sábado, 29 de septiembre de 2007

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Contenedores voladores.




Uno los ve por la calle y piensa que son objetos inofensivos.





Pero no es así. Lo son sólo para los peatones, pero no para los conductores. ¿Acaso se mueven solos y se colocan en mitad de la calzada?, preguntaréis. ¿O quizá es que los colores chillones distraen?

Nada de eso. El peligro de estos contenedores hacia los conductores reside en su dureza. Nunca aparque junto a uno de ellos, ya que corre el peligro de encontrar su vehículo abollado.

¿Pues qué demonios hacen estos seres coloridos cuando uno aparca cerca?

Bueno... Ellos en sí nada. Pero basta con ver al señor que los vacía para encontrar la respuesta. Colgados de un gancho que nace de un camión, ascienden en el aire, ingrávidos, hasta descargar su contenido; y tanto en la subida como en el descenso se bambolean peligrosamente, poniendo en peligro la salud carrocera de los automóviles contiguos.

¡Por no hablar de que se suelten del gancho!

(Porque si yo fuese un contenedor de papel, que está siempre a petar, me desanganchaba fijo y protestaba en el inem y me las piraba a un país mejor).

domingo, 23 de septiembre de 2007

Diálogo habitual en el aula

Diabetes: Bueno, pues vais a hacer el ejercicio dos. Copiad el enunciado con lápiz.

Alumno: ¿Hay que copiar el enunciado?

Diabetes: Lentejas.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

La cuenta atrás.



Hace unos días, un martes, me dispuse a coger el bus de la línea 38. Eran las seis y cinco. Al acercarme a la parada pude comprobar que apenas un minuto antes se había marchado un autobús, así que me dispuse a esperar, animado porque la frecuencia señalada era de seis o siete minutos.



Pasado ese tiempo, se acercó un nuevo autobús. Se acercaba a una velocidad sospechosamente elevada. Y así era: iba de vacío. En otras palabras, desde la centralita le habían comunicado que se fuese directamente a las paradas centrales de la línea, que era donde debía de haber más gente y, en consecuencia, más dinero que ganar.


No fue hasta las seis y veintiuno cuando por fin pude subir al autobús. Pero fue casi de milagro, ya que dado el acumulamiento de personas en las paradas previas, no todos los que estaban en la que yo me encontraba pudieron subir, y en las dos paradas siguientes el conductor ni siquiera abrió la puerta por ser imposible que los ocupantes nos pudiésemos apelotonar más.


No pretendo que esta escena sea una novedad. Si saco esto a colación es porque estos días, y también durante las fiestas del Pilar, los conductores de TUZSA amenazan con hacer huelgas; eso empeorará el servicio, pero desde luego, a medio o largo plazo, lo mejorará, pues los trabajadores están tanto o más cansados que nosotros de estas malas condiciones de trabajo.

Destaca el hecho de que es hasta 2012 cuando TUZSA está contratada como empresa única de autobuses metropolitanos en Zaragoza; así que llevaremos con resignación el tema esperanzados con que dentro de cuatro años la empresa perderá su monopolio y empezaremos a disfrutar de más y mejores autobuses, y hasta quizá de metro y tranvía.


¿O se juntará todo y será mayor el caos?

sábado, 15 de septiembre de 2007

Sitios para dormir.

Grabé esto dentro de uno de los barracones en Auschwitz. En cada uno de esos huecos dormían varias personas. El silencio era lo que se escuchaba a lo largo y ancho de todo el campo.

martes, 11 de septiembre de 2007

Doña Estadística.

- Hoy también estás muy guapa.

- Gracias - dijo ella simplemente. Le gustaba aquel chico. Los doce días que llevaba en planta le habían permitido tratarle en múltiples ocasiones.

- ¿Ya sabes qué ha dicho el médico?

- No -respondió-. No sé nada.

- No te creo. Eres la enfermera y debes de estar enterada.

- Te digo que no. ¿Qué te crees, que me sé la vida y milagros de todos los pacientes? Me volvería loca.

Le rogó que se quitase la camiseta para poner la inyección más fácilmente. Sus rasgos duros y su piel negra sedujeron de nuevo a la muchacha, que temblabla imperceptiblemente.

- Vaya... Tengo ganas de salir a la calle. Y de seguir viéndote.

- ¿Sí?

- Sí, estas paredes cada vez me agobian más. Y no puedo esperar a pedirte ir al cine conmigo.

La enfermera sonrió por toda respuesta.

- Porque vas a decirme que sí, ¿verdad? ¿Verdad?

- De momento concéntrate en recuperarte del todo...

- Eres muy mala conmigo.

- Soy mala con el mundo -dijo, mostrando la aguja en señal de amenaza. El chico sonrió, rendido.

- Vale, de acuerdo. Entonces me quedaré aquí otro día más, aburrido, esperando a que vuelvas a visitarme.

- Muy bien.

Enseguida se dispuso a abandonar la habitación. Se despidió del muchacho, abrió la puerta y escuchó:

- ¿Vas a ver a doña Estadística?

Se paró en seco.

- ¿Cómo?

- Que si vas a ver a doña Estadística -repitió el chico, de nuevo vestido por completo y sentado al borde de su cama-. La mujer de la trescientos doce.

- No sabía que la conocías -dijo la chica-. Es muy simpática y lo ha pasado mal.

- Mi única relación con ella es la de compartir planta de hospital. Pero muchos aquí hablan de ella, es imposible olvidarla con lo que le ha pasado. ¿O es que se ve muy a menudo a alguien que dé a luz un bebé que tiene un brazo y una oreja de más saliendo de la espalda?

- Claro que no.

- Menos mal. ¡Qué miedo si no! -exclamó con la mejor de sus sonrisas, que ella no pudo evitar corresponder-. El bebéééé fantaaaasma...

- ¡Oh, qué desagradable eres!

Abrió la puerta de nuevo y, una vez más, no abandonó el cuarto.

- Oye... ¿Por qué la llamas doña Estadística?

- ¡No me digas que no lo has adivinado! -gesticuló exageradamente-. Pues verás... Esa mujer ha tenido 1,3 hijos, ¿no es acaso la media nacional?

- ¡Oh! ¡Eres lo peor! -dijo la muchacha escandalizada.

Pero él supo entonces que, sin duda, un día compartirían butaca de cine.




viernes, 7 de septiembre de 2007

Diabetadas (XIV)




Pedicura: religioso que mendiga.





Matriz: dícese de la ciudad central española que ejerce de capital del país.





Marimacho: típica escena de chulo de playa.





Oligoelemento: aparte de irse a casa a cascársela, segunda opción desesperada en una noche de salidez.





Apático: muy andarín.





Chupatintas: felador de pulpos.





Pus: pedio púbdico de transbordte.





Literatura: cama colocada encima o debajo de otra y que machaca la espalda.





Cuarteto: habitacioncilla cutre donde se alojan los estudiantes.





Catastral: fotografía de los cuerpos celestes en el momento de nuestro nacimiento.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Saludando a Septiembre.




A diferencia de otros años, esta vez me tomo con buen humor y buena cara la llegada de Septiembre y, con ella, del comienzo del curso. Podría pasar el resto del año de vacaciones, pero en el fondo resulta muy difícil establecer una rutina durante dos meses enteros para que el tiempo cunda; de modo que la vuelta al trabajo será como unos andamios resistentes que delimiten y fortalezcan mi tiempo y el modo de emplearlo. Vaya, que la obligación de madrugar me forzará a estar activo y a aprovechar mejor el tiempo libre.



Comienzo el curso con ganas: seguir adelante con Antropología social y cultural -que a veces me dan ganas de dejar, pues voy tan poco a poco que calculo que será hacia el 2012 cuando termine, y hablo literalmente-, continuar aprendiendo francés, quizá retomar el gimnasio aunque ahora enfocado hacia actividades aeróbicas con música como step o funky y, en especial, ver muchas películas en inglés sin subtítulos, para seguir mejorando mis listening skills, que falta me hace.







¡Feliz vuelta al cole!

jueves, 30 de agosto de 2007

En directo.

Secuencia ya clásica.

lunes, 27 de agosto de 2007

Hincando el diente a mi bolsillo.



El pasado miércoles llegó: un fantástico dolor de muelas. No era muy intenso, pero sí lo suficientemente molesto como para impedirme dormir a gusto. Recurrí a mi megaguía del seguro y, después de buscar odontólogos y dentistas, terminé por buscar estomatólogos (terminologías...). Llamé a unos quince, y todos comunicaban, no respondían o habían dejado un contestador anunciando que en agosto seguro que iban a estar ahí para mí esperándome. Todo desesperado, viéndome ya en urgencias o soportando el dolor hasta septiembre, localicé por fin un dent... estomatólogo en mi antigua calle, Mariano Royo.



- Te atenderemos como pronto el martes... De todos modos, si mañana por casualidad alguien no acudiera te puedo avisar.



-¡Sí, por favor!



Y pasé el día con Ibuprofen, que no es un amigo mío sino un calmante que hizo su efecto. Esa misma tarde a las ocho me llamaron para decirme que al día siguiente a las nueve y media tenían un hueco en la consulta y allá que fui.



El señor estomatólogo/dentista+médico de la boca y del sistema digestivo u lo que fuese me sacó varias cosas más. En concreto me hizo este listado, en el cual posiblemente haya alguna falta ortográfica dado que no comprendo bien su letra:



- Restos radiculares con cirugía.



- Cinco obturaciones complejas.



-Una endodoncia birradicular.



- Reconstrucción muñones.



- Tres radiografías intrabucales.






Lo mejor sin duda es saber que me van a reconstruir los muñones. Los había disimulado bien hasta ahora, ¿eh, amigos?



El caso es que cada mes me descuentan del sueldo un huevo y medio por el seguro médico y resulta que los empastes (vaya, las obturaciones, según la receta señalada) no están cubiertos. Pues qué bien. En total, durante los próximos meses el señorito me sacará trescientos novena y cinco euros...



Pero no pasa nada. Todo sea por llegar a viejo con los dientes sanos, ya que a día de hoy ya me faltan dos o tres piezas.



Y en cuanto a las pelas... ¡¡pues habrá que pagarlas, al fin y al cabo este mes dejé de pagar el coche por fin, bieeeeen!!

jueves, 23 de agosto de 2007

¿Menú selecto o menú sorpresa?




Ésa es la elección a la que nos enfrentamos diariamente:



- Escogemos un menú selecto si abrimos un periódico, o mejor dos de distinto color, y vamos deteniéndonos en aquellas noticias que llaman nuestra atención por interés y relevancia. El proceso es todavía más rápido si el periódico es digital, en cuyo caso nos basta con hacer clic sobre los titulares en los que deseamos profundizar.



- Escogemos un menú sorpresa si vemos el telediario, donde, tras destacar aquellas noticias que parece imperdonable no divulgar, se introducen en nuestra boca sin permiso sucesos de todo tipo cuya mayor trascendencia suele radicar, casi siempre, en lo insólito o lo curioso de la imagen. Un acto cultural o un cambio económico quedarán ensombrecidos por el divertido campeonato anual de engullimiento de salchichas, que seguramente será hipnóticamente acogido con sonrisas y regocijo por el espectador. La hipnosis estará basada en meros juegos lingüísticos -Matías Prats es todo un paradigma, quizá por ello, lamentablemente, el más seguido de su franja horaria- que unen absurdamente noticias dispares con el fin de dar sensación de continuidad lógica al noticiero. Y el espectador queda embobado mientras acaba de ver una noticia sobre un terremoto que ha destruido miles de hogares en un país pobre y pasa a otra sobre la venta de un best-seller irrelevante mediante una oración como "Totalmente destruido ha quedado también el mundo editorial con la llegada del último éxito de...".






En fin, ya digo, menús distintos.



¿Qué tomarán hoy el señor y la señora?

lunes, 20 de agosto de 2007

Ellas también cantan.

Coreografías inolvidables para una canción peligrosamente pegadiza.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Ajos.


Quedé en conocernos en aquel bar al lado del teatro. Era un lugar que me gustaba. Cuando apareció, di mi última calada al cigarrillo y lo apagué de un pisotón.
La primera impresión fue mejor de lo que esperaba: masculino y bastante alto, de rasgos duros. Me sonrió, quizá porque también le había gustado, y ambos pedimos un zumo natural.
Parecía de conversacion fácil, de tendencia extrovertida y persona viajada. Aparentaba algo más de los treinta y dos años que decía tener y eso me gustaba.
Hábilmente se interesaba por mis circunstancias y permitía que yo investigara en las suyas. Tuve la sensanción de que habíamos congeniado, al menos para quedar otro día.
Sin embargo, sacó los ajos. Los llevaba en una caja roja, pequeña, parecida a la de las clásicas juanolas. Me ofreció, le dije que no me gustaban, y él cogió uno y, con un pequeño cuchillito que guardaba en el bolsillo de sus vaqueros, lo fue partiendo en trocitos con una habilidad y minuciosidad que demostraban experiencia de años. Cuando hubo terminado de trocearlo, cerró la caja, recogió la afilada hoja e introdujo varios trocitos en su boca.
- Entonces, ¿siempre has vivido aquí? -me preguntó mientras masticaba sin prisa.
Respondí con una pequeña parte de mi cerebro, mientras con la otra trataba de encontrar una explicación a esa costumbre.
Fueron los trocitos de ajo los que parecieron marcar el tiempo, más que los relojes de las paredes y de nuestras muñecas. Parecía que había dividido aquel ajo en trocitos suficientes como para que le durasen el tiempo justo para completar una charla productiva y suficiente.
Con los dos últimos pedacitos hizo lo más extraño: los colocó en mitad de las palmas de sus manos, los hizo rodar entre ellas a modo de plastilina y luego repitió aquel gesto por sus pantalones y su camiseta. No dejaba de sonreír y de mantenerme la mirada, sin preguntarse por un momento por qué le observaba algo confuso.
Propuso marcharnos. Dije que perfecto, nos levantamos, pagamos y salimos del bar. De nuevo admiré su porte sereno, varonil y su buena estatura. Sin duda quería volver a verlo, pero... ¿tendría que soportar aquel espectáculo tan peculiar de nuevo? ¿Cómo olerían sus ropas? ¿Y su lengua, si llegase a besarlo? ¡Incluso seguro que yo mismo estaba apestando!
- Mira, sé lo que estás pensando -me dijo-. Piensas dos cosas. A la primera te respondo que sí, que yo también quiero volver a verte. He pasado un rato agradable y tu cara es una monada.
Sonrió e hice lo propio.
- En cuanto a lo segundo... Al llegar he visto que fumas. Espero que el ejemplo haya sido ilustrativo. Sólo quería hacerte ver lo que me hace sentir el humo del tabaco...

sábado, 11 de agosto de 2007

back dorm boys - i want it that way

Me parto con las caras de los dos. Una interpretación muy vivida.

miércoles, 8 de agosto de 2007

¿Estoy embarazada?




Es una frase que, afortunadamente, nunca me tendré que formular. Creo que si fuese mujer me habría ligado las trompas con tres nudos hace ya unos años.





Pero en caso de que alguien se quede "preñá", la manera habitual de averiguarlo es utilizando el instrumento que se observa en la imagen. Depende del color del que se ponga tras poner en él orina, se sabrá si la mujer tiene un proyecto de bebé en su interior.





Puede que os preguntéis el por qué de que hable de esto. Pues muy sencillo: tengo el placer de daros la noticia de que Miguel y Carolina lo utilizaron hace poco y les ha salido positivo. Al principio se lo tomaron un poco mal, pero se han animado a tenerlo, a pesar de los problemas que conllevará.





Después de que hayais alucinado un poco con la trola que os acabo de soltar, explicaré que este tema viene a que, a pesar de no querer tener hijos y de no poder tenerlos -al menos propios- con una futura pareja, me he visto envuelto ya en dos casos de mujeres que, todas nerviosicas, me han llamado para acudir a una farmacia y averiguar de qué color se ponía el cacharrito. En ambos casos, menos mal, el resultado fue negativo.





Dicho de otro modo, en aquella casa vieja y enorme de la calle Royo que muchos echamos de menos, y que ya fue derruida, dos personas han comprobado su no estado de buena esperanza.





¿Alguno de vosotros se ha metido en algún lío así alguna vez? Si hay alguien, por favor, que levante el pubis.

sábado, 4 de agosto de 2007

La escapadita madrileña de Diabetes.

Temo la imagen que, quizá con razón, podáis haceros de mí tras la introducción que voy a proceder a hacer en este post...El modo en que tomé la inciativa para escaparme a Madrid unos días fue cuando menos insólito.
El pasado domingo estaba chateando con un tío de treinta y nueve años de físico peculiar: brazos supergrandotes de gimnasio pero con barriguita. En su "trono moral" madrileño, no hacía más que insistir para que fuese, y yo me negaba, harto de que quienes viven en las ciudades más grandes presupongan que los demás sentimos una atracción innata hacia esos sitios. Total, que conforme pasaba la tarde fui cogiéndole el gusto al ron bacardi de coco con sprite que tenía en la nevera, y me puse lingotazo tras lingotazo... Y pillé un pedo que te cagas. Así que ya me veis a las nueve de la noche diciéndole al tío que sí, que guay, que mañana me voy pa madrid, que me reserve hostal y que nos vemos al día siguiente. Claro, la felicidad que da el alcohol. Inmediatamente me puse en contacto con otro chaval de Madrid con el que solía hablar a menudo por el intelnés este y le dije que podíamos quedar.




El hostal era céntrico, justo al lado de la puerta del sol y del osito de la foto. Se encontraba exactamente en la calle Victoria, frente a este bar:



Bar que, como dice el cartel que cuelga a un lado -y que no podéis ver-, aparecía en la novela homónima de Galdós, que leí hace tiempo.


Éste es con quien hablaba el domingo mientras me liaba a lingotazos. Su cuerpo unga-unga me gustó por foto y allí que fui; muy majo, me reservó el hostal y me fue a buscar a la estación de Atocha. Una vez con él, me gustó en persona mucho menos de lo que esperaba, aunque a pesar de ello pasar la tarde con él y recibir su invitación para cenar fue agradable. Si esto fue un lunes, ni el martes ni el miércoles le volví a dar un toque, pero como él tampoco hizo lo propio, no he quedado mal.

Como en los hosteles siempre hay internet gratis, me conecté todas las noches. Me escribió durante una de ellas el siguiente chico italiano, del cual no recuerdo el nombre:


Aunque ahí le veis como mucho más buenorro de lo que en realidad estaba, era majete y también me llevó de aquí para allá durante toda una tarde. De paso me sirvió para practicar mi inglés, ya que hasta hace un mes vivía en Londres y se ha trasladado aquí medio por razones de trabajo, medio por olvidarse de un ex y sus malos rollos, y apenas hablaba español. Durante ese día, aparte de esto, me acerqué al Museo del Prado, que no conocía. Me sorprendí gratamente al encontrarme con Las Meninas, cuadro que a pesar de tenerlo muy visto me gustó mucho en vivo.

El miércoles traté de acercarme al Museo de Ciencias. Poseía un mapa muy malo, que era ante todo de carreteras pero con una pequeña parte dedicada a las calles de la ciudad (en varios grandes almacenes no había podido encontrar uno mejor). Combinando el mapa patatero con el del metro deduje el nombre de la parada de metro donde debía bajarme para visitar el museo, y allí que fui. Y no sé qué tal estuvo, porque no lo encontré y terminé en el Reina Sofía, viendo cuadros modernos del siglo XX. El Guernica es enorme, aunque no me impresiona en exceso. Supongo que me quedo con El Prado, ya que sin duda sus cuadros tienen mucho más mérito y están mucho más trabajados, aunque sinceramente es aburridísimo ver dos mil vírgenes y dos mil niños jesús y mi apreciación de los difuminatos, los claroscuros y las gaitas en vinagre es relativa; en el Reina Sofía hay mucha chorrada de mérito nulo pero al menos estilos originales, nada religiosos y con colores vivos.

Por la tarde quedé con Javier, profesor de Primaria como yo:


Como supe por una conversación posterior por messenger, la atracción fue mutua; pero en fin, tengo el... ¿defecto?... de que raramente, a pesar de ser un chico, ando por ahí salido de la vida, así que no me animé a ponerle las manos encima y él, que estuvo a punto, tampoco se lanzó. Le gustan los musicales, así que no descarto hacer alguna visita ocasional y ver teatro decente en buena compañía.
Pero, borrachera improvisada aparte (pues siempre supe lo que hacía al decidir irme a Madrid), hay un segundo motivo que me animó a ir -o volver a ir, ya que había estado ya una vez-: echarle un vistazo como ciudad en sí. Estoy a años luz de tomar una decisión, pero el hecho de que sea una ciudad grande hace que posea varias cosas que me llaman la atención lo suficiente como para que se me haya pasado por la cabeza trasladarme a vivir a esta ciudad: escuelas de idiomas donde estudiar lo que uno quiera, desde polaco a turco o japonés; teatros con una variedad de obras incomparable; cines en versión original; y por supuesto, gente y en concreto chicos gays a patadas (imposible casi encontrar dónde cenar en Chueca un martes por la noche).
¿Qué opináis de esta ciudad?

miércoles, 1 de agosto de 2007

¿Qué van a tomar?




Los camareros tienen toda mi admiración. En especial aquellos que trabajan en lugares concurridos, que -al menos antes de que aparecieran esas máquinas modernas- toman nota hasta de memoria de pedidos complicadísimos y que son capaces de llevar en una bandeja multitud de vasos sin derramar una sola gota.



Mi gen del Parkinson viene activado desde nacimiento.

domingo, 29 de julio de 2007

Polonia (IV y último): conclusiones.

El sabor de boca que me ha dejado el viaje ha sido muy bueno. Considero que Kraków es la ciudad que más merece la pena y que con mayor seguridad os puede gustar si un día os animais a ir a Polonia. Sin embargo, como todo, disfrutar de un lugar es algo muy subjetivo. Así, en mi caso el rol de turista que ve las calles y visita museos está bien pero sólo para unas pocas horas al día; además de eso, para mí la esencia de un viaje al extranjero reside en conocer gente y en practicar inglés todo lo que no he podido hacerlo el resto del año. Y dado que, como se ha podido ver, conocí bastante gente por una mezcla de preparación internetiana y de suerte, es comprensible que el viaje me haya satisfecho enormemente.


Terminaré este extenso relato viajero con algunas observaciones sobre el país:









- Ir en vuelo barato parece lo razonable, dado que se puede ir desde Madrid o Barcelona hasta Kraków o bien hasta Warszawa. Espero haber dejado claro el relativísimo interés de la capital polaca. El vuelo barato funcionó de perlas a la vuelta, pero a la ida salió con dos horas y media de retraso.




- Polonia, como el Reino Unido, maneja su propia moneda, los zlotys, ese nombre que tan comprensiblemente divierte a nuestra visitadora diabetiana Lalau y que en mí también causó cierto divertimento en un principio. Un euro son cuatro zlotys y resulta un placer ir descubriendo la ridiculez de los precios del país dividiendo entre cuatro. Ir a Polonia es una oportunidad de oro para comprar cosas más baratas y comer en restaurantes bastante buenos sin perder un ojo de la cara. Eso sí, la ropa no es mucho más barata.










- En toda las ciudades que visité había tranvía. Me subí en uno por primera vez en mi vida. Resulta un medio bastante eficaz para manejarse por la ciudad. Parece que va a ser reinstaurado en Zaragoza. Siempre que la gente lo use en masa y los coches se dejen un poco aparcados, podrá ser una buena opción; de todos modos, si no tuviésemos media ciudad bajo nuestra ciudad, poner un metro sería mucho mejor.







- En general las ciudades son bastante bonitas y tienen cositas, como los enanitos de Wroclaw, que las hacen si cabe más curiosas. Al regresar de Polonia vi Zaragoza como una ciudad fea pero de cojones.



- En Polonia la gente habla inglés como en España. Bueno, matizaré: lo habla el mismo número de gente, o sea, más bien poca, y en general con un nivel algo más alto; las patadas que meten al diccionario son mucho menos sonoras. Supongo que si uno sabe alemán lo tendrá mil veces más fácil para desenvolverse por allí.



- Se puede extraer una conclusión obvia respecto al servicio de correos: o bien es tremendamente lento o bien debí poner el nombre de nuestro país en polaco. Lo pensé cuando escribí las diez postales que parecen haberse perdido, pero confié en que entenderían el significado de "Spain". Todavía mantengo la esperanza...








- Los chicos polacos son en general feos. Salvo excepciones como las de esta foto y otras anteriores, en general no se puede decir que los hombres sean muy atractivos. Los hay tremendamente altos, pero sólo soy yo el que se pirra por esos energúmenos. Dicen que las chicas son majas (la verdad, no sé, puede, a mí plin).



- Si uno conoce gente de allí se puede ir de ambiente gay. Los del gobierno serán todo lo conservadores que querais, pero lo que no puede detenerse no puede detenerse y punto.






- Hay muchos rincones donde obtener fotos bonitas. Ésta es una de las primeras fotos que hice cuando por fin descubrí cómo usar el blanco y negro en my brand new digital camera.



- Estoy seguro de que habrá quien diga lo contrario, pero en general la gente polaca es amable y correcta; cuando menos, no tiene esa altivez inglesa o, según dicen, francesa. Vaya, que son lo suficientemente majos como para no escupirte a la cara, literal o metafóricamente, cuando ven que no hablas polaco.



- Es imposible aprender muchas palabras en polaco en diez días. Sólo puedo dejar constancia de "tak" (sí), "nie" (no), "zapiekanka" (panini o tostada alargada -me lo aprendí porque el nombre es casi más divertido que el de zlotys-), "ulica" (calle), "rilnek" (centro o plaza central), "bilet" (ticket) y "curva" (¿se escribe así? Quiere decir "zorra", "guarra" o algo así).



- Recomiendo vivamente viajar solo. Probadlo en alguna ocasión. Todo se vive más intensamente. Cuando uno se aburre, se aburre mortalmente, y cuando uno se lo pasa bien, se lo pasa genial. Resulta incomparable la sensación de estar solo en un país ajeno, sin hablar el idioma oficial y charlando con alguien que apenas conoces, que está siendo amabilísimo contigo y que probablemente nunca más vuelvas a ver. O, por contra, quedarte con su teléfono o su dirección de e-mail. Es estupendo pensar: he estado por ahí yo solo unos días y he sabido desenvolverme sin hablar español prácticamente nunca.





Y como, vuelo aparte, me habré gastado apenas doscientos cincuenta euros en los diez días que pasé allí, no os extrañe si cualquier día os llegan postales de alguna ciudad española. :D





FIN



jueves, 26 de julio de 2007

Polonia (III): Wroclaw

Durante los últimos días en Polonia, busqué improvisadamente otra ciudad a la que ir. Varios polacos me habían hablado bien de Wroclaw y, reservando desde Varsovia habitación el día de antes, allí que fui. Necesité bastante tiempo para aprender la pronunciación del nombre de esta ciudad, que para asombro de todos vosotros, se dice "brosuaf". Fui también en tren. Cinco horitas de nada (ejem). Los tren van a una media de setenta kilómetros por hora, por lo que necesité cinco horas para hacer el trayecto Warszawa - Wroclaw. Al subir al tren tuve bastantes problemas para desenvolverme con mi maleta, de tamaño tremendo. Una vez alcancé mi asiento, y ya harto de que el noventa por ciento de la gente no me comprendiese en inglés, utilicé el español y algunos gestos para pedirles a un niño y a un par de chicas que iban a ser mis compañeras de asiento que me ayudaran a subir la maleta hasta su sitio.


- Por favor, ¿me podéis ayudar a subir la maleta?


- ¿Tú hablas español? -me preguntó una de las chicas-. Yo he estudiado un poco.


Vamos, que fui a encontrarme con una polaca que me entendió, que me ayudó con la maleta y que, para colmo, vivía en Wroclaw, con lo que me dio información de primera mano sobre la ciudad. Eso sí, hablamos en inglés, porque la chica había olvidado muchas cosas de mi idioma.
La primera noche en el hostal fue una pesadilla: estuve cuatro horas soportando a unos ingleses -de ahí mi ya nombrada reciente manía- que en grupo iban de habitación en habitación gritando, riendo y hasta abriendo la puerta de la mía en cuatro ocasiones; hasta se pusieron a arreglar una bicicleta con su puerta abierta y todo. The girl at the reception ni se inmutaba. Por la mañana el chico de recepción -pues se turnaban, claro- me dijo que había recibido un mensaje de una chica: era Anita, la chica del tren, que había recordado el nombre del hostal donde me alojaba y me proponía enseñarme la ciudad por la tarde con su novio. Quedé con ellos e hicieron de estupendos cicerones.




















Esta foto me la hicieron ellos. Resulta que debe de existir una página web que trata sobre los duendes que veis en la foto. Estos dos y muchos otros están desperdigados por la ciudad y supone todo un reto encontrarlos; algunos, como éstos de la bolita, son visibles, pero otros están escondidos en lo alto de una farola o al borde de un río. Una curiosidad entrañable.

Wroclaw tiene una plaza central antigua, como Cracovia, aunque ésta más colorida. Tiene la curiosidad de que una de las ventanas de las casas está pintada pero es muy difícil percibirlo.







La ciudad también resulta curiosa porque en la parte central, si es que mi sentido de la orientación no me falla, se forman unas especies de penínsulas muy curiosas que hacen que para acceder a algunas zonas sea necesario cruzar un puente. El efecto, que quizá se aprecia con dificultad en la foto, es curioso.








Aparte de por el encuentro con Anita, fui también afortunado porque me escribió Nicolás –o Nicolás traducido al polaco, que tiene una forma similar- y también me dio una vuelta por la ciudad.







La foto en concreto está tomada por dos amigos suyos gays en un bar de ambiente, el H20, el único de la ciudad pero muy muy agradable (tenía hasta billar, como podéis ver, muchas mesas y sillas y un patio al aire libre). Sus amigos me parecieron muy agradables, tratando de defenderse con su justito nivel de inglés, y Nicolás fue muy majo y muy gracioso. Me resultó simpática la coincidencia de que él estuviera estudiando Etnología y yo, poco a poco pero sin descanso, Antropología social y cultural.

Seguramente me habría enamorado de Wroclaw si no hubiese sido porque Cracovia me había gustado muchísimo. Wroclaw es quizá más pequeña y ahora en verano puede que pierda algo de encanto dado que buena parte de su alma está en la vida estudiantil universitaria. En cualquier caso, es una ciudad muy agradable de ver y con alguna visita a los alrededores que no pude hacer porque tenían lugar en días distintos de la semana a aquellos que pasé allí.

Ah, por cierto, una de las recepcionistas del hostal hablaba español. Menudas charlas que me casqué con esa mujer. Hasta le di mi dirección de blog, jeje.
Y nada, dejé Wroclaw un sábado porque al día siguiente, a las seis de la mañana salía mi vuelo desde Cracovia.






(Continuará)

lunes, 23 de julio de 2007

Polonia (II): Warszawa.

Tras tres días y pico en Cracovia, reservé con unas pocas horas de antelación una cama en un hostal céntrico y me marché a Varsovia. ¡Cómo estar en Polonia sin visitar su capital! Lo primero que vi fue, claro está, la estación de tren.











Y acto seguido el Palacio de Cultura.













Se puede observar que esta ciudad posee una estética totalmente distinta a Cracovia, todo con pinta más avejentada, gris y fea (de cuando el comunismo, vaya). La primera impresión fue la que contó, como se suele decir, ya que Varsovia me gustó bastante poco. Siento no saberme los nombres de los edificios de las siguientes fotos, repletos de uvedobles, equis y cetas.















Y no es que sea fea del todo, que hay lugares y rincones curiosos. Pero para alguien no especialmente interesado en iglesias, museos y arquitectura en general resulta una ciudad con poco ambiente turístico, excepcionalmente grande -creo que hay casi dos millones de habitantes-, sin propuestas guiadas que se le ofrezcan a uno desde los hostales como en Cracovia y con una cantidad de tranvías y buses que quizá funcionen muy bien y sean muy útiles, pero no para alguien que no habla polaco y que ni comprende lo que pone en las paradas y los billetes de estos transportes ni puede hacerse entender en inglés por los conductores de los mismos.







La parte agradable de la estancia en esta ciudad fue, como siempre, la gente. Coincidí en el hostal, en concreto en la sala común / cocina, que para eso está, con personas de todos los lugares: una mujer japonesa que se estaba marcando por su cuenta un viaje de seis meses por todo el mundo y que había recorrido más ciudades españoles e italianas de las que todos juntos veremos en los próximos diez años; un grupo de ingleses de entre los cuales uno trató de convencerme de la existencia de dios; dos holandeses bastante grandotes, uno de ellos una mole que parecía necesitar comer cinco hamburguesas cada dos horas para seguir vivo; y un chaval italiano, Federico, que me ofreció dar vueltas por la ciudad con él y que sale en la foto:









Su inglés era mejorable pero, en caso de dudas o problemas, con hablar en italiano -él, claro, yo ni flowers- quedaban las dudas solucionadas a menudo. Pasé un día entero yendo de aquí para allá y me preparó tanto la comida como la cena en el hostal. Que conste que era heterosexual, y que conste que tampoco me interesaba, pero muy majo. Antes de venir a Polonia compré dos libritos infantiles con vocabulario básico en español y dibujos que planeaba regalar a un par de chavales con quienes llevaba tiempo hablando por internet; sin embargo, uno de ellos me cayó más bien mal, así que el día en que me fui de Varsovia, cuando el italiano estaba por ahí, le dejé en recepción uno de esos libritos. Imagino que le haría bastante ilusión, porque este chico siciliano afincado en Roma llevaba idea de aprender nuestro idioma y venir a vivir aquí.




En Varsovia estuve solamente dos días. Ya digo, si os fascina la idea de ver edificios como cajas de cerillas y museos sobre Grecia, religiosos, de armamento, etc. entonces quizá os guste. Pero para un turista medio, que busca ante todo pasear por las calles, es una ciudad horrible. Los propios polacos ya me habían avisado previamente, y con qué razón.




Dejé, pues, alegremente esa ciudad grande y fea donde es muy habitual ser abordado por millones de jóvenes con folletos de restaurantes y otros establecimientos o en busca de donativos para organizaciones caritativas. Visto que los jóvenes tendían a entender inglés, terminé por responder en español y sus caras eran realmente para grabarlas.




(Continuará)