domingo, 19 de abril de 2009

Diabetadas (XVI)


Cáncer: lugar en el que, privados de libertad, permanecen los condenados.
Bruta: abujero en una montaña.
Burbuja: ser de leyenda que toma refrescos con gas montada en escoba.
Billar: mostrar reflejo de luz.
Papada: la rácana es mamá.
Larva: preapra la teirra.
Cortejar: tratar de ganarse el amor de una persona construyendo el techado de su vivienda.
Guisantes: cocina con mayor rapidez.
Gallego: coño, que en un minuto estoy ahí, impaciente de mierda.
Parkinson: abandonando a tu hijo en la escuela casi todo el día.

lunes, 30 de marzo de 2009

OBSERVADOR DE CAMBIOS.

Si en san Valentín de hace ya no sé si hace uno o dos años se murió un amigo de mi padre de un tumor cerebral fulminante, este san Valentín pasado falleció una tía abuela que ya estaba muy mayor . Mi hermano, que cumple años el catorce de febrero, se empieza a preguntar si él tendrá algo que ver con tales casualidades, así como si su cumpleaños próximo vendrá adornado también de alguna corona de flores.

Por otra parte, una amiga, la segunda ya, se casa. Este segundo caso para mí ha sido muy inesperado, aunque supongo que uno nunca se espera que le anuncien una decisión tan grande como ésa.

Y así, entre entierros y bodas, me quedo como observador. Sin duda el tiempo pasa, y con él la gente cambia, decide y se mueve.

Me queda la sensación de estar haciendo poco, o al menos de estar viviendo escasos cambios propios. Poco más he hecho últimamente que viajar –eso sí, muchísimo, envidiadme-, y por lo demás en nada ha cambiado mi vida…

¿Cuál es mi conclusión?

Pues sorprendentemente, que no me dejaré influir, igual que hago en navidad, época en la que se compran regalos absurdamente y yo ni los hago ni casi nunca los recibo. Digo, pues, que seguiré viendo las cosas pasar, porque si me pasan pocas cosas, quiere decir que todo va bien. No quiero tomar decisiones gordas en este momento: casarme no entre otras cosas porque no tengo con quién; hipotecarme tampoco aunque si los precios siguen bajando y se me queda a precio de alquiler habrá que planteárselo; tener hijos… bueno, disculpad pero me entra el ataque de risa. Qué bonito es criar a un niño pero qué cierto es que para cuando abandonan el nido uno tendrá medio siglo más y menos energías para retomar la vida llena de tiempo que uno había dejado antes de.

En resumen, me encuentro con casi treinta años, de alquiler, sin pareja, sin hijos, con trabajo fijo, y pienso: ¡joder, qué de puta madre! Esta libertad me permitirá, si así quiero y consigo, irme al extranjero un par de años a enseñar español.

Con todos los respetos, hipotecarme, tener un hijo o casarme a mi edad me suena demasiado a “y esto es lo que va a ser de mi vida”, y no podría. Ya me costó presentarme a las oposiciones que me van a dar el sustento hasta que me jubile, porque aprobarlas implicaba hacer lo mismo a los veinticinco que a los cincuenta. Así que no quiero más previsibilidad. Me gusta detenerme a pensar que conoceré otra cultura, nuevos amigos, mejoraré mi inglés o mi francés y, en definitiva, haré que mis circunstancias cambien y quiten la monotonía de un futuro demasiado predecible.


Whatever will be, will be…



lunes, 16 de marzo de 2009

Le fabuleux destin de Jorge Poulain.

Cuando fui a París las pasadas navidades, descubrí que para comprar un abono de metro de una semana de duración necesitaba fotos de carnet.
¿A quién se le ocurre? Estoy de acuerdo en que no se puede organizar el mundo pensando en los turistas, pero siendo París la ciudad turística por astonomasia, o antonomasia, o señoratomasa (elijo la b), deberían haber pensado que un turista no suele viajar con fotos de carnet sueltas. Luego pensé que quizá las empresas de fotomatón habían pensado en los turistas, pero mirando hacia sus propios intereses.
Y tuve que morir al palo de hacerme fotitos, porque desconocía la frecuencia de aparición y el malhumor o no de los controleurs franceses y no deseaba practicar el idioma frente a uno de ellos en situación tensa.
Entré en la maquinita, toda digitalizada ella, puse cara de muchos amigos, me salió bien a la primera y no tuve que utilizar la opción -que está bien que exista- de elegir hacer otra foto antes que imprimir el horror que acabas de ver en la pantalla. Y cuando las fotos se imprimieron descubrí dos cosas: una, que siempre que me hago fotos de carnet me las arreglo para no ir con barba de dos días sino de cuatro (lo que me da un aire de terrorista internacional); y dos, que había pulsado una opción incorrecta y en lugar de tamaño carnet había imprimido tamaño bono de bus Tuzsa para agüelos.
Pero pensé que le iban a dar bola y que por mis santas narices que yo metía esa foto en el carnet, y lo hice, aunque medio tapando el apellido y la firma. Afortunadamente, ningún controleur me pidió el carnet-bono.
La gracia de haber tenido que hacer fotos es que volví con tres de ellas a España, y entonces pensé: ¿no es muy Amelie haber utilizado por primera vez un fotomatón y encima llevar tres fotos de recuerdo y la ausencia de la cuarta?


Juzguen ustedes.



martes, 3 de marzo de 2009

Yendo y viniendo.


Bajé a comprar. Es curioso que, por mucho que uno lo intente, poco después de volver del supermercado tiende a echar en falta algo que podía haber comprado de habérselo apuntado.

Pero no quería hablar de eso. Decía que bajé a comprar. Últimamente compro piña en lata, no en almíbar sino en su jugo. En el Alcampo miro varias marcas y, como tienen el detalle de decir a cuánto sale el kilo, es fácil ver cuál sale más económica.
Pero el otro día fui al Simply y vi asombrado que las latas de piña estaban veinte céntimos más baratas. "¡Fíjate!", pensé. "Es un supermercado más pequeño y sin embargo he encontrado este producto más barato. Pues nada, a partir de ahora las compraré aquí. Qué bien haberme dado cuenta."

Y entonces sentí que había envejecido un poco. "¡Ya comparo precios y racaneo! Parezco mi abuela."

Será la edad, digo yo.

martes, 24 de febrero de 2009

Príncipe.

Carla estaba sentada en su sofá, viendo una película romántica.
Película que al final terminó bien, en boda de hecho.
Y entonces se quedó pensando que ella aún no había encontrado su príncipe azul.
¿Y por qué no?
Se miró en el espejo y se vio bien. Pensó en su manera de tratar a la gente y consideró que no había nada malo en su persona que pudiese desagradar.
Así que dedujo que lo único que tenía que hacer era buscar a su príncipe azul, porque en alguna parte tenía que estar.
Si era azul, buscaría primero en donde viese ese color.
Miró tras un par de puertas azules. Nada. Miró después en el cuarto de baño, y tampoco lo encontró tras las cortinas de la ducha.
Enseguida se le ocurrió que su edredón era azul, así que lo levantó y sólo encontró las sábanas, grises y rojas.

Decidió por fin que lo de azul era una metáfora, y que los príncipes podían tener el color que quisiesen, porque para eso eran príncipes y distintos al resto.
Así que buscó por toda la casa, habitación por habitación: dentro del frigorífico, en el azucarero... hasta en la taza del báter y en el cubo de fregar.
Pero nada.

Regresó a su sofá y al sentarse, por el rabillo del ojo, vio que había dos pies que asomaban bajo el sillón situado tras la ventana. Sonrió, aliviada, y al levantarse agarró con rapidez los pies, no fuese a ser que desapareciesen. Sirviéndose de todas sus fuerzas, tiró hacia sí y consiguió que el príncipe saliese de debajo del sofá. Era sin duda él: correspondía palabra por palabra al tipo de chico que a la vista le gustaba, y cuando sonrió y empezaron a conversar, decidió enseguida que había mucho en común entre ellos.

Carla le contó que lo había estado buscando durante mucho tiempo. Él respondió que también, y entonces se besaron. Así estuvieron un buen rato, hasta que ella le ofreció algo de beber. Se acercó a la cocina a por las bebidas.

Por desgracia, cuando regresó al salón, el príncipe había desaparecido. Pero le había dejado una nota, que decía: "Disculpa, me he puesto nervioso y me he tenido que marchar. Eres lo que siempre he estado buscando. Mañana volveré y te propondré en matrimonio".

Carla se quedó loca de contenta.
Pero la alegría le duró muy poco, pues todo acabó como tenía que acabar: no es que el príncipe fuese gay; no es que estuviese con otra; no es que al día siguiente le dejase otra nota para anunciarle que la abandonaba.
Simplemente... Carla se despertó.

martes, 17 de febrero de 2009

Romuald.


Lo conocí a través de Javier, un amigo. De ciento en viento quedamos porque es francés y en algún bar pasamos un rato charlando en ese idioma.
Un gran abrazo para Romuald, que por cierto tiene novia, que ya os estoy leyendo el pensamiento.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Paremos el carro (II)


Prosigo disfrutando de la ausencia de Internet en casa.

Los fines de semana es cuando más se echa de menos el invento, claro está, porque cubría ciertos ratos muertos. Pero esos ratos ahora quedan rellenos cocinando mejor, leyendo más, yendo a nadar, estudiando francés.

Resulta increíble que uno sienta "la necesidad (¡¡!!)" de conectarse, lo eche de menos a veces, deba corregir el tic de pensar en el ordenador y el placer de atontarse ante él. Una droga, en definitiva. Insisto, es increíble. Como dejar de fumar, más o menos.


Ono, o mejor "¡Oh, no!", se ha entretenido un poco fastidiándome: que mire usted, que como le dimos de baja la conexión tal día, y las facturas las emitimos tal otro, pues jódase y pague la conexión del próximo mes, que en la factura siguiente ya se lo devolveremos. Vergonzoso, a ver cuándo las compañías de teléfono dejan de poder hacer lo que quieren.
El mejor modo de descubrir que se puede vivir sin internet es que, tras un fin de semana, uno consulta sus mensajes el lunes en el trabajo o en el cyber y descubre lo que se ha perdido: absolutamente nada. Bueno sí, que un amigo de un amigo en facebook "está de resaca tras la juerga de ayer" o que "Pepito entra a trabajar a las seis".
¡¡Únanse a mi grupo unipersonal de desinternetizados!!

viernes, 30 de enero de 2009

Paremos el carro.

No es la primera vez que lo hago, pero esta vez he sido más tajante: he dejado de tener conexión a Internet en casa.
Sin poner en duda las ventajas que el invento tiene, posee al mismo tiempo cierta capacidad de adicción ante la que es difícil resistirse. Después de comprobar que, más que nada los fines de semana, algunas tardes se me iban en conversaciones innecesarias por messenger o ratos tontos leyendo paridas en facebook, tomé la decisión de abandonar un poco el mundo virtual.
Total, me dije a mí mismo: estás pagando en exceso por tener internet y encima los contras son más numerosos que los pros. Pues está claro que hay que arreglar esto.
El mundo continuará: existen cybers. Tengo tres a menos de tres minutos a pie desde mi casa. Uno se conecta, mira las tonterías habituales, actualiza el blog y tal, pierde una hora u hora y media y un par de euros y aprovecha su tiempo en ir a dar una vuelta, leer y ver películas.
¡Y se olvida de la sensación nicotina - cafeína en versión virtual!

No se preocupen ustedes, que seguiré presente en sus vidas internetianas.

lunes, 19 de enero de 2009

lunes, 5 de enero de 2009

domingo, 28 de diciembre de 2008

Desaparecido.


Cuando leáis esto, un servidor ya no se encontrará en Zaragoza. Se habrá marchado a uno de estos lugares:
- Escocia: Brian, el chico inglés que me alojó en Exeter, no conoce a los escoceses y vamos a intentar probarnos algunas faldas.
- Suecia: Leszek, mi amigo polaco, la propuso como opción, y celebraremos desde allí el fin de año.
- Francia: viajo solo y un francés me alojará en su casa mientras practicamos el idioma.
- Bulgaria: era una opción extraña, y encontré un vuelo barato, así como un búlgaro con casa y una habitación que me prestará.
- Ceuta y Melilla: me encontré un chico en internet de rasgos árabes y se ofreció a alojarme en Ceuta y enseñarme Melilla.

Si quieres recibir una postal desde donde sea que me he ido y todavía no me has dado tu dirección postal, envíamela a chaskatraska@yahoo.es

¡Felices fiestas y hasta el año que viene!

lunes, 22 de diciembre de 2008

Cambio de contexto (o cómo probar mi masculinidad)

Me pasa a veces.
Por ejemplo, estoy en clase sin los alumnos preparando algo, o simplemente perdiendo el tiempo en internet, y viene mi compañera a contarme algo y me saca de ese momento de preparación o de evasión.
O también, voy por la calle escuchando música centrado en llegar a tiempo a clase de francés y me encuentro con Rosa y empezamos a hablar de Florencia y otras cosas.

Cambio de contexto, de tema, de algo. Me cuesta. Si estoy trabajando, me cuesta pasar a ponerme a escuchar algo que me cuenten, si estoy yendo al instituto francés me cuesta de repente encontrarme a alguien a quien no pensaba ver.

No es malo ni bueno, pero me pasa. A ver si me pasa menos, porque preferiría que no fuese así.

Y eso que llevo ya cinco años entrenándome en clase, pasando cada pocos segundos de primero a segundo o tercero o cuarto o quinto o sexto de primaria.

Dicen que esto es cosa de hombres, que sólo podemos estar a una cosa.

lunes, 15 de diciembre de 2008

¡Dámelo a mí!


Seguro que ya has empezado a hacerlo: que si toma que va a tocar, que si cómo no vas a coger, que qué vas a hacer si les toca a todos menos a ti...
Bueno. Haz lo que te dé la gana. Pero has de saber que la probabilidad de que te toque el gordo es de una entre catorce millones. Total, la de que tengas un accidente áereo -no necesariamente muriendo en él- es de una entre cinco millones. Así que, como es más probable que tengas un accidente de avión que que te toque, ¡dame el dinero que vayas a gastarte, por favor!

lunes, 8 de diciembre de 2008

Todos somos modernos y guays... ¿no?


Pues no, no todos lo son. Todavía hay especímenes sueltos.
Uno va a mi gimnasio. El chaval parece majo y tal: simpático, hablador, extrovertido. No sabe usar las máquinas del gimnasio sin gritar ni hacerse el macho, y eso me molesta, pero bueno, qué se le va a hacer. Bastante desgracia tiene con su pinta de tener un coeficiente intelectual de -15.
El otro día, estando en el vestuario, le oí comentar con uno de sus amigotes una imagen arquetípica: ten cuidado en la ducha, que cuando vayas se me caerá la pastilla de jabón. Ja-ja-jas de tíos muy machos inundaron el vestuario.
Y como para permitir que me asegurase de su mentalidad retro, añadió que seguro que había algún bujarrón suelto por el gimnasio.
Angelico, si estás rodeado de ellos...

Pues eso. Otro que necesita tener un hijo gay.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Roles.

Todos los días desempeñamos papeles distintos: profesor, cliente de una panadería, hijo, conductor...
Uno de estos roles es el de turista.
Para qué voy a decir, si estáis hasta el chichinabo de verlo, que este año parezco María Sarmiento, que no paro de viajar conforme me lleva el viento de un lado para otro.
Y yendo de aquí para allá me he dado cuenta de que cuando se adopta el papel de turista, se incluye de repente un interés arquitectónico y en general artístico que el resto del tiempo normalmente no se tiene.
¿Por qué?
¿Por qué parece pecado ir a una ciudad y no ver sus museos?
¿Por qué tenemos que empaparnos de la vida y milagros de su historia?
Nadie nos obliga, claro está, pero es lo que terminamos haciendo.
Y bueno, lo haré cuantas veces haga falta, porque me lo paso bien así. Pero a veces me siento algo... tonto, pensando...: ¡pero si no conozco nada de arte! ¡Pero si olvidaré lo que he visto en cuanto salga por la puerta del museo!
Y uno ve a gente con pinta de ir a decir "co" en cualquier momento poniéndose en disposición de admirar los arcos de medio punto o las pinceladas punteadas de un cuadro superguays y piensa...: pero que no pegas haciendo eso, co...
Tengo que empezar a buscarme tíos buenos y obras de teatro chulas como excusa para viajar.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Buenísimo.

sábado, 15 de noviembre de 2008

domingo, 9 de noviembre de 2008

+

Me dan ganas de callarme, porque por superstición parece que al decirlo se terminará; me dan ganas de contarlo, porque me siento alegre.
Lo cuento, va.
No sé si por haber sido capaz de concentrarme -quién sabe cómo o por qué, o por qué no antes-, o porque toca, o porque una mariposa ha hecho un looping en Johannesburgo; no lo sé. Pero en las últimas semanas mi estado mental es el propio de un libro de autoayuda, o de un email en cadena con afán de positivizar: disfruto cada día, me levanto con ganas y buen ánimo, estoy de buen humor con mis alumnos, venzo la pereza inevitable de la rutina de las clases de francés y del gimnasio.
¿Todo es perfecto? No. Hay un alumno horrible del que paso en cierto modo para evitar que me amargue; hay días en los que pagaría por no ir al gimnasio; hay veces en que recordar que mi abuela apenas puede andar y se ve limitada me entristece.
Pero sigo contento. Ha pasado un hada, aunque no la vi, y me ha cambiado las gafas por unas que muestran continuamente lo que brilla: el tener salud, el poder trabajar, el poder viajar, el ganar confianza en los idiomas, el haber conocido una persona estupenda (Brian), el morirme de risa viendo Friends y Las Chicas de Oro (¡con lo inusual que es que algo me haga reír)...
Ya lo siento, sé que resulto hoy empalagoso.
Pero tenía que contarlo.



miércoles, 29 de octubre de 2008

La fieshta.

Este anuncio, que muchos encontraréis quizá ñoño, a mí me gusta. Me transmite lo que permite transmitir -amén del producto en sí, claro-: positividad, seguridad. Eso que a veces tanto nos falta.
También consigue que me ratifique, por cierto, en mi decisión de no ponerme aparatos: no voy a ninguna fieshta, pero... ¡he decidido que no los necesito!

jueves, 16 de octubre de 2008

Destino de la escapada.



Un servidor desvela por fin
que Exeter fue su destino,
y de paso Plymouth, Exmouth,
y la enorme Bristol.
Alojado por Brian y su familia,
han sido días divertidos,
inolvidables, distintos.

Prueba de haber estado allí,
amén de mis postales,
es la foto, en la que finjo conducir
yendo en la derecha del coche.