
Autosorpresas.
sábado, 6 de noviembre de 2010
Una descripción.
miércoles, 20 de octubre de 2010
La casa de tócame Roque: una guardería con extras.
sábado, 9 de octubre de 2010
Efectividad.
- ¡Me vas a contar a mí lo que es eso! -exclamó Ramón, inundando los oídos de todos los clientes-. ¡Si llevo tras una carretilla y una pala desde que era así!
"Así" venía a ser metro y medio de estatura, sin duda mucho menos de los dos metros que ahora alcanzaba.
- Bueno, vale -respondió Luis dando muestras de calmar el diálogo y conseguir la paz-. Es verdad.
- ¡Más que yo nadie se ha dado sudadas! ¿Tú sabes lo qués, a las tres de la tarde en julio, estar ahí a tope, cuando todos están en su sofacico? ¡Buah!
En el mostrador, de los cuatro taburetes, tres estaban ocupados por hombres y uno por una mujer joven. Ésta le miró de reojo para averiguar de dónde venían aquellos gritos y después continuó prestando atención a su café y su cruasán.
- Además, que una cosa te voy a decir: acuérdate hace años que todo el mundo decía que venían muchos negros a quitarnos los trabajos, pero quiá -dijo Ramón agitando una manaza-: yo ya sabía que se vendrían todos a la zanja conmigo. Si están haciendo lo que nadie quiere. ¡Moza!
Exclamación dirigida a la mujer del cruasán, que reaccionó sabiamente fingiendo no reaccionar.
- Hay que ver, maja, qué mona que eres. ¿Estás soltera?
El cruasán seguía siendo lo más importante. Pascual, el camarero, se mordía la lengua y observaba.
- No dices nada o sea que sí. Pues mira, yo si quieres te invito a cenar hoy y luego lo que surja. Porque eres muy guapa -inspiró una flema que tenía atravesada en algún sitio de su garganta- y las tienes muy bien puestas.
Los otros señores fingían no escuchar, y el vozarrón dejó paso al silencio y a la mirada no correspondida de Ramón, que se limitaba a respirar al lado de la señorita. Ésta, tras unos segundos, cogió con ambas manos su almuerzo y se sentó en una de las mesas que había junto a la máquina del tabaco.
- Buenooooo -dijo, o proclamó, Ramón-. Si soy feo se me diceee, ¿eh? Hay que ver... Ponme un cafecico, Pascual, majo -ordenó, tomando la butaca ya libre.
- Marchando -respondió éste, quien añadió en voz baja-. Nunca dejaré de aprender de ti.
- Si eso ya lo sé -le susurró Ramón, ya sin gritar ni el menor asomo de bruterío-. A las mujeres les quito el taburete así -dijo chasqueando los dedos y recibiendo las sonrisas de los conocidos de al lado.
Y eso pasó en el bar de barrio aquella mañana que, adivinen por qué, solía llenarse casi en exclusiva de varones.
domingo, 26 de septiembre de 2010
Argentina (III): alrededores de Salta.
Y bueno, el viaje llegaba a su fin. Para poder estar un día más en Salta decidimos regresar en avión a Buenos Aires, lo cual hicimos el domingo por la mañana, último día del viaje. El domingo consistió en pasearse por la capital argentina sin el mínimo interés por ver mejor la ciudad. Me despedí de Nico con sensaciones encontradas respecto a haber viajado con él, tomé el bus hasta el aeropuerto y, con algo de retraso, despegué casi a medianoche mentalizado de que me esperaban catorce horas en un avión. Por fortuna, a diferencia de a la ida, no me tocó tener asientos a ambos lados sino pasillo a mi izquierda, lo cual me permitió estirar las piernas literalmente. Mi compañera de asiento hablaba un buen español con su acento argentino, pero resultó ser una chica francesa que había aprendido el idioma en este país. Qué curioso.Cuando me cansé de dar vueltas en el asiento, saqué un somnífero amablemente cedido por Nico -que despegó varias horas más tarde hacia Nueva Caledonia- y, gracias a él, logré dormir cinco horas en ese incómodo asiento. Aterricé en Madrid a las tres de la tarde, perdí el ave en las narices, tomé el siguiente y a las siete entraba en mi casa... habiendo dormido mal y con un jet lag tremendo que me duró cuatro días y que conseguía que la hora que veía en los relojes y la que mi cuerpo sentía no encajase. Era cuando menos curioso estar a punto de acostarse mientras el estómago te demandaba comer...

